domingo, 17 de agosto de 2014

Belle

"Lo correcto nunca puede ser imposible...,que se haga justicia aunque caiga el firmamento"
Película basada en la historia real de la sobrina negra y bastarda del presidente del tribunal supremo de Inglaterra en 1769 que se encuentra perdida respecto quién es, que no sabe a dónde pertenece ni cuál es su lugar junto a la importante y trascendente decisión de su tío en el caso de la apelación del navío Zong y de los esclavos arrojados al mar para cobrar el seguro y que supondrá el primer paso para cambiar las leyes sobre esclavitud y la consideración de seres humanos de los negros tenidos en posesión de mercancía.
Una historia de amor a lo Jane Eyre de timidez y recato en su apasionado carácter, en su admirable encanto y emotividad, el mundo de la sociedad londinense, de sus casamientos y todo su juego negociador para situarse social y económicamente en el lugar más favorable unido al drástico ímpetu de la justicia, de la lucha por los valores humanos y del atractivo irresistible de vivir conforme a principios sólidos y propios, un "Sentido y sensibilidad" combinado con "Ley y orden" servido con coherencia, adecuada gratitud y mucha consideración.
La magnífica, penetrante y bella interpretación de Gugu Mbatha Raw supone la sutil absorción de sus miedos, dudas, deseos y emociones, de su apertura al mundo real y su drástica valentía de confrontar la realidad, es la clave, centro del péndulo sobre el que descansa el poder, interés y resultado productivo de todo el relato pues los personajes que se mueven a su alrededor se resignan a ser precisos y adecuados, de perfecta óptima medida y patrón ajustado.
Limitada y circunscrita al marcaje de su veracidad documental, de su real exitir, su acertada y comedida presentación progresa formal y adecuadamente, con rectitud y digna aprobación, con la magia y el hechizo de los grandes y épicos relatos de esa maravillosa época, de su hermosa frescura y juventud a pesar de su edad y vejez, un óptimo y eficaz resultado que cuenta con el deleite debido, con una agradecida visión, con la dulzura de la ensoñación, el magistral enamoramiento contenido, esa locura y entusiasmo vividos con la conveniente pasión controlada.
Correcta, sencilla, armoniosa con un estilo moderado y precavido, mesura que con modestia y recatamiento arriesga y pone en juego todo su potencial, bonita y agradable, querida y afectuosa, grata y eficiente, un manjar exquisito y un placer esmerado sin excesos ni sobrante.
Salva las formas, cumple en su configuración, se aplaude el contenido, se aprecia el argumento, se estima la retórica verbal, se saborea su consistencia y contenta al personal, delicada y tenue luz que brilla, reluce y deslumbra con finura y exquisitez, que gusta, agrada y se disfruta pero que únicamente cautiva, fascina y embelesa dentro del corsé ceñido y acotado de su no ficticia narración, no a lugar a la inventiva recreativa ni la imaginación fantasiosa sin límites, aunque, tampoco lo necesita.



sábado, 16 de agosto de 2014

Gabrielle

¿Se puede poner vallas al campo? ¿Se puede evitar el acto físico natural de dos cuerpos que se atraen? ¿Se puede impedir la realización suprema, la máxima expresión corporal de dos personas que se aman?
Una narración sincera, honesta y veraz de la vida de Gabrielle, una persona con el síndrome de Williams que quiere ser tratada como una adulta, que aspira a tomar decisiones propias, a que dejen de decirle qué puede o no hacer y a sentir que es como los demás, el desesperante anhelo y deseo de ser "normal" si es que alguien es capaz de definir ese adjetivo.
El magnífico trabajo personal, emocional y cuidadoso de Louise Archambualt junto a la magistral interpretación de la canadiense Gabrielle Marion-Rivard quien padece dicha enfermedad y que, como la mayoría de ellos, tiene un don especial para la música -de hecho, es cantante- es el plato fuerte, interesante y atractivo de la película, ese marcado formato documental de su día a día, de la cámara como ese amigo invisible que convive y comparte las experiencias más íntimas de su existencia, de sus sentimientos y viviencias para poder entender y comprender algo mejor como procede su razonamiento, su forma de actuar, de ser y sentir, de descubrir sencillamente su cariñosa, ilusionada y positiva persona, quién es esta para-algunos-negada adulta que vive con pasión y arrebato cada minuto de su vida, máximo rendimiento a ese presente inmediato que se evapora tan rápida y fugazmente como ese segundo en el que te detienes a pensar en ello.
¿Es suficiente para despertar tu somnolencia, atrapar tu curiosidad y mantener tu atención?
No, sinceramente, pues es un trabajo loable y valioso, considerado y meritorio, de exposición modesta, natural y afectiva pero que no te lleva a lugar preciso ni a espacio motivante, un discurso bienintencionado y riguroso, de sensibilidad y respeto por estas personas pero que no despierta más aliento ni motivación que un sosegado mirar, ver y observar esperando llegar a meta clara y concisa y descubriendo que la misma es inconclusa y abierta.
Con la festiva música, la alegre armonía y la deliciosa coral de fondo ésta cubre muchos minutos de ausencia de tu atención y de pérdida de tu interés, inevitable consecuencia de un relato que simplemente narra por narrar y que no conduce a ninguna parte, ningún posible objetivo a la vista que no sea el de exponer y mostrar el esfuerzo y carisma, valor y empeño de su existencia, de su vida y de su estar pero que, por muchas simpatías, cariño y encanto que genere no deja de crear vacío, lamento y desengaño por no saber ganarse tu dedicación exclusiva y completa.
Porque si se está, simplemente, se está y sino mejor ni empezar porque por todos es sabido que..., si hay que ir se va pero ir para "na" ¡es tontería!
Informa, reporta y presenta pero no sabe extraer beneficio ni ganancia alguna de su laborioso y esmerado trabajo, un informe meticuloso, un estudio eficiente que no consigue adeptos ni patrocinadores.



