lunes, 20 de octubre de 2014

Aire libre

"Ya no existo para ti, ¿verdad? ¿Y yo? ¿Existo para ti?", herida más mortífera que dejar de amarse.
Camino a la perdición emocional de una pareja avenida, autodestructiva relación de incremento dañino en el día a día, sutil y delicada plasmación de la distancia hecha presente, de la agresión involuntaria surgida espontáneamente, tensión, desespero, aborrecerse mutuamente, una lentitud en los pasos y en la observación de sus andares que lleva a la pesadez y lejanía de su pobre comunicación, a la ignorancia mutua, al olvido de lo que les une, a no compartir nada excepto el amor por un hijo y la supuesta construcción de su hogar al tiempo que su relación se va a pique con un genial paralelismo de la reconstrucción fisica de su futura casa mientras ocurre la demolición emocional de ellos como núcleo parental y pareja avenida.
Interpretaciones sensibles, cercanas y sentidas, palpables en su escondido rencor, en su frustración enérgica, en una creciente rabia de poderío voraz que busca víctima inocente a quien golpear, para un 
guión que sin grandes gestos ni virajes de espectáculo potente expone el colapso de una vida compartida y la explosión inevitable para poder respirar, para dejar atrás esa contaminación ambiental que supone el compartir espacio y encontrar aire libre, un argumento que se mueve a cuentagotas en su mortecina rutina, que se desplaza sin ruido ni apenas movimiento y que busca tu atenta y voluntaria mirada pues su anonadada sencillez y entumecimiento de sus gestos expone la ruptura del viaje compartido, esconde una verdad atroz y resistente, el arte de decirlo todo sin expresar nada, ese letal observar silencioso que es fácil  abandonar y dejar atrás pero que expresa con humildad, contundencia y sin escándalos de show atractivo el derrumbe de un proyecto en común, la falta de respeto mutuo donde una vez hubo amor y la vorágine en caída descendente y sin control hacia la agresión recíproca y un desesperado intento de reconstrucción de lo que, minuto a minuto, se cae a pedazos.
Una historia sencilla y común, conocida y familiar, sin sorpresa repentinas ni opulencia representativa, honesta y sobria en su exposición cuya atención demandada es, a la par, fácil de otorgar-fácil de perder pues su oferta es sincera, pasiva, de visión inerte, la simple grandeza de mostrar una relación agonizante que muere lentamente hasta rozar la línea de convertir su olvidada pasión y delirio en odio bilateral, ausencia comunicativa de graves consecuencias que seduce o aburre al mismo nivel pues no tiene importancia ni destaca en su rutina de lo cotidiano pero es única en la historia personal de esta familia que se evapora en el aire y pierde su rumbo inicial de partida.
Energía oculta en forma de desasosiego, externa calma de andar pausado que esconde su tensión, tirantez en su ávido interior, tranquilidad de amargura envolvente que puede cautivar tu interés o desesperar tus anhelos y apetencias, una envoltura aquietada de sufrimientos afines que motiva o anula por igual, fifty-fifty, por tanto, un aprobado neutro en su resultado para unos personajes corrientes que no sacian tu apetito ni colman tu digestión aunque, la distendida recepción de su ira en aumento nutre lo suficiente para permitir una visión cómoda y serena de propensa estabilidad, vívida ironía vigente dado el caos emocional que expresan sus protagonistas.
Gusta por su nivelado equilibrio sin ansiedad latente o adormece, justamente, por lo mismo, tanto monta-monta tanto.



domingo, 19 de octubre de 2014

The equalizer

"Los dos días más importantes de tu vida fueron cuando naciste y cuando descubres por qué"; los dos momentos cruciales de esta historia fueron cuando se tuvo la idea y cómo se decidió llevarla a la práctica.
¿Qué te atrae de esta película? Su protagonista, su esperada acción y que está basada en una serie de los 80 del mismo título más el aliciente de un director que ya ha demostrado su valía en anteriores trabajos.
¿Qué obtienes? Un Denzel Washington elegante, pulcro y perfeccionista de su personaje que sabe explotar la jugosa combinación calidez de una mano amiga-frialdad de la mano ejecutora, una acción -¡cuando por fin aparece!- limpia, cortante, impactante y muy efectiva en su precisión visual y efecto artístico y..., muchos minutos de prolongación inagotable de película que sobran, que resultan pesados y cargantes y que estropean lo que hubiera sido una delicia si hubiesen ubicado con concreción sus objetivos y dejado de añadidura de tiempo que amplia innecesariamente el espacio alentando el hastío, el cansancio y las ganas de que se los cargue ya a todos y acabemos de una vez.
Porque aceptas de antemano el cliché preparado, víctimas humildes de gran abuso e injusticia latente que revuelve las carnes -en realidad las situaciones planteadas son bastantes ñoñas, débiles y carentes pero, te da igual, vamos a lo que vamos-, un malo espeluznante al que hay que cargarse y ahogar en su vómito, ¡no hay otra! -el toque ruso y la excentricidad de su habla un tópico sobrante de poca imaginación- y, un caballero héroe justiciero siempre ex-miembro de la CIA, espía retirado o lo siguiente similar que se les antoje que despierta de su somnolencia voluntaria ante tanta maldad y crueldad sufrida por los que le rodean -la verdad, no es para tanto- y encadena una sucesión de pasos que ya no podrá detener convirtiéndose en el tío bondadoso, el vecino familiar querido al que acudes veloz en busca de socorrida ayuda.
¿Resultado final? Veamos..., después de una presentación tediosa, lenta y larga de la situación y de la cariñosa y apacible convivencia llega el primer toque sugerente de violencia, adrenalina y acción potente de fuerza esperada, de ahi a otro incidente más suave y ligero apenas gustativo y un tercero que debes intuir porque ni se molesta en mostrar los planos que todos queremos ver y compartir pero bueno, hemos llegado hasta aqui y ¡por fin llega la respuesta del cabreado adversario!, así que continuamos y aparece un decente Bourne-apasionado McGiver  que trabaja en el paraíso de las herramientas y que alienta con fervor tu ímpetu y brío y complace con mayor satisfacción el pobre hallazgo obtenido hasta el momento.
Y da igual que cambiemos al actor protagonista -lo único digno que merece la pena ver y que está a la altura de lo buscado- por Neeson, Statham, Damon, Willis, Stallone o quien se quiera, el problema es la languidez y desgana absorbente que emana un filme que agota y asfixia lentamente y que apenas revive el espíritu de una valiosas series de antaño que si Edward Woodward o Charles Bronson pudieran opinar en buen lugar dejarían a un Antoine Fuqua que se ha excedido en duración y pretensión manifiesta, que no ha encontrado el equilibrio que lo ajuste todo con precisión ambiciosa y que se limita a servir los platos ordinarios de un menú consabido de memoria para conformar una degustación poco suculenta-apenas sabrosa de momentos puntuales de activación esperanzada que alivian ocasionalmente la evidente desconexión y compensan tenuemente la falta de carisma del relato pero, que prontamente vuelve a sus andares de formato standard de eficiencia neutra y aliciente vaporoso pues su anhelada energía no coge consistencia ni remata con acierto el pretendido cuadro pintado.
Flaco favor para el público, el proyecto y el logro obtenido, sin justicia aparente ni protector que de confianza.



