miércoles, 10 de diciembre de 2014

Electrick children

"Y al principio fue la palabra, y la palabra era de Dios, la palabra era Dios, en él había vida y la vida era la luz de los hombres, la luz que brilla en la oscurridad, hubo un enviado del Señor, no era la luz pero fue testigo de ella"..., y entonces María, por fín, encontró a su deseado y buscado José. 
Una historia de confección extraña y atroz pero suculenta y deliciosa donde la ingenuidad de la protagonista, en todos sus actos, es la marca atractiva, inquietante y seductora que mueve todos sus pasos, un convencimiento escalofriante y patético, al mismo tiempo, de ser la portadora del hijo de Dios y haber sido concebida a través de la aventura osada de oír la música prohibida de un cassette azul.
En su búsqueda personal, atónita del cantante de la cinta y supuesto padre del hijo que lleva en sus entrañas, iniciará un recorrido angustioso, mareante e hipnótico ante la dislocación del encuentro variado de personajes y las respuestas obtenidas a través de la compensada sinceridad, honestidad, calma, seguridad de sus creencias, indiscutible motivación delirante, deslumbrante convicción y una abertura inocente y plena de sus emociones, un lanzarse al vacío sin protección alguna y con descarada voluntad de fe y esperanza en sus locos actos que le lleva a situaciones desquiciantes, absurdas y peligrosas que confeccionan un camino que, a pesar de sus giros extravagantes de proceder caótico, consigue una 
perpleja linealidad de increíble captación y asombrosa percepción, una delicada protagonista que se mueve por llamadas no tan celestiales e intuiciones impulsivas de marcada referencia simbólica, fascinante compendio de accidentes y atropelllos que conforman un telar de de conjunción pasmada y narración surrealista.
Un trabajo excelente para Julia Garner que acapara la pantalla con su dulzura, tranquilidad y obsesión de pensamientos, una historia chocante de pintorescos pasos donde cada contacto con un nuevo desconocido trae la mención no desarrollada de un tema sobre la insólita y divergente relación paternal que cada uno de ellos mantiene con el patriarca y cabeza de familia, núcleo del que huyen buscando respuestas y asilo emocional a sentimientos asfixiantes que devoran su cautivo e insatisfecho ardiente interior.
Rebecca Thomas escribe un relato cautivante, confuso y vacilante donde el mito del nacimiento y concepción del salvador Jesucristo se distorsiona, altera y cambia hasta adaptarse a lo que sería una actualidad devastadora y cruel de abusos, mentiras, violencia anímica y la necesidad de creencias cándidas e incoherente que aplaquen tanta aflicción desolada.
La locura de una inmaculada iluminada de vida limitada y maltrato intuido oculto tras su divina creencia de triste euforia y lástima solidaria y, esa incesante necesidad de escape que llene y cubra las carencias, unos de los más viejos cuentos religiosos de la historia, icono identificativo de millones de personas, versionado y estigmatizado según los tiempos que corren y donde la clave es la habilidad de la joven directora-guionista para llevar a buen puerto su trabajo, el acierto en la elección de la alelada protagonista y la absorción plena de su alma cálida de anonadado recibimiento y despropósito evidente donde el Espíritu Santo se adapta a los nuevos medios de comunicación para contactar con la elegida virgen, donde José es un loco destartalado sin oficio ni beneficio y un renegado domicilio conocido, donde los reyes magos viajan en esperpéntica caravana, la estrella que guía es un fantástico mustang rojo y, donde el portal de Belén cede a la tentativa tienda de campaña en hermosa playa solitaria.
Puede verse como versión curiosa y original que altera el patrón de estilo clásico, alegoría audaz que deforma la tradición o anécdota peculiar de viaje ensimismado ante el desconcierto y exquisitez de una leyenda añeja reconvertida en interesante fábula más allá de concepciones religiosas personales, mismos personajes pero cambiante identidad, disfraces elocuentes, localización progresista y medios demoledores que asolan, a la vez que encandilan, la esencia descarada de valentía manifiesta, inteligencia subliminal y atrevimiento sin verguenza de la responsable de todo esta artimaña y galimatías.
Ábrete a los nuevos tiempos, al talento locuaz de la nueva juventud, a sus locas ideas, a la destreza de sus proyectos y al mar infinito de posibilidades que se muestra ante ellos pues, tienen la sabiduría de inventar y no copiar, crear y no repetir, de soñar con lienzos en blanco de recreación infinita en lugar de pintar sobre papel ya escrito de tinta aún visible.
Toda novedad motiva el pensamiento, espabila la razón, despierta las sensaciones y provoca reflexión y debate sobre sus sabrosos y aceptados gustos o la horrible y rechazada desfachatez insinuada, sólo por ello, este sagaz, avispado e imaginativo filme ya vale la pena.