viernes, 15 de agosto de 2014

Una cita para el verano

"Sabía que serías bueno..., lo soy para ti".
El nacimiento de una nueva pareja/la destrucción de otra, la inocencia, cariño y ternura de los incómodos inicios/la amargura, rencor y dolor de un final abrupto y destructivo, el patético sentir, el miedo incontrolable y el temor introvertido de una puerta abierta a la esperanza/la puñalada atroz, el existir agobiante y el recelo corrosivo de convivir sin ilusión y con la muerte angustiosa rondando el ambiente, felicidad/infierno.
Unas espléndidas, íntegras y cálidas interpretaciones mantienen el guión de esta obra teatral hecha película donde la correcta e invisible dirección de este magnífico actor -el por siempre respetado, nunca olvidado Philip Seymour Hoffman- deja paso a su brillantez como lector, intérprete y embalaje de su personaje, una habilidad exquisita que siempre ha demostrado en sus actuaciones y que aquí queda nuevamente de manifiesto y que junto a sus maravillosos compañeros de reparto forman un cuarteto que son el alma de toda la película.
Una preciosa y delicada música, una concisa fotografía urbana y una sutil precisión en los detalles importantes de cada fotograma para envolver un delicado y suave regalo de movimientos compasivos, lentos y apagados que por momentos se vuelven neuróticos y compulsivos y que conforman un ambiente perplejo, carismático y enrarecido que no acaba de seducir ni fascinar pero del cual tampoco quieres huir ni partir, un abrazo tierno, denso y enorme que no ofrece grandes emociones ni alienta profundos suspiros ni produce afectos inmensos pero el cual no deseas interrumpir ni evitar.
No es un gran relato, no es una historia inolvidable, no caldea el ambiente, no levanta pasiones ni emborracha de fervor ni promete entretenimiento sin pausa, simplemente ofrece reflexión, sutileza, hermosura y candor, un existir caótico, un evolucionar dulce y necesario, un resistir tenso y agónico y un imparable terminar/comienzo inevitable que da paso a la vida, al confort y a la grata comodidad de saberse en casa y, sin meritorio esfuerzo, comprendido.
Acabas enamorado de esta pareja estrambótica e indefensa que inicia su andadura con miedo pero sin vacilación, sufres la lástima y crueldad de quien ya no se ama ni respeta, dos caras que vives y sientes sentado desde tu personal anfiteatro pues nunca llega a perder su toque de lectura escénica que se observa y palpa desde la butaca.
Ni destaca ni se olvida, ni se recuerda ni pasa desapercibida, es compasiva pero no bobalicona, complaciente pero no suculenta, navegación feliz no completa en su diversión, una cita para el verano de agradable viaje que queda lejos de unas inolvidables vacaciones pero que es recordada con tierna sonrisa y alegre bienestar.
¡Ay, cómo se te echa de menos, neoyorquino perspicaz de gran talento, en la pantalla que nunca jamás volverá a ser testigo de tu gran arte!



jueves, 14 de agosto de 2014

Adicto (Puncture)

Dos jóvenes abogados, amigos de la universidad que todavía creen en la justicia y en el espíritu vencedor de aquellos que poseen la razón, uno más práctico y realista otro más enérgico y vitalista -en honor a quien se dedica y realiza el filme-, un inocente y un caso de injusticia moral, económica, de conciencia propia y de abuso de los más poderosos, el suculento David contra Goliat que envuelve todas las producciones cinematográficas que tratan sobre la ley y el conflicto de intereses de sus representantes legales y de los clientes en nombre de los cuales actúan.
Todo un cliché que no sorprende, una sucesión de pasos previstos, de juego de actos predecibles y de resolución sobradamente anticipada, suciedad, bruticia de los de arriba, de los que mandan que repercute en el ciudadano de a pie, en su salud y bienestar, en el trabajador que intenta sobrevivir, intimidación física, tentación económica, investigación espeluznante, frialdad en las negociaciones, resistencia heroica..., todo ello envuelto en papel de regalo de vidas humanas que dependen de como se solucione el conflicto.
¿Cuál es la novedad? Michael David Weiss, abogado/genio/tonto/hijo/hermano/visionario/playboy/loco/drogadicto/amigo, un respetado e impecable Chris Evans dando vida a un personaje que se sale de la norma habitual para este tipo de casos, un abogado peculiar y atípico con una vida catastrófica y feroz de comportamiento caótico y atropellado que malvive apenas para respirar y seguir de pie, con principios puros y dignos pero con una desastrosa y débil fuerza de voluntad y un gusto pésimo por infligir dolor y daño a su persona.
"A veces, la luz más brillante procede de los lugares más oscuros", emblema que se repite a lo largo de este relato falto de ritmo, pasión, intensidad y argumento, correcto y complaciente, adecuado y entretenido pero lejos de infundir adrenalina, locura, vértigo y tensión en el espectador, una "Erin Brockovich" de las jeringuillas auto desechables y del suministro utilitario de uso cotidiano en hospitales aunque sin su carisma ni encanto pero que, con todo, mantiene bien el tipo con un pulso estable sin sobresaltos ni novedades pero tampoco cansancio o aburrimiento perceptible.
Su visionado es sencillo, ligero, rápido y cómodo con la única expectación de qué barbaridad o estupidez hará a continuación el estrambótico y perdido héroe que protagoniza esta película.



