miércoles, 10 de junio de 2015

Misericordia (Los casos del Departamento Q)

Después de un error que le costó la vida de uno de sus colegas y que deja paralizado a su mejor amigo, el inspector Carl Mørck atraviesa una de las peores épocas de su vida. Su sentimiento de culpabilidad aumenta cuando su jefe y la prensa dudan de su actuación. Relegado a un nuevo departamento dedicado a casos no resueltos, Carl, junto a su nuevo compañero de origen sirio Hafez al-Assad, ve la oportunidad de demostrar su valía al descubrir las numerosas irregularidades cometidas en el caso de Marete Lyngaard. Cuando en 2002, esta joven promesa de la política danesa desapareció mientras realizaba un viaje en ferry, la policía decidió cerrar el caso por falta de pruebas


Una explicación y un por qué poco alentador, nada meritorio para toda la trama expuesta, insignificante y apenas satisfactorio para el tenso y vibrante recorrido realizado, un fastidiante reparo de retroceso inexplicable para este "Caso Abierto", convertido en largometraje, que sigue todos los pasos convenidos en el tiempo y espacio acordados.
Aunque, no importa, nimiedad que pasas por alto pues es intensa y excitante, inquietud que atrae y cautiva, a la que acompañas con interés y adicción, atención ofrecida con facilidad y compensada con gratitud por la vuelta recibida, un cambio equitativo y ajustado al precio convenido.
Entrada a lo "Seven" que pronto deriva en un Harry Callahan sin suciedad, misma efectividad y sobrado esmero cuyo dolor, sufrimiento y pesar intenta abatir con la obsesión por el trabajo, con esa persistente ocupación en algo que le rehuya de pensar y recordar, que le evada de calcular y rememorar los actos llevados a cabo, que le libre de un martirio cognitivo que recorre su mente en continuo, sin parada, benevolencia o sentimiento de lástima hacia su persona.
Ubicado como nuevo encargado de casos antiguos, no cerrados, que a nadie importan, este obligado e inesperado guardián de las causas perdidas inicia su angosta andadura acompañado de su fiel escudero, no solicitado, con quien , por supuesto, habrá choque de emociones y carácter, personalidades diferentes y opuestas para conformar ese dueto valiente, inquisitivo y feroz que hace bien su trabajo a pesar de las trabas y dificultades.
Porque, aunque la investigación no sea muy aguda y las pistas surjan y se revelen con facilidad pasmosa de quien tiene prisa por disponer tan sólo de los 45 minutos de duración del espisodio -olvidando que es película y debe cubrir más volumen y terreno-, es una agilidad y rapidez que no molestan gracias a su etiqueta fría y distante, de velocidad seca y arisca, todo un porte austero y cortante para escenas sádicas, de angustia y temor muy logradas y conseguidas, afilado camino de aspecto depravado y envilecido que no se ve rematado por el motivo señalado, tortura de juego perverso por observar la decrepitud, asfixia y muerte lenta de quien es asesinado, día a día, sin piedad ni explicación que no se ve coronado como debe cuando se descubre la misma, un hecho insustancial y pobre para la fuerza, carisma y sugestividad del trazado.
"Si alguna vez me mato, no lleves mi caso", este errante de la vida sin sonrisa ni esperanza, vagabundo sin alma ni beneficio pero remordimientos a mansalva, herido en una mente que nunca calla, ni descansa, y un corazón que a duras penas resiste, concienzudo en su labor policial, con una tozudez marca de la casa que caracteriza ese instinto innato que nunca le falla seduce en su aspereza, enamora con sus silencios, se le quiere por obstinado, adora por terco, obvio talento de un solitario que no elude sus responsabilidades.
Aunque no sorprende y ofrece lo pactado para estos casos, bien estupilados, en su género entretiene y atrapa, es ágil en su ritmo, simple en su lema, sugestiona y motiva con sencillez, complace sin excesivo ruido, rigidez y firmeza decoran el escenario, la culpa y tenacidad como ingredientes de fondo, ¿alguien da más con tan poco?
Es, después de visionarla y proceder a sus análisis, que descubres que no ha contado nada que no esperaras pues, durante la misma, estás tan cómoda y ensimismada que ¡ni te das cuenta! de modo que ¡tómate otro café y échate de nuevo a las calles!, ya que se disfruta y abraza con delicia, ncanto y armonía.
Formato clásico de firma danesa que ameniza y contenta, no es un complicado relato ni cuenta con grandes argucias en su argumento, guión que no arriesga en la confección de la trama ni se sale de la línea recta marcada pero..., es accidente leve resuelto con una pericia que entusiasma y agrada, se devora con gozo en un consumo apetecible donde tampoco conviene escarbar más a fondo, la mirada lo aprecia, el corazón se conmueve, el espíritu se emociona y la mente se integra, justicia en buenos términos donde acabas obteniendo la anhelada sonrisa al lado de este, no pretendido, héroe que ha vuelto a encontrar su razón de ser y lugar en el mundo.
Jussi Adler-Olsen, artífice del relato, dale tantos casos ¡como quieras!, pues el Departamento Q tendrá tantas historias ¡como imaginación e inventiva tú tengas!
Ni recrimines ni sanciones, simplemente valora y estima.



martes, 9 de junio de 2015

Dando la nota, aún más alto

Secuela de "Dando la nota" (2012). Beca y Fat Amy se enfrentan a su último año en la universidad. Las Barden Bellas se han convertido en el coro a capella más importante y envidiado del campus y competirá en el Campeonato mundial de Coros, donde el equipo estadounidense nunca ha ganado.



