martes, 23 de octubre de 2012

Looper

Está claro el intento de thriller de ciencia ficción que ha malogrado Rian Johnson...,también el resultado del mismo! En un contexto de soledad justiciera, de oscuridad y penumbra atractiva, de diálogos cortos y secos que centran su foco en la presencia corporal..., se puede decir que es lo único que no ha acabado perdiéndose por el retrete! El duelo interpretativo de Bruce Willis con su joven "yo" es triste y necio,patético -copia penosa de "12 monos"-, sin chispa ni chicha como ocurre con toda la trama de círculo cerrado pasado-presente-futuro que da vueltas sin sentido hasta marear; la puntilla desternillante es la referencia e intento de afinidad y similitud con un "Terminator" que desemboca en un puro exorcista caótico, desde unos "Hombre de negro" a un diablado "Matrix" descafeinado, desde la "Profecía" a un "Regreso al futuro" insustancial y pobre..., con el profundo mensaje oculto de que el amor lo puede todo! Pero, casualidad!, no ha podido con un guión y una historia que gira como le da la gana, dando vuelcos hacia delante, detrás extremo izquierdo, derecha recto..., un batiburrillo de "quiero abarcar mucho, me quedo sin coger nada". Horriblemente pesada y larga, todo se reduce a persecuciones de tiros, idas y venidas que te dejan bastante frío e impasible, un relato que no logra captarte ni mostrarte el más mínimo interés, indiferencia total ante lo que le pueda pasar a los protagonistas pues da la sensación de que, muerto uno, aparece otro y dará otro giro inverosímil a la historia. Lo lamentable es que eres capaz de palpar e intuir la gran idea que tenía en mente el susodicho director y el estrepitoso golpe que se ha dado al caer de tan gran altura. Aunque, por supuesto, está la otra visión; ha realizado una película tan sicodélica, de magistral-pura ciencia ficción que no logra llegar a todos, sólo está a la alcance de unos pocos privilegiados. Tu eliges.

domingo, 21 de octubre de 2012

Atraco

Maravilloso cine argentino! Te echaba de menos sin conocerte!!! Película situada en la época del franquismo y de las relaciones mantenidas con la venerada Argentina de Perón donde las lealtades personales a la patria chica se mezclan con la soberbia y el despropósito personal. Espléndidamente reflejada, con una cuidada y magnífica ambientación. la simple pero gran historia de malentendidos cínicos, desavenencias inoportunas y mucho amor caótico no-buscado se nos desvela "sin pausas pero sin prisas" creando toda una oda homérica, pura poesía andante donde la tragedia se mezcla a pares iguales con la comedia. Con un excelente Guillermo Francella que dirige y protagoniza, de forma indiscutible, toda la contienda, el relato es un claro ejemplo del cine sencillo, de gran emotividad humana, de gran pasión skakespeariana, de una terrible jocosidad punzante, de un ingenio dramático y cruel que te arrastra a través de la pantalla y que te hace suspirar por cada uno de los sentimientos reflejados en la misma; y si algo sabe hacer un buen argentino es mostrar y exponer -sin pudor naciente- todas sus emociones sentidas y por sentir! Divertida a la vez que trágica y triste, es un popurrí de sucesivos actos donde la elegancia de los personajes mostrados está a la altura de la inmejorable presentación estética; un vestuario, maquillaje, iluminación y fotografía interior magníficas. Atraco frustrado por un Don Juan que no quiere fallar a su amada y que arrastra a toda la cúpula política y policiaca; joyas malditas para salvaguardar la honra de un país.... Se quedan cortas las palabras para explicar este galimatías argentino-español, cuya red se va poco a poco desenredando a base de risas y lloros por igual. Adecuado y perfecto thriller tragicómico para sentir y disfrutar una vez apagadas las luces de la sala; acomódense y vean la grandeza de reir llorando!

