viernes, 10 de julio de 2015

Maggie

Una chica de 16 años de un pueblo de América es infectada por un zombi. La joven tardará 6 meses en convertirse en zombi, y la transformación afectará la situación en su familia, en concreto a su padre, que continúa manteniendo su amor incondicional por su hija.

Aterrador demonio que duele en el alma


Veinte minutos, dale veinte minutos para presentación de los personajes, planteamiento de la situación, apreciación de la temática, observación de la puesta en escena e idea estimada de su evolución y resolución y ¡ya está!, el resto es un deambular por el círculo construido en tu cabeza con los elementos aportados, sin nada significante o añadido que te haga despertar de esa somnolencia aburrida de dar vueltas y vueltas a lo mismo esperando la llegada del diablo, de ese humano irreconocible, ido, ahora totalmente inhumano que sólo piensa en devorar carne de sus semejantes y que, hacia diez minutos del final, consigue elevar la temperatura un mínimo pero no lo suficiente para amnistiar al resto de fotogramas y minutos.
Porque el concepto interesa, epidemia agónica e incontrolable que transforma a tus seres queridos en monstruos come piel, plasma, vísceras y cuerpos de sus iguales, la desolación y devastación de sus imágenes es atractiva y curiosa, como afecta a las emociones y sus contradicciones, dilemas dispares de sentimientos espantosos de quienes rodean a la persona, quien va impregnándose de señales zombies del mal en su alma y olvido de su razón, apetece y estimula, la pausa, melancolía y lentitud del apocalipsis familiar seduce, consumo de indigesto placer pero, una vez aceptados todos los estados anímicos, aflicciones y esencia de su transcurrir ésta se interrumpe a si misma entrando en un bucle de pesadez y poca inspiración que aniquila y mata las buenas aptitudes del espectador que, en su feroz y alentador inicio estaba dispuesto a indagar, acompañar y urgar en la herida atroz con motivación y empeño hasta que, pausadamente se interrumpe dicho anhelo al tropezar con una losa repetitiva que poco avanza, que desanima y desalienta tu pasión y afán, que hecha por el suelo sus frescas y nutritivas intenciones para concluir un desapego y desconexión que no te deja dormido por poco.

Loables, también exageradas, alabanzas para Arnold Schwarzenegger que, aunque muy meritorio el reto de enfrentarse a los sentimientos y frustraciones, disyuntiva espeluznante de un padre que observa y padece, sufre y agoniza en su devastado interior ante la conversión de su amada niña en un lobo caza humanos, sigue sin poder superar el hermetismo de su cuerpo y la sequedad de su rostro, estático y rudo porte que aquí le vienen al pelo para sacarle partido como cabeza de familia que debe afrontar el espantoso e impotente final de uno de ellos al tiempo que debe proteger al resto, con su compañera filial de dudas, miedos y dura batalla, Abigail Breslin, correcta tanto en sus tormentos como en sus momentos tiernos y sensibles.
Henry Hobson indaga minuciosamente, con espacio y tiempo, en cada una de las etapas del proceso y cómo afecta dicha aberrante andadura de angosto equipaje a todo el que le rodea, detalle que se centra en la percepción de las agonizantes y dolientes sensaciones, en la crueldad de elección más que en la explayación física y visual de la enfermedad y sus desvastadores efectos, no alimenta el morbo de la imagen, la desproporción del espectáculo que podría perfectamente haber explotado para deleite de quien busque saciar la vista con fluidos rojos y carne podrida, en su lugar opta por los silencios, la lentitud, el escalofriante sosiego de destino venidero, el aceptar con martirio, poco a poco lo que sin remedio está por llegar.
Inicio prometedor que se traba a si mismo al perder la destreza y habilidad de sus inicios, comienzo de partida gustosa y adictiva que escasea y falla al decidir como manejar y exponer sus ideas y material puesto en juego, la ruina y mortandad de su apertura se convierte en un sentarse en la sala de espera a restar los minutos de la llegada de lo inevitable, ese miedo y terror que conviven con amor y cariño hacia un ser que pronto será animal de instintos, en quien

ella misma sabe..., "El demonio se agita a mi lado sin cesar, flota a mi alrededor cual aire impalpable, lo respiro, siento como quema mi pulmón y lo llena de un deseo eterno y culpable..."Queda lejos de la profundidad que merece, que quiere transmitir y reflejar, no logra eclipsar con intensa rotunda los 101 minutos pues, los pasos escogidos como guía y ruta. desconectan al público induciendo una negativa letanía de la que se salvan 20 minutos, otros pocos al final, el resto sin expectación ni estancia sugerente.
"Lágrimas sin consuelo te hirieron en el corazón, en lo más profundo de tu piel te desgarraron el alma..., te hirieron en tu ser al quitarle la vida a tu rosa querida..., llora, desahoga tu dolor aunque tus lágrimas no sean ya tu consuelo


Lo mejor; el peliagudo tema que aborda.
Lo peor; queda a distancia del aliento merecido 
Nota: 5,4



jueves, 9 de julio de 2015

Lo que hacemos en las sombras

Viago, Deacon y Vladislav son tres vampiros que comparten piso en Nueva Zelanda. Hacen lo posible por adaptarse a la sociedad moderna: pagan el alquiler, se reparten las tareas domésticas e intentan que les inviten a entrar en los clubs. Una vida normal, salvo por una pequeña diferencia: son inmortales y tienen que alimentarse de sangre humana. Cuando su compañero del sótano, Petyr, convierte en vampiro a Nick, nuestros protagonistas deberán enseñarle como funciona todo en su recién estrenada vida eterna.