miércoles, 13 de agosto de 2014

Y entonces fuimos felices

En tu búsqueda de algo-interesante-que-ver de repente te topas con una cinta de apariencia distinta a lo comercial cuya sinopsis adelanta un posible relato dramático fuera del circuito común extendido, con un novel director comparado con el estilo de Terrence Malick que, aunque no sepas que significa, suena bien y que anima tu decisión de escogerla entre tanta oferta a ver qué tal, a ver si hay suerte y transmite un poco de lo mucho sugerido.
¡Crash!, ¡grave error!
La película es principal y únicamente un grupo de chavales, dos hermanos en concreto -interpretados de forma intensa, profunda y soberbia por Ryan Jones y Nathan Varnson- y amigos adyacentes que dejan pasar los días y su largo e inacabable ocioso tiempo entre peleas, hurtos, juegos, paseos, situaciones de riesgo..., y unas malas y conflictivas relaciones familiares.
¡Cuidado! ¡No te precipites!, que la lectura de este escrito es más excitante que lo visionado, te lo aseguro.
Cada uno de los fotogramas, cada uno de los actos de estos jóvenes perdidos que no van a ninguna parte está rodeado de una inapetencia, desgana, actitud depresiva a la que, irremediablemente, acaba arrastrado el propio espectador, un no-tengo-nada-que-contar que aburre y hastía, un pasar el rato con largos silencios, monosílabos como diálogos, la insinuación de una atractiva y seductora muerte opcional ante el eterno desasosiego y un no-se-que-quiero que es utilizado por Daniel Patrick Carbone como excusa para contar una historia que no cuenta nada.
¡Tal vez éso sea todo un arte digno de valorar!
Yo sólo se que es cansina y aburrida, que mata lentamente y que para muestra de un cine de hermosos silencios, grandes y bellas imágenes, un decir corporal sin sonido ni palabras, narrar la grandiosidad cotidiana de nuestro pequeño día a día -en este caso la dureza y complejidad de la adolescencia en un medio rural- el cine japonés entre otros y no, este no-del-todo-malogrado pero si-poco acertado relato que, sí, cuenta con una digna y apreciada fotografía pero...,¡no se puede vivir sólo de eso!
La sugestiva y nostálgica máxima "...Y entonces fuimos felices" pasó de largo y ¡ni saludó! 



martes, 12 de agosto de 2014

El crítico

"¿Y si tu vida se convirtiera en la película que odias? ¿Por dónde saldrías de acá? Un divertido, peculiar e inteligente tributo a las comedias románticas, simplemente deleita a todos los fans, el argentino "Cuando Harry encontró a Sally". Un filme cálido, maravilloso, gracioso, lo que Scream al cine de terror.
Ésto y mucho más es parte de lo escrito para describir esta película y este singular personaje. En cuanto lo leí mi interés y atención por ella aumentó hasta cuotas que sólo serían saciadas y calmadas con su deseado y ansioso visionado.
He de admitir con amarga tristeza que aquí se cumple perfectamente el dicho no escrito de que cuando esperas algo con demasiada ilusión tu decepción está asegurada, te estrellas de bruces contras la indeseada sensación de fraude exagerado, de lectura grandilocuente en la venta de esta historia.
Porque este personaje es fiel a sí mismo, a la pesadez de su existencia y a la melancolía de un añorado pasado mejor durante la primera hora, rezuma una verborrea cínica e irónica fantástica, una atractiva presencia seductora que bebe de un inteligente guión que muestra a la perfección la desgana, inapetencia, desidia creativa de un crítico deprimido, cansado y hastiado de su trabajo, que ya no soporta el cine por su falta de originalidad y contenido vivo, por vivir de una cutrez, sensiblería ñoña y estupidez que no transmite nada.
Una comedia romántica mordaz y punzante que destroza el cliché típico y consumista de los personajes que conforman estos relatos, de sus absurdos argumentos y de sus archiconocidas escenas, poses, gestos, frases que se repiten sin remedio ni descanso una y otra vez.
Y, hasta aquí, genial, maravillosa lectura de sabia exposición, de atroz claridad y encantador reflejo, una penetrante interpretación de Rafael Spregelburd y un deleite de verdad deshilada echa añicos que rompe y destroza el éxito patético de estos filmes tontos y nimios.
Pero esta sensacional seguida, potente y exclusiva armonía de fuerza y empeño carismático pierde su ritmo al pasar nuestro angustiado y repelente crítico a ser el mismo protagonista incontrolado de sus temerosas angustias, todo un bobo pelele y feliz enamorado de amor.
Porque aunque refleja con audacia los pasos no escritos pero por todos conocidos que seguirá este nuevo adoptado al reino de la sensiblería y el enamoramiento facilón se olvida de la pasión, entrega ferviente, explosiva fuerza apasionada que debe mostrar todo relato de amor, de la calentura febril y ardor irresistible que atrapa, emociona y cautiva tu alma.
A pesar de la grata y fresca compañía femenina en esta aventura caótica de nuestro anonadado y perdido hacedor de reseñas, de la burla ingeniosa y la parodia estupenda y sagaz a este tipo de género se deja en el olvido el soñar, el volar, la hipnosis adorable, el sublime poder de la creencia ilógica, presentar con vivacidad y verosimilitud ese triste y condenado amor que va a despedazar.
Esa bajada de intensidad y de nivel provoca la pérdida y desconexión de tu ser, tu persona y de tu intenso y marcado interés inicial para terminar con una sensación desaborida, inapetente y no complacida de su visionado conjunto, satisfacción desganada dada la energía e ímpetu con el que inicias el viaje.
Un ejemplo reiterativo de crítica: 4 estrellas -butacas como diría nuestro fatídico y trágico melómano- público sin entender el por qué de tanto estrellato.
¡Un cliché más como las exitosas, veneradas y aquí, vapuleadas, comedias románticas! 