Injusto empezar con la rotunda afirmación "segundas partes nunca fueron buenas", pues no siempre es cierta, ni siempre da en el clavo, amén de que la hermana menor siempre juega con desventaja, con menos números a su favor, su llegada posterior a misma meta pierde la sorpresa inicial, el arranque novedoso de ingenio, risa y musicalidad que explota, de antemano, su gemela mayor, queda poca originalidad por descubrir, apenas asombro que explotar.
Se trata de recorrer la misma estela, copia semejante de ruta y huella pero con más gracia, talento y entusiasmo, lograr un efecto animado, genial e inolvidable, de mayor y más desbordante marcha aunque se trate de camino ya consabido y muy familiar por haber sido recorrido, previamente, por su antecesora, reveses con los que ya se cuenta al tener que luchar contra un recuerdo grato, de sabor estupendo, que en su presente todavía no ha dictado sentencia, sigue con los brazos abiertos a la expectativa, a verlas venir pero, al tiempo, pendiente en la cuerda floja, en el no-se-sabe demos-una-oportunidad, ese limbo de posible juicio y mandato, sin piedad ni miramientos, sobre la base de esa maldita comparativa que es sombra perenne de pesada losa difícil de calcular, manejar y arrastrar.
Pero, he aquí el atrevimiento y valentía de Elizabeth Banks de tomar el mando de este navío y lanzarse a la dirección, por mar turbulento de aguas agitadas, que esperan el aplauso y reconocimiento de un título que ya se logró para la querida familia,en su momento, dando exquisitamente la nota, ahora con un arrojado intento de ir más alto.
¿Resultado?..., lo siento, no han conseguido ascender por tan venerable ruta, llegar a ese tan-deseado más alto, dejémoslo en un permisivo han quedado en el mismo sitio de igualitaria puntuación.
¿Motivos?..., empieza con buen ritmo, excelente sintonía de esperanza de haber encontrado la llave para ascender a escalafón de mayor grado, sentencias absurdas de gran agudeza en su flecha al blanco que aciertan medianamente en su buscada de diana, coladas con velocidad y sabiduría, garbo y maña, mofa y gags alternandose en su lanza torpedos directo al grano, ridiculez sin freno, ñoñería en primer plano, canto y baile a mansalva, hermandad y feminismo por un tubo, tonterías tras memeces..., etc, etc, etc, que, en principio, obtienen la misma nota de hace tres años en cuanto a distracción, diversión y cachondeo, risa facilona de sonrisa espontánea que, al surgir sin esfuerzo, ya anticipa dictamen de una buena evaluación dispuesta a ser entregada, sólo que...,
..., conforme avanza y entra de pleno en su argumento, el guión de Kay Cannon que debe darle sustento, firmeza y apoyo, lentamente se aplaca y desvía de su observada y percibida buena sintonía, pierde desenvoltura y arte para encontrar la línea más segura y suculenta hacia el éxito, los números musicales parecen no tener el efecto explosivo y espectacular que se rememora, en tu cabeza, respecto la primera y su razón de andadura, de destino y uníon de todo el conjunto flojea en estilo, vigor y orientación clara, fuerza que sobrevive y logra mantener el lugar que ya se ocupaba pero nada de más beneficio ni mejoría, e incluso, puede que se vierta cierta condescendencia en este clasificación final pues, con sinceridad, la mente no está tan absorta, el corazón no está tan encandilado ni el espíritu tan bailón y alegre como en el pasado ya que, si es tierra ya andada cuyo trazado no se reforma ni progresa ni espabila, cierta levedad o mínima ausencia de interés y aprecio en la pantalla es inevitable que surja, ¿no?
Los nuevos personajes no cuelan ni enloquecen tanto, de los anteriores ya se conocen sus burradas y torpezas, las letras de las melodías pierden seducción, enganche y encanto, el desfile escénico como que ya se ha visto y..., analizando los pormenores de ambas, acción innegable que todos llevamos a cabo de forma instintiva, se llega a la conclusión de que vale, se acepta, pero el pulpo como animal de compañía era más sabroso, dicharachero y cómico la primera vez que fue oído y visto, en esta segunda se convierte en un chiste correcto, bien contado, de estructura adecuada y entonación válida, pero que sólo logra en el rostro alguna carcajada y risotada suelta, dispar, especialmente en sus inicios, antes de ir a la deriva, cuando la demoledora tentativa, de revocación a tiempo atrás, insinúa que la juerga y cachondeo fueron más redondos y mejores en aquella antigua ocasión.
Pero, como salimos contentos de todas formas, aunque sea obvio que desviamos la mirada de la pantalla con obvia facilidad de escasa atención captada, seamos benévolos y coloquemos a este reciente conocido, de pariente halagüeño cuya relación y trato, en el pasado, fue alegre, humorístico y grato, en el mismo peldaño, lugar y nivel, indulgencia en lugar de castigo, no se hace daño, a nadie hiere y ¡todos complacidos por la buena acción de día!






lunes, 8 de junio de 2015

The loft

Cinco hombres comparten en secreto un apartamento donde poder escaparse con sus amantes, donde relajarse o simplemente evadirse de la rutina. Hasta que un día aparece el cuerpo de una mujer asesinada en el apartamento y empieza un juego de sospechas entre ellos para intentar descubrir quién es el culpable y ver cómo se las arreglan para que todo el asunto no salga a la luz... Remake de la propia película de Erik Van Looy realizada en 2008.