Serás un vampiro pero ¡hay que vivir contigo!
Un "¿Quién vive ahí?" vampiresco cuya invitación a su hogar, a la fiesta de su loca convivencia y anecdótico día a día apetecía, donde su presentación de apertura y planteamiento abre gran y suculento apetito pero donde, sin embargo, su desarrollo y progreso aburre inesperadamente, incomprensiblemente falla, donde pierdes el interés conforme pasan los minutos ante gags y escenas que, en la sorpresa de su inicio y venta cautivan y estimulan pero, cuyo atractivo y fascinación se dispersa y anula según rueda el conocimiento de su caótico existir de pretensión mundana, dejando de seducir y apetecer por no cambiar de registro y seguir la línea trazada.
Imperiosa necesidad de reír, ovación de humor solicitado, requerimiento de pasar un buen rato, distracción concluyente que alivie y calme..., razones diversas que te llevan a escogerla tras el repaso por sus espléndidas críticas, el sugerente tráiler y un premio del público que tiende a acertar mucho más que cualquier jurado oficial sólo que, en esta ocasión, algo se abandona o descuida por el camino que te conduce a una soledad de oír su acidez humorística, su pretendida ironía accidental y no lograr evocar gozo, ni amplio júbilo, ni satisfecha alegría, menos aún estímulo emprendedor de bienvenida a su tórrida morada.
Un observar las inconveniencias de la rutina casera, la incomodidad de compartir vivienda, los avatares del roce rutinario, la aventura de la caza nocturna, la desfachatez de las situaciones, el despropósito de su andadura cotidiana, sus diálogos surrealistas y perplejos, llenos de toques de guasa y, aún reconociendo su análisis reflexivo de intención hilarante, la obviedad cognitiva de ésta es sentida como ausencia penitente que emprende ruta para no volver nunca más, es sentirse perdido en el festival del humor y no hallar la gracia, ni vivirla, ni experimentarla más lejos de la composición gramatical de las sentencias que le dan vida.
Caldea su introducción y llegada, su aterrizaje original y atrevido pero, la exhibición de su existencia pesa, enrarece la visión y agota por su insignificante percepción; que sí, en teoría parece genial, ocurrente, perspicaz, vampiros entre nosotros con sus necesidades, juergas, conflictos y desavenencias de grupo, amistad eterna puesta a prueba durante la asfixia de los inacabados años pero, con todo, te quedas frío, ausente y lejos de hallar su encanto y pasión, desconexión que te lleva a aburrir una práctica que no supo hacer realidad el desparpajo y chispa de su teórica propuesta, te rompe por la mitad no participar de la charanga, no disfrutar de la chirigota, quedarte con la sensación de que van de graciosos pero el chiste, en sí, ni tiene ingenio, ni agudeza, ni su realidad enganche que te permita saborear su atípica existencia.
Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jemaine Clement rueda en varios sketchs la rutina de unos colegas, depredadores nocturnos, de gustos particulares y caprichos costumbristas aunque, por mucho que quieran caer bien y crear un ambiente hilarante, si no hay expresión vocal de jocosidad, mueca semblante de diversión es que ésta fracasa, que el aprecio de sus buenas intenciones se estampa y decepciona, es que tanta curiosidad se transforma en cansancio de escasa motivación; necesidad de mayor acierto, talento y vis cómica en su función pues, en caso contrario, se queda en una simple valoración de su buen maquillaje donde, sencillamente su mordacidad teatral no queda a la altura, se recibe con desgana y fraude de deambular sin concurrir en la jarana.
Armas en pie, que se presente la risa, pues por voluntad propia no hace acto de acudir veloz y rauda, mísera conciencia que por mucho que se fuerce no halla habilidad para la carcajada, ni puente para la diversión relajada, sólo una triste parada neutra sin aliciente ni refrigerio.
"Quítame el pan si quieres, quítame el aire pero no me quites tu risa...", lo siento, no la hallo, no la encuentro, no me hago con ella, su presencia se resiste cual dolor que no cesa, lamento de peregrino que no halla la horma de su zapato.
"...ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de ese torpe muchacho que te quiere...", ríete de esta película, ¡ojalá pudiera!



miércoles, 8 de julio de 2015

El padre

La historia tiene lugar en la aldea turca de Mardin en 1915: en una noche en la que la policía turca está atrapando a todo hombre armenio, el joven herrero Nazaret es separado de su familia. Años después, tras sobrevivir al horror del genocidio, recibe noticias de que sus hijas gemelas también están vivas. Obsesionado con la idea de encontrarlas, sigue el camino que, ojalá, desemboque en un reencuentro. 


"Y cualquiera que dejare casas, hermanos, o hermanas, o hijos, o hijas, o mujer, o tierras por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y herederá la vida eterna"...¡Padre!
Sufrimiento, el deleznable padecimiento del genocidio y su impunidad es lo que hallarás aquí, cinco minutos de exposición de la calidez del hogar de una familia sencilla, honesta, que se ama y respeta, que trabaja y convive con alegría y cariño con sus hermanos de comunidad y..., la aparición del diestro diablo, del sagaz belcebú humano con su peor lado, la llegada del atropello, del dolor y la miseria, las penurias e injusticias de un mal que se eleva en nombre del Señor -dale el nombre propio que quieras-, para aniquilar, golpear, abusar, violar y llevar hasta el límite de la extenuación el aguante de un cuerpo humano, de un alma inocente, de una razón que no entiende.
Porque no se comprende ese desprecio, odio, aberración contra aquellos que profesan una religión diferente, católicos-musulmanos-judíos, Dios-Allah-Yahveh, Jesucristo-Mahoma-Moisés y la época que se quiera, continuas batallas crueles donde, según el año y el momento, unos mandan/otros reciben palos, armas de opresores/víctimas a la espera de la barbarie de turno, todo en nombre de una Fe, esa palabra mágica capaz de las aberraciones más horribles y de la voluntad de esfuerzo y superación más subliminal y grandiosa.
Fotografía áspera, seca, árida, estéril de un desierto pedregoso y ruín expuesto al tormento inquisidor del astro sol, tormento inagotable de una imagen indigesta, atroz e incómoda que expone los horrores de una guerra, da igual su localización, con sus andrajosos rastros de inmundicia espeluznante y la huella sufridora y deleznable de la vileza que el ser humano puede causar a sus semejantes.
Lo repito, sufrimiento, esa tortura de carrera contra destino por reencontrar a los tuyos y abrazar a la familia, supervivencia y perdón/masacre y placer, tremenda existencia en la que nuestro incansable héroe imperecedero, un conforme y adecuado Tahar Rahim, no se permite rendirse ni abandonar gracias al inmenso amor del que está repleto su castigado, pero aún vivo, corazón que se levanta a cada caída y subsiste firmemente con sólo la esperanza de volver a acariciar el rostro de sus hijas, la cara de su amada mujer y cuyo pensamiento es vitalidad enérgica para dar el siguiente paso.
Concretando, estamos ante la masacre turca contra los armenios de 1915, ante un único protagonista, Nazaret el herrero, que tiene que cubrir, con interés y seducción, los 138 minutos de la duración de su búsqueda, esa profunda y amarga tragedia afectiva de un desahuciado mártir que guarda gran semejanza con la actualidad, agonizante aventura que no debe permitir la pérdida cognitiva del espectador al acecho, atento y expectante pero ¿lo consigue o su narración es lacia, plana y estéril?
Con lamento se admite que este drama es insustancial, emotivamente vago, ausente, se lee con facilidad y ligereza, sin ningún problema -que resulta ser su mayor problema, valga la redundancia- pero sin consistencia ni vivencia pasional y ¿qué recompensa adquiere tu persona ante una lectura correcta y apropiada pero sin sentimiento que produzca escozor o amargor, piedad o afecto?; Fath Akin obvia la intensidad, el vigor y la adrenalina que te suspende anímicamente en el aire y se decanta por la corrección, la adecuada plasmación, la mera aprobación de un relato que debería causar estragos y devastación en tu persona pero no lo hace, simplemente se retira sin apenas haber causado impacto o conmoción en los presentes.
"Pedid y se os dará, buscad y hallaréis", pero lo único que hallas es un transeúnte sin conexión o comunicación con su público, obligado caminante perpetuo, de ciudad en ciudad, capaz de cruzar el charco para poder hallar a su descendencia y que, inexplicablemente no es capaz de aproximarse a tu relajado corazón o distendida alma y donde, el 
"Marco" de la infancia buscando a su anhelada madre, causaba más desasosiego, aflicción y ternura que toda la hazaña y proeza de este errante por tierras extrañas; y yo conté con la ventaja de verla en dos partes, con lo cual no se me hizo tan pesada y, aún así, ausencia completa de cualquier tipo de alteración, desvelo, inquietud o turbación por este incansable peregrino que nunca abandona su única posibilidad e ilusión de volver a tener cariño y amor sentido en su insignificante vida.
"Mi tristeza es un mar, tiene su bruma que envuelve densa mis amargos días, sus olas son de lágrima, mi pluma está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores nacidas de ese mar en la ribera..., nací para luchar, sereno y fuerte, cobro vigor en el combate rudo..., llévenme así a vosotras, de los hombres ni desdeño el poder ni el odio temo, pongo todo mi honor en vuestros nombres y toda el alma en vuestro amor supremo...", hay más calor, emotividad y sensible efecto en este poema que en toda esta helada y entumecida historia, la próxima vez ¡más arte y destreza para tan gran relato!