sábado, 18 de octubre de 2014

Relatos salvajes

Me siento como una extraterrestre en mi propia ciudad-planeta dado el alarde publicitario de estreno de la película, sobretodo después de echar un vistazo a las críticas y todo lo dicho sobre esta filme porque sí, es una buena película que gusta y se disfruta pero de ahí ¡a ensalzarla al reino del Olimpo!
Porque, sinceramente, seis historias breves, tipo sketch para publicidad de marca, de creatividad sin mucha inventiva, donde no se profundiza en los personajes, se camina por ellas tenue y levemente y desde el inicio sabes cómo andará y su más que probable final.
De ellas, una de presentación tipo tentempié ligero que tiene pase por su breve ironía graciosa; la siguiente desfavorable e improductiva, floja y nula donde las haya pues ni siquiera es la ejecutora quien debería ser; luego llega Leonardo Sbaraglia en coche lujoso y lo borda, la mejor entre las mejores sin duda alguna por su explosión física y evidencia agónica de gran impacto sonoro y perceptivo; a nuestro querido Ricardo Darín se le ofrece una buena historia, muy cercana, familiar y sentida, de gran impotencia frustrada que acumula una bomba inesperada de tiempo calculado pero cuyo final bonachón y edulcorado estropea su hermoso camino; la 
vergonzante verdad que azota nuestra sociedad, a la vendible justicia y al poder de quien posee a don dinero frente al humilde y desesperado trabajador hace referencia la penúltima historia tratada con mordacidad y un patético negociar cuya burla es muy efectiva y ofensiva, todo un acierto también este macabro y desdeñable juego de cartas humano; y, por fin, una locura ocurrente y de espeluznante cachondeo mezcla de Carry y Romeo y Julieta, un tal-para-cual impactante, divertido y de buen remate conclusivo.
Añadimos actores argentinos muy reconocidos y respetados y tenemos unos relatos salvajes de media 6, 6'5 si se quiere -una de 5, una fallida, una de 9, una de 6 y dos de 8 por si se quiere hacer las cuentas de la abuela- que son amenos, llevaderos, punzantes según el relato, más o menos potentes de intensidad media según su breve recorrido y acabado pero muy lejos de ese supuesto ocho tan otorgado por los expertos de la imagen plasmada y la letra escrita y la siguiente retahíla de confirmación suprema otorgada por casi todo aquel que escribe algo sobre ella.
Es entretenida, ligeramente sarcástica, irónica con suavidad, virulenta según momentos y no tan perversa como se imaginaba, aceptable y muy grata en general pero lejos, a kilómetros del esperado salvajismo o la corrosiva malevolencia que deseaba encontrar, sales contento y complacido de su visión, agradecido por un rato de distensión jovial, fresca y suave pero no mantiene un nivel de adrenalina constante, ni incisivo resentimiento, ni potencia visual devoradora, ni tenacidad perpetua ni fuerza efectiva que no descienda ocasionalmente, q se mantenga a un nivel seductor y atractivo irresistible fijo o en ascenso, su línea de marcaje y andadura va construyendo olas de mayor o menor descenso según viento inspirador del guionista que se inicia en un punto medio, para descender abruptamente a un leve insatisfecho temporal, para elevarse a una repentina y estrepitosa genialidad y, a partir de ahí, mantenerse en un medio tono tenue, grato y apacible de comodidad y populacho rematado con fiesta loca y alegre despedida.
Buena dirección, perfectas actuaciones, correcta técnica y ambientación, veracidad tentativa de retención obligatoria para la mayoría, familiar y querido teatro de historias entrañables, chistosas y entretenidas pero a millas de la hilaridad suprema vendida, del macabro escenario supuesto, de la sugerente vivacidad dañina y destrucción ansiada, del desahogo emocional de ese cabreo y rabia que en nuestro día a día no podemos aliviar.
El pretendido relato salvaje de leopardo, tigre o puma resulta ser de felino casero, gatos con uñas que hacen gracia y hieren superfluamente y son recordados con cariño pero dale esta idea a Tarantino o al propio Almodóvar que produce la película y entonces si que no podrán parpadear un segundo tus ojos y tu respirar se verá entrecortado sin tiempo a meditar o vocalizar palabra alguna.
Un confirmado sí al abrazo confortable, a la acogida entusiasta, a la sonrisa sincera de emociones cálidas, visión ácida endulzada y suculenta de aceptable satisfacción general y nota de promedio bien positivo pero, ¡no elevemos a los altares lo que corresponde al nivel mundano terrenal!, lo dicho, un merecido y complaciente 6, 6'5 si se quiere pero sin peloteo ni regalo altruista, ¿o éste no lo es tanto?