martes, 9 de diciembre de 2014

Serena

Serena, la cicatrizada marquesa que pretende una magnificencia que no posee.
Cuando se tensa demasiado una cuerda, cuando se tira en demasía y con abuso de un hilo, éste se rompe, su excesiva rigidez y tensión explota inesperadamente y nos devuleve dicha impertinencia en forma de golpe sorprendente en plena cara, dejando marcado al anonadado rostro de quien mira incrédulo dicha acción rápida y contundente.
Dos guapos y buenos actores ante la cámara, una atractiva Jennifer Lawrence de moda, con demostradas facultades para su actual agitada vida interpretativa y, un seductor Bradley Cooper que no reluce tanto como en otros trabajos anteriores para un historia dramática, de romance, obsesión, dinero, deseo, traición y asesinato situada en la época de la depresión, finales de los 20-principios de los 30 que, a pesar de sus aspiraciones e intentos de loca pasión, ferviente energía, vibrante angustia, estallido emocional y bomba explosiva que denota buscando causar daños de sonora inquietud y heridas de graves consecuencias, éstas no perturban su relajante digestión pues no excede de ser un relato correcto, apropiado, flojo en ocasiones, leve por momentos, medido en su efecto, de acotación justa y mínima permanencia en el espectador más, una recepción anímica neutra, poco alterada a pesar del gran drama trágico recreado pues, es fácil adelantarse a su seguida y aventurarse en sus pasos antes de que ocurran lo cual provoca una mirada serena pero no involucrada, que percibe los hechos pero no siente sus emociones, que observa sus actos pero no vive el desenfreno, la paranoia y el frenesí de una amada pareja cuyo adivinado final es de vademécum vaticinado.
"Te quería tanto que te mataría, quien bien te quiere te hará llorar, cuidado con lo que deseas no se haga realidad, o mío o de nadie...", parte de sentencias cotidianas de uso cotidiano que adquieren su ideal y revelada manifestación en un texto que se queda a las puertas del cielo, sin entrar ni llamar, a pesar de sus aires de grandeza y aspiraciones evidentes de un poderío y dominio que no alcanza y una marcada reseña y autoridad en el recuerdo del vidente que no logra por mucho empeño que ponga en ello, incluso su deliciosa y absorbente fotografía y fascinante localización se quedan en ausente percepción donde, vemos confirmada su presencia a través del órgano de la vista dejando aparcado, y muy lejos, el torpe y apagado bombeo de un corazón que no vibra, de un alma que no tiembla y de una piel que ni se altera ni trepida ni se excede más allá de una visión plácida, callada y acomodada.
Sencilla, adecuada, acertada sin cosquillas nerviosas, sin imprevistas vueltas que mareen, sin chispa ni gloria alcanzada por mucha pretensión altiva que se procure.
Curiosa calma y tranquilidad ante tanto ajetreo sentimental y aflicciones vertidas, indiferencia tenue, inconsciente e involuntaria ante un relato de arrebatos, justicia y hazañas, de estilo altilocuente con aire tenebroso que no asusta ni impresiona, un guión que no ofrece toda la garra insinuada y unas locuciones que pretenden leer más de lo que en realidad son capaces de recitar, estimado intento poco efectivo aunque valorado por su esfuerzo ante la inevitable sensación de que desea jugar en una liga que no le corresponde pues, su hermoso y trabajado disfraz no oculta sus carencias para llegar a lo más alto, un idóneo nivel medio muy acorde a lo ofrecido.
Un caminar de evolución predecible sin excesivo carisma, de golpe suave y recuerdo efímero, compostura y sutileza en todo su formato de limitado encanto y seducción, un evidente quiero-pero-no-puedo-ni-logro esa incertidumbre deseada y ansiosa tirantez, historia-narración-personajes-espectador..., socios no muy avenidos que llegan a un simple correcto aprobado.
Un memorizado baile de manual de clase primeriza, de pasos repetidos acordes al ritmo básico de una música nada novedosa y muy consabida que suspende en su aspirante osadía de tango pero que, aprueba si no se sale de su encuadrada posición presagiada: desmarcarse e intentar ir más allá de sus posibilidades es error de fallo seguro, tontería de caro precio pagado.
Buenas intenciones, creencia en si mismo, aptitud esmerada, voluntad palpable, esfuerzo evidenciado, ganas de trabajo y mejora pero..., aún le falta recorrido para progresar adecuadamente hasta fin previsto aunque, va por buen camino.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Exodus: dioses y reyes

¿Cómo puede ser Moisés aburrido?, ¡esa figura mitológica-valiente héroe existente para otros que salvó a un pueblo entero de la esclavitud y que pasó horrores indescriptibles y tuvo una vida apasionante de giros y desenlaces suculentos!, ¡si sólo con pronunciar su nombre, MOISÉS, ya se intuye el fantástico y apoteósico blockbuster que se puede generar!, ¿cómo puede hacer, Ridley Scott, una película sobre el éxodo, con todos los medios técnicos, económicos y de reparto a su alcance, tan sosa y carente de estímulo donde te duermes, acabas bostezando y mirando el reloj para ver cuánto queda?, ¿y dónde quedó la espléndida escena de separación de las aguas del mar Rojo?, ¿es que alguién puede olvidar esa sensacional imagen de Charlton Heston, con su barba y túnica, en "Los diez mandamientos" del 56 golpeando con su bastón mientras se abrían las aguas y pasaba el pueblo para ponerse a salvo? ¿151 largos minutos y ni siquiera se digna a rodarla? ¿cómo puede un guión ser tan débil y flojo cuando su trama argumental está recogida en uno de los más grandes libros de acción, guerra, venganza, muerte, traición, heroísmo, valentía, fe, superación, aniquilación, castástrofes, plagas, inundaciones, sacrificios etc, etc, etc?
A poco que sepas de su historia, se sabe que Moisés es una figura del judaísmo, islamismo y cristianismo cuya historia aparece en las Sagradas Escrituras, encomendado por Dios para librar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto a través del éxodo a la tierra de Israel siendo su primer profeta y legislador; si se busca más, se descubre que se le atribuye la escritura del Pentateuco -los cinco primeros libros sagrados-, que recibió los diez mandamiento de Yahvé en el monte Sinaí, que se asume vivió 120 años y que tenía problemas en el habla aunque, todo ello se pone en duda, tanto la existencia de este iluminado, más allá del relato religioso, así como la validez de los escritos mencionados por los expertos ante la falta de evidencias arqueológicas y pruebas históricas que den constancia de ello pues, se considera fue una invención mítica para dar esperanza y fe a un pueblo oprimido y necesitado pero, para creyentes, Dios le habló desde una zarza que ardía sin consumirse y le dijo: "No te acerques, quita el calzado de tus pies porque ésta tierra santa es, soy el Dios de tu padre, de Abraham, de Isaac y Jacob, he oído el clamor y la aflicción de mi pueblo a causa de sus opresores, he descendido para liberarlos y llevarlos a unas tierras anchas donde fluye leche y miel, te envío al faraón para que saques a mi pueblo de Egipto, Yo soy el que Soy".
De verdad, después de leer esto ¿no se te recrea en la mente un espectáculo grandioso mucho mejor que el visto? Porque sí, sin duda alguna, mucho efecto especial, imágenes deslumbrantes y fotografía impactante pero..., se queda en marco decorativo vacío de una pintura que ni destaca ni sobresale ni causa impacto mínimo que impresione tus ojos, derrita tu alma, acelere tu corazón y no permita dejar de observar un mínuto ante la expectación creada.
¿Cómo pueden mis oídos no estar cautivados ante la maravilla de guión que debería haber salido de las manos de Steve Zaillian ante tanto fantástico, increíble y sabroso ingrediente?, a cambio, sólo pasan el rato entre escena y escena, atraídos por alguna, ausentes de atención suprema ante la mayoría.
Nunca creía poder decir que Moisés no luce en su propia historia, que Christian Bale sale poco compensado ante tanto esfuerzo perdido y que, Ridley Scott, ¡que son muchos minutos para aguantar algo que sólo cuenta con excelente escenificación, genial vestuario, mucho maquillaje, paisajes desoladores de ensueño pero con unos intérpretes que se quedan desnudos ante la falta de material emocionado, vivaz, sugerente y atractivo que atrape al espectador y no lo suelte!
Técnicamente soberbia, humanamente ¡un desastre!
Esperaba muchas cosas pero, no esperaba aburrirme, ¡la verdad!
¿Estamos ante una temporal "Fuga de cerebros", talento, habilidad y gracia para fascinar, emocionar y cautivar al espectador? ¿O es permanente? porque entras con ilusión y curiosidad y sales desolada y desértica como su árido pasiaje, porque hace tiempo que este director ¡no brilla, sólo enfría!