martes, 7 de julio de 2015

Espías

Susan Cooper (Melissa McCarthy) es una modesta y sedentaria analista de la CIA y la heroína olvidada de las misiones más peligrosas de la agencia. Pero cuando su compañero (Jude Law) desaparece de la faz de la Tierra y otro agente (Jason Statham) se ve envuelto en problemas, Susan se presenta voluntaria como agente secreto para emprender una misión encubierta en la que se tendrá que infiltrar en el mundo de un sanguinario traficante de armas para evitar un desastre mundial. 


Cuestión de eficacia, valoración y sobrepeso, a mi no me ha hecho ni puta, perdón, pizca de gracia, hilaridad nunca hallada aunque los demás las vean en demasía, sencillamente se me atragantó y asfixió.
Un expectante James Bond teledirigido, con entrada musical de cartelera explosiva que le homenajea, se augura, a continuación, un buen espectáculo; ¡qué corta fue la vida de ese pensamiento!
"Al mal tiempo buena cara", pues acaba de llegar un vendaval de tormenta, que sorprende y aplasta mi alma y desfigura mi rostro, anulando cualquier resquicio de sonrisa, alegría o humor posible, todo empieza a verse como negro devastador, de entierro inesperado, ante la muerte y funeral de mi ilusión y entusiasmo.
Jason Statham ¿qué haces en esta película?, ¿dejando tan mísera huella de tu presencia?, entiendo la necesidad de ampliar tu marco de actuación más allá del género de acción pero ¿no había una oferta mejor que de espía majadero, que habla como un loro impertinente y parlanchín, que se mueve entre el insulto memo y el desdén injurioso?, ¡qué agravio escucharte, por Dios!, ¡Si hasta Silvester Stallone, en su intento de cambio de registro y hacer comedia, eligió con más habilidad el terreno por donde se movía!  
Melissa MaCarthy tuvo un momento genial, de indiscutible éxito cómico como la mejor amiga de la novia -prima en dicho caso-, volvió al mismo nivel, después de varios bacatazos, como compañera estupenda de Sandra Bullock y, de nuevo a la miseria de deambular sin-ton-ni-son ni nada digno que mencionar y ¡he aquí que está!, intentando alzar de nuevo el vuelo para estrellarse cual fallido Ave Fénix que tropieza con su propia incompetencia, más un montón de tonterías de diálogos cutres, baratijas de escenas y la misma necedad de charanga que viene repitiendo sin pena, ni gloria, ni filme que la rescate.
Y luego están las inmensas y logradas conversaciones que, mucha buena voluntad e intención de despertar la risa, que no es lo mismo que la sonrisa, pero ¡ofenden al oído, a la inteligencia y al buen gusto!, ¿se supone que la mediocridad del insulto repetitivo, exagerado y en uso excesivo es para crear gracia, diversión y un ambiente genial de genérica fanfarria?
El guionista-director, de este artificioso show de consumo indigesto ¿se fue de juerga, para inspirarse y escribir sus sentencias o, simplemente estaba ebrio, porrado o una combinación milagrosa de ambas? Y lo ya inexplicable, ¡decir de Marte es quedarse cortos! es la barbarie de alabanzas y adulación por todas partes porque..., cuando te recomiendan algo por chistoso y ocurrente, donde pasarás un grato tiempo de ocio, te preguntas ¿soy yo o son ellos de otro planeta?, porque no se entiende ¡la verdad!, ¿hemos visto lo mismo?, ¿en serio es célebre esta colaboración de Paul Feig con la susodicha protagonista que explaya toda su obscenidad, como atributo de gala a presumir, siendo tal banalidad lo único con lo que cuenta?
Pues, después de todo y como conjunto de media, lo único que se salva y vale la pena es la introducción de Jude Law, ¡mira si vamos bien!, y dicen que las escenas de acción son buenas,  ¡será en aquellas escasas cuando la suplantación del doble no sea tan evidente y clara!, yo si fuera Jackie Chan estaría molesto por el intento pobretón de copia de mi especialidad, ¡hasta pediría una indemnización!
Y el tostón de tontería seguida por estupidez continúa, decorado por sus inseparables palabras malsonantes que certifican, sin cesar, la mediocridad del instrumental, el deterioro de los ingredientes y la bazofia del plato elaborado ¡y son dos horas!, cuando a los treinta minutos ¡ya estaba mirando el reloj! 
Vulgar en general, de mal gusto según fotograma específico a elegir ¡por doquier!, y suspiro aburrida, desganada y ¡hasta el colmo de tanta desfachatez sin acierto, ni tino, ni colmo que la pare!, y queda ¡media hora de machaque incesante!, sopeso abandonar y dejar la sala pues ya no es sólo el sentido auditivo ¡el ofendido y maltratado!
Y la mirada de mis ojos, apoyada por mi perplejo cerebro y razón de vuelta y media, protestando sin cesar, se cuestionan..., aquellos que se ríen esporádicamente ¿lo hacen con sinceridad o es el típico espectador, que gusta llamar la atención, aunque sea a través de la falsedad de su fingida diversión?,  porque mucho crédito su carcajada estridente, forzada y solitaria ¡no acaba de poseer!
Martirio inapetente que seca las ideas al intentar escribir sobre ella; hay errores imperdonables, otros que matan, luego está éste esperpento de cinta que estropea una esperada noche de buen cine y mejor compañía; esta última no tiene la culpa de la elección, yo sí por escoger lo que se prometía como diversión y distraído recreo y ha resultado ser más de lo mismo, cantidad de decorativa indumentaria de calidad muy baja, fútil y triste, ya ¡ni discutible!
Inapacable tortura cuyo deseado final se hace mucho de esperar y, lo mejor de la velada, volver a casa conduciendo, con buena música, la hermosa luna llena observando mi andar nocturno y desgustando una deliciosa piruleta roja que borre el mal sabor de boca dejado.
"Espías"..., comedia distendida y ligera para pasar un buen rato; y yo, tonta de mí ¡voy y me lo creo!