Una decisión peligrosa

Conoces la historia, te resulta familiar, puedes adivinar fácilmente su inicio, recorrido y final pero, con todo, decides verla y darle una oportunidad pues lo único que demandas son unos personajes bien formados, con personalidad y carácter que atrapen tu atención y una acción envolvente con fuerza, energía y empuje lo suficiente para mantenerte en tensión, con brío y poder disfrutar de la rapidez de sus movimientos, la agilidad de su transcurrir y un estilo de cautividad absorbente.
¡Pues ni eso!, obtienes simplemente un buen y tibio recuerdo, ¡sin más!
James Franco y Kate Hudson están tan obviamente desapasionados en sus papeles, tan penosamente sueltos en la arena del ruedo sin apenas material con el que trabajar, con tan claro desperdicio de sus posibilidades que da tristeza verlos deambular y manejarse con tan poco guión que expresar, con diálogos de primero de carrera de un guionista que no dejó volar mucho su imaginación y apenas se lo curró, inutilidad que se transfiera a un malo malísimo Omar Sy -ya queda lejos Intocable- que tiene dos frases de amenaza y firmeza para después quedarse en cuatro tiros y una pocas bofetadas.
Y ese es el amargo regusto que deja, el desdeñable sinsabor que no te quitas de encima pues tu predisposición voluntariosa a pasar un rato agradable de entretenimiento medio con un argumento cómodo y facilón de anticipados pasos sabidos de memoria es sincero, obvio y nítido, sólo exiges un mínimo para salir contento y satisfecho y que, Henrik Ruben Genz no logre ese escaso objetivo, esa meta pueril que con poca sabiduría, una pizca de arte y gracia en la elaboración, de inteligencia en su aporte de garra y emoción es sencilla de lograr es evidencia de poco ingenio pues en pocas ocasiones encontrará un público tan dispuesto a exigir poco, a observar mucho y a contentarse con unos cuantos broches y trazas...,¡si sólo tiene que disponer buenos golpes cuerpo a cuerpo, rapidez de movimientos, acelerada actividad, angustia de atrape, adrenalina de escape, excitante persecución, asfixiante huida, unas frases conseguidas..., mezclarlo todo y dejarlo rodar!
Es tan inocente, banal, superflua y poco impactante que tu interés apenas despierta unos segundos para clarificar la pérdida de tiempo de molestarse en profundizar en ella para volverse a la ignorante y letanía desde la cual observas casi todo su evolucionar sin pena ni gloria y, aún así, no se escapa ninguna novedad ávida importante pues éstas escasean como el turrón en pleno agosto.
Nimiedad de pocas ganancias y retribución torpe que no compensan tu elección ni tus insatisfechas ganas de distracción, argumento de ínfima tenacidad y nulo vibrante compás que no cumple con las mínimas exigencias solicitadas ni para el desganado espectador, ni para los vacíos intérpretes ni para el poco imaginativo-nada hábil director.
Un filme aceptable por los elementos que utiliza, nulo por su torpeza en el manejo de ellos.

Lo mejor, todo resulta accesible y familiar
Lo peor, el tráiler emociona con más intensidad que la película entera.
Nota 4,5



viernes, 17 de octubre de 2014

Are you here

"Estás aquí, eso es lo importante"
Lo importante es ¿por qué estás aquí?, ¿qué haces en esta película?, porque no he visto nunca un papel más sobrante que el de este amigo farola que deambula sin-ton-ni-son interpretado por Owen Wilson que sigue repitiendo papeles que no dan ni para migajas para los pájaros -ya lejos queda la provechosa oportunidad que le concedió Woody Allen y su acorde actuación- porque dentro de la fumada compartida que llevaba el guionista al escribir este relato de iluminación y sabiduría espontánea después de una noche de sexo donde descubrir la importancia de sentir y pararse a pensar, de vivir con honestidad y no encerrado en un bucle de fumar-comer-follar para volver a fumar y la facilona dirección de enfoques de memoria y escenas superfluas, siento decirlo pero ¡no hay nada!, y especifico, no es que no haya nada más, es que ¡no hay nada!.
Si consigues reírte una sola vez, sonreír y hacer alguna mueca símil de diversión o algo parecido... ¡házmelo saber, por favor!, si logras entretenerte sin un sólo bostezo, con mirada fija y atención continua en la pantalla durante su hora y cincuenta y dos minutos..., ¡eres mi héroe!, si no te parece patético el cambio de vagabundo abandonado a oveja iluminada, triste-cutre-vacía la llamada e incorporación a filas de la digna existencia que vale la pena ser vivida..., ¡has visto mucho más que yo!, si te crees a este ángel divino con tentador cuerpo que ofrece respuestas a dudas no planteadas y al servicio de la felicidad espiritual..., ¡eres un santo! y..., si ves algo de coherencia, estilo, sentido y un por qué en estar aquí y hacer esta película mi pregunta es ..., ¿tú también fumas?; porque es lo único que hacen esta pareja de cómicos sin gracia, vagos que hacen oficio de la desgana con hermana avariciosa incluida y el premio gordo de la lotería hereditaria de excusa fúnebre hasta la llegada de la paloma de la sabiduría, la creencia y la fe con el mensaje celestial de la buena vida y la limpieza interior de tu persona.
Es un continuo ver desfilar a este rubio de nariz rota retocada y sus complementarios secundarios en un argumento que va y viene sin motivo ni correlación intentando rellenar el tiempo excesivo de su duración.
Lo mínimo que se pide a estos filmes es esparcimiento, ligereza, alguna carcajada y relajación general para distraer tu mente y ocupar tu tiempo de ocio muerto..., muerta de ideas esta la cabeza del responsable de este bodrio que no sabe lo que quiere, ni qué hacer ni a dónde ir aparte de sentarse en el sofá, fumar y verlas venir o dejar pasar tonterías que no dan ni para inspirar a tontos o necios..., ¡imagina si se te ocurre demandar algo más de calidad!
¿Y éste es el mismo productor ejecutivo  que tuvo el acierto de crear Mad Men, su rico e ingenioso personaje central y los habilidosos secundarios que le rodean?
¡Pa' verlo!