domingo, 7 de diciembre de 2014

Elsa y Fred

¡Cuánto te echo de menos, Elsa y Fred del 2005, porque tu versión americana tiene tan poco encanto, chispa y sabiduría que no sirve ni cómo guarnición de segundo plato!
Para quien no hay visto esa joya argentina, lo siento por haber accedido a ésta sin el placer de visionar antes la verdadera versión original que le da vida y que le da tantas vueltas, vueltas y vueltas que, la única sobresaliente ventaja de ésta es contar con un presupuesto desorbitado, sea el que sea, dado el desperdicio que han realizado con tan malgastado dinero y tan pobre, insulto e insustancial guión. 
Para quienes hemos tenido la oportunidad de ver a los únicos e irrepetibles Fred Astaire español, un añorado, magnífico, tierno, carismático y entrañable Manuel Alexander, del que Chistopher Plummer tiene mucho que aprender y, una China Zorrilla como Ginger Roger que deslumbra simpatía, coqueteo, frescura y descaro con su sola presencia y sonrisa y a quien, una admirada -sin duda alguna-, de gran carrera profesional -no se cuestiona-, y mucho talento -probado sobredamente- Shirley Maclaine, no le hace sombra, se mire por donde se mire, al menos en cuanto a la comparación de relatos.
Y a lo mejor ese es mi fallo, no poder olvidar el constante recuerdo de su gustoso sabor mientras aún tengo en el paladar el desaborido, soso de ésta pero, es prácticamente imposible negar que no hay originalidad, salsa o atracción en Elsa y Fred del 2014 que no proceda, rememore o tienda a añorar a esa estupenda, fantástica, deslumbrante y de máxima energía y vibración sentida con emoción, sentimiento y gran pureza de pasión espontánea comedia dramática de un Marcos Carnevale que debe estar riendo viendo el fatal uso direccional que ha logrado Michael Radford con esta nueva, no mejor, ni por los siglos de los siglos, entrega de la que sigue siendo única, irrepetible e incomparable, visto lo visto.
Según se dice, la hierba en el campo del vecino siempre es más verde que en la propia, que la piruleta de tu hermana siempre es mejor que la tuya y que la empleada le ha dado el mejor pastel a la de delante pues, quédate con tu preciosa tierra de acento y carácter indiscutible, disfruta de tu sublime golosina de efervescencia pica-pica grandiosa y come lenta y dulcemente tu tarta de manzana porque hay delito, por desgracia sin castigo ni culpa por nadie reconocida aunque, culpables para castigar los hay y, no voy a  caer en la condescendencia de perdonar, aprobar o aplaudir lo que está tan lejos, aturado y fuera del alcance de quien le dio vida para su creación y nacimiento.
Por favor, téngase en cuenta, como ley no escrita, evitar el tiempo de realizar versiones que no mejoren o igualen al original, por respeto a los anteriores, al público y al personal posible de la nueva remesa, ¡todos saldremos ganando!