sábado, 20 de octubre de 2012

Lo imposible

Ante una película de catástrofes naturales como ésta, uno ya sabe lo que va a ver, cómo pasó y lo que le van a contar; y, en este caso, también sabe el resultado, pues los propios protagonistas en que se basa el relato acudieron al estreno de la misma en familia. Por tanto, la curiosidad reside en la gracia, artimaña y el buen hacer del director; cómo ha realizado el enfoque de los hechos y la visión desde la cual lo cuenta. Y se ha de admitir que "pocos peros" se le pueden decir a Juan Antonio Bayona. La narración tan realista, dramática sin abusos innecesarios, íntimamente cercana y profundamente emocional contrasta con unos hechos horribles, magníficamente devastadores que ha sabido plasmar de forma asombrosa. El uso de la cámara en los diferentes fotogramas es soberbio; juega continuamente con diferentes y opuestos enfoques, sin dejar que ésta se convierta en un mero espectador de fondo sino que la convierte en la verdadera protagonista. Los diversos y variados ángulos, la alternancia de movimientos rápidos y lentos, de iluminación y opacidad..., es todo un acierto. No lo es menos la elección de Tom Holland como protagonista indiscutible, al lado del cual sólo Naomi Watts está a la altura de su impresionante interpretación. Tras el paso de los 10 primeros minutos, llega la esperada ola y todo su desenlace; a partir de ese momento eres capaz de descubrir el arte de este catalán director que consigue ponerte la piel de gallina, tenerte en tensión, sonreir y desesperarte, alegrarte y llorar..., con el respeto y la sencillez de una gran historia contundente que no desmerece tu interés por ella. Sólo algunas frases de los pocos diálogos que se observan -todo es una continua conmoción visual, un encontronazo para tus ávidos ojos- son de nivel inferior a lo visionado. Pero, el impactante centrifugado interior que se te ofrece borra cualquier cliché verbal que pueda ser dicho. La mirada de un director que tiene claro lo que quiere mostrar, cómo hacerlo y el resultado final. Lo único que cabe es disfrutar de su buen hacer. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Magic Mike

Una exhibición de cuerpos musculados y depilados, guapos de cara con abundante testosterona es lo único, que en principio, parece ofrecer esta película de Steven Soderbergh donde, la verdad sea dicha, no se ha calentado mucho la cabeza. Bailes sexys y seductores, con movimientos excitantes y provocativos -de cadera y de lo que no es cadera-, una decente coreografía y un guión con desparpajo y frescura es lo que se ve más allá de esta historia donde, para variar, son ellos los que se desnudan y "montan el numerito". Tampoco seamos ilusionistas, aparte del lucimiento interpretativo de McConaughey -se explaya al máximo en todos los sentidos (y, sin duda alguna, se divierte de lo lindo)- el resto de actores no es capaz de aportar mucho. Con toda la consideración, por el intento de sobrellevar el peso del relato, para Channing Tatum, la compañera de reparto que le asignan es tan sosa y desaborida que, todo el deseo prohibido que debe -o se supone- que debe transmitir es nulo y vacuo; aparte de que no hay quien haga sombra al susodicho actor tejano en todo el film. No deja de ser una muestra coreográfica de "Hombres y viceversa" pero, lo hacen con tanto humor, desparpajo y seducción que, sin darte cuenta, han transcurrido los 110 minutos y estás tan contenta. Eso si, por muy atrevidos que puedan osar ser en esta historia, hay que volver siempre al buen camino, a la rectitud de una vida ejemplar fuera de la lujuria y del desenfreno; quién podría resistirse a un trabajo en McDonald`s por el sueldo base en lugar de cientos de billetes caidos de manos femeninas ávidas de un insaciable apetito! Mucho atrevimiento cañero para caer en un clásico convencionalismo aburrido. El resto es, al menos, divertido!   