lunes, 6 de julio de 2015

Cuestión de actitud

Tras la muerte de su madre, Dany y su hermano Odysseas, de 16 y 18 años, emprenden la ruta de Atenas a Tesalónica para buscar a su padre, un hombre griego que nunca han visto. Albaneses por parte de madre, los chicos son extranjeros en su propio país y esperan que su padre los reconozca para obtener la nacionalidad griega. Además, Dany y Ody se hicieron la promesa de participar en un concurso de canto popular que podría cambiar su vida. Este viaje pondrá a prueba la fuerza del vínculo que los une, su lado infantil y el gusto por las canciones italianas.


"¡Oh Danny, tú y tu imaginación!"..., y ésta es lo que más destaca, su insignia, porte y membrete, esa mezcla loca, atropellada y surrealista de fantasía y realidad, dolor y alegría, drama y comedia con el que conviven, al tiempo unísono, esta extrovertida pareja de hermanos que a pesar de los golpes, las circunstancias y el desorden recibidos exhiben un presente espontáneo, suelto, revuelto pero animado, con esa inaudita y destartalada ruta desconocida en todo momento en la cual irán alla donde su convicción, pasos y determinación les lleve aunque, eso sí, siempre juntos y unidos. 
Película divergente, peculiar y extraña que trata varios temas sensibles y peliagudos con tranquilidad e insignificancia, como quien no quiere la cosa, como son la asfixiante pobreza, la desestructura familiar, la inventida como grito de soledad, el llanto desesperado de ayuda urgente, la fidelidad de la hermandad, la valentía de la homosexualidad, la incertidumbre del extranjero..., todo ello con un ritmo activo, alegre y fresco, nimiedad muy apetecible donde, sin llanto ni apenas esfuerzo, te dejas envolver por la acogida desgracia que rodea constantemente a nuestros felices errantes, pequeña unidad familiar firme, divertida, abierta que encara sus minutos y tiempo por delante con un delicioso caos y descaro que seduce en su alterada serenidad y olvidada moderación, en un golpe te deja perplejo y trastoca toda tu lógica y aptitud sensata.
"Somos extranjeros en todas partes, pero en todas partes tenemos un hogar", porque éste está donde vayas, donde tus pasos deciden ir o elijan vivir, no lo define tu lugar de nacimiento ni la patria que te vio nacer; y estos medio albaneses/aspirantes a legales griegos, tienen resolución, vitalidad y energía en abundancia, Panos H. Koutras consigue una chispeante pareja protagonista que encandila, 
sorprende e invita, inesperadamente, a su sana y divertida compañía a pesar del barullo de rompecabezas, la desfachatez no-planificada y el lío montado a cada fotograma, por no hablar de su excesiva duración, pues es "cuestión de actitud" y de esto, el relato y sus personajes van de sobra; desorganización, confusión, insensatez, disparate en el bombo de la tómbola donde, da igual si toca o no toca, siempre irán cogidos de la mano, con esa seguro abrazo y apoyo del hermano que nunca falla.
Necesidad imperiosa de dulce, azúcar y golosinas para cubrir la amargura, acidez y sequedad de una infancia dura a la que sobrevivir, emergente y audaz como ella sola sabe salir adelante, lo único que cabe es hacerse colega de este atrevido investigador de realidades y seres humanos, con pariente sanguineo aspirante a ganador de "La voz", "Tú sí que sabes" o lo que se tercie, que decora con creatividad y clarividencia suprema todo lo que le rodea para hacer borrado urgente cuando se ve acorralado y pasar a nueva meta.
Dispar en su combinación, es su estimulante acoplado antagonismo el que te mantiene expectante al próximo movimiento, con ese vívido compás de escenografía deliciosa donde disfrutar de la magnífica "La bámbola" de Patty Pravo, una bailable coreografía que levanta el ánimo, alimenta el oído y revitaliza el corazón para una pegadiza y reconocible letra..., "tu me fai girar, tu me fai girar como fossi una bambola, poi mi butti giù, poi mi butti giù como fossi una bambola, nonti accorgi quando sono triste e stanca tu solo pensi per te" a la que sólo cabe escuchar, saborear y observar con fervor y placer.
Xenia, amabalidad en griego, no es el mejor adjetivo para definirla, mix de jovialidad, osadía, velocidad y valor no tiene nada establecido, ni definido, ni preparado sólo cargar la mochila con lo básico y lanzarse a la aventura de vivir la vida y no esperar a verlas venir.
Sin sentenciar con contundencia que te ha gustado completamente, tampoco apoyarás con firmeza su contrario, reflexión que te aturde al no poder apoyar ninguna candidatura, por momentos te agrada su travesía, por instantes enormes pierde su cordura y prudencia y tú, simplemente, a contemplar, digerir y tomar conforme llega el próximo disparate o sensatez, según se trate.
Complicado valorar la velada, su presentada recepción y curiosa comida cuando ésta está formada por ingredientes tan opuestos, diferentes y similiares a la vez,  interesante por su artística vena, por su desastroso caminar y aprecio singular el cual se ganan por igual en su calamidad y simpatía, en su desproporción y desafío del peligro, infortunio afrontado con coraje, invención y suerte, mezcla irreverente que forma un espectáculo ameno y entretenido en su mayor parte, la otra, gracias a su gracia y salero, se disimula con esmero.
Sencillamente acepta el revuelto de todo un poco que, en el fondo, ha resultado ser una cóctel explosivo, contundente y eficaz al mantener, al espectador, atento a la pantalla con su vivaz y despierta representación de un modesto relato común; no analices en profundidad, ni desmenuces en detalle, ni pienses con exasperación prolongada, está bien pasar un grato y ligero buen rato, simplemente ¡hazlo!