Magia a la luz de la luna

Sergio Dalma cantaba "yo no te pido la luna...,", aquí, el carismático director-guionista-actor-músico, nos ofrece la impresionante luz cegadora de su magia.
Entrega anual, del contrato auto impuesto por él a si mismo, de obligado cumplimiento esmerado donde, se abre el telón, y aparece ese negro característico de fondo con sus letras blancas de tono austero y recatado para identificar a todos los participantes de su último trabajo esperado con ansia hasta que, tras el simple y casi imperceptible "dirigido y escrito por Woody Allen" surge la fascinante luz y el revelador e impactante color de la hermosa fotografía cálida, encantadora y sobrecogedora de la Francia de 1928 y la adorable envolvente música celestial que caracteriza una época dorada, de dulce insinuación, donde el jazz era el rey de compañía sublime en toda velada que se preciara y, sin duda alguna, estos dos magistrales elementos de atracción bella, subjetiva e irresistible seducción son su mayor alimento y sustento, en esta ocasión, para su característico guión siempre lleno de perlas sabias de punta afilada y lanzamiento descarado y feroz cuyos disparos son efectuados con rapidez acelerada y veloz que impiden perder un segundo de tu concentración para digerir la inteligente acritud marcada porque, en tal caso, te 
pierdes la exquisitez que le sigue a continuación aunque, sin duda, para este sutil y delicado romance ofrecido de resolución tenue fácilmente adivinada al vuelo, no se puede decir que se haya marcado su mayor y mejor trabajo perspicaz, mordaz e irónico de fechoría intelectual y dialéctica sabrosa por muchas citas de Nietzsche que aproveche y recite, por mucho debate razón lógica-mística espiritualidad que intente sugerir y por mucho lema de cosecha propia que establezca como, el popular uso extendido y consabido, de base razonable o no, de que la ignorancia hace la felicidad -la felicidad de los ignorantes, si se prefiere-, donde más de un ilustrado pondría el grito en el cielo si no fuera por la gracia, coqueteo, ritmo y encanto indemne e inofensivo, en principio pues es letal en su perenne recuerdo asentado, con las que suelta sus gotas de sabiduría de origen experimentado en bodega propia.
Un Colin Firth majestuoso y elegante como estandarte del personaje protagonista que surge de sus más íntimas entrañas y de las cuales el mismo se retiró de interpretar, como era su costumbre, rodeado de un excelente equipo de ambiente risueño, jovial, fresco y de gran agilidad y ligereza como suele ser marca en su ya impronta huella registrada en el souvenir de sus fieles fans devotos, con el manejo de un guión que da vueltas y virajes mareantes intentado crear una emoción, locura y tensión de efecto evaporado, de clímax adivinable, digerible con celeridad y perdonable por su no tan altiva sagacidad peculiar pues es su efecto sabroso y enamoradizo de sensaciones cálidas y adorables las que te envuelven, hipnotizan y permiten adormecer a un intelecto firme en su demanda autoritaria de riqueza dialogante -suele ser su práctica, aquí no tan lograda-, en sus habituales argumentos llenos de sentencias compartidas como bombas lanzadas sin miramiento ni consideración y monólogos recibidos como misiles de corto alcance y herida profunda que, en esta ocasión, se deja llevar por el espíritu de romance cocido con torpeza e incredulidad repentina, venidero con facilidad, pero que no por ello deja de fascinar y alegrar en general.
Un leve pero sarcástico apasionamiento de triunfo del amor sinrazón, base o sensatez y que fragua toda pelea intelectual entre razonamiento deducible-trascendencia intuida, entre amigos de cara-enemigos de celo oculto que es relagado a segundo plano ante la evidencia reveladora de una tia "Yoda" que, muestra con suavidad de experta veterana, el camino a la felicidad suprema de mito idealizado sin sentido, cautela e incontrolable en sus efectos dañinos, de peligro siempre constante pero, de abrazo intenso y deseoso con ambos brazos abiertos para con su ansiosa recepción, por todos perseguida, querida aunque sólo para algunos alcanzada, el portentoso e imbatible Hércules herido en su más débil y expuesto talón de Aquiles, caída de la fanfarronería y ego más delicioso de un juego detectivesco no muy logrado hasta los umbrales de la risa tonta, los pájaros en la cabeza, hormigas en el estómago y la inquietud de un beso nunca esperado, el Benedicto de "Mucho ruido y pocas nueces" sin tanta tragedia efervescente pero si mucho calor en ebullición, esa flecha estupefacta de AMOR lanzada por un cupido traicionero que ya aplastó y maravilló a un esplendido Gary Grant en "Historias de Filadelfia".
Fiel a si mismo en su brevedad, deducción axiomática, en su completa consistencia, en una coherencia que se pierde por los agujeros secretos y misteriosos del cajón de la mesilla y, una marcada personalidad de este neoyorquino de cuerpo frágil y voz incisiva que, aún conserva su talento atropellado y acento agudo aunque, para la presente, bastante edulcorado por el perseguido final feliz del cuento narrado; embaucadora y tramposa aunque deliciosa, no tan pragmática y reflexiva como se esperaba pero deslumbrante para el corazón, delirante y atractiva para la vista y pura armonía de goce para unos oídos ensimismados por la ardiente banda sonora de esta alma tierna que esconde todo un algodón de azúcar tras su fortín de mirada escéptica que, sin vacilación ni escape, cae a los obligados pies de la magia hechizadora de la luz de la luna.