martes, 16 de octubre de 2012

Venganza: conexión Estambul

No consigue estar a la altura deseada ni esperada esta hermana menor de una "Venganza" protagonizada por un Liam Neeson que, para ser honestos, parece haberse rejuvenecido y tonificado desde que protagonizó la susodicha; aparte del buen porte del actor norirlandés y de su impactante presencia física no hay mucho más que nombrar, aparte de un abusivo movimiento rápido de la cámara en las supuestas escenas de acción que, digamos la verdad, dejan mucho que desear; tal fascinación por la celeridad de las imágines es una forma de despiste ante la vacuidad de la historia presentada. Se echa de menos más contacto corporal, más golpes y puños directos, más cuerpo a cuerpo y no el desmesurado uso de los tiros, de las persecuciones en coches y de la presentación de un personaje que no es nada creíble; un James Bond cutre y pobretón que lleva a cuestas un relato poco cuidado, de gran nimiedad y tontería que necesita de adornos colaterales para mantener -no lo hace- la atención, por momentos perdida. Ante una presentación menos tétrica y sombría y en un intento de mostrar un contexto más suave y dócil, se olvida de cuidar el recorrido, el por qué de su presencia; la investigación y sucesivos pasos seguidos en la original le dan un "caos mortal" a esta sosa persecución, a este insustancial secuestro, a este insulso rescate, a esta desaborida venganza que se queda a la espera -el final lo deja bien claro- de su próxima hija sucesora. Con la ilusión de un mayor contenido, de mayor calidad en la acción (el guión ya nos lo sabemos, la venganza de los parientes muertos en esta) no tendremos que tragar la desilusión de una película que, siendo tan fácil de realizar y montar, ha sido todo un fiasco, una contrariedad pronto a olvidar; vale, seamos justos, puede llegar a gustarte este relato de segunda clase si tienes el día tonto y no exiges mucho! Pero... dime que no eres de esos! 

domingo, 14 de octubre de 2012

Salvajes

Lo triste de la película, amén de la decepción que te llevas por lo expectante de quien firma el relato, es pensar que a Oliver Stone no le queda mucho más que ofrecer; pensar que la época gloriosa de este laureado director se ha reducido a intentos fallidos de volver a un estrellato hacia tiempo perdido. El argumento sobre el mundo de la drogadicción es tan banal e insulso (lo has visto un millón de veces en miles de películas anteriores) que, en un intento de ser original y presentar su propia firma, pierde los derroteros por escenas de sexo duro y explícito,  sin más sentido que la provocación absurda y disparatada, con una manifiesta violencia, sanguinariamente tajante y desproporcionada que pretende distraer, a la par que  detonar y  estallar emocionalmente al espectador con el uso de un  bullicio y desmadre que no tienen más argumento que el decoro explosivo, nulamente intrínseco. Muchos nombres propios, mucho acción rápida, mucha parafernalia decorativa es el recurso principal utilizado por un director que ha dejado de centrarse en la narrativa argumental para ornamentar cada fotograma con el recurso a lo fácil y vendible -sangre, sexo, y muerte-; aún admitiendo los momentos geniales de la película, los fotogramas representativos del mejor Stone de todos los tiempos, éstos no son lo bastante hábiles ni tienen la suficiencia necesaria para hacerte olvidar la escasez de sus compañeros de escena. A todo lo dicho se le añade la excesiva duración de la historia, lo cual  la convierte en un relato, por momentos, cansino y agobiante. Espectacular por momentos, aburrida por otros tantos; fifty-fifty (50-50) es la conclusión que se deriva del último trabajo del "un mejor recordado-presente no tanto" enaltecido director neoyorquino.  

viernes, 12 de octubre de 2012

El fraude

Un tema muy recurrente para los tiempos que corren es lo que nos ofrece esta película que, aunque ofrece un buen entretenimiento y ameniza bien la velada, satisface muy levemente las perspectivas creadas; es mucho lo que se espera de los ingredientes y poco lo presentado en el plato final. Grandes nombres conforman esta historia de un rico dignatario con éxito profesional y familiar que esconde turbios y oscuros negocios y unas nada-digna ni ejemplares relaciones sociales. Una mal-utilizada y desaprovechada Susan Sárandon al lado de una espléndido Richard Gere que se luce como en sus buenos tiempos, manejando su personaje, la cámara y el peso del relato sobre él de forma magistral, encontrándose totalmente cómodo en el lucimiento de sus capacidades físicas e interpretativas; rematado con un Tim Roth que no necesita enseñanzas para representar el papel asignado -lo ha repetido demasiadas veces (debe soñar con ser detective de homicidios!)-. Dada la escasez de profundida del guión, la miseria de la estafa mostrada (sólo viendo el telediario, hoy en día, tienes mil y una ideas para indagar y penetrar más en la farsa y engaño creados) da la sensación de ser más un producto para la televisión, un capítulo de cualquier serie de abogados, de leyes y acción, de investigación... que para la pantalla grande de las salas de cine. Sin duda alguna, es la presencia del elegante y estiloso protagonista de la eterna y legendaria "Oficial y caballero" -para quien guste se puede sustituir por "Pretty Woman"- el único y exclusivo fundamento para que sea visionada en primera división. Con todo, es lo suficientemente comercial para gustar y complacer; un artículo mercantil que deja buen sabor de boca.  