lunes, 11 de agosto de 2014

César Chávez

Lees el título y capta tu curiosidad, le echas un vistazo a la sinopsis y se pone interesante, luego ves la película y te preguntas dónde está la adrenalina, la pasión, el fervor, la gran tensión que se vive y siente en toda revolución, en toda lucha por los derechos, en toda sublevación.
Porque aquí observas la narración de los hechos, el transcurrir de los acontecimientos sin apenas fuerza o estímulo, garra o nervio, reconoces el mérito de lo logrado, intuyes la importancia de lo conseguido pero con una pasividad y una neutralidad que no son dignas de lo contado.
¡Hay más ruido y movimiento en mi casa cuando muevo los muebles para pintar o quitar el polvo que en este filme mexicano basado en historia viva de trabajadores agrícolas ignorados durante más de un siglo en tierras californianas!
Porque Diego Luna ha realizado un trabajo correcto y adecuado, conveniente y justo pero ha olvidado insuflar alma, aliento, energía, proveer de vida a su relato, condición imprescindible para convertirlo en algo más que una cronología informativa sobre César Chávez y su magnífica lucha por los derechos de los campesinos.
Le falta sabor, carácter, estilo, analizas cada uno de los elementos y todos consiguen un aprobado y un mínimo respeto pero ese nunca puede ser el objetivo final de ningún proyecto pues cuando se elige una película nunca se busca conformarse con algo medio y correcto, cuando ruedas un filme y te involucras en un proyecto histórico relevante por el triunfo de su hazaña no puedes permitir ese suspiro de aburrimiento, esa sensación de cansancio que planea de fondo y que te aleja de sentir la emoción, vivir el desenfreno, palpar la obligada tensión, incertidumbre e incógnita que fluye en todo levantamiento social.
Tu interés se irá apagando, tu atención irá decreciendo hasta adquirir una calma estable y tranquila producto del adjetivo "correcto" que caracteriza y define toda la historia.
Ver sin sentir, escuchar sin emocionarse no es lo más deseado ni la definición ideal para recomendar una película pero..., lo mires por donde lo mires ¡es lo que hay!, lo presentado y ofrecido por Diego Luna en su cuarto trabajo como director.
Sencillez en demasía, plana y llana en exceso, un pulso narrativo demasiado lineal que no altera nada. 



domingo, 10 de agosto de 2014

Miss Sinclair

¿Qué hace Julianne Moore haciendo esta película?
Porque, al menos, la comedia romántica "El novio de mi madre" que realizó Michelle Pfeiffer enamorándose de un jovencito en la madurez era divertida, fresca, rítmica y ágil. 
Aquí, empezamos con una voz en off que presenta a una maestra cuarentona que a pesar de su inteligencia y éxito académico no ha sabido encontrar el amor, que posee una vida triste y solitaria ocupada en regañar a unos estudiantes que no la respetan, una existencia ingenua, absurda y apagada por no poseer un marido ni haber vivido ese romance apasionado con el que siempre había soñado y..., seguimos con un montón de drama barato, diversión cero, situaciones nimias y torpes, contenido vulgar y soso, diálogos tontos y aburridos, ridiculez extrema en las escenas y una gracia ausente que nunca tuvo la sabiduría de aparecer que te hace preguntarte..., ¿qué hace Julianne Moore haciendo esta película?
Decir que los personajes son un cliché es ofender a todas las comedias románticas tontas, ridículas y vulgares que le han precedido, adivinar los sucesos y su final es de tal vergonzante previsión que para qué intentarlo y tu espasmo, asombro y desengaño llegarán al límite de lo nunca visto.
No es que no atraiga tu atención, no es que no sea floja y débil, no es que no sea superficial y vacía, estúpida y boba..., es todo eso y ¡mucho más!
De modo que mi pensamiento no puede salir de este bucle cerrado que repite y repite sorprendido, anonadado y sin explicación o respuesta posible para su incómoda y molesta pregunta incesante..., ¿¿¿qué demonios hace Julianne Moore haciendo este bodrio de película???



Secuestro (A hijacking)

Veracidad, verosimilitud, tensión silenciosa, desesperación angustiosa..., Tobias Lindholm, en su marcado y característico estilo propio, vuelve a conseguir -ya lo hizo en la fantástica "La caza"- una combinación de elementos explosiva e inquietante, toda una bomba de relojería manejada con sumo cuidado y mucho arte que a fuego lento, ritmo pausado y sin excesivo ruido crea una expectación ambiental amarga y dolorosa, la ruindad de no tener el poder o control sobre tu persona, de una horrible y terrorífica dependencia terrorista cuya duda resolutiva te corroe por dentro y abrasa tu sensibilidad más tierna y sentida por su crueldad.
Un contexto frío y espeluznante, muy bien definido por sus tres partes -agresor, víctima, negociador- con una percepción caótica muy conseguida gracias al uso alternativo de los tres lenguajes que se manejan y la vivencia extrema, hipnótica y feroz de sobrevivir al secuestro de piratas marinos y resistir a las interminables negociaciones para el pago de su rescate y posterior liberación.
Cuentas con escasa información, un cuentagotas desquiciante de perturbadora ansiedad, un mínimo conocimiento de la situación que aporta incertidumbre, duda y miedo y que logra que te integres y vivas el fabuloso y preocupado papel agónico del jefe danés -una magnífica interpretación de Soren Malling que corta la respiración, congela tu alma y martillea sin piedad o compasión-, una potente carga emocional contenida y unas conversaciones eternas y dilatadas en el tiempo de forma exasperante para llegar a buen puerto con todos a salvo que resultan cortantes, frustrantes y que desquician y nublan tu buen juicio, hieren amargamente tu introvertido y apagado silencio antítesis del ardor, desasosiego y fervor que te carcome por dentro.
Aquí no encontrarás el comercial y vendible "Capitán Phillips" ni a un Tom Hanks que atraiga al público ni acción o adrenalina que llene tu vista, vas a descubrir un conjunto espléndido, muy esmerado y de gran precisión, una labor perfeccionista de magníficas interpretaciones -fabulosa la vivaz e impactante actuación de Johan Phillip Asbaek como cocinero indefenso y aniquilado, vacío de toda su esencia y persona- que va haciendo su camino con silencios atronadores y un andar agotador por su arduo y quebrado avance que de forma gradual, con una áspera y ruda captación y una seria exposición de enfriamiento y devastador efecto hace mella con quietud imperceptible e indolencia sutil y va consumiendo y desgastando todo tu interior como una inocente víctima más, un escalofriante horror, mudo sentir de efecto lento pero profundo, demoníaco picante que apenas percibes pero captas en la incómoda y molesta digestión.
Su tranquilidad pasmosa, su frialdad robótica y su proceder automático de gestos y pasos calculados es lo que más impacta, hiere y asombra dada la relevancia y magnitud de lo que está en juego: siete vidas humanas que pueden dejar de existir si te equivocas en tu decisión.
Singular, exclusiva y de hondo calado, verídico testimonio del proceder en estas situaciones.