jueves, 16 de octubre de 2014

Dos días, una noche

Penetrante, cautivadora e intensa interpretación de Marion Cotillard que lleva la cámara pegada a su cara, adherida cual sombra imposible de eliminar, testigo observador mudo e incesante, sin piedad ni descanso pendiente de todos sus pasos, de cada uno de sus gestos o expresiones faciales en esa búsqueda angustiosa y desesperada de la afinidad, comprensión y empatía de unos compañeros que también tienen sus propios problemas, la ruta de la pregunta clave de incógnita respuesta que lleva consigo la tensión del auxilio, la incomodidad de la ayuda, el beneficio de la lástima, el egoísmo de la supervivencia, la legitimidad de primero uno, el orgullo y ansiedad de encarar un reto limitado en el tiempo y de resolución interrogante, toda una inquieta y asfixiante partida de marcador ajustado según la voluntad y simpatía, aceptación o rechazo de unos trabajadores que sobreviven al igual que la delicada y frágil protagonista necesitada de una confianza y seguridad propias que, por el momento, busca en el milagro de las pastillas que suplen la fortaleza y coraje que la siempre-lantente-nunca-olvidada depresión le hizo perder.
Los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne plantean un dilema interesante, tirante, voraz y de cautiverio en las cuestiones que plantea donde todas las partes son tratadas con igualdad de respeto, con serenidad y sobriedad en sus variadas opciones y sin juicio previo ni moral latente, un guión que simplemente exhibe todas las cartas sociales posibles, todas las comprensibles y entendibles alternativas para crear un ambiente agrio, áspero y engorroso de reto, duda y difícil elección tanto para los interrogados como para la cuestionada como para el implicado espectador que observa abrumado todas las disyuntivas, que acompaña sin consuelo, con preocupación y desasosiego a la frustrada caminante casa por casa por la senda callejera de la humillación, de la resignación, de la emotiva exposición, del impacto directo y sorpresivo de una respuesta verbal ofensiva o acogedora, letal en su punzante lanza o suave en su abrazo inesperado, vivir cuando el valor, la fuerza y la resistencia para alejar ese tentativo pensamiento que opta por dejar de hacerlo es tan tenue, débil y poco resistente.
Argumento loable y sereno de efecto aplastante y lógica viviente, una dirección gélida, estática y segura en la que inevitablemente razonas sobre las cuestiones planteadas, espontáneamente te sitúas en cada uno de los papeles, ánimas a la protagonista en sus bajones, te desalientas en sus decepciones, te alegras en sus alivios, comprendes las negativas recibidas, recapacitas sobre las consecuencias de ambas posibilidades, los inconvenientes y frutos de todas las posturas, observas involucrado todo el amargo ambiente social, te apenas con ella, sobrevives a su lado, te afliges a su ritmo, te emociones en su compañía..., una visión tenaz, ardua y sin tregua que no permite la obviedad mental ni su relajado acompañamiento, de valentía llena de miedo y cobardía abandonada a la fuerza ante una situación límite que obliga a ello, equilibrio y justicia expositiva de todas las partes, honestidad tentativa de un bono de dinero falto y necesitado o trabajo urgente para una colega también necesitada, que se busque la vida o podría ser mi caso, tratar a los demás como quieres que te traten a ti o salvarse y no mirar atrás, sinceridad de una conciencia con o sin remordimiento que admite y acoge con igualdad de trato, preferencia y miramiento todas las posibilidades, ejemplar y sabia muestra de la discrepante y divergente composición de la sociedad y de sus variadas gentes. 
Disfruta de la alternancia de un tour de menú no determinado, de recorrido variable y emociones volubles sin reposo ni pausa, planteamiento psicópata de insaciable apetito devorado con fija ardiente frialdad y muchos suspiros, donde no hay una única respuesta de veracidad correcta ni de ética apropiada -ni se te pide que la halles- en esta agotadora letanía de dos días y una noche.