martes, 2 de octubre de 2012

Bruc, el desafío

No pretendas esperar la recreación espectacular de la derrota que sufrieron las tropas de Napoleón a manos del legendario chico-montañés llamado Bruc; de hecho, la película se inicia justo después de tal acontecimiento y las pocas escenas recordatorios que se muestrán son tan poco reveladoras (en realidad son patéticas y bastante tristes) que no le hacen justicia. Con todo, el intento de entretenimiento con historia nuestra, con cine patrio histórico que revele el orgullo de nuestro propio pasado es correcto y muy apropiado -aunque mejorable pero..., todo es empezar!-. La fotografía y deslumbramiento de las montañas de Monserrat es de una belleza espectacular, de una emoción exquisita que, sólo por sí mismas, hacen que merezca la pena la película; el maquillaje, vestuario y localización están a una altura inigualable por nadie de fuera y son muy de apreciar. La pena que resta puntos es un protagonista (Juan José Ballesta pone más buena voluntad que hechos confirmados) que en su intento de liderar este fidedigno hecho nativo no consigue llegar a la explosión interpretativa que se hubiera esperado de él, a pesar de su evidente mejora conforme avanza el film; al lado del veterano Vicent Pérez se encuentra bastante perdido. Los secundarios así como un guión no muy trabajado se unen a ese "pero" que, no obstante, no desmerecen este válido relato que ofrece escenas de acción impactantes, que atraparán al espectado r, en medio de una magnífica-naturaleza protagonista contra la que ninguno de los actores podrá luchar. Un logrado film que, aunque mejorable, se disfruta gratamente.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Si de verdad quieres...

Resulta agradable acudir al cine a ver una película humana, altamente emocional, de gran comicidad  e ingenio sin caer en lo burlesco o en la pura chabacanería -tan común, últimamente, en las salas de los cines-, sin superhéroes ni seres fantásticos que llenan minutos de una historia pobre, sin consistencia que no se mantendría sino fuera por tanto efecto clamoroso; simplemente, dos extraordinarios actores, en un papel soñado para ellos que aparece en el momentos ideal, que funcionan magníficamente en pantalla y una historia humana, una gran tragedia personal  presentada con sencillez y gran sabiduría, con un sensacional guión, muy completo y rotundo, con sus oportunas dosis de humor ácido y sorprendente en cantidades oportunas, sin demasiadas melancolías o aspavientos innecesarios que te contenta y satisface por igual. La recuperación de lo que nunca hubo en un matrimonio cuyos 31 años casados pesan como una losa profunda e inalterable es el fondo de este relato que, a pesar de su espléndido resultado, no deja de ofrecer el conveniente vuelco hacia lo que la recta moral norteamericana espera de una unión idílica y pastoril. Lo mejor: el encuentro con un estilo diferente y mucho más grato que lo devorado usualmente en las salas de cine; la siempre sensacional y polifacética actriz Meryl Streep desborda toda su desnudez madura al lado de un Tommy Lee Jones que le baila el ritmo a un buen compás sin necesidad de más que su crisis personal como pareja y su convencionalismo a la hora de solucionarlo. Reconozco que un poco más de picardía y argucia en el tratamiento a seguir, de riesgo en la evolución de la historia hubieran sido el toque ideal de una tarta que no empalaga ni indigesta; todo lo contrario, te quedas con ganas de más!  