domingo, 5 de julio de 2015

Sexo fácil, películas tristes

El guionista argentino Pablo (Ernesto Alterio) recibe el encargo de escribir una comedia romántica ambientada en Madrid. En principio no tiene problemas; conoce bien el género y, así, vemos los primeros pasos de la historia de amor entre Marina (Marta Etura) y Víctor (Quim Gutiérrez). Sin embargo, Pablo entra en crisis enseguida.



Cuando la inapetencia por la vivencia rutinaria aplasta la inspiración de la recreación animada.
Un autor se mueve entre su vida y la vida de su obra, entre su realidad ordinaria y la fantasía de sus creaciones; en este caso, interesa y apetece, mucho más, la vida del autor que la de su obra; ¿bueno o malo?, ¿mejor o peor? pues según se vea o enfoque.
Siempre se ha dicho que las películas son para ilusionar y soñar, que los relatos evocan esa perfección de inicio y final, con pequeñas trabas, apenas insignificantes, por el camino que no se tienen en la cotidiana existencia, esa magia efervescente que todo lo puede, que combina opuestos con maestría sensacional, que aplaca los fallos y vaivenes al acto, que perdona los errores con la dulzura de una mirada, la belleza de un gesto, con ese esmerado discurso final de amor único y eterno y, por supuesto ¡el beso!, ese contacto labial de abrazo fuerte, alegría corporal y cierre espléndido que te deja con ese maravilloso sabor de boca de bajar el telón a tiempo y obviar los desastres de la mañana siguiente, la repetición de la otra, la desgana de la convivencia, el atropello de la confianza, los martirios y desvelos, el conflicto matutino y la inevitable llegada de la declaración de guerra...,
..., sin embargo, de todas todas, te quedas con todo lo último, con el suplicio de las relaciones, con el resquemor de la infidelidad, el anhelo de la pérdida, el recordatorio de la ingenua creencia, la mezcolanza por el ayer, la ruindad del hoy, con el destroce anímico, con la agonía de una actualidad en parada que no sabe avanzar, ni se decide a elegir ni sabe cómo hallar la musa que le despierte de su letargo estancado que impide construir la sinopsis de su obra y su vida.
Porque, aunque vayan a la par y el escritor refleje su estado interior en los personajes que crea, vive y siente como propios, aquí interesa Pablo Diuk, aquí seduce el extraviado novelista con su barba dejada, sus acostumbradas canas y sus gafas de inteligencia no apreciada, simplemente enamora Ernesto Alterio, maduro, atractivo, sensible, auténtico y expuesto sin armas ni protección, sencillez espléndida de una interpretación absorbente, cálida y veraz de quien es un hombre intentando seguir travesía con sus reveses, dudas, miedos y desquicios de no tener guión previo que dictamine qué hacer, qué decidir, qué decir en el momento oportuno para así poder terminar con ese ardiente "kiss and happy the end".
"¿Por qué la vida no funciona como las películas?", pregunta que mueve la introducción a la subsistencia de este machacado guionista encargado de escribir una comedia romántica cuando su propio presente está yéndose al garrete, desastre que revierte a través de las penurias y accidentes que hace experimentar a sus invenciones, terapia contra el dolor y la cotidiana exasperación que no alcanza un alto grado de consistencia ni fervor, ni entusiasmo o admiración, al contrario que todo el encanto que desprende este sufridor Harry, que perdió hace 
tiempo a su Sally, y que aún así, con ese pesimismo contiguo, debe inventar para escribir, continuar y encontrarse; credibilidad en el protagonista/vigor en la pareja que esconde en su cabeza -estupenda frescura la de Quim Gutiérrez y Marte Etura- todo un "versus" donde sabes con certeza adivinada sus movimientos y estratagemas, tanto del melodrama de uno como del romance de los otros pues, como indica en su introducción, si tienes los elementos claros, su principio y final, sólo cabe rellenar de contenido su centro, combinación diestra donde evitar caer en el cliché del que, la misma historia dentro de la historia, se ríe y burla.
Trabajo que consigue con medias tintas, atrapa y convence el primero/falta de rontundidad y fuerza en el otro, relato que apenas se sostiene como crítica mordaz a las tontas y vacías cintas románticas; Alejo Flah sabe sacarle todo su potencial al inventor de historias pero deja cojeando a la historia que crea su mente pensante, su trabajo oculta sus debilidades y se mantiene a flote gracias a la habilidad y arte de los actores participantes, gran atractivo que sin duda alguna reduce sus reparos y aumenta tu cariño por ella.
¿Qué significa ello?, que entregas tu inclinación y apego a las creaciones en su expectante apertura para ir cediendo y desequilibrando la balanza hacia el respeto, aprecio y devoción por quien es su creador, a esa autenticidad de la realidad que le da escenografía; no alcanza un alto grado de euforia, no bulle con gran pasión ni exhibe una fuerza arrebatadora pero ¿quién lo necesita?, es agradablemente honesta, eficazmente natural y fantásticamente sentida; absorbe con deleite comedido, de plenitud media que no logra su máximo, la crítica irónica de las películas de amor que se desarrollan dentro de un trágico dilema existencia de insignificancia por su propio trabajo actual, sigue la absurdidad de su desfile, de su patético patrón establecido y que se besen, ¡nadie quiere más!
Quien seduce es el portador de la pluma en sus manos y las buenas ideas en el congelador, en parada neutra, de ahí que se sirva de una baratija comercial de romance al uso, sin sentido ni convicción, para entretener y cobrar al fin de mes, metáfora aguda de como funciona este género explotado en demasía donde la calidad, hace tiempo, se vendió y sustituyó por la cantidad, ¡así hemos quedado!
Aunque, ¿no tiene todos los géneros, ya sea romance, comedia, drama o acción, su pefil de pasos estandar determinados de antemano, preconcebidos en molde genérico que se sigue al pie de la letra? No es malo conocer los puntos fijos a atravesar, lo difícil es hacer que estos seduzcan, apresen y envuelvan el ambiente de la conocida ruta de esplendor, delirio y pasión.
Todo un placer volvernos a ver, Ernesto Alterio.



sábado, 4 de julio de 2015

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

Narra la vida de dos perdedores de entre 50 y 60 años, dos vendedores de artículos de broma que viven en una casa abandonada, y que tienen tres encuentros con la muerte. Cual Don Quijote y Sancho Panza del momento actual, Sam y Jonathan nos conducen por un recorrido caleidoscópico a través del destino del ser humano.