"Las personas que amas..., son las únicas que pueden hacerte daño"; te olvidas del daño ejercido sobre uno mismo cuando la inspiración no se presenta, la creatividad vuela lejos y el susodicho artífice de esta vuelta de tuerca debe conformarse con dibujar sobre pintura ya ofertada que, en años anteriores, obtuvo aplausos de merecida nota, aquí condescendencia de un simple y acomodado aprobado.
El camino se vuelve a pisar para avanzar, rectificar, mejorar..., ¡nunca retroceder!
¿Qué motiva a Erik Van Looy a realizar un remake de su propia película?, aquella realizada en 2008, bajo exclusiva identidad belga, de la cual ¡no cambia ni un punto ni una coma, mismo trazado, pasos, evidencias y dictamen!
¿Por qué?, ¿para qué?, ¡tan falto está de ideas que tiene que reutilizar las viejas! o, ¿tan poderoso es don dinero, de producción norteamericana, que compra, convence y obtiene lo que quiere?
Lo triste es que, ya que te pones en tal despropósito de sentido vacío, al menos iguala -yo no se pide mejorar, ¡qué atrevimiento!- lo hecho en el pasado, no presentes una versión donde, por ser más lustrosa en su escenario, galante en su porte, de caras familiares y ambiente grato no se consigue una partitura mejor, de mayor calidad e interesante curioseo pues se deja por el camino el carácter, la tensión y acidez de su hermana mayor la cual, por ser la primera y original en la inventiva de tan armónico y seductor juego, siempre quedará en la memoria como la mejor.
Cinco amigos, un apartamento para juergas privadas, diversión sin miramientos ni explicación, una muerta y el círculo de acusaciones y sospechas que pondrá a prueba su verdadera y firme amistad, papeles repartidos según rol a interpretar: cliché puritano del más loable..., que se esconde tras ese honorable "yo no soy así" excepto para casos de amor que esconden más porquería de lo imaginado, el cínico..., que empieza la fábula de pasatiempo en el paraíso cuyo jardín del edén se volverá pesadilla desleal que no termina, el bocazas frustrado de turno..., que quiere equipararse al resto del grupo, el caótico acelerado..., cuya violencia no tiene control y es peligro constante y el reservado, cauto y silencioso..., cuyo rencor no manifiesto es refugio de gran amargura y dolor, el "poliamor", neologismo como emblema de excusa para correrse más de una aventura y, una investigación que permite moverse con alternancia temporal para jugar al "cluedo" mientras relatan cómo empezó y discurrió idea tan genial de agitada actualidad.
Neutralidad como sensación genérica por ver el show, apreciar el montaje, valorar el espectáculo, seguir sus movimientos, atender a sus fragmentos, oír sus relatos, digerir lo expuesto pero..., no sentir gran adrenalina, pasión o interés que permita involucrarse plenamente en sus vidas y enredos, problema que se deriva de haber visto la anterior película y de que ésta no supone un gran señuelo de satisfactorio arrebato, su anzuelo no atrapa ni acierta en el pleno, da para escuchar pero no para prestar atención exquisita, un asequible acompañar sin exaltación excesiva.
Las comparaciones rara vez son buenas de modo que, al margen de incidir en ellas, el filme presentado vale como esparcimiento ligero, thriller moderado que no alcanza elevada cuota de intensidad aunque, sí lo suficiente para entretener con justicia válida ¡sin más!, no destaca, no agobia, se consume con sencillez y olvida con rapidez.
Su visión habilita poder estar al tanto de cómo van los hechos sin arriesgar en emoción o raciocinio, parte óptima de una levedad que recrea con silencios inquisitivos, miradas penetrantes y acusaciones diversas que se alimentan de sospechas al gusto del comensal, apetecida representación en su estética y performance sólo que, las expectativas levantadas no alcanzan decibelios consistentes en su mérito, complejidad de mucho empeño, buena voluntad y esfuerzo valorado que no pasa de la corrección de las formas, pasos y resultado, movimientos adecuados y oportunos para cada momento que satisfacen pero no engordan, cubre las necesidades básicas sin nutrir con esmero, captura atractiva cuyo temperamento pierde su osadía para quedarse en modestia de una percepción que no altera ni perturba tu absorción tranquila, énfasis tenue en apuesta segura que no busca excesos arriesgados.
"...,el destino nos unirá."; no te creas, no es para tanto..., apartamento bonito, llave curiosa, inquilinos gustosos pero te se olvida fácilmente, recuerdo fugaz de una velada apetecible que resultó inesperadamente apacible cuando la propaganda auguraba tirantez e incertidumbre sabrosa; te vale el desenlace de la incógnita intuyendo que podría ser éste o cualquier otro que se les antojara, si en tu memoria cargas con el equipaje de la otra..., motivación perdida cuyo nuevo y elegante traje no arregla el roto ni apaña el descosido, en caso contrario, da para distracción breve de exigua exigencia aunque ¡no le pidas peras al olmo! pues, por mucho que lo intente y desee, no está capacitado para realizar tal obra y menester.
Cuenta los hechos sin entusiasmar.



Negocios con resaca

El propietario de una pequeña empresa que acabe de crear (Vince Vaughn) y sus dos socios (Tom Wilkinson & Dave Franco) viajan a Europa para cerrar el acuerdo más importante de sus vidas. Pero lo que comienza como un simple viaje de negocios se descarrilará de formas inimaginables.


"Eres la dama de honor..., just walk with me..., simplemente camina conmigo", el probema es que la boda está siendo aburrida y soporífera, sin inspiración, gracia o humor sacados de alguna ocurrente chistera, donde la fiesta posterior no da para diversión, alegría o borrachera distraída y la despedida de soltero, previo a este ingrato accidente, da para comicidad barata, vulgar y poco trabajada de todo a un euro donde aún piensas que ¡te sale cara la entrada!
Vince Vaughn en el papel estandar que lleva interpretando ya hace tiempo ante, la supongo, escasez de un papel decente que interpretar, medio serio/medio burdo, pretendido gracioso que tiene momentos para padre ejemplar o marido del año, esforzado trabajador incansable, con honor y principios que si hay que desnudarse, pintarse como una drac queen o hablar con penes, ¿por qué no?, paga la productora y el memo sin imaginación que creyó que, lo escrito en papel, en la práctica hablada haría gracia desternillante de risotada descontrolada, acompañado de sexagenario salido y joven retrasado que quieren experimentar la noche y estar con todas las mujeres posibles, recurso de tetas y culos, alcohol y música muy apropiados para rellenar cuando se carece de ideas ¡ya no originales!, sino sólo pensamientos dignos con que rellenar noventa minutos que, aquí, no alcanzan para entretener con amor propio, pundonor o algo parecido al atrape sugestivo o atracción sorprendente por mucha voz en off, estereotipos y ruido de fondo o colorido decorado que se superponga pues no logra maquillar lo que no apetece, encandila ni anima ya que cuenta con poco que aportar.
¡Si no es tan difícil de lograr!, hora y media ligera, solvente para una historia breve, sencilla y fugaz que libere el pensamiento, se consuma rápido y olvide con la misma facilidad y ¡ni siquiera son capaces de lograr ese exiguo recurso de ínfima demanda que el espectador solicita desesperadamente, suplica agónicamente y merece recibir decentemente!
Agotadora, por no inspirar diversión, por no tener estilo, por circular sin chispa, por desfilar sin talento, por no provocar una maldita carcajada ni ¡ruda sonrisa!, por ser pesada penitencia que ni, no pagando, dejar de salir cara; porque cuando eliges este película ya sabes que estás eligiendo calidad baja, grosería alterna, gags tontos y malos chistes sin apenas agudeza, es lo que buscas para ese hueco buscado donde no hacer nada, ni siquiera pensar o exigir nada a la mente en "stand by" pero, ¡cumplir un mínimo de requisitos!, alguna carcajada espontánea, sonrisa currada porque sino, en caso contrario, ese descanso de inhibición cognitiva y ausencia sensitiva se convierte en suplicio que fastidia el relax y las ganas de olvidarse del mundo y uno mismo.
Porque, si no eres capaz de ser bueno siendo mediocre, ¡apaga y vamonos!, mejor cerramos el chiringuito y ¡a otra cosa mariposa!..., si es que ¡debería haber escogido una de dibujos! y no tanto tomate verde y frito, con mi perdón y respeto para tan admirable película que no tiene la culpa de que su nombre venga ¡como al pelo! para exponer humor tan penoso de fallido esparcimiento.
Dos negativos hacen un positivo, matemáticas, y la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, física; aquí, tres negativos más Ken Scott, director, y Steve Conrad, guionista, hacen un remix que ofende a los sentidos, confirmados por los susodichos cinco más una razón que está al límite del aguante y si eliges el espacio más reducido entre estos lumbreras, te aseguro que no te da tiempo a sentarte en tu butaca y beberte tu coca-cola más apetecible, refrescante y sabrosa que todo lo visto en pantalla.
Comedia..., obra dramática con elementos que divierten y hacen reír, que muestra lo ridículo y con final feliz..., uuummmmm, ¡casi!..., ridícula y con final feliz lo borda, el resto..., sigue buscando por otro lado que este negocio aporta ¡demasiada resaca!; ¿ves?, hasta la rima es tan facilona que ¡da pena hacerla!, aunque de esforzarse para evitarla y presentar algo más sabroso y apetitoso ¡ni hablamos!, no se esfuerzan ellos ¡lo hará la que escribe!
Mundana, aunque si quieres bajarla un escalafón, estoy totalmente de acuerdo contigo; ni para mínimos ya previstos. 