sábado, 6 de diciembre de 2014

El buen doctor

"No eres un verdadero doctor hasta que no pierdes a un paciente", luego, ¡reza para que no te toque a ti ser la víctima que le apadrine en su coronación!
Empieza con lentitud y pasividad, mirada timida, analizadora, recelosa, y exhaustiva en sus análisis de opciones y oportunidades a la vista de un joven aspirante a encumbrarse como médico que ansía con fervor ganarse el respeto y la admiración de quienes le rodean, un protagonista obsesivo y anulado por su incipiente ceguera de llegar a ser alguien, tener posición y ser apreciado por sus compañeros donde, con sutileza, delicadeza y suavidad del tempo transcurrido y, sin abusar de la acción ni forzar los hechos de forma precipitada, va emergiendo esa locura y demencia eventual que se apodera de él y le devora su buen juicio enajenado por el inesperado y sorprendente coqueteo de una joven paciente, inalcanzable belleza-reina del baile fuera de su alcance, hasta el momento, y que le vale la oportunidad de demostrar su valía y conocimientos para deslumbrar a esa joya que se convierte en objetivo de deseo de unos sentimientos mal focalizados, peor confirmados y erróneamente vividos que, le llevan a pasar la delgada línea que lleva de salvar una vida a, forzarla al límite para ser el salvador de la bella damisela en apuros-conquistador héroe de su milagrosa recuperación o, perder el control y ser el culpable de su pérdida.
Reprimido, solitario, de presencia desapercibida y efímera sin estatuto honorable, una vez prueba las mieles del mal, tasta el poder del lado oscuro, nada evita o frena que vuelva a repetir, especialmente si todo encaja, el orden vuelve a instaurarse, los planes salen bien y escapa indenme de unos actos macabros y mezquinos de mente distorsionada, atrocidad de unos hechos justificados por el bien del propósito conseguido, egoísmo puro y duro de un individualismo emergente y feroz al que le cuesta coger forma y adquirir movimiento apetecible pero que, tras la paciencia requerida, la espera solicitada y su meticulosa observación necesaria, realiza la complitud de su círculo con fuerza, energía y pasión sin echar en falta nada. 
Un trabajo esmerado de Orlando Bloom, que también participa en la producción, del que sale con loable buena nota en esa desnuda exposición de su personaje sin necesidad de armas, espadas, lucimiento de músculo ni cabellera al viento, estandarte de un individuo seco, aislado, perturbado en su moral, reprimido en una vida insatisfecha, drogado de ansia de poder, de sed de miramiento y de sufrida humillación en su interior más recóndito y donde cada palabra pronunciada, sentencia que emite es demostración abierta de sus aptitudes, méritos, capacidades y nivel social alcanzado pues "yo nunca fue el chico popular del instituto y ahora..., ¡soy doctor!"
Historia sencilla de ritmo apaciguado que se cuece a fuego lento en sus estímulos y sensaciones recibidas, que poco a poco saca su fuerza y consistencia y vira hacia la firmeza y potencia clarificadora, frialdad intimista y gélidas impresiones de inicio paupérrimo y honda tenue que dice poco pero acaba diciendolo todo en esa evolución ascendente de un guión austero y humilde cuya única mira es mostrar la perversidad de un buen doctor que tiene el concepto del bien alterado hacia el uso y utilidad propia y que deja un recuerdo sabroso dentro de su amargo regusto.
"¿Por qué quisite ser médico?, bueno, un amigo de mi madre era médico y era muy respetado por todo el mundo, yo quería eso para mi, respeto..., y ayudar a la gente por supuesto", sentencia declaratoria de la personalidad, carácter y estilo de actuación ralentizada, celosa, de ansiedad egoísta por carencias e inestabilidad, falta de confianza y seguridad en uno mismo que se adquieren con la salida victoriosa de un daño ejecutado voluntariamente que despierta la lástima, empatía y respeto tan buscado en los demás, juego inofensivo en su base de fantasía hermosa en su retorcida cabeza y final tortuoso o acomodado según a quién mires.
"A veces uno hace cosas que no debería pero, simplemente, no las puede evitar", sinrazón que despierta a la bestia dormida que, tras conseguir su meta, volverá a su relajado bienestar, dejando a la luz pública a un considerado, honorable y afianzado doctor Jekyll que, tiene en reserva y a la espera a su mr. Hyde para cuando sea oportuno pues, el dolor pasa, la culpa se sobrelleva, los remordimientos los cura el tiempo y los beneficios y frutos recogidos son de satisfacción plena, pues, ¡todo es cuestión de prioridades! 



viernes, 5 de diciembre de 2014

Orígenes

"Sabes que quizás busques y no encuentres nada. Buscar y no encontrar también es progreso", el progreso, aquí, se cortó de raíz al decantarse por la edulcorada vena poética y dejar arrinconado el suculento debate argumental que se intuía y no se ha sabido manejar.
Una primera parte por la que transitas con agrado, placer y satisfacción de lo ofertado, un romance fresco, llamativo y atractivo entre una joven espiritual, de alma sensible, y un joven científico que bebe de la realidad, del análisis de lo fáctico, del valor de los datos y de la coordinación de unas evidencias que demuestran verdades irrefutables; a continuación, realiza un salto en el tiempo desaborido para el gusto del vidente, de una tentativa omisión en su interés primerizo sin retorno, donde aparece un experto reputado dentro del campo de la ciencia que por fin a logrado demostrar su obsesiva teoría que prueba la inexistencia de un Dios superior creador de la nada a través de la recreación de la vista, desde su origen, en unas pobres lombrices que no solicitaron ver pues, "el ojo es lo que los religiosos usan para desacreditar la evolución, lo usan como prueba de que existe un diseñador inteligente, Dios; busco acabar con el debate de una vez por todas con datos claros y no contaminados"; y, seguimos con la desilusión al acecho y llamando a las puertas de tu dudosa atención que, se intenta arreglar con una última lección anímica de creencia y dogma en lo que los datos no pueden confirmar ni corroborar pero, sus sensaciones e intuiciones le hablan, en una búsqueda de un patrón idéntico de iris donde cerciorar que también hereda parte del alma, gusto, emociones vividas por su anterior poseedor, un "¿qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?" como estandarte y lema de toda la historia contada.
Estamos ante ciencia-ficción que comparte la invención creativa con el género de fantasía pero, que se distingue y adquiere más credibilidad por estar basado en hechos científicos que en un futuro son una posibilidad real sólo, que aquí, no deja de ser más un cuento dulce, encantador e insimismado de James Barrie -autor de Peter Pan- que algo serio, estupefacto, de impresionante calado o creencia anodadada o efecto deslumbrante, especialmente si tienes en el recuerdo la reciente epopeya "Interstellar" de miras más altas, efectivas y de un efervescente recuerdo aún haciendo mella.
El no siempre eterno, pues durante mucho tiempo fueron juntos de la mano, enfrentamiento ciencia-religión que tantos estragos ha provocado para el individuo por su cabezonería de separación y refutación mutua cuando, perfectamente, podrían convivir pues uno no tapa al otro al moverse en campos diferentes del que el otro no tiene nada que decir, que intenta adquirir un nivel de respeto, consideración y honorabilidad que no acaba de cuajar pues respira, en demasía, un aire de enseñanza anímica y camino trascendental para incrédulos ignorante aún no preparados que abren los ojos y, por fin, descubren ese paraíso oculto abierto sólo para quienes creen desde el alma y sienten desde el corazón.
Si vives con pasión su explicación evolutiva, si te dejas envolver por la creencia probable de su realidad metafísica y su espiritualidad incandescente, la historia adquiere un valor solvente y válido reforzado por la correcta dirección, por las interpretaciones acordes y un acertado nivel de todos los elementos participantes, si te suena, todo lo narrado, a hermosa ensoñación poco consistente, fábula bella para colorear unas suaves químeras, sentirás que todas las respetables opciones de ese comienzo fructífero se transforman en nimiedad aromática que embellece y lustra una estética cuya coherencia interna se quedó por el camino.
Mensaje final de oveja recuperada de vuelta al rebaño del Señor que anula su científica y pragmática existencia vivida hasta ese encuentro magistral de descubrimiento de la luz que guía y da sentido a su mundanidad..., como que no cala, conjunto armónico que huele a caridad compasiva que inclina la balanza, sin justicia demostrada, hacia un lado por capricho y ventaja de cerrar las heridas y dudas con la simple grandeza de la palabra FE..., como que no penetra ni tiene fuerza, anular la cordura de este pequeño mundo que intenta ser conocido para abrirse al despertar enorme, sublime y magnífico de lo no conocido-nunca demostrable ..., es un guión que traiciona su comienzo sólido y estable de apetecibles alternativas y dilemas y, que vira hacia la cómoda y facilona respuesta de un más allá que lo impregna todo, un lograr CREER para que tu asignado ángel de la guarda consiga sus alas que, gusta moderadamente pero, no deja de ser sermón de iglesia en forma de parábola bella-anécdota sugerente para renegados que se mueven en la tristeza de la oscuridad poco sabia o erudita.
La iniciado controversia y discusión se queda en nada pues, no sabe o no quiere cotinuar Mike Cahill por esa senda o, simplemente, no tiene claro que quiere y va tastando sabores hasta encontrar el gusto por lo celestial y lo Santo que, lo arregla todo con la revelación anímica del alma ante la ceguera y carencias satisfactorias de la materia.
Evolución de efecto descendente ante la promesa incumplida de su estimulante principio, de su acomodado centro y de una resolución ñoña feliz de declaración majestuosa, lo cual, aplaca mucho la esperanza de esa alta nota que se deseaba otorgar en su conjunto, que vale, me lo quedo y acepto pero, no deja de ser cierto que la ausencia de color en los pavos reales blancos es por falta de melanina o pigmentación, que no deja de ser cierto que es más hermosa la explicación romántica de que reprensenta almas dispersas por el mundo y que no deja de aburrir un enfrentamiento inconcluso razón-espíritu/lo terrenal-trascendental, aquí llevado con mucha relatividad e inconsistencia, cuando son dos caras de la misma moneda, separadas e unidas por siempre.
Según el lado que te tiré más, te emocionará y convencerá con mayor o menor gusto este, profundo o insípido, poco o muy convincente relato; lo que no es, de todas todas, es intenso ni potente ni vigoroso, sea cual sea tu predilección pues, el fatídico y gélido corte temporal que realiza entre realidad científica-científica ficción, marca su sentencia definitiva.