sábado, 22 de septiembre de 2012

A Roma con amor




Woody Allen anda más perdido que Paquirín con un libro!!! Tras dejar de lado su mitificada New York, se traslada al continente donde pasa  por una fúnebre y nefasta Barcelona, para recuperar  la forma en una añorada París y terminar recalando en una Roma dónde vuelve a perder el norte completamente. Puesto que nunca se ha jactado de cuidar el background, así como los accesorios y apéndices -aciagos en esta ocasión- uno se aferraba a su verborrea mordaz, irónica, a sus diálogos frescos, divertidos y de una sátira punzante, a las situaciones grotescas e irreverentes donde se palpaba lo más original del ser humano. Dónde ha quedado todo ésto? Buena pregunta. El agasajado director se permite el lujo de presentar cuatro historias que giran en torno al mundo del famoseo, al deseo de conseguir-mantener-recuperar- matar por cinco minutos de gloria inconexas y ridículas, sin apenas atractivo o interés oculto que recuerdan a un mal imitado "Perdona si te llamo amor" pero con la burrada de querer copiar lo ya realizado, con el disparate de creerse apto para describir el sentimiento de una ciudad sólo vista en postales. Como viene siendo costumbre en sus últimos trabajos, al menos tienes el placer de disfrutar de las vistas de la ciudad de turno. Aunque, como el hijo estrellado de Brooklyn diría: se matan por trabajar gratis conmigo, me abren las puertas de sus ciudades, me dan todas las facilidades que quiero..., para qué molestarme en arriesgarme, en buscar la calidad en mi trabajo, en esforzarme??? Si me van a besar el culo de todas formas!!! Pero, para una adictiva consumidora del Séptimo Arte que le gusta navegar por la vida de otros personajes y vaciarse interiormente esos 120 minutos..., es toda una pena!!! 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Mátalos suavemente



Representación máxima del cine independiente (sólo hay que fijarse en los encabezados) que no engaña al ofrecer una película, para nada llevadera ni del gusto del público común, que conecta el peor de los submundos -ése del que no queremos saber nada- con la realidad más fina y elegante. A un guión no muy original -copia burda del exquisito Tarantino de Pulp Ficition- y a un relato apesadumbrado que, si no eres cuidadoso, te aflige y amarga hasta perderte en tu propio subconsciente, le sigue una brutal exquisitez y elegancia de fotogramas donde la ironía y el sarcarmo de la construcción pictórica brillan hasta dejarte boquiabierto; el diálogo expresado, con el perfectamente-escogido discurso político de fondo y los símbolos patrios utilizados salvajemente para placer de la mayor de las violencias es, simplemente, genial. Magistral la actuación de un Brad Pitt, cuyo personaje, es el único que ofrece un poco de decencia y afinidad para con el vidente; rematado por un James Gandofini a quién los Soprano ha encasillado de por vida. La majestuosidad de las escenas de violencia, recreación lenta y armoniosa del mejor de los cuadro de Bangkok, no es para todos los paladares -la atracción repulsiva harán que no dejes de mirar lo que no quieres ver- y los diferentes movimientos de la cámara -ahora máxima lentitud, ahora aceleración suprema, ahora 3D incorporado, ahora pasmosa apatía y desgana- son de lo mejor visto últimamente. Pero, ojo al dato!, todo ello envuelto en un formato nada atractivo que puede hacerte perder todas estas sorpresivas maravillas si no ves más allá de unos personajes cansinos y desagradables que no te dicen nada. Ahora sí, si logras pasar esa barrera e involucrarte en todo lo que te ofrece de fondo y altamente oculto, podrás apreciar la frase final de Brad Pitt, con la que se cierra la historia, golpe magistral, impresionante y de gran valentía que noquea y derriba al orgullo norteamericano en su más profunda raíz; una rotunda verdad, dicha inesperadamente y de forma impactante, que logra acallar cualquier discurso previo (sólo ella vale toda la película). Película perceptible sólo para unos pocos.  