domingo, 7 de junio de 2015

Phoenix

Una cantante es traicionada y enviada a un campo de concentración. Al finalizar su calvario, vuelve con la cara totalmente desfigurada y pide a un eminente cirujano que se la reconstruya para que sea lo más parecida a como era antes. Recuperada de la operación empieza a buscar a su marido, un pianista. Pero el reencuentro no es lo que ella esperaba.


"Cold, cold heart, hard done by you, some things look better, baby, just passing through...", frío frío corazón, hecho difícil por ti, algunas cosas parecen mejores, nena, si las pasas por alto..., propósito de enmienda de Nelly, una desaparecida cantante que renace de su concedida muerte, que resurge de sus vertidas cenizas ante aquellos que traicionaron su ser, manifiesta judía cuya falsedad ya no importa como tampoco la verdad de quién es y cómo fue su historia, sonámbulo espíritu asesinado en su esencia, con mismo cuerpo pero diferente cara, que busca cobijo, abrazo y cariño, volver a una existencia perdida, plena, de extraño presente donde la más confusa y ausente es ella misma al hallarse vacía de corazón, fría de sentimientos y catatónica de razón.
Parada reflexiva que inmoviliza toda cognición y sólo permite andar cual errante caminante, vagabundo sin fuerza ni rumbo que necesita guía para llegar a encontrar su punto de destino, omitido reflejo en el espejo que parece nunca despertar de su somnolencia y turbada manifestación al rezar y suplicar por el amor hace tiempo correspondido cuando ahora, en su marchito presente, olvida otorgarse el de su merecida persona, autoestima que necesitará tiempo para encontrar su valor y salida e irrumpir con valentía, cual vedette deslumbrante, en el escenario montado, esa irónica y absurda obra de teatro, patrocinada por la ignorancia de un marido ávido de fortuna y donde con torpeza, ridiculez y sadismo tendrá que interpretar a Kelly, cantante nunca más desaparecida, por siempre judía que 
regresa triunfante del holocausto, una guerra nazi que sirve de telón de fondo y excusa para la representación de la obra pero en la que apenas se penetra o indaga, superficialidad que pretende centrarse en los personajes, perdón, en la estrella, en ese ave fénix rodeado de pájaros menores que ni le hacen sombra, ni se les permite, al no otorgar beneficio de espacio a su desarrollo y quedar, en suspenso, el anhelo de saber más de ellos, un necesario y demandado conocimiento que permitiera redondear la historia.
Porque, sinceramente, 40 minutos gélidos de reconstrucción y moldeado de la nueva Nancy, encuentro con su Kent, que por lo visto es corto y alelado de modo que, más minutos y rodaje para vestir, maquillar, enseñar a hablar, caminar, escribir a la hallada como vieja-pretendida-Nancy pero nueva y perfecta, maravillosa aunque nunca deje de ser la 
Nancy de antes, ahora y siempre, un jueguecito ameno y curioso que tampoco logra despertar gran devoción, excepcional Nina Hoss como víctima martir que ha perdido su identidad y la recobra a través del contacto con aquel que ni siquiera la reconoce, menos creíble su compañero de reparto,  Ronald Zehrfeld, ante un papel de bobo que no se entera de la película que él mismo monta y, una notable fotografía de la nocturna Berlín, de la posteridad que sobrevive a la fatalidad del pasado que, aunque perfecta y exquisita, sólo aporta rabia de observar talento expositivo que apenas le dice nada a los sentidos, un corazón tranquilo que no se emociona ni suspira ni altera, que permanece frío, estático y muerto, como el personaje protagonista que, es verdad, es lo que cuenta, el estado anímico en el que se encuentra pero ningún sentimiento análogo, propio o mutuo de afinidad deseada surge que permita un gustoso y suculento afán de acompañarla en su loca y enrevesada aventura 
mezcla de miedo, curiosidad, incertidumbre, amor y deseo, pausado observar que no motiva ni estimula, en exceso, las ganas de compartir ruta hasta el descubrimiento del pastel donde se retiren las máscaras y se de el baile y la fiesta por acabado, fin de la pantomina de una ópera que habrá terminado cuando cante, no la más gorda, sino todo lo contrario, la más seca, famélica y callada que recuperará su magnífica voz para sorpresa del director de orquesta sentado al piano.
Teoría apetecible y presuntamente sabrosa cuya acción esperas con interés de resultado, reflexiva práctica que cumple con las expectativas, lento caminar de pausa electrizante, angustia constante y fisgoneo atento al siguiente movimiento que combina torpe y fatalmente, como opuestos que no se atraen ni conjuntan ni ¡con cola!, con una práxis emocional que no se siente, ni percibe, ni degusta las sensaciones observadas, desfile obtuso y raído de aflicciones poco verosímiles que no alcanzan, para cautivar o amendrentar, al espectador.
No saber dónde se está, quién se es o hacia dónde se va es sugerente y apasionante, argumento de esperanza óptima para quien gusta del olvido, la ingratitud, la tirantez asfixiante y el pánico anímico, entonces ¿dónde quedaron dichos sentimientos?, ¿por qué su guión no permite acceder a los mismos?, ¿vivirlos sin tortura de resaca culpable por esa pesadumbre de no poder captarlos?, ¿quedaron estáticos en la escritura del papel proyecto del largometraje?...
..., porque no surgen en vivencia, su aparición es captada por la mirada y la razón pero no logra ir más alla, ahí detiene su camino contaminando al público del hermético halo de princesa encontrada pero sosa y apática, dejando al vidente huérfano de aspirar, con completitud, toda la sintonía armónica de tan meritoria actuación pues ¿de qué sirve esta gran lectura de la partitura si su envolvente sonido ni abraza ni envuelve?, y dictamino, con poca duda de exiguo error, que todas las alabanzas y tributos vertidos hacia la presente versan sobre su teoría y práctica reflexiva, quedando la emocional olvida, abandonada y hueca.
"Say you, say me, say it for always, thats the way it should be, say you, say me, say it together naturally", di tú, digo yo, dilo por siempre, esa es la manera que debe ser, di tú, digo yo, digámoslo juntos naturalmente..., lo diga quien lo diga, una elegante última escena que no equilibra la falta de empatía sensitiva, de vivencia entrañable y apetencia continua que conmueva y aflija el resto del relato.