miércoles, 15 de octubre de 2014

Blanca como la nieve, roja como la sangre

El blanco es la nada, es el silencio..., el rojo es pasión, el color del amor..., mis sueños son del color de tu pelo"; ¿adivinas ese color?
El chico obsesionado con la más guapa del instituto, paralizado ante la belleza que sus ojos perciben en su presencia, alimentado de fragancia romántica que envuelve toda su alma, con el amigo fiel que le ayuda a conquistarla y la amiga de la infancia locamente enamorada de él en silencio; te suena ¿no?
A ello le añadimos una enfermedad grave y un profesor cool ejerciendo de consejero, todo un volver a la locura e ingravidez de la  adolescencia.
Es fácil adivinar como discurre el guión, el desenlace del argumento y toda la historia, por tanto, ¿motivo para verla?
Es inocente, pueril, sana y llena de encanto y salero, desprende simpatía, gracia y jovialidad y logra crear un ambiente alegre, dicharachero que es cómodo de llevar y sencillo de disfrutar, el desparpajo italiano y su incondicional labia en apoteosis de expresión adorable.
Su gran acierto es el actor protagonista, Filippo Scicchitano, su ligereza presencial y frescura interpretativa y la buena armonía y ritmo de los diálogos que tocan todos los puntos clásicos de estos relatos sin empalagar, ni abusar ni buscar las escenas tontas y la consabida lágrima de turno.
Las inquietudes de un chaval enamorado del amor, esa exclusividad del ardiente romance que sufre y da alegría por igual, la difícil tarea de abandonar la poética ensoñación y apreciar la dolorosa hermosura de amar de verdad, dejar la fantasía y encarar la realidad, madurar y dejar atrás la infancia, todo ello desde un escenario grato y ameno, de dulzura sonriente y entretenimiento agradable que se deja querer con gusto pues no pesa su equipaje y sus personajes, aunque cliché tópico reconocido de antemano, se ganan tu cariño y abrazo por crear, en conjunto una escenografía positiva, bonita de marcha alegre y risueña.
No lamentas su visión pues te hace recordar bien con paladar sabroso, es sencilla, amable, de grato placer tenue, apenas profundiza en nada ni se molesta en ser penetrante pero, lo dice todo con brevedad y soltura y se capta al vuelo sin esfuerzo coreográfico de espectáculo innecesario, evita con acierto el estridente ruido de relleno decorativo y opta por la evidencia y desnudez de su naturalidad y simple andar.
Tu memoria traerá con cariño del baúl de los recuerdos todas las historias similares, calcadas vistas en el tiempo, un satisfactorio volver la mirada al pasado y volver a tener "16 velas" en el pastel de cumpleaños, sentir desvanecer el mundo cuando cruzas la mirada con ella -o él, sin discriminar- y renombrar esa añeja amistad como nuestro primer y único amor verdadero.
¡Aaayyyyy!, la ignorancia de la inocencia que querida, bella y !peligrosa!
Es simpática, alegre y cordial -me repito, lo se-, de emociones conocidas y sentimientos vividos, sin más; decide si te es suficiente.
Quién no ha sentido alguna vez, o más de una, ese emprendedor espíritu de Romeo en busca de su anhelada, maravillosa y perfecta Julieta aunque, ahora en el cuento, Julieta ya no está a la espera de verlo venir y ¡se busca la vida!
Versión clásica o moderna, para todos los gustos, éste tira más hacia el original.



martes, 14 de octubre de 2014

Perdida

La clave es el guión, un hilo argumental que está basado en el libro del mismo título cuyo autora es la guionista responsable de su adaptación a la gran pantalla y a las órdenes de un director de sobrada experiencia y arte demostrado en su habilidad de manejar el género del suspense, la intriga y el thriller más punzante y siniestro; si te convence esta unión y el resultado de su colaboración mutua, el resto ya es un hablar por pensar y deducir, un sabor subjetivo de sus mejores fundamentos o peores aciertos en puntos concretos de su evolución o de sus convincentes y explosivos virajes o sus desdeñables y poco emocionantes cambios de registro.
Porque vas a encontrar de todo en sus 149 minutos de largometraje, cuatro partes de cazador cazado, presa que se vuelve más lista que su predador, víctima agresora, agredido culpable, el juego del laberinto ratón versus gato, un dominio hábil de la imagen perfilada, mordacidad e ironía de diversión espeluznante, vergüenza poco descarada del manejo televisivo, los peligros de la decepción, el adiestramiento en el engaño, la depravada psicosis escondida, la rabia acumulada, el ingenio de la mentira, la debilidad de la verdad, el manipuleo de la noticia, la falacia de las pruebas, la ridiculez de las evidencias, la impotencia de la resignación, el desdén de la afinidad enferma, la complicidad de la semejanza, el recelo de quedar atrapado por tu propia trampa..., una bestial genialidad de muchos registros, de la aceptación de su juego y su condena asfixiante para llegar a un ¿quién es quién? de dos únicos miembros, pareja afín-matrimonio ideal por su similitud de alma, deseo de venganza, motivación de obra y forma de vida que mueve una voraz, inquieta y técnica "Durmiendo con su enemigo" de "Cadena perpetua" y asumible "La guerra de los Rose" de violencia física y espíritu brutal que cumple literalmente la sentencia firme "te quiero tanto que por ti mataría" y que mueve un relato sin descanso, de eclipse mental -en mayor o menor medida según tu hábil intuición- que camina por la delgada línea que separa el amor del odio, el paraíso del infierno, que deambula por la senda de desenmascarar el rol maquiavélico de un demonio de careta angelical que manipula a su antojo según sus intereses para quedar unido perpetuamente a su alma escogida por una mezquina atracción del amor perfecto que devora, atrapa y se pega como la miel a las moscas.
Descubrir la verdadera identidad de quien se esconde detrás de la máscara pública, ojear la sincera maldad que habita cuando ya no hay cámaras, cuando se abandona su encantador papel y se exhibe el horror de quien queda en el silencio, una dulce inocencia romántica de comienzo que vira a persecución del marido cruel para pasar a inquisidora esposa de efecto letal y acabar en un vivir y dormir con tu amado enemigo, con una encomiable mala malísima Rosamund Pike acompañada por un mejor-como-director Ben Affleck bueno ¿malísimo?, una dirección sutil que no llega a la perfección de "Seven" pero entretiene activamente y que supone una exquisita verbigracia de la hermosa letra impresa llevada con armonía espléndida a efusiva imagen plasmada.
El hecho de que puedas intuir ciertas cosas, anticipar algunos hechos y esperar en un aventajado a-verlas-venir es evidencia de haber atrapado tu interés y captado tu atención, de razonar-debatir sobre ella -amén de una hábil sabiduría de conformismo alto y calidad exigente de tu persona-, muestra que por otra parte también sufrirías en el editado libro.
Disfruta de cada una de sus partes, de sus pretendidos giros de 180 grados, de la víctima-culpable de cada una de ellas y llega a un equidad conclusiva, la eficiencia de sus 560 páginas llevadas con gusto y acierto a sus dos horas veintinueve minutos de fotogramas, un esmerado merecerse el uno al otro, manuscrito al filme y viceversa.