jueves, 4 de diciembre de 2014

De caballos y hombres

Por adelantado te escribo lo que se lee al final de la película para que, conforme la veas, no te se indigesten algunas escenas..., "Ningún animal ha sufrido daño durante el rodaje de la misma pues todo el equipo al completo es un amante de los caballos"
Nunca mejor título para una historia que narra la forma de existencia de una comunidad islandesa donde la relación con los caballos marca su honor, respeto, poderío y subsistencia, donde se sobrevive con dureza, valentía y firmeza, una gélida sensación de inmutable combinación en su ausencia de sentimientos y consideración, a la vez que, observas emociones de estima y amor hacia unos animales que contemplan el confuso, fiero y amable comportamiento humano desde la impotencia y necesidad de ser usados para su utilidad y donde todo miramiento o ardor interior es difícil de apreciar ante tanto esperpento y perplejidad externa.
Extraña e interesante mezcla de comedia y drama en lo que podría ser, a todas luces, un posible documental sobre la vida extrema de una región aislada donde las formas tradicionales y arcaicas, por crueles que sean, son la base de un día a día de vigor, fuerza y demostración de las capacidades individuales que te colocan en un codiciado escalafón señorial en este pequeño grupo de terrenales sin piedad ni lástima en su proceder y en su constante juzgar.
Imágenes brutales, honestas y directas que te transportan desde la comicidad al horror, desde la incredulidad a la desfachatez, desde el encanto a la desagradable visión de una convivencia peculiar y amarga, por momentos, en esa tierra ancestral guardada como tesoro donde las maneras, costumbres y quehaceres diarios se guardan con perpetuidad y esmero como su mayor orgullo y deferencia distintiva.
Magnífica y asombrosa fotografía en la belleza retratada de unos animales hermosos en su increíble y majestuosa presencia de mirada absorbente y, un sublime paisaje hiriente en su magnificencia, en su desolación, aislamiento y espinosa maravilla que cuenta con personajes rudos de raíz profunda y andadura sólida y carácter con muchos años de andadura e historia.
Si no soportas la matanza del cerdo, por ejemplo, de ciertas regiones de España de gran raigambre tradicional, si eres de corazón sensible que se impresiona e impacta con facilidad, ésta no es tu película; si aprecias un estilo de vida único, región añeja, cortante, áspera e impenetrable que te pone a prueba todos los días, que igual te abraza con deseo y ofrece una sonrisa que te hiela el espíritu por su brutal violencia natural sin compasión, disfrutarás con una visión antagónica pero fresca, de mucha escarcha en la superficie que a unos romperá el alma y, otros verán la vida pura sin comodidad ni florituras contemplativas.
Compleja de digerir, salvaje, cruda, agresiva, natural, breves historias de caballos y hombres, nunca mejor dicho, autóctona observación que despierta tu atención y curiosidad por este pequeño paraíso islandés de pequeños pueblos donde el tiempo estaciona y el agravio del espacio permanece indemne, sin refugio ni ayuda al tiempo que confronta tus emociones más variadas. 
Un loable trabajo de Benedikt Erlingsson  de enorme validez expresiva que puede alterar tu dulce sueño al tiempo que admites el valor sincero y honesto de lo observado pues, todo reportaje sobre la vida animal emociona y perturba por igual, asombra-enternece-acojona, al compás, por su ferocidad y supervivencia del más fuerte, a la vez que, comparte su ternura, protección y lealtad para con los suyos..., al tratarse de humanos ¡no iba a ser menos!