sábado, 9 de agosto de 2014

Chef

¡Qué importante es tener buenos amigos!, ¡buenos amigos que cubran tus espaldas y tapen tus carencias!, porque sin ellos aquí sólo habría ¡mucho ruido y pocas nueces!, y créeme, ¡hay mucho, mucho ruido!
Simpática, alegre jovial y refrescante la primera hora, cansina, predecible y poco absorbente el resto de los minutos.
Mucho nombre famoso, mucho actor conocido para acompañar a Jon Favreau en su aventura como director, guionista y actor principal en una comedia romántica-familiar entrañable y dulzona, resultona y atractiva que se rodea de un exquisito colorido alimenticio y de una música bailona, amena y pegadiza que es la decoración que envuelve un plato de gusto medio y sabor ocurrente y divertido que entra con placer, ilusión y ganas pero que acaba empalagando por su cantidad y hastiando por el olvido y la pérdida de su sabor inicial, de su novedad y seducción de arranque.
Porque sí, no ofrece el menú típico de cualquier restaurante de esta índole -no es el argumento soso y empalagoso que suele verse en estos relatos-, porque sí, se atreve a tratar las relaciones paterno-filiales, la tirante comunicación crítico-chef y los avances positivos del uso de la tecnología actual para innovar y crear nuevos mercados y oportunidades de movimiento con respeto, dignidad y sabia frescura, porque sí, tiene acierto y buen ojo para mostrar todo su trabajo con inteligente ligereza, agilidad encantadora, diversión grata y ritmo guasón, una recordada noche de fiesta, de locura y fervor pero..., se deja llevar por su propia hipnosis y emoción, por su propio encantamiento y pasión pues el contenido de este menú no da para una cena suculenta y maravillosa, para tantos platos y comensales, alarga en demasía un guión que no es capaz de cubrir tanto tiempo ni espacio y cuyas debilidades son cada vez más obvias pasados los 60 minutos donde comienza a surgir la sensación circular y monótona, cansina y agotadora de no avance, de pérdida, inapetencia, desinterés y desconexión, por querer que acabe una comida que ya está saturando tu estómago e incomodando tu paladar.
Se olvida que un fabuloso postre redondea y perfecciona una exquisita comida. Aquí el postre sólo significa que ya puedes levantarte de la mesa y seguir a otra cosa. 
Acotación: si después de probar cualquiera de los platos que aparecen en este filme tus venas y arterias no revientan o se suicidan por la subida de grasa y colesterol..., ¡tendrás suerte!



viernes, 8 de agosto de 2014

Mil veces buenas noches

El fotógrafo de guerra, ese ojo avispado que todo lo ve pero que sólo elige lo específico, esa concreta imagen espectacular que a un sólo vistazo resume y muestra las consecuencias horribles y espeluznantes del conflicto vivido, que expresa la rabia e impotencia de unos hechos que se observan en el periódico mientras se está desayunando pero que sólo inmutan esa fracción de segundo, apenas perceptible, que se tarda en pasar la hoja y fijar la atención en el siguiente escándalo.
Un ladrón de almas anónimas que con su cámara como arma más mortífera alecciona a esa parte del mundo que prefiere mirar a otro lado, ignorar ese cruel testimonio en papel cuya imagen desgarra toda humanidad sensible y paraliza la respiración de todo ser viviente.
La película se centra en el debate interior de quien ha nacido para ejerce esta profesión, en el fuerte carácter/pasión incansable/potencia intuitiva/egoísmo personal de quien sabe que está haciendo sufrir a sus seres más queridos, que reconoce la espléndida familia que está perdiendo, que admite el alto precio que está poniendo en juego y el riesgo de arruinarlo todo, de entregar su vida física/emocional/familiar a cambio de unas espectaculares fotos que, por sí mismas, deberían congelar todo el desierto pero que sólo consiguen quitar el polvo incómodo de quien se sabe seguro y a buen recaudo en la ventajosa parte del mundo donde ha nacido, la suerte injusta de un beneficioso nacimiento en el lugar adecuado que permite mirar con desdén frío y ojos inalterables la realidad horripilante que otros están viviendo.
Juliette Binoche es toda la historia, su maravillosa/sensible/cautivante interpretación que seduce la cámara y fascina allá donde vaya, muestra exquisita de su más que demostrado buen saber hacer que emociona al público y captura con vehemencia no permitida tus sentidas reacciones.
Se centra en el dramatismo de elegir entre los dos mundos en los que se mueve, en la tirantez con un marido que no puede retenerla a su lado, en la angustia de unas hijas desconocidas, en el no saber por qué pero no poder evitar accionarse al ver la injusticia, activarse al presenciar el mal y olvidar en un segundo pero con remordimiento pensativo de fondo oculto muy denso y pesado todo el propósito de enmienda que había prometido.
Su principio es muy impactante y escalofriante, explosiva revolución que opta por apaciguarse y desviarse por la línea sensible, la afectividad y frustración de quien quiere complacer a los que ama pero muere en la rutina diaria, que necesita del riesgo/velocidad/adrenalina de retratar la guerra en primera persona y exhibirla a un mundo sabio pero ignorante por conveniencia.
La emotividad de unos ojos cansados, de un alma inquieta inundan la pantalla, sentimientos de tristeza, rencor, odio, amor, resentimiento, comprensión cubren el paso de los minutos, fingida devoción por una vida segura y tranquila y suspiro anhelado por el recuerdo del conflicto que se está perdiendo.
Combina marcados momentos de un efectivo análisis y estallida penetración en una profesión dura, atroz y costosa con otros de alta sensiblería y suavidad melosa, aventura y frescor, empalagosidad y encasillamiento cogidos de la mano, atrevimiento y osadía que conviven en una armonía irregular con la estampa del clasicismo y la lágrima fácil.
Su resolución no sorprende, su evolución no impresiona pero es una trabajo realizado con gran dignidad, cuidado y esmero que fascina por momentos, pierde por otros, atractivo interés ganado que se desliza hacia el relato acomodado y emocional todo ello abanderado por una excepcional Juliette Binoche que compensa cualquier pero o lamento surgido.
Recompensa con esquivos, satisface sin agotar todas tus pretensiones, un consumo más digestivo de lo esperado dado el grado de picante añadido.