Total recall


Sharon Stone es mucha Sharon Stone para poder ser olvidada! Y no es que Kate Beckinsale no realice un buen papel y se esfuerce en su papel protagonista pero..., intento vano! Por no mencionar al mítico Michale Ironside!!!; palabras mayores. De modo que la pregunta es clara: era necesario este pastoso remake que sólo ofrece a un Colin Farrell como sustituto decente de Arnold Schwazenegger?; aunque, bien pensado, es eso una galantería para el susodicho o todo lo contrario?; cómo recae este buen actor irlandés en este despropósito de proyecto? Qué ofrece Len Wiseman aparte de cargarse de un plumazo una película que nuestro recuerdo conservarba con estima y aprecio? Y la recreación del mundo de ficción, su población y demás complementos..., en qué estaba pensando? Por no hablar del guión y de sus estúpidas frases que pierden la gracia conforme salen de la boca de sus protagonistas! Intento encontrar algo bueno en este nuevo relato pero..., qué quieren que les diga? El film de Paul Verhoeven es demasiado bueno para merecer tan poca consideración hacia su persona y, por otro lado, qué es este relato sino una pifia más de la industria norteamericana que se repite más que el ajo y que no encuentra acomodo más allá de sus limitadas e insulsas narices? Guapos protagonistas para una triste historia que no está a la altura de lo que se esperaba. Muchas preguntas sin una decente respuesta que te llevan a una inevitable consideración final: mejor olvidarla.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Habemus Papam

El Papa dimite!!! es la idea principal de esta historia de Nanni Moretti que, aunque empieza bien y parece dislumbrar fuertes esperanzas, no consigue realizar su propósito más allá de una burla infantil de patio de colegio. Con una buena puesta en escena de la situación, con un guión original y un tema muy goloso y apetecible llama profundamente la atención y crea mucha curiosidad de hacia dónde quiere dirigirte la susodicha narración. Sólo que la misma no acaba de decidirse sobre el rumbo que quiere tomar; una presentación seria y formal de una posible crisis papal en el mismo conclave del vaticano o una socarrona comedia sobre la ridícula situación creada. Al final se decanta por la risa y las situaciones ridículas pero, incluso ahí, no cumple plenamente los requisitos. Teniendo en cuenta la ubicación, el emplazamiento y el protagonista, se echa de menos mucha más sátira e ironía en los fotogramas, un desenvolupamiento más grotesco y mordaz, más picante en la salsa mostrada. Los ingredientes eran ideales para dejarse llevar, sin muchos problemas, por este camino y conseguir que el público no se quedara con ganas de más risas, de más sarcasmo y virulencia, de una mayor satisfacción en lo visionado. No hay mala leche en el fondo del relato y se echa mucho en falta ese toque final de sátira punzante y corrosiva que hubiera sido explosiva, fulminante y sensacional dado el fondo religioso del asunto. A cambio, obtienes una historia correcta y muy respetuosa con la figura del Papa que deriva hacia la bobacidad de unos obispos que se aburren en el ejercicio de su cargo. El argumento y su contenido están profundamente desperdiciados. 


Todos tenemos un plan


La pregunta es cuál era el plan del director al realizar esta película? Porque la motivación de Viggo Mortensen se entiende perfectamente -incluso su participación en la producción- pues, la interpretación de dos gemelos opuestos, uno viviendo toda su vida a la sombra del otro, es plato que no se puede despreciar; combinar en una misma historia dos personajes antagónicos que se acercan desesperadamente uno al otro es irresistible. Pero..., el espectador lo único que observa es unos personajes que no le causan ningún tipo de interés, una historia lenta y apagada que en ningún momento consigue remontar, un tedioso relato que se empalaga hasta llegar a hartar dada su excesiva -sin ninguna necesidad, se mire por dónde se mire- e inútil duración. Ana Piterbarg se estrella contra un muro en su inepto y vanal intento de mostrar el regreso de una mitad perdida, a su malograda vida de infancia, para encontrar al hombre que nunca estuvo destinado a ser por mucho que se empeñe. Una buena caracterización, interpretaciones muy logradas, naturales y cercanas, que transmiten emoción, interés y una gran disposición en el espectador pero que no se ven reforzadas por la calidad de una historia que deambula y hace aguas sin saber de dónde sacar algo que mantenga el apego del ojo humano, la vista de un público que bosteza y decae lánguidamente. Triste no poder combinar la calidad de unos actores, de sus interpretaciones, con un guión a su altura. Imposible sustentarse con tan poco contenido!