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Predestination

Este viajero compulsivo, violinista sin vocación, que se multiplica cual espora sin control..., ¡perdió los papeles ante tanto turismo psicodélico!
"¿Qué fue lo primero, el huevo o la gallina?"
Lo que está claro es lo que no es en una película que pretende filosofar sobra la incómoda existencia de uno consigo mismo y sus inconstantes personalidades a través de viajes temporales incoherentes y, la búsqueda paupérrima a la solución a dicha pregunta en forma de respuesta magistral, de trascendencia sublime con un "fue el gallo, yo soy el gallo" que debe despertar en tí cavilaciones intuitivas y reflexivas sobre la gran verdad descubierta y ofrecida en bandeja a tu servicio cuando, la verdad, aguantas 45 minutos de cháchara en una conversación poco motivadora-apenas estimulante donde se narra la desgracia y desventuras de una recién nacida abandonada a las puertas de un orfanato y donde "Candy, Candy" se convierte en princesa privilegiada al lado del martirio y acoso que sufre la susodicha heroína, futuro héroe frustrado; una historia 
insustancial que realiza tantos giros sorpresivos como le apetece, estén justificados o no, vengan al pelo o sean desmadre estrambótico para mantener la atención de un espectador que pierde el interés por tanta nimiedad barata que va de piedra en piedra ancestral sobre el secreto de la vida para contigo mismo y tu posible perversidad interior que, después de abandonar tan soporífero diálogo continúa con la misma causa a través de viajes interespaciales a diferentes tiempos, épocas y variados encuentros con el mismo yo ,ya pesado, que pretende aturdir-impresionar-hacerte meditar-pensar-disfrutar de la supuesta exquisitez del planteamiento pero, se queda en un simple y vacío galimatías sin fondo, con mucho humo y poco material digno con el que contar a parte de que, de siempre, de toda la vida, en todos los relatos fantásticos se evita el contacto con uno mismo por la peligrosidad de evaporación de los cuerpos ante dicho encuentro sino, repasa la inolvidable y querida saga de "Regreso al futuro" con un fantástico Michael J. Fox que se añora y ¡verás!
Michael y Peter Spierig se lo guisan y comen solos en un filme donde su guión fracasa por tanta aspiración poco consistente y una dirección que fácilmente podrían haber dejado en manos de un Ethan Hawke de mayor habilidad en dicha tarea y que, como actor, es lo único atractivo que vale la pena entre tanta rallada mental que ante tanta perspectiva de originalidad y pretenciosa energía de combinación entre un presente vivo-pasado fáctico-futuro posible, cae en saco roto.
"¿Qué harías si pudiera poner delante de ti al hombre que arruinó tu vida?, si te garantizo que saldrías indenme, ¿le matarías?"
Pregunta que evitaron realizar los responsables de este navío sin rumbo previsto ni conocido, unos directores de orquesta cuyo mayor mérito es un inteligente y perspicaz tráiler donde se vende una acción, adrenalina, éxtasis y misterio que ¡vete tu a saber dónde quedó! pues sigo buscando y no encuentro.
Basada en una corta historia de Robert Heinlein hay poco mas que decir que, visto lo visto, estamos ante un personaje quemado desde el minuto uno, un infanticidio surrealista de primera parte lenta, sosa y escasa, de anécdota esquizofrénica que ya utilizó Almodovar con Banderas con más suspense y enigma efectivo y, una segunda parte que pretende despertarte de tu somnolencia pero que no deja de ser un artificio de confección dudosa cuyas esperanzas e ilusiones de satisfacción van y vienen al igual que el absurdo cacao hermafrodita montado.
Como entretenimiento es frágil, leve y agotador en su misma confusión pues es un galimatías de altivez mística donde, el hecho de que te seduzca, motive y atraiga es a título personal pues, este anónimo desconocido sin ataduras emocionales ni personales reclutado por organización secreta para evitar atentados y salvar vidas gusta poco, convence menos..."¡un poco trellat!, vamos" -sin sentido-  al que le han concedido ¡un notable de media!..., sigo buscando pero no encuentro..., ¿será mi predestination?



martes, 2 de diciembre de 2014

Lecciones de amor

"?Por qué está mi poema en tu pizarra? Porque es bueno, es el mejor", principio del desmoronamiento voluntario/final de la acosadora mentira para un profesor amante de las palabras que no se ve capaz de escribir las suyas propias pues la inspiración nunca llamó a su puerta.
"No confien en las palabras, las palabras son mentiras, ¡son trampas!" desafío que despierta a una artista instintiva-obligada maestra de su pensar y cuya vida la pone a prueba para volver a encontrar su lectura, su arte por el mundo en imàgenes.
Arte..., creación del ser humano para expresar su visión del mundo con recursos plásticos,lingüísticos o sonoros que le permiten expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones que logren el placer estético en el receptor, un subliminal alimento de su alma, transporte exquisito, subjetivo y placentero a lugar remoto propio y exclusivo a través de su conmoción y sobrecogimiento.
"La pluma puede ser más peligrosa que la espada pero si, una imagen vale más que mil palabras, ¿quién ganaría en un duelo?", errónea guerra entre razón y pasión, intelecto e inspiración -pues ambas se necesitan desesperadamente para crear vida con palabras o seducir íntimamente con imágenes- que es utilizada como excusa para una película cuyo mayor arte y esmero son sus dos encantadores, simpáticos, atractivos personajes, perdón corrijo, los sugerentes, carismáticos y adorables actores que los interpretan y la gran química, conexión que se establece entre ambos, una deslumbrante Juliette Binoche -¡ni que fuera una novedad!- y, un menos talentoso, Clive Owen a quien perdonas por la belleza de un sentimiento de empatía y cordialidad que va emergiendo suavemente hasta crear un ambiente distendido, ligeramente penetrante, de delicado aroma y ninguna ultra-pretensión escondida en un escenario de aulas, de ambiente estudiantil, de aprendizaje e ilusión con dos profesores, a la cabeza, malogrados en sus respectivas carreras que perdieron esa motivación y andan dando tumbos y, ¡como no!, un sutil romance -más suculento flirteo-, tratado con esmero y pulcritud, sin el recurso abusivo del comodín accesible del azucarero.
John Berger escribió..., no conozco nada más triste, triste no trágico, que un animal que se ha quedado ciego. A diferencia de los humanos, al animal no le queda otro lenguaje que le describa el mundo".
No pretende descubrir verdades no dichas, enunciar secretos aún no hallados, no encontrarás estética filosofal entre sus diálogos ni maravilla trascendental entre sus sentencias pues su guión es comedido y su dirección neutra pero, es deliciosa en su aroma, irresistible en su intuido sabor, hermosa en su pretensión no alcanzada, de espíritu jovial delicioso, un volver a creer que pequeñas, sencillas y humildes historias sin afán de notoriedad -tampoco podría aunque quisiera-, pueden relajarte en tu sillón, acomodarte en tu persona, solear un día nublado y dar gracias por esa lluvia que te retiene en casa y te da pie a elegir una cinta de evolución sabida, formato clásico, ingredientes ligeros pero amena en su conjunto, bonita en su percepción, ágil en su digestión y bella en su esencia si te dejas envolver por ella.
Quererles es fácil, abrazarles gustoso, embriagarte de su esencia..., predisposición propia para degustar un arte que seguramente proviene más de tu voluntad y ganas que de su fáctica efectividad pero, si deseas creer, la historia te da opción para ello siempre que alces el pie de tus "peros" y críticas.
Cervantes dijo..., al villano, dadle el dedo y se cogerá la mano..., actualizado dice..., les das la mano y se cogen el brazo..., yo ¡siempre fui a por el brazo!, depende de si alcanzas dedo, mano o brazo disfrutarás más o menos de ella.