¿Por dónde empiezo a despedazarla?, ¿la machaco en conjunto a la desmenuzo en trozos para más regodeo y sabor que compense tanta letanía y sosiego imperecedero de muerte lenta?
Es que..., ¡ni inspiración para ponerla verde, me queda!
Y el pensamiento constante, que venía a mi mente, eran los sketchs de José Mota y como le daban mil vueltas a esta pretensión de humor irónico, negro y agudo a quién más le valdría haber sido memez blanca ordinaria pues, su efecto hubiese sido de mayor disfrute y diversión.
Porque, ninguna de ambas vas a encontrar en este supuesto retrato sobre la existencia humana y su reflexión cotidiana y vulgar, sin pretensión, ni sentido, ni dirección, sólo incomprensión ante las enormes alabanzas vertidas que encuentras inexplicables, dado que tú sólo observas un patetismo escénico sin gracia ni talento, absurdidad soporífera y cansina que pone a prueba tu paciencia, desespero y aguante, y que soportas por amor al séptimo arte y al respeto de no comentar nada no visto porque sino ¡ahora me había tragado la película entera!
Un gordo y otro-no-flaco, como líderes bufones de esta payasada por la que circulan vendiendo artículos de broma, extras secundarios para escenas hilarantes según aquellos que hablan desde las alturas del peloteo y la repetición de la opinión de expertos porque, quién vea humor, acidez, inteligencia oculta o la barbaridad exquisita que se les ocurra, o ha visto otra película o, simplemente escribe por seguir la corriente de quien recibe dinero por ello.
Porque, en pocas ocasiones ha habido tanta distancia entre la crítica y el público, caminos de andadura opuesta por los cuales unos acabaron contentos, muertos de risa/los otros muertos por agotamiento, asfixia, somnolencia y ardor de hallarse en el mismísimo infierno.
Incluso, he vuelto a releer las magneficiencias escritas y relatadas sobre la misma y, realmente certifico que, hay opiniones diversas ¡tantas como colores! y, aún así, creo que los colores se quedan escasos ante los comentarios subjetivos sobre la misma pues, encontrarás desde quien hace una lectura magnífica sobre el ser humano, su vacío anímico, insignificancia y pequeñez, de metáfora niñas haciendo pompas de jabón, a quien vea una estupidez insoportable, un fastidio cargante que a nadie desea.
"Humor..., un término relativo, cuasi indefinible e inabordable por naturaleza propia; el humorismo es una manera de enjuiciar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón y ligero que se acerca a la comicidad sin ser lo mismo; no hay humor sin pensamiento"; mi pensamiento confirma que éste no se presenta, que tomó el primer vuelo y se fue de vacaciones donde, la observación de este relato ha sido tortura tan insufrible y tomé tanto distanciamiento que ¡casi me salgo de la sala!
Por otro lado, si..., "la diversión es una actividad que produce placer y nos aleja de las preocupaciones y el aburrimiento" pues ¡si que la he acertado para relajarme y pasar un buen rato!
Y lo más triste es que realmente acudí con ganas de verla, nada más oír y leer sobre ella se despertaron mi ilusión y apetencia y ¡he que aquí estoy! intentando compensar el palo recibido con esta fútil escritura que sigue sin borrar la decepción y desengaño sufridos en primera persona, un cariño de esperanza ingenua aniquilada sin piedad, antipático encuentro del que cuesta recuperarse, tostón de cita que estropea la noche y echa a la basura el encanto terapéutico de ver una película.
"Una paloma se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia", ¿qué árbol era?, ¿tenía nombre la paloma?, ¿estaba sola o en compañía?, ¿pidió permiso para tal osadía?, porque..., ¡ya puestos y dados los resultados!, que de explicaciones es lo mínimo que se puede inferir a la palomita dichosa que, ya podría haberse dedicado, como el resto de sus congéneres, a ir al parque y comer semillas o migas de pan pues ¡ni con un mirlo blanco se arregla esto!
Hay una expresión, muy recurrente y cotidiana, utilizada para cuando quieres dejarlo con tu pareja, "no sois vos, soy yo"; Roy Andersson, rompo contigo pues, indudablemente ¡eres tú, no soy yo!



viernes, 3 de julio de 2015

Tomorrowland:El mundo del mañana

Unidos por el mismo destino, una adolescente inteligente y optimista llena de curiosidad científica y un antiguo niño prodigio inventor hastiado por las desilusiones se embarcan en una peligrosa misión para desenterrar los secretos de un enigmático lugar localizado en algún lugar del tiempo y el espacio conocido en la memoria colectiva como “Tomorrowland”, y así salvar a la Humanidad. 