sábado, 6 de junio de 2015

Conducta

Cuenta la historia de Chala (Armando Valdés Freyre), un niño de once años cuya vida transcurre en un ambiente de violencia, con una madre adicta a las drogas y al alcohol, y perros de pelea que entrena para sostener su hogar. Este niño, que acude a la escuela sin despojarse de su marginalidad y conflictividad, tiene una relación especial con su maestra Carmela (Alina Rodríguez).


"Cuatro cosas preparan a un niño, la familia, la escuela, el rigor y el cariño; antes sabía para qué preparaba a un niño, ahora sólo se para lo que no lo preparo"
La estructura es harto conocida, muchas veces vista en pantalla, películas americanas que bordan este tema..., unas cuantas -¿quién no recuerda la bella Michel Pfeiffer en "Mentes peligrosas"?-, otras muchas..., copias baratas; aquí el alumno héroe, que tiene que luchar con la rigidez y crueldad de una existencia dura, agónica y opresiva que le pone a prueba cada día y la maestra vocacional que vive por y para sus alumnos, entrega incondicional al precio que sea, se sitúa en la singular y única Cuba, tierra hermosa y hermética, aferrada a una burocracia y normativa gubernamental -seamos suaves y ¡dejémoslo ahí!- que deja poco margen para la maniobra personal e inspiración subjetiva y que complica mucho la labor de ayuda, crianza y educación de estos peculiares chavales a quien la existencia no se lo pone fácil, de ninguna manera, y que siguen de pie a pesar de los golpes que reciben y que subsisten como pueden, al tiempo que encuentran pequeños rincones escondidos, de mínima felicidad, donde obtener cariño, abrazos y alegría que se cuidan como verdaderos tesoros a proteger y que logran mantener la ilusión y esperanza en esos excesivos ratos de desaire y tormenta, de lluvia ácida que no hace sino empeorar, el ya de por sí, calor asfixiante e insoportable.
Con la interesante fotografía de la realidad cubana, deliciosa exposición de su día a día, convivencia y condiciones de entendimiento, o no, observamos el andar de Chala, un muchacho demasiado espabilado que ha crecido sólo y abandonado de amor y ternura, al poseer una madre drogadicta y un padre desconocido, que se defiende en las calles mientras, al tiempo, es el hombre de la casa que trae el dinero y sustento, adulto obligado que sabe protegerse y luchar por lo suyo, pillo y astuto, zorro avispado que conoce al dedillo la ley de las calles y como ser jefe y patrón en ellas, magnífico descubrimiento de Armando Valdés Freyre que refleja la soledad, necesidad, rebeldía, rabia y desesperación con una inocencia y naturalidad que cautivan y enamoran, intensidad que enternece al son que atrapa acompañado por esa maravillosa consejera incansable que no se achanta ante los mandamases o reveses de su salud por proteger y guiar a sus niños, la preocupación, devoción y afecto de una madre adoptiva que les intenta llevar por la senda adecuada que evite castigos innecesarios y consecuencias dolorosas por la mala suerte del destino y una injusta lotería natural que ya se lo pone harto difícil, 
espléndida Alina Rodríguez, cándida y soberbia, como representante del buen hacer, del coraje instintivo de su gremio, todo ello envuelto en las circunstancias propias de la específica región que convierten, a este relato, en una historia familiar, humana, sensible de andadura tensa, de delicada aflicción donde es imposible, en ocasiones, no compartir su sufrimiento y donde, la mínima sonrisa acaecida en el rostro de este joven Hércules, es pronto borrada por la nueva bofetada, inesperadamente recibida, un toma y daca continuo que te mantiene en un padecer y resistir que seduce con facilidad y al que sigues con gusto aunque conozcas, de antemano, el camino y desenlace que espera a su final.
Con sus puntos irrespirables y sus momentos sentimentales, conmueve suficiente para apreciarla sin pasarse, quererla suavemente sin grandes achaques coronarios que alienten el posible colpaso del sensible corazón, invita a la reflexión, ofrece las oportunas dosis de tristeza, pena, egoísmo y abuso, tantas otras como de compañerismo, amistad, lealtad 
y orgullo, muestra coherente de gran crédito que combina la loable supervivencia de quien cree en si mismo, tiene principios y valentía osada de llevarlos adelante con el peligro incesante de quien nace sin cobijo, sin pan bajo el brazo y vive en perpetua confrontación e incertidumbre por conseguir aquello que necesita.
Respeto y admiración por la gustativa veracidad lograda por Ernesto Daranas donde el lenguaje cerrado, obtuso y deforme de la calle es un tropiezo para tus oídos pero un ostensible placer para el alma si quieres dejarte envolver y abarcar por su cultura e ilustración, virtud exquisita que es su mayor logro y don, esa exclusividad de la tierra, de la ciudad, del barrio, escuela de conducta siempre al acecho de castigo o reforma, con pocas caricias, cuya costumbrista conducción es peliagudo combate, de constancia inagotable, que aporta escasas recompensas, característica de la maravillosa localización que la destaca y encumbra del resto 
pues, la historia en sí y su desarrollo no sobresale de la norma establecida para estos relatos.
La involucración y emociones del personal van de menos a más, como es pertinente, espera de tiempos controlados que aumenta sus decibelios de martirio, desconsuelo y pena hasta la llegada de la esperada explosión y posterior calma, que ni lo rompe todo ni lo acaba de arreglar, sólo sobrevive a un nuevo episodio de ferocidad y resistencia de quien nunca desfallece ante las pruebas, siempre palo alto de enorme voluntad y entereza, infancia perdida, niñez no disfrutada, juventud atropellada, adolescencia peleona, un superar los baches con ayuda exigua aunque, de calidad suprema, que emociona lo previsto, entuasiasma lo acordado, enternece lo justo, altera lo estipulado.
Pacto convenido para un argumento severo que entretiene con armonía e inquieta con medida, delicia ya tastada en otras ocasiones que vuelve a encandilar, una vez más, al envolver con lentitud pero consistencia, atención y dedicación en su logrado ascenso gradual a una mejor y mayor recepción afectiva que se respeta y estima como el que más..., una estupenda alianza beneficiosa para ambas partes, tú satisfecho/ellos trabajo bien hecho. 