lunes, 13 de octubre de 2014

La buena mentira

"Si quieres ir rápido ve sólo, si quiera llegar lejos ve en compañía"; a pesar de la buena compañía recibida la película, amargamente, no consigue llegar muy lejos.
Una primera parte retrato de la extenuante aventura, del calvario horroroso que supuso para estos chavales -comodines representantes de cualquiera de las miles de historias a elegir todas ellas igual de tristes, horribles y de dolor e injusticia inimaginable- llegar a Sudán en busca de refugio seguro de una inenarrable guerra que destrozó su familia la cual transcurre como narración de un logro épico de valor insuperable y plasmada veracidad por los originarios niños como actores que intervienen pero ligero, suave y de poca profundidad emocional y afectiva para el espectador pues conoces de antemano que llegarán, que se salvarán, que partirán a Estados Unidos y, demás, la directora y la responsable de la escritura de tal tragedia no utilizan la visión espeluznante, agria e impactante de las imágenes de tal acto bélico dejando que sea el espectador quien lo intuya y se lo imagine personalmente a través de la valerosa peregrinación de estos pequeños héroes que "he decidido vivir, no quiero morir" es el lema que les mantiene en pie, unidos a buen puerto.
Una segunda parte de su llegada a tierra soñada y su adaptación a la vida americana donde por fin aparece la tan publicitada Reese Witherspoon que, realmente, es utilizada exclusivamente para ello, para vender una historia que sus propios responsables parecen creer que no se vendería sola; esta vida en ciudad de luz eléctrica, agua corriente y asfalto es aún más pobre y escasa que su previo en tierra africana pues aborda la dificultad de acomodo, la diferencia de cultura, el impacto de socialización, el choque de entendimiento, el golpe de valores, el valor de la familia, la pérdida del centro propio y su acompañada estabilidad y el caos de lo desconocido con demasiada jovialidad y buenaventura, excesiva simpatía y cordialidad de querer agradar y ganarse el aplauso fácil más que indigestar e incomodar, que ser cruel y duro en exhibir tan explosivo cambio.
Y todo, más o menos, circula por las mismas sensaciones de gusto, afecto, gracia y buena esperanza porque sí, te enteras del crimen horrible de una guerra desconocida en sus términos concretos -el filme no se molesta en explicar nada- y de sus devastadoras consecuencias, es una correcta y honesta narración de cualquiera de los supervivientes de dicho conflicto, un documento histórico del destino de todos estos muchachos, informador leal y veraz de como pudieron continuar sus vidas, conmovedora y tierna de abrazo amable pero nada penetrante para el corazón, emocionante en su justa medida que apenas roza el alma o toca la sensibilidad de unos sentidos que observan y escuchan pero no se implican ni involucran e indagando nada que no sea la superficie llana y lisa, obviando adentrarse en la dureza endémica y perversa del mal y sus demonios hechos presente.
"La buena mentira" se convierte en la buena verdad, simple, llevadera y complaciente, sutilmente digestiva sin la posible agonía, acidez, escalofrío de observar la destrozada reconstrucción de la vida de unos refugiados de guerra que interrumpa una comida amena y grata de carácter informativo pues, apenas sufres o padeces más allá de una sensación superficial y tenue de lo espeluznante, horrible y dificultosa que ha podido ser la existencia de este pueblo exiliado y sus miembros.
Opta por demasiada amabilidad, ligereza, encanto y una recepción de suave acogida en lugar del enfrentamiento e impacto de tanto horror, masacre y frustrada impotencia; lo dicho, ¡la buena verdad!