Porque, seamos serios ¡sabéis hacerlo mejor!
Disney, factoría de fantasía y sueños para diversión de los niños... Terminator, androides del futuro que regresan al pasado para asegurar su existencia y rectificar errores humanoides, factoria de entretenimiento para adultos..., haz un mix de ambos con descenso a nivel juvenil, coloca hologramas por doquier, armas futuristas que serían geniales para jugar a la guerra del agua y un diseño de ese paraíso para genios y científicos no tan atractivo ni seductor como se esperaba, añadimos al Dr. Ross -¡siempre lo será en el recuerdo!-, pediatra que sigue tratando con jovencitos, al Dr. House como malvado mister X y el prototipo volador, que sería utilizado en las olimpiadas de Los Ángeles 82 para encender la antorcha, como inicial imagen que te queda en la memoria.
Los niños quieren estar con niños así que ellos son los protagonistas, George Clooney y Hugh Laurie para persuadir la apetencia de los mayores aunque, tras su fugaz aparición en las primeras escenas, ésta se evapore una hora para el de Kentucky/hora y media para el de Oxford hasta su regreso y, un movimiento incesante de aventura accidental cuyo lema es la torpeza y suerte del novato principiante donde, en su ya primer fotograma, puedes intuir la baja calidad de la misma, el mínimo esfuerzo creativo realizado para que su intensidad y aceleración, vigor y entusiasmo atrapen dignamente al espectador, niño o adulto, pues no por llenar el recorrido de baches, tropiezos e inesperadas caídas la sonrisa se vuelve risa, como sabiamente lo expresa esta programada inteligencia artificial que se autoapaga si eres cotilla y osas preguntar en demasía por información confidencial que no es de tu incumbencia, y puesto que "sonreír no es lo mismo que reír", es tu benevolencia y beneplácita simpatía la que fuerza tu sonrisa en el rostro, de ahí que no emitas ninguna carcajada voluntaria o instantánea en ningún momento.
"Si pudiera decirte con certeza la fecha de tu muerte, ¿querrías saberlo?", si Walt Disney levantara cabeza -aunque creo que mejor sería decir..., si descongelara su cabeza ¿no?, ¡pequeña broma de leyenda urbana!- ¿estaría orgulloso de firmar está película? Porque ¡seamos serios!, con los tiempos que corren, toda la técnica al alcance y el dinero medio que se destina a producir estos filme ¿no sabéis hacerlo mejor?, ¿esmerarse con más óptimos resultados?, ¿con más ingenio, destreza, ocurrencia y no tanta cutrez?
Porque, ¡seamos serios!..., es triste el diálogo, penoso el viaje astral, pobretón el mecanismo de enlace, patética la relación temporal, escaso el conjunto, nimias las sensaciones, en espera infinita la pasión que se aburre, en letargo olvidado cualquier tipo de excitación o apunte de diversión..., porque ¡seamos serios!..., por ser cine familiar, para peques y grandes, ¿se deja de lado la calidad, originalidad, estilo a cambio del discurso cliché de qué malos somos que llevamos años observando la destrucción del planeta, con avisos continuados de derrumbe y aniquilación del mundo y seguimos igual, sin hacer nada?..., un poco, demasiado visto y oído ¿no?
Poca agudeza e invención sugerente se mueve en este relato donde su máxima aspiración es que más 
de un niño, esa noche tras ver la película, se convirtiera en eterno soñador, se prometiera estudiar para mejorar y salvar al mundo y ¡nunca, jamás abandonar!, los muchos otros le pedirían a su padre conseguir el pin molón de la peli para jugar a teletransportarse con los colegas mientras, los adultos ¡nos conformaríamos con poder beber del batido rejuvenecedor del gobernador Nix!
"La imaginación es más que el conocimiento, Einstein"; debería haber, una norma y mecanismo posible de consulta para genios ya muertos, para poder pedirles permiso para usar sus célebres frases porque, ¡seamos serios! ¿Albert Einstein lo daría?, teniendo en cuenta que aquí se mueve poco conocimiento/menos imaginación aún.
Brad Bird, como visionario de llevar a buen puerto este sueño químerico futurista, no se molestó mucho en ser convincente, ni en ser motivador, ni en ser perspicaz, ni en llegar muy lejos, carencia fanática por la ciencia ficción se deduce de un trabajo reducido en sus pretensiones, insuficiente en imágenes, seco en exaltación, nulo en su grato recuerdo; tanto numerito técnico y abuso del recurso del ordenador y no puedes conseguir un rendimiento mejor?, ¿un producto más gustoso, delicioso, mejor?
Cine comercial para ver en familia, prototipo estandar para tiempo de diversión ligera y esparcimiento superficial, con mensaje moralista y promesa de esperanza en el mañana incluidos, ideal para tarde de domingo de velada con los tuyos ante la gran pantalla, menos mal que aún queda la noche para acostar pronto a los niños y ¡ver un filme decente que elimine su infortunado sabor!
Tomorrowland, la tierra del mañana, ¡como si no hubiera bastante con ésta!..., total ¡si están ahí en Valencia, con una pantalla verde y cables en la cabeza, con mínima iniciativa e ilusión de corto alcance!



jueves, 2 de julio de 2015

El arte de pasar de todo

George (Freddie Highmore), un adolescente inteligente pero solitario y escéptico, cambia de actitud cuando entabla amistad con Sally (Emma Roberts), una joven que le gustaba desde hacía tiempo. 


"La felicidad es algo que debes cuidar", consejo apabullante de una madre a su hijo pero ¿es que acaso puedes tenerla, atraparla o conservarla más allá de su voluntad?, ¿no es tan fugaz, etérea y esquiva que se tiene y pierde por igual?, ¿se siente su presencia como majestuoso sentimiento que te inunda de placer y gravidez, que explosiona en el corazón cual sutil arma poderosa, incesante e incandescente, contra todo mal/su ausencia como letanía soporífera y angosta que hunde y aniquila todo tu ser hasta anular tu persona?
"No tengo nada que decir", la mejor repsuesta que se puede decir de un chaval honesto y sincero, leal y fiel a si mismo que admite "Tengo un problema con la motivación" pues "Si vivimos solos, morimos solor, todo lo demás es una ilusión" ¿qué sentido tiene nada?, ¿para qué esforzarnos?, ¿implicarse en nada?, cuestiones metafísicas que inundan su mente y alteran su bienestar, un levantarse para acostarse y, mientras tanto, no participar en nada, deambular consigo mismo en unidad que ocupa todo el espacio y tiempo.
Su destreza, simpatía y encanto residen en el acierto de la elección del protagonista, un adorable y tierno Freddie Highmore al que, sin duda, cogerías de la mano, con quien, sin pensarlo, te sentarías a charlar y de quien, inevitablemente, te quedarías prendado después de fijarte en él entre la sosa mutitud al descubrir sus anómalos y deliciosos atributos, un placer de compañía que sin contar nada nuevo que no forme parte de la dura tarea de crecer, del riesgo del avance, de la decepción del fracaso, el esplendor del beneficio, de la angustia de la duda, de la firmeza de la decisión lo hace con carisma diligente, brisa fresca y delicadeza de encarar el feroz trauma de la finalidad de esta vida, el pretexto para vestirse cada día, el fundamento para hacer algo más que desfilar, con parsimonia, hasta la llegada de la segura y esperada muerte con gracia, esmero y una dulzura apetente que te permite estar atenta, con más ganas de la admitido, a las palabras y reflexiones de este melancólico de la existencia que despertará de inmediato cuando haya que pagar la hipoteca, tenga que hacer los deberes, quiera graduarse y deba dejarse de bromas pues la vida le golpea con severidad en la mejilla para interrumpir su desidia y que empieza a mover ficha.
"..., me apabulló la tristeza cuando comprendí que cambiaría y todo sería peor, como una nostalgia por el presente que nunca tendría fin", y a pesar de ello, nos embarcamos en esta difícil tarea de andar y hacer camino, aprender y perdonar, suspender y proseguir, mezcolanza de un pasado superado/esperanza de un futuro siempre mejor y, mientras tanto, un presente exiguo que se nos escapa sin darnos cuenta y cuyo potencial, real y factible, es lo único que tenemos; un canto a la vida que empieza con un temor a la misma, un modesto y humilde "Reality Bites" centrado en la etapa anterior, ese dificultoso elegir la ruta cuando no se sabe el destino ni se está seguro de querer llegar a meta, escuela maldita e inolvidable que pretende ser guía y la cual, el artista autodidacta a quien gustan las capas, desprecia y rechaza hasta que la sesión de prueba termina y da paso a la realidad.
Argumento ordinario compuesto por un perspicaz y elocuente guión y un atractivo personaje principal, secundarios agradables y un compás maduro a través de los ojos seductores de un adolescente cautivador, elementos clave de esta pieza exquisita, sugestiva, de visión sencilla, hechizo cordial y recompensa fructífera; un ángel, todavía no mancillado, que conserva su inocencia e inicia su despunte a la adulta existencia, responsabilidad de asumir tus actos y consecuencias, aprecio y consideración que entregas con voluntad, deseo y sin lamento.
La virtud de acertar sin escándalo ni gran revuelo que deja un grato y gustoso recuerdo, comienzo del árbol de su vida, descubrir a quien lleva dentro, decidir el recorrido, sentir la intensidad de cada día, la alegría y tristeza que se intercambian por minutos, libre y atrapado por igual..., sentimientos a flor de piel en una noria emocional difícil de manejar, todo ello con sabias maneras y breves apuntes de elocuencia; atractiva soltura y deliciosa rareza para el ¡arte de vivir!, sin más.