viernes, 5 de junio de 2015

Welcome to me

Una mujer con trastorno borderline de la personalidad gana la lotería y decide gastar el dinero en efectivo en su propio talk show para la televisión por cable, de esa manera su personalidad y obsesión con ser famosa empiezan a alejarla de sus amigos y familiares.


"Los colores me ayudan a mantener las emociones separadas", hasta que éstas se exageran, reinterpretan, mezclan y explotan formando un lunático y explosivo arco iris, todo en vivo y directo, sin cortes ni pausa como el adorado y enaltecido show de Oprah Wrinfrey a quien tanto se admira e intenta imitar.
Bienvenido a mi, a mi programa, a mi mundo, a mi autoimagen, a mis sentimientos, gustos y enfados, gratitud y lamentos, a conocer y saber de mi vida, de mi pasado, de mi historia, a limpiar mi nombre de acusaciones falsas y hacer justicia con todos aquellos que se atrevieron a herirme, a hacerme daño, sin compasión ni miramientos..., todo ello gracias a la lotería azarosa que premia con dinero desproporcionado a quien no está preparado para recibirlo y permite iniciar una nueva era, nueva existencia donde brillar con luz propia de inmenso espíritu inagotable, todo ello adornado por el intenso abrazo de una personalidad peculiar y exclusiva caracterizada por el llamado transtorno boderline, una precipitada autista emocional, respecto los demás, que desvaría torpemente dentro de la hermosa y aturdida lógica que conforma su realidad que, una espléndida Kristen Wiig, interpreta con tanta sugestión, acierto y magnetismo que enamora en su imprevisto compás donde divierte y hiere por igual pues, amén de ser una fantástica actriz de grandes recursos interpretativos, posee un especial don para encarnar personajes excéntricos, inestables y extremos, heridos en su sensible corazón y alma tierna que se protegen con fuerza y coraje, que lloran amargamente al tiempo que ríen en un minuto, cataclismo absorbente que hipnotiza y atrae de forma extraña pero a quien, sin duda alguna, le ofreces tu tiempo, estima y voluntad de seguirla donde quiere que vaya pues cautiva y fascina en su dolor y alegría, en cada triste lágrima y esperanzadora sonrisa.
Porque, a pesar del gran reparto que ofrece este singular relato, la estrella es quién es, su decorado está realizado para lucimiento, sin stop ni barreras, de ella y el guión es un cuasi monólogo escrito para dejarte absorber y embaucar lelamente, con gran placer y encanto por esta personalidad única, delicia inolvidable y confusa que enlaza y rompe, disgrega y abraza al momento, a ritmo incoherente y estrambótico, con baile surrealista, espectáculo bochornoso y pasos de andadura patética a cual peor.
Pero, ahí está su magia, don y embrujo ya que seguirás pegado a la pantalla, mirando sin parpadear para no perderte un minuto de esta loca fanfarria, disparatado teatro de desmadre caótico y curiosidad innata por averiguar que otra tontería, desfachatez ridícula el dinero puede comprar y la falta de ética puede vender.
Porque, no vas a reír a carcajadas ni a sonreír abiertamente, el humor es ácido y corrosivo, charanga seca y doliente por observar el trágico y penoso realizar de quien lo inventa, presenta y de quienes lo permiten, amargura y despropósito que harán mofa con ironía al tiempo que lamentas tanta aspereza y descaro, mezcla de sentimientos procedentes de una comedia carismática que se mueve al son del desconcierto y los imprevistos, siendo este fuera de sentido y control, lo que te seduzca de ella.
Atrapa con disgusto y encandila con suplicio en sus evidentes heridas, desaborido entusiasmo que enloquece, apena y desbarata toda perspectiva porque se baña en el fango de quien saca beneficio de una enfermedad mental, sin respeto y con pericia, de quien sigue a su lado a pesar de los golpes y reveses y de quien tiene esperanzas de un futuro mejor, más estable donde las alas se apacigüen y el cisne se calme y conforme con nadar por aguas más tranquilas de bendita intimidad.
Deslumbre e inteligencia para una historia difícil de catalogar donde los sueños más incongruentes y la pesadilla más maldita toman forma, se hacen realidad y andan cual estrella errante por la alfombra roja, disparate que aplana, incongruencia que se adora, error tras desatino que, catatónicamente, te enreda y hechiza; vas a involucrarte cada vez más, a sentir con mayor pasión, a elevar el entusiasmo de una devoción entregada con inocencia cuya cuota de adrenalina y fervor van al son de la audiencia de este bochornoso, simbólico show sobre Alice Klieg, la única y verdadera protagonista, estrella incandescente hasta el último segundo donde, a pesar del apagón de la cámara, siempre encuentra una nueva luz roja que grabe para la posteridad y fans siempre dispuestos a ver, escuchar y saborear la próxima rareza que se le ocurra.
"Y empezamos en 10, 9, 8...,3, 2, 1 y estamos en el aire", siéntate, abre los ojos y maravíllate pues ¡vete a saber que disparate dispondrá la caja tonta!, 
irreverente, de pensamiento inestable, polarizada, de relaciones imposibles, dicotómica golosina maraca de la casa, afligida observación que te rompe ydeshace por dentro pero engancha para seguir mirando el absurdo circo montado, inhumanidad televisiva con amistad humana y la vuelta de la cordura una vez se toman las pastillas.
"Me estudio a mi mismo, más que a cualquier otro sujeto, esa es mi física, esa es mi metafísica", Michel de Mointagne; indefinible y descabellado trabajo, ¡enhorabuena, Shira Piven!