jueves, 7 de agosto de 2014

Odd Thomas, cazador de fantasmas

Acabo de ver una película sobre una más que posible serie juvenil que, perfectamente, podría existir con éxito más o menos calculado lo cual sería aceptable sin más si no conociera los trabajos anteriores que firma este director que me llevaron a pensar que este filme escondía más de lo percibido a simple vista. 
Porque hay demasiada distancia entre "La momia" y este chaval simpático de mucha verborrea que ve fantasmas por doquier con cierta gracia y salero y, aunque no aspiraba  a la emoción y adrenalina de la primera, tampoco quería conformarme con un producto ligero y tibio propio de sobremesa de televisión o, como mucho, carne directa de DVD.
Es entretenida y amena, ágil y divertida en términos muy acotados pero sus pretensiones son demasiado discretas y comedidas, no afianza con precisión y firmeza al protagonista -a este adolescente con habilidades múltiples que aspira a héroe juvenil de masas- y, el juego de descubrir todas las piezas para encontrar el asesino y salvar al mundo no es muy apasionante ni atractivo.
Intenta tener un mínimo de todo, diversión y humor-miedo y temor-amor y ternura-pánico y susto, una aventura diligente y tenue que quiere beber un poco de cada género pero que al final consigue un sabor de-todo-un-poco/nada-bueno-en-concreto, nada que valga la pena destacar.
No es que sea mala, no es que no entretenga ni sirva como distracción temporal, sirve perfectamente para ello, para pasar el rato y tomárselo con suavidad, soltura y benevolencia, sin demasiadas expectativas ni complicaciones argumentales pero para Stephen Sommers, un director que viene de varios blockbusters de éxito en la gran pantalla, no deja de sorprender que ofrezca este simple y menor trabajo que gusta y agrada pero parece más propio de un director novel que quiere coger experiencia.
El poco interés con el que escribo esta crítica es el mismo desinterés con el que vi la película, se escribe rápida, sencilla y con facilidad pero con gran ausencia de motivación o de querer ser perspicaz en el escrito dejado.
Se puede ver sin más, se visiona sin problemas, con agradable entonación y rítmica sintonía, otra cosa es que tanta simpleza y nimiedad, tan pocas aspiraciones te valgan y sacien tus demandas de ese momento.
Se puede hablar de un Willem Dafoe que siempre cumple, de un Anton Yelchin como nuevo cazafantasmas juvenil que se esfuerza en realizar un buen trabajo, de escenas sin descanso una detrás de otra como el AVE que pasa y no deja huella, de una fotografía urbana decente, de sonrisas amables que no llegan muy lejos en un espectador relajado y cómodo, de ninguna intensidad apreciada en cuanto a sobresaltos, misterio o enigma, etc,etc,etc..., pero la desgana se apodera de mí! 



miércoles, 6 de agosto de 2014

El gran cuaderno

La evolución de dos chavales desde su tierna, querida y robada infancia a su transformación en dos animales de presa crueles y espeluznantes que corta la respiración y hace daño a la vista.
Un manual de supervivencia extrema que proviene de la propia y agónica experiencia, convertir el dolor/hambre/miseria/maltrato/el abandono en arma mortífera de resistencia y fuerza de voluntad, sobrevivir y soportar las horribles vicisitudes de la vida al precio que sea.
Dureza/aguante/valor/esfuerzo, un Frank de la jungla despreciable y asfixiante, un Huckleberry aterrador y frustrante, un horripilante Diario de Ana Frank que se queda corto ante la posible sensibilidad y emoción que puedas imaginar o recrear.
Su visión es impactante y desagradable, tanta maldad e injusticia concentrada en dos inocentes víctimas de la guerra es difícil de digerir, arduo trabajo que provocará una incómoda sensación de malestar ante las imágenes mostradas, vomitivo mareo interno que anula y paraliza todo tu pensamiento, desesperada y agonizante conciencia de soportar la amargura y el abuso, el coraje y el empuje de alimentarse de la humillación, de la rabia, de la perversidad, olvidarse y matar la ingenuidad/alegría/cariño/amor vividos hasta entonces y beber del odio/rencor/venganza, la masacre perceptiva y emocional que soportan día a día.
Desnudez gravitatoria que impresiona y congela tu alma, dieta del abandono y la ceguera sin corazón, una visita al museo del horror, las penurias, escalofriante muestra que hace suyo el lema "El dolor os hará fuertes" que desarma todas tus emociones e impacta de forma horripilante y ante cuya frialdad escénica, áspera recreación y perversa actitud tu sobrecogimiento será catatónico y devastador.
Imposible prestar atención al guión, dirección, fotografía..., a los detalles que rodean la existencia de estos dos hermanos gemelos arrojados al infierno de la incomprensión y el olvido caritativo, simplemente sobrevive a tal catástrofe humana y a tal crecimiento indeseable y ruin.