miércoles, 1 de julio de 2015

Days and nights

Elizabeth, una estrella de cine, lleva a Peter, su amante a su casa a su casa del lago para visitar a su familia en el fin de semana del Memorial Day. Durante estos dos días, un desastroso giro en los acontecimientos causa estragos en la familia.



Trauma que ni rompe ni llora ni afecta, sólo esquiva su labor y propósito tanto en los días como en las noches.
"Las obsesiones a veces sostienen a un hombre"; quédate con esa frase y, a partir de ella, intenta sacar beneficio o jugo alguno a unos personajes que se presentan como estrambóticos, peculiares cada uno en su papel obsesivo pero que no despiertan mayor interés que un conjunto mal avenido de escasa emoción, jarana de músicos que no tocan en armonía pues cada uno va a su ritmo según el instrumento elegido conformando un espectáculo de payasos trágicos, que ni provoca lágrima ni sabe forzar sonrisa, únicamente un desfile de gestos, palabras,excentricidades y números dispares a cual más distante y penoso pues sólo aporta ausencia sensitiva y parsimonia congnitiva.
Christian Camargo trata de presentar un drama existencial sobre la superación de las obsesiones, el abandono de los martirios, de cuando éstas se liberan y dan paso a la creación artística, al avance emocional, al encuentro con la llave que permite la inspiración y te abre al mundo de la conexión receptiva, todo ello forzando, hasta el lamentable extremo, el reencuentro familiar de miembros solitarios, apagados, extravagantes según su desorden personal, cuyo toque estrambótico individual de cada cual no acaba de cuajar, unión en la diversidad que no estimula ni capta tu atención pues, tras la presentación de cada nota y tras darle el tiempo meritorio para que coja fuerza y consistencia, te quedas ofuscado y anulado al ver que la pieza construida ni motiva ni cautiva ni acaba de entregar toda su pasión, sólo insinuaciones leves que suponen nimias gotas de agua en lugar de la lluvia torrencial y abundante que se esperaba.
Está bien jugar a ser diferente, a dibujar piezas desiguales en busca de originalidad en su exhibición, cuadro teatral único y particular que se desmarque de lo ya visto sólo que, tantas manías y ofuscaciones no dan para obtener la mía, su degeneración hacia el aislamiento emocional no arrastra al público con ellos, es un tren al que suben con voluntad propicia pero sin dejar ni permitir la participación de nadie más, su guión , planteamiento y puesta en escena son pobres e insuficientes en su función de impresionar, impactar y abducir al espectador, sólo vagabundos anímicos que se reúnen en una casa para ver qué pasa y donde, no siendo apetitoso el cómo se narra ni la forma elegida para su representación, la sucesión de los hechos y su importancia se desvaloran y pierden importancia.
Director, guionista y actor principal, todo en uno, loable creer en uno mismo, en sus posibilidades, en recorrer ese áspero asfalto vuelto jardín con las reglas auto impuestas por esa creatividad en la que se cree a ciegas, que devora, como obsesión bendita, todo tu ser y que llama, suplica, insiste en salir y tomar forma pero no todo se soluciona con encerrar en un habitáculo a individuos emparentados, que se encuentran a millas de distancia de poder compartir o conectar con nadie, el público se cansa de que cada cual tenga sus cinco minutos de jolgorio y tragedia pero ¡nada más! ya que como grupo, su explosión fracasa y su hipnosis acaba en indeseable desapego.
La tormenta no llega a las venas, el aire es rancio, el espíritu se envenena de ausencia, el corazón ni se acelera ni precipita, bebida aguada sin fundamento ni desarrollo, únicamente una idea inicial que se queda inmóvil, exigua y varada en esa primera frase mencionada, intenciones que se estrellan ante la torpeza y nulidad de su máximo y único responsable, de no saber ir más allá.
La rareza es un don, la manipulación un error, el dirigente presente cree poder unir ambas para confeccionar un menú singular y disonante cuya suculencia consiste en tratar de hallar y apreciar los tormentos que viven y padecen sus estrafalarios ingredientes, sólo que se olvida de que lo diferente atrae, no por serlo simplemente, sino porque tiene algo digno y apetecible que aportar distinto a los demás; aquí la diferencia duerme pues únicamente es de fachada, sin darle contenido ni forma, lo cual se reduce a presentar un sabor pobre, rancio y desaborido que no se disfruta y te deja enfadada y con hambre.
No hay vuelta atrás, sus aspiraciones eran altas, su osadía de gran aplauso expectante pero sus alas se quemaron rápidamente al ir con excesiva rapidez, y sin material digno, al canto del astro sol donde, en lugar de quedar loable y orgulloso a su lado, se derritió por ingenuidad incompetente.
Fallido intento de grandeza dramática y extrañeza individual, ¡hay que pensar y trabajarselo más!, el vidente lo merece y lo reclama con insistencia y ansiedad.