miércoles, 3 de junio de 2015

No nos moverán

Nona y Jamie son dos madres muy luchadoras que están dispuestas a pasar a la acción hacer todo lo necesario para renovar la escuela pública de una zona marginal de Pennsylvania en la que sus hijos reciben clase. Para conseguirlo, tendrán que unir sus fuerzas. Inspirada en hechos reales y en la crisis de la educación pública en Estados Unidos. 


Una madre coraje, una profesora vocacional, una niña con dislexia y mucho idealismo basado en hechos reales -que siempre ayuda para su credibilidad- que sigue el camino esperado, marcada dirección hacia el triunfo, la creación de una escuela alternativa a la otorgada por la institución donde los niños puedan conseguir una verdadera educación de provecho que les permita avanzar y formarse como personas válidas para su futuro y el de la sociedad, superar uno a uno los duros obstáculos de una burocracia que hace lo posible para que nadie se levante, proteste y rompa un sistema diseñado para ser tratados todos como iguales, aunque ello suponga perder por el camino todo aquel que se salga y no pertenezca a tal homogeneidad, identidad con nombre propia de almas dormidas que se desvanecen, que acuden a diario a clase para ser vegetales autistas que no participan, ni aprenden, ni son tenidos en cuenta en la rueda del sistema, excepto para rellenar un asiento que el sindicato necesita para mantener la estabilidad de su programa y que toda la estructura no se derrumbe por la ilusión y utopía de unos profesores que quieren enseñar sin trabas, con libertad y obteniendo satisfacción personal de su trabajo, fruto que recojan las generaciones que mañana conducirán y conformarán nuestros pueblos y ciudades.
Formato de DVD, de filme recatado para sobremesa de domingo que narra los acontecimientos con sencillez, armonía y levedad, optando por vía segura y estable para evitar las complicaciones inoportunas, demanda poco a su audiencia, sólo que esté atenta, siga la historia, sonría con ellos y enternezca medianamente, hazaña colectiva de David contra Goliat donde todos sabemos quién vence, qué gana y a dónde va, discurso educativa de calado sensible que muestra la valentía, osadía y optimismo de quien se esfuerza por perseguir lo que desea, lucha con todas sus fuerzas y obtiene los beneficios de su empeño.
Tensión mínima de poca incertidumbre para un relato que no profundiza ni excava como debe en el dolor, el enfado, las trabas y el ánimo de derribar puertas y puertas con los ínfimos recursos, angustia que no deslumbra, alegría que no seduce, ruta plana y lisa con los elementos acordes pero sin que ninguno sobresalga un ápice, excesiva normalidad para quien pelea por aquellos que se salen de la media, del rodado bucle que no quiere parar por unos cuantos retardados, inapropiada rutina escénica cuando el argumento habla de aquellos que no son tenidos en cuenta, considerados, que van a ritmo distinto.
Escasa valoración si buscas entretenimiento sólido/válida si deseas esparcimiento ligero, actuaciones correctas de caras conocidas para una pequeña batalla que pretende obtener grandes frutos sólo que no motiva ni estimula en demasía, interesa lo justo y da para bocadillo de merienda, nunca para apetitosa y suculenta cena.
Distracción débil e intermitente, que va y viene según momentos más acertados/otros menos favorecidos y flojos, que no pretende ir de fiesta lujosa ni vestirse de gala, modestia de narrar sin rodeos, ni astucia ni perspicacia lo querido para que se observe la pantalla, lea el mensaje y se olvide rápidamente pues no vibra con intensidad su corazón ni cala hondo su espíritu vagabundo, neutralidad que va bien para no involucrarse en exceso y dejar pasar el tiempo pero, horrible si buscabas afinidad afectiva, fondo reflexivo, profundidad anímica, confianza argumental y seguridad direccional que te introdujeran de forma sabia e inteligente en el núcleo del relato, su esencia camina por nubes vaporosas que se intuyen pero no permiten que se las atrape o coja.
Ese "No nos moverán" tenía más carisma, potencia y empeño en el barco de Chanquete, era más querido y sentido por ese grupo de chavales de veraneo que 
por estas dos heroínas que construyen su propio lugar de ensueño y, dejando la enigmática -por no utilizar otra palabras más adecuada y ofensiva- traducción del título original "Won't back down" a un español donde parece se quiera jugar al juego de las adivinanzas para descubrir qué sentido o norma utilizan paa decidirse a renombrar el filme de turno -no es la primera vez, ni será la última, que se observa tal mejunje-, aquí nos quedamos con un conjunto de padres y maestros que se olvidan una vez oscurece la pantalla aunque, tampoco se puede afirmar hagan mal su trabajo; hacen lo que pueden con un guión de exigua exigencia, que se conforma con aparecer sin dejar rastro, que aporta caricias/no un gran abrazo, que crea estima y afecto/no pasión, ni devoción, ni encanto.
Se deja ver, deja las neuronas en paz y libres, espaciosas sin marear ni entusiasmar y ¡a preparar la cena que hay que continuar!, su punto bueno es que no interrumpe ni paraliza, ni siquiera eclipsa levemente mientras está en marcha, suave, tenue, correcta, ni inspira ni despeina, sin empuje ni fuerza..., sólo aprueba.