martes, 5 de agosto de 2014

Viajo sola

Un símil, paralelismo sobre la vida en formato de guía turística de hoteles de cinco estrellas soso, inerte y en exceso insignificante.
Porque una cosa es la sencillez y simpleza que invitan a obviar el escaso decorado y centrarse en el a menudo profundo contenido; otra cosa es ser simple, llano, inerte e inapetente y únicamente invitar a tener dinero para poder permitirse el deseo y lujo de visitar dichos hoteles y lugares.
Viajo sola es el recorrido personal que elige nuestra protagonista, la soledad e independencia como elección principal de muchas variadas alternativas donde su espacio propio y disfrute de sus prioridades son el motor de arranque, billete de salida que activa ese avión que te mueve alrededor del mundo.
Una mala época, hechos imprevistos, la duda incómoda y confusión angustiosa de sentirse una extraña entre sus seres queridos y familiar entre desconocidos empleados de hotel le llevan a replantear toda su estructura, a cuestionar sus decisiones, a negar y rechazar su ya formada realidad.
Todo ello realizado con adecuada corrección pero nula adrenalina, correcta neutralidad de efecto mustio, nimio y espontaneidad cero que invita a dejar de mirar la pantalla e ir a comprar una guía turística en formato de papel, a obviar su línea continua de efecto dormido y desdén indiferente y planear con la pareja el destino de las próximas vacaciones.
El atractivo planteamiento sobre la incógnita de la existencia de la cual se disfruta a edad madura, lugares de ensueño y fantasía, interpretaciones serenas y dignas, loable y respetada presentación de sus dos mundos paralelos, combinación pulcra y excelente del trabajo y la vida personal, del silencio escogido y del ruido obligado, de la ordenada rutina fructífera y del neurótico caos imprevisto realizado con poco nervio, escasa garra y seducción ausente.
Porque el personaje no transmite interés ni sustancia ni deseo, sólo un escaparate de visión inalterable que aprueba por la distribución apropiada de todos sus elementos pero que cuenta con poca gracia, nulo encanto y una evidente planicie sin dibujo, altibajos o virajes que te puedan distraer o alegrar su monótona proyección.
No es buena ni mala ni progresa adecuadamente ni se estanca en una inmovilidad perenne, simplemente hay ausencia, ausencia de emociones y parálisis de sentimientos de un espectador que ve pero no siente, que observa pero no vive, que mira el transcurrir de los minutos hasta llegar a una resolución obvia, clara y nada excitante.
Furtivo estilo y robada ocurrencia que anulan cualquier posible afirmación sobre su grata complacencia, decorosa presencia y gustoso trato.
Olvido nunca olvidó su objetivo; Maria Sole Tognazzi nunca encontró el momento adecuado para recordarlo.
Hizo bien sus deberes pero nada salió como se tenía previsto, no para un público ávido y ansioso de mucho más.
Es mejor pasarse de largo que quedarse corto de alcance; lo primero tiene arreglo, lo segundo no.



lunes, 4 de agosto de 2014

Anarchy: la noche de las bestias

Saldrás del cine más contento y encantado que en la visión de su hermana menor, más agradecido y satisfecho que en la impactante y novedosa presentación de lo que se intuye va a convertirse en una saga sin fin a menos que le abandone la taquilla.
Por tanto, las comparaciones son inevitables y espontáneas, tu mente mira hacia su pasado original en busca del recuerdo desdeñoso o fructífero que le confirme el avance y mejora del planteamiento o su funesto retroceso.
Así que, ¡vamos a ello!
En la primera, los hechos transcurrían dentro del límite comprimido de una casa; para esta ocasión, se ha trasladado a la amplia y devastadora calle/ciudad que da mucho más juego.
En la primera, se centraba en el ataque y protección de una única familia; ahora, la violencia se ha ampliado a terrenos más vastos y extensos.
En la primera, no había mensaje oculto de fondo para la agresión física, ésta era azarosa, malvada causalidad de escoger tu vivienda como bola ganadora del bombo del demonio y la ansiedad asesina; aquí, se observa un discurso anarquista que invita a la revolución sangrienta de los pobres, débiles e indefensos trabajadores contra el mal corrosivo del capitalismo, de una economía hecha para beneficio exclusivo de los ricos y del poderoso señor Don Dinero.
En la primera, el peso interpretativo recaía sobre un Ethan Hawke que manejaba los hilos y defendía el fuerte; en la presente, se observa un reparto más amplio y destacado donde cada uno adquiere su momento de deslumbre, esos cinco minutos de gloria para ser valorado y pasar a la historia del olvido inmediato.
De anticipado sabes e intuyes con absoluta certeza que aquí habrá más explosión violenta, más crueldad intolerable, más horror espeluznante, es decir, que se habrán explayado a sus anchas y a expensas de su inventiva imaginación pues la fantástica e inolvidable idea del guión ya es conocida, se repite la escalofriante presentación inicial del ritual permitido legalmente de masacres, torturas y asesinatos a gusto del que lleva el arma; aún así, se hecha de menos más acción física, más pelea de arma blanca y de contacto cuerpo a cuerpo, un letal y agresivo tú a tú y no tanta persecución y disparo por doquier.
Entretiene, impresiona y sales convencido de la sala del cine pero, pasados los minutos y tras su análisis, charla con los amigos y recordatorio de lo compartido empiezas a descubrir sus carencias, debilidades de un argumento que podía haber sido más poderoso y suculento, abrasivo y sobrecogedor en la exposición y venta de la odiosa y, para algunos natural, maldad humana pura y aborrecible con el único stop del paso de las horas.
En cambio, aunque su exhibición agrada, estremece y conmociona no es tan brutal ni aplastante como hubiera planeado la mente de un diablo mezquino, se vislumbra un deje moral y camino hacia la sensiblería que no desagrada ni molesta pero interrumpe y frustra el camino al paraíso del dolor, el odio, la rabia y la furia. 
Se disfruta y consume con placer pero no le han sacado todo el partido al sadismo, el miedo, la tensión, la crueldad, el acojone del caos, la pérdida de la razón, la adrenalina del poder glorioso de quitar una vida, de convertirse en Dios y verdugo del mundo.
Es una muestra reducida, de modesta aceleración y velocidad restringida sobre el infierno martirizado y atormentado que es capaz de recrear el escabroso ser humano cuando se pone a ello y le seduce el lado oscuro.
James DeMonaco no ha sido tan malvado como se esperaba, el recreo ha sido divertido y genial, gustoso y complaciente pero la delicia, fascinación del mal y su atractivo cautiverio son de mayor intensidad, de mayor hipocresía, de mayor espectacular jolgorio.
Ha crecido y mejorado pero aún no llega a sobresaliente.