domingo, 12 de octubre de 2014

Amarás al prójimo

"Todos tenemos en nuestro interior un punto de la nada, un punto sólo nuestro desde donde el Señor empieza su labor de conocernos, el punto de Dios"
La iglesia y la homosexualidad, los deseos irrefrenables del cuerpo frente a la ardua y fatigosa voluntad del alma que se resiste, sentimientos contra razón, vida pública contra ardor interior, es el tema que aborda este flme polaco que simplemente pretende mostrar el dificultoso día a día de quien se enfrenta a ello, sin avanzar ni evolucionar ni pretender llegar a conclusión alguna, ni juzgar moralmente ni abrir debate ético.
Historia para ser observada a través del lenguaje de los cuerpos, de las miradas silenciosas, de los gestos íntimos y sutiles, para ser captada a través de la distancia solitaria que supone esa lucha constante y devoradora que asfixia la respiración y carcome los sentidos, que anula tu ser intentando construir otro más acorde, para ser escuchada a través de lo no dicho e interpretada subjetivamente con la aportación de cada uno en un ambiente de realidad hostil juvenil y dureza afectiva al que se intenta sobrevivir pero que supone una tentación demasiado fuerte que debilita un espíritu cada vez más débil y agónico, el grito desesperado y amargo de su natural y despreciada alma que intenta acallar e inúltimente borrar a su propio yo.
"No soy un pederasta, soy un maricón" desahogo furtivo y humillante de un ser que explota y no puede más, cuyo disfraz público ante la comunidad social no basta para reprimir sus impulsos ni calmar a sus reprimidos instintos, un ver-interpretar-concluir propios que tiene la habilidad de no permitir tu desconexión del relato, de hacer trabajar a tu pensamiento a la par que ofrece una visión tediosa y pesada, de efecto dormido pues no va a ningún lugar ni punto concreto, no se posiciona ni profundiza ni crea escándalo, se trata de la simple incómoda grandeza de seguir a un representante del Señor, involucrado activamente en los problemas del pueblo, que controla su ansiedad con baños fríos y veloces carreras de fustigada inutilidad en su angustiosa rutina al no existir compenetración ni entendimiento entre él y el hombre que intenta ocultar.
Una exposición argumental fría, acallada y muy lograda, de gélida y tirante veracidad donde la importancia del guión y sus diálogos queda relegado a un segundo lugar pues narra sin contar, muestra sin ofender, ofrece sin mojarse, exhibe sin elegir, se expresa sin palabras ni necesidad de letra pues es el lenguaje corporal, los grandes suspiros, sus eternas respiraciones, la gris fotografía, el áspero ambiente, la impotencia no entendida, la verdad no pronunciada, carne llamando a las puertas de una mente que no quiere contestar y prefiere obviar a sus ruegos e intentar continuar con su encomiable proyecto donde no se cuenta para nada con ella, tormentoso caminar de quien pretende separar el cuerpo del alma, la razón de los sentidos..., muestra exquisita de la nula necesidad de usar sentencias y términos innecesarios, palabras sobrantes o de escuchar más de lo debido la vivacidad de una voz que aquí habla con sus profundos silencios.
Justamente su espléndido don resulta ser su mayor losa pues puede ser suficiente observar pasar los minutos y no llegar a destino concluido alguno o puede ser pobre, estéril y débil tan escaso ofrecimiento, su neutralidad puede cansar y llegar al hastío pues apenas motiva ni provoca un dilema propio sobre lo propuesto o relajar y permitir la mirada serena y ligera de equidad sin sentencia ni juicio previo, simplemente pinta un cuadro de la realidad de nuestro furtivo protagonista para que cada uno lo aprecie desde su perspectiva, lógica y serenidad, desde quedarse minutos degustando sus formas, su laborioso trabajo, la delicadeza de lo nunca expresado, la amargura de su incógnita escondida, la duda de un pecado que no se siente como tal o, sólo cabe un instante para ser ojeado y sobra pues no remueve conciencias ni consigue alentar intenso deseo de acompañamiento.
Magnífica, certera y espeluznante imagen final, tétrica e inquietante escena de conformismo, socialización y aceptación retributiva por lo mucho que dice, insinúa y otorga en apenas unos segundos, el misterio conocido a voces de la pureza manchada, de la honestidad mal entendida, del camino y sus desvíos mal encauzados.
"Amarás al prójimo" literalmente "en el nombre de..." tu dios y tuyo mismo, palabra del Señor.



sábado, 11 de octubre de 2014

La jalousie

Si lo primero que ves es el tráiler picará tu curiosidad, alentará tus expectativas de buenas impresiones y te informarás sobre ella; luego, al leer su argumento, observar su corta duración y la nota otorgada por los críticos se cerrará el círculo de confirmación afirmativa en tu decisión de verla, positivismo con el que empiezas la misma y donde, inmediatamente, agudizas el oído y fijas la mirada pues tu interés y fascinación por la misma sigue vigente ante la presentación minimalista de formato teatral, rodaje en blanco y negro de estética neutra y apagada, destacada esterilidad que permite alumbrar los personajes y sus frases, una calidez retro de sentencias breves de tenue selección y cortes superpuestos que enlaza con un transcurso temporal de bote lineal que presenta diversas relaciones -ex, hija, nueva pareja, compañeros de trabajo, amistad momentánea, flirteo ocasional...- y la demanda de amor solicitado, la oferta recibida, la capacidad de conformismo o la impotente frustración de no saciar tus necesidades afectivas.
"Los celos", se abre el telón, "he custodiado los ángeles",estamos en el cuerpo de la obra, "la pólvora", tercer y último acto y la inocente y pueril atención primaria se convierte en una cuestionable indagación sobre qué has visto, qué mensaje quiere dar, qué historia quiere contar, sobre si no has sido capaz de percibir la grandilocuencia, maestría y sutileza pretendida de este filme que presenta un desmarque latente de lo banal y lo cotidiano con su inteligente aportación sobre la insuficiencia emocional de los sentimientos volcados en los seres queridos -a pesar de ser todo el caudal existente con el que uno cuenta- de lectura accidentada, difícil y esquiva para la mayoría pero exclusiva y escogida para unos pocos de privilegio exquisito.
Gusta y apetece su visión, aturde su pensamiento cognitivo y marea tu razón pues ofrece una circulación lenta, agónica correlación escénica, pérdida consistente en su inicial representación atractiva, motivación que apenas se sostiene, desamparo por ver los actores rodar y no ser cautivado, desasosiego por no encariñarte en su aventura, tristeza por desvincularte sin pretenderlo de una historia que apetecía, guión apenas seductor para un argumento de brillantez y espléndida sugerencia en su idea original pero zafio, torpe y pesado en su evolución efectiva, en su plasmación del relato.
"Puedo tener problemas pero no ser pobre"; es rica en espíritu, pobre en cuerpo lo cual da muchos problemas para captar que habla de diferentes intensidades de amor, de la capacidad limitada de cada uno para llegar a donde no se puede ofrecer más y el efecto respuesta que sufre aquel receptor cuyo famélico corazón sigue a la espera de su alimento nutritivo.
Negada letra de fallida palabra pronunciada que estropea una sensibilidad artística que no logra despertar sentimientos parejos, ni afines ni amenos.