martes, 2 de junio de 2015

It follows

Jay, de 18 años, tiene su primer encuentro sexual con su novio en la parte trasera de un coche. Tras el hecho, aparentemente inocente, la situación se pone algo tensa cuando su novio hace que ella se desmaye. Al despertar, el joven le explica que lo hizo para ahuyentar a una serie de espíritus que lo acosan. A partir de ese momento, es Jay quien sufrirá las consecuencias de ese acoso, encontrándose sumergida en visiones y pesadillas; teniendo la sensación de que alguien o algo la observa.




"Te sigue", pues haber si aparece de una vez ¡que me duermo!
No soy fanática de las películas de terror, es un género que no me atrae en demasía pero, para una vez que me decido por ella, por temblar y precipitarme al oscuro túnel del más allá, de lo desconocido y alucinante..., ¡qué fraude!, ¡qué desilusión! pues ni he encontrado pánico, ni escalofrío ni temor; donde los demás describen "¡maravilla!", yo he vivido desinterés y ausencia.
Me gustó la idea de miedo psicológico, pavor mental recordatorio de un tipo de cine olvidado que se quiere recuperar, no la típica historia de sangre por doquier y chillidos sin sentido ni perspicacia por todas partes, relatos absurdos de apariciones tontas que ni asustan ni amedrentan, algo excesivamente explotado y alentado, en desproporción cargante, en la actualidad -y ya hace algún tiempo- pero, sinceramente, tampoco deseaba aburrirme esperando la llegada del coco, del deseado mal el cual ¡una hora se hace esperar!
La lentitud y serenidad de su comienzo, la sobriedad inicial de su andadura se convierten en su carga más pesada, lastre del chico del sexto sentido, aquí chica adolescente, pero que sigue repitiendo la misma frase "¡creo que veo muertos!", con esa pasividad espaciosa que se toma su tiempo pero que supone un observar callado, exiguo, poco absorbente, apenas inherente que no ayuda a su plácido consumo y gustoso sabor.
Nutrientes poco sentidos o motivadores que sólo alcanzan cierta fuerza y consistencia en su tramo final, aprecio de los últimos 40 minutos que no compensan ni olvidan los 60 previos pues, aunque todos estemos de acuerdo en la genialidad del desenlace de aquel sentido tan magnificado, la verdad es que los otros hermanos sensitivos, en aquella ocasión -y como ocurre en ésta-, se desganaron y aburrieron ¡como un muermo!
Misterio que se desvanece al no despertar curiosidad o anhelo por su descubrimiento, confirmada somnolencia que aquí deambula como perenne sospecha al acoso y acecho de hacerse realidad en cualquier momento, su calma, parsimonia, esquivez es de agradecer, se aplaude y admira pero necesito el sobresalto oportuno en el momento justo, temblor de cuando en cuando, pánico y horror por tandas, escalofrío y temor en abundancia a ser posible, ¡terror, maldita sea!, que es lo que busco y ¡por eso la elijo!
La ilusión primeriza, de nerviosismo expectante, resumido en sentencia nítida y contundente..., "¡la espera me está matando!", se transforma en asesinato a traición, vil y apesadumbrado, sólo 10 minutos interesantes, de adrenalina pura, no dan para tapar la falta de vigor, fuerza y movimiento el resto del tiempo, rojo sangre entre agua plácida no impacta ni impresiona ni atrapa, sólo estropea un bonito azul claro que no tiene la culpa de nada y a quien nadie pregunta.
Si la excusa es motivo pra acostarse unos con otros, sin cargo de conciencia y como acto de amistad e incondicional ayuda, no está mal la estrategia, como tragedia póstuma o presente por la cual tu cuerpo es abandonado por tu esencia y dejas de ser una persona, hay que seguir trabajando con más empeño y ahinco pues este espíritu tira del pelo, lanza objetos y camina como perro faldero devoto tras su dueña pero ¡poco más!
El Azazel de Denzel Washington tenía más gracia y encanto a la hora de molestar y perturbar a la víctima y el vecindario ya que tenía la osadía de hacerlo ¡como Dios manda!, más el permiso, la ironía y la colaboración inestimable de un apetecible diablo que aquí, apenas se intuye, palpa o dejar ver.
Insulsez en lugar de estallidos, aceleración voraz que se intercambia por anorexia sin freno no es lo ideal ya que arrastra consigo una inapetencia y despreocupación que ya puestos, ¡chica!, acuéstate con el primero que pase y ¡acaba con la tortura!, se trata de jugar al pillo-pillo, te la paso y ahora ¡eres tú el pringado!, de modo que cuántos más pringuen mejor si queremos que el encuentro sea divertido y entretenido porque, el espanto y la perversión están tan lejos que ya ¡son imposibles de alcanzar!
Muchos aciertos y esperanzas, de deseado fruto dichoso, en su expectante inicio y gracias a una anacrónica imagen de dirección lograda, buena actriz protagonista y camino futurista a atravesar con valentía sólo que..., se pierde entre devaneos apáticos que no crean perspectiva, entusiasmo ni angustia.
Certificando, de nuevo, que no soy ferviente admiradora de este tipo de relatos y género, y leyendo las favorables críticas que ensalzan y encumbran esta película como homenaje al buen cine de los 80, honestamente, ni ansiedad, ni pavor, ni angustia, ni desesperación, ni tormento..., más bien disgusto y contrariedad ya que tenía ganas de turbación, alarma, asombro..., de todo ello, y el asombro ha sido mío al visionarla sin emoción, alteración ni apenas roce.
¡No ha podido ser!, enhorabuena a los que hayan disfrutado de ella; yo me he quedado a dos velas, he estado a dos dedos, ¡otra vez será!..., me gusta pensar ingenuamente.