lunes, 1 de diciembre de 2014

Good vibrations

La música y el deporte siempre han sido utilizados de bálsamo para calmar a las fieras, de lugar de unión neutral y pacífica para las masas donde tienen cabida todo tipo de ideología política, opción religiosa, preferencia económica, variedad étnica..., espacio común de encuentro de todo aquel que olvidara sus preferencias personales, odios y venganzas y se dejara llevar por la sintonía, la magia, la gratitud, el confort y el relax que proporcionan ambas actividades.
¿Y quiénes son siempre los recordados? Los primeros, los que tienen éxito y triunfan y, los últimos, los que a pesar del esfuerzo, la constancia y fuerza de voluntad se dan de bruces contra su sueño, una y otra vez, el cual mantienen intacto a pesar de no conseguir ningún logro propio.
En el caso del deporte, es por todos recordado, en los Juegos Olímpicos de Sidney del 2000, aquel nadador africano que apenas sabía nadar -Éric Moussambani- y que entró el último, casi ahogándose, con un tiempo de casi dos minutos, más del doble respecto a sus compañeros, por poner un ejemplo de los muchos.
Good vibrations narra, con el nombre del local de referencia, la ilusión, perseverancia, inquietud, locura, creencia sin freno ni stop en sus posibilidades de quien, fascinado por la música, se enamoró del punk y se atrevió a abrir, en la Belfast del 70, en plena ebullición del conflicto católico-protestante, una tienda de discos y se lanzó a producir grupos locales con un entusiasmo, fervor, apetencia y delirio inagotables que le costaron su matrimonio, el olvido de su hijo, la ruina económica, el fracaso musical continuo..., y todo lo que se pueda imaginar en este perdedor victorioso que, nunca abandonó sus creencias ni deseos y se mantuvo al pie del cañón a pesar de ser bombardeado, una y otra vez, por una despiadada y, cebada extremadamente con él, existencia dificultosa.
Magnífica recreación vigorosa, psicodélica, caótica, rebelde, loca de una historia verídica que se desarrolló en una zona arduo complicada y sensible a la agrupación de gente de diferentes pensamientos e ideas, espléndida interpretación de Richard Dormer en su plasmación del carácter y personalidad peculiar y únicos de este Simbad rítmico, de nombre Terry Hooley, en su lucha contra el incesante y bárbaro mar y su angosta, personal y enorme ballena.
Lisa Barros D'Sa, Glenn Leyburn plasman con gran vivacidad, decoro y arte un espíritu carismático de gran pasión e hipnosis para los fans amantes de este género musical, los demás observarán la gran destreza, acierto y talento de todos los participantes implicados en dicha producción, otra cosa será que te atraiga o motive el escenario, su orquesta y una narración que pueden resultarte distante y ausente, atronadora y poco estimulante o nada sugestiva.
Que sí, una historia loable y heroica de no desfallecer y vivir conforme tus sueños, empeño y bravura de aplauso y reconocimiento admitidos, encanto de descubrir a este Supermán anónimo a quien ni la kriptonita pudo con él pero, a menos que consigas envolverte de su aroma frenético, de su fanatismo esquizofrénico, de su velocidad mareante, vivirás la anécdota de su descubrimiento como información interesante, documento biográfico válido de conocer pero que causa poco énfasis y atención en tu persona.
Genial, ideal, recomendable para apasionados de la historia musical, de sus narraciones individuales con toque singular, de fotografía y ambientación impresionante, con un líder nietzscheano de alegría y desenfreno sin límites.
El resto, admitirá y apreciará todo lo mencionado desde la desgana e inapentencia involuntaria de no sentir un gran ardor e interés por esta historia esquiva y estridente, de apetencia dudosa y, alterna por momentos, que no capta ni hace posible una percepción interesante y atractiva continuada en el tiempo y donde, la motivación, simplemente cede; aceptable como curiosidad pero..., poco más
O te absorbe, atrapa y..., ¡maravilloso! es soberbia la experiencia o..., ¿cuál es la sensación cuando acudes a un concierto, por un amigo, de local fantástico y representación escénica desbordante pero, la música no es de tu estilo, no conoces al grupo que canta y las canciones te saben a vacío, a ni fu ni fa? ¡Pues eso!