domingo, 3 de agosto de 2014

The amazing Spider-Man 2

No se nada del cómic, no he leído ninguno ni conozco dicho mundo pero, sin duda alguna y como simple espectadora que busca entretenimiento y distracción, pasar un simple -y muchas veces complicado de conseguir- buen rato, éste es el hombre araña más genial y fantástico, descarado e insolente que he visto.
Fanfarrón, bromista, cachondo y muy ligero, fresco y divertido junto a audaz, brillante, irónico, ocurrente, emocionante..., reúne unos estupendos adjetivos positivos que, unidos a la diferencia cronológica de la narración respecto lo visto hasta ahora, los siempre presentes y agradecidos efectos especiales y la combinación amena, graciosa e ingeniosa de personalidad, espectáculo, emotividad y accion consiguen una mezcla mucho más efectiva y funcional, explosiva e impactante de lo que hubiera esperado.
Simplemente estoy encantada, maravillada y asombrada por la grata sorpresa recibida.
El deseo de ver otro remake de Spider-Man resultaba cargante y pesado, una losa fatigosa que no estaba dispuesta a asumir pero los responsables de este magnífico blockbuster han pensado más en el atractivo comercial, en la llamada espectacular, en la estética deslumbrante, en realizar una venta gustosa, sabrosa y sensitiva que hipnotice al público y atrape sus sentidos más queridos.
Sin saber si respeta al dibujo original, sin conocer el grado de desvío respecto el auténtico superhéroe ésta respira una dosis pequeña de cada uno de los elementos necesarios para admitir con alegría, genialidad y sin atisbo de tristeza, pena o arrepentimiento que lo he pasado en grande y ha valido la pena el tiempo dedicado a su visión.
Ironías de la vida y de las suposiciones erróneas y estúpidas tengo una sonrisa en mi rostro y una placentera sensación de bienestar.
¡Bravo por ello!
Recordatorio para lectores confusos: recuerda..., ¡es Spider-Man!, no busques lo que no hay ni interpretes lo que no está escrito.



Hawaii

Una canción de Jarabe de Palo reza "...,cuando uno quiere beber y el agua no está cerca, cuando uno tiene sed y el agua no está cerca, serio problema...", pero qué pasa si el agua está cerca, al alcance de tu mano, ¿por qué no beber?
Entre la primera frase y la segunda pasan 15 minutos lo cual da una idea de cómo va a discurrir la historia, ese larga/frustrante/deliciosa espera, tango hermoso de compás medido y armonía perfecta para saborear ese exquisito y anhelado H2O que sacie tus sedientos deseos y complazca a tu alma dubitativa.
Como un privilegiado e ilustre ignorante observas con cuidado y devoción el irresistible caminar, lento y pausado, de esta súbita pareja que expresan con cálidas/penetrantes miradas lo que no dicen con palabras, una ardiente y callada evolución desde el prevenido interrogante de todo nuevo inicio, al seguido y curioso interés personal y análisis físico cuya respuesta desemboca en la pérdida de las mentiras y en una apertura a la verdad sincera que nada oculta para finalizar en un miedo escénico, pánico protector que ansía ese contacto carnal, manifestación plena de todas las maravillosas y explosivas emociones que comen y devoran un interior desgarrado de amor y que desespera ante la nulidad de su voluntad y la parálisis de su miedo.
La interpretación de ambos actores es de tal desnudez, de tal perceptiva calidez tierna y magnífica que es imposible esquivar sus efectos, su bello lenguaje no dicho y su suave provocador movimiento.
Planos cortos y fijos, directos al objetivo querido que analizan cada silencio y espera con melancolía, seducción y asfixiante descanso y que enfocan con tensa paciencia y sutil delicadeza un escondido mensaje, un abrupto y atractivo secuestro de los desesperados y retenidos sentimientos que mueren por salir a la luz, gritar al viento su bella composición y encontrar, definitivamente, su acomodo en el cuerpo del otro.
Historia ideal para mirones sin complejo, estudiosos de la observación, investigadores de la quietud, analizadores del verbo no pronunciado, todo un sublime catalizador de lo no expresado, de lo nunca comunicado que encuentra necesarias vías alternativas para andar y consolar a su afligido e inquieto corazón.
¡Soy el rey del mundo! vociferó en callado silencio en la soledad de su trono.
Majestad, permitirme abrir las puertas de palacio y conduciros al espléndido mundo de la comunicación innecesaria, del deseo satisfecho y del amor correspondido, a la alegría inmensa y el profundo suspiro de saberse amado, al olvido de penurias y miedos y al disfrute del placer sabroso y suculento de todas las incontrolables endorfinas que nuestro cuerpo exhuma cual animal liberado de su cárcel opresiva.
Bella por la intimidad que insinúa,  exquisita por su calmado caminar, por olvidar unas prisas inoportunas que estropean y rompen el hermoso encuentro de lo deseado y por optar por la fascinación del tiempo que no transcurre y del espacio que no avanza para descubrir con deliciosa incredulidad que has llegado a ansiada meta con la recompensa de la felicidad completa.