Así nos va

Así es la vida y ¡así nos va!, diría más de un actor generacional que por edad, falta de ideas e ingenio original de los responsables correspondientes Hollywood y la industria cinematográfica los ha relegado al cajón del olvido con la única opción de realizar papeles de calidad discutible y contenido aún más debatido.
Para esta comedia de abuelos jubilados tenemos a un Michael Douglas que aún domina el arte de la interpretación con cierta habilidad y gusto y que tiene la posibilidad de explayarse con alguna frase de cierta mordacidad e ironía y breve gracia por momentos alternos y una Diane Keaton respetada dentro de su profesión pero que ya hace tiempo que se limita a un tipo de papel vergonzante, cutre y ostensiblemente nimio, tanto por consistencia como por actuación, para lo que ha sido su carrera.
Al cóctel del huraño vecino de hijo olvidado y sufrimiento padecido y vecina artista de lloro patético continuo y frases aún más pobres y exiguas le añadimos una nieta inesperada para endulzar y conmover y más vecinos de relleno encargados de las escenas caóticas o de los enredos que producen supuesta diversión, agitamos y obtenemos una bebida poco refrescante, de gusto apenas trabajado y sabor muy, muy conocido y memorizado dada las veces que ha sido ofertado en pantalla.
Es verdad que el dúo protagonista de nombre señorial funciona estupendamente en pantalla, que tarda en coger ritmo pero consigue un ambiente simpático y cariñoso, de encanto, agradable ternura y emoción amable conforme rueda, que es muy previsible y fácil de intuir, que sus diálogos son flojos y débiles pues su guionista pensó que no valía la pena dedicarle más tiempo, que las escenas son reposiciones calcadas de manual de cómo-hacer-una-película-sin-pensar-mucho-y-sin-esfuerzo-agotador, que la dirección es ideal para novato que quiera adquirir experiencia -a pesar del nombre que se esconde detrás de ella, un Rob Reiner que nadie niega su pasado dirigido ni su arte mostrado-, que es cine familiar y que no aspira más que a desfilar por los cines entreteniendo a abuelos que vayan con sus nietos o a todo el conjunto si acuden también los padres.
Se puede ver para pasar el rato, crea un ambiente hogareño dulce, sensible que no llega a ser empalagoso como para vomitar y es una película de pocas aspiraciones que cumple con ese escaso nivel demandado pero, no deja de ser triste y penoso, incluso humillante, ver a ciertos actores de pasado glorioso realizar algunos papeles por la falta de imaginación e inventiva sobre dónde colocar a los actores de cierta edad o...,¿ese es el destino irremediable a seguir según cumples años no importa el talento con el que se cuente?; puede que así sea porque muchos de ellos están optando por las series o el teatro que si ofrece mayor diversidad, calidad y papeles más interesante, ¡así nos va!




viernes, 10 de octubre de 2014

Sex tape

La primera media hora de lucimiento del cuerpo de Cameron Díaz en todo su esplendor, fervor y para deleite de sus incondicionales de posters colgados en la pared y carpetas forradas con su cara -¿todavía se hace?-, la siguiente de memeces y bobadas de supuesta gracia que transcurren entre la mansión de Playboy y la casa de los horrores, caótica búsqueda del Santo Grial de torpeza exquisita para el vidente y, por fin, la última parte de discurso moral de amor eterno, pareja ideal y matrimonio encumbrado a los altares del mismísimo cielo, un ¡por siempre de los siempre te follaré!..., ah sí, la última estupidez de escenas de recreo de ese buscada cinta de adultos -el etiquetado XX, ¿te acuerdas?- pretexto burdo para toda esta fanfarronada de petulante pretensión.
Todo ello envuelto en un aire de madurez de mensaje sobre la crisis de pareja en el sexo cuando pasa el tiempo, llegan los hijos y la rutina te anula.
¿Risa? Una única escena de Jason Segel que deambula cual pelele de relleno y compañero excusa de la gran diva protagonista y que intenta estar a la altura en cuanto a exhibición de culo y provecho de nalgas.
Después está el penoso Rob Lowe cuya cutrez irónica de papel ¡ni molestarse en comentar!
Así que la rubia de Hollywood intentando resucitar el espíritu de "Algo pasa con Mary", el consabido cómico intentando lucir lo que el guión no le ofrece, una dirección triste como las ideas expuestas, una campaña de marketing a lo grande, secundarios de lamentable corte y pega, bufonadas de secuencias que no hacen gracia ni al falto-de-ingenio guionista creador, un argumento..., ¡ésto cansaaaaaa!
Ya no fui al cine porque intuía que no merecía el precio de la entrada, su visión en DVD no contenta ni a fans de este tipo de comedias ni al personal adyacente, el entretenimiento ágil de distracción ligera que se buscaba va disminuyendo en esperanza conforme ruedan los minutos y, en general, es tomar al público por necio y tonto, insignificante molestarse en darle al cerebro y expimir algo que no sea vulgaridad banal de efecto atragantado pues, son tan rebaño-de-ovejas que se dirigen con apenas esfuerzo a donde los listos productores de vagos argumentos y colaboradores de la misma condición que sus inteligentes-diálogos-perdidos quieren que..., vamos a darles un conglomerado de mucho de nada-apariencia de todo, adornado con sugestiva atracción exterior dada la desgana de su interior y maquillémoslo como la risa hecha realidad, un jolgorio de fiesta y un pasarlo bien ¡que no veas!
Y lo que es la monda es que consiguen su querida ansiada taquilla de dinero contante y sonante sin miramiento ni apenas pretenderlo, ¡la ley del mínimo esfuerzo!
¿Dónde quedó la espontaneidad de un reír natural y grato, la evidencia de una sonrisa inocente y de sincera aparición y la verdadera diversión que ameniza y se disfruta con ganas y placer?