viernes, 21 de noviembre de 2014

The longest week

"Cómo voy a simpatizar con unos personajes donde nadie sufre las consecuencias de sus actos, nadie aprende nada y nadie cambia"
Conrad Valmont, 40 años, vive en un hotel desde la edad de nueve mantenido por unos padres que le dan sustentación económica para compensar su ausencia física y que dejaron su crianza en manos del personal del hotel; en plena crisis de divorcio parental le retiran su asignación mensual con lo que se queda en la calle sin dinero, oficio ni ganas de buscarlo; a pesar de su situación angustiosa pretende seguir con su vida vacía, artificial, de infertilidad y ausencia emocional por nadie; un accidente imprevisto pero muy oportuno le hace razonar, verse a si mismo, sentir la soledad y buscar un cambio interior que llene tantas carencias sentidas. Siete días de una larga semana de epílogo por-fin-me-he-encontrado-conocido-aceptado-crecido, narración de moraleja para consulta privada de psicología en adultos de madurez no iniciada o retardada.
Jason Bateman, que tiene habilidad especial para encarnar personajes que sufren en silencio pero encuentran su salida, resignación y acomodo final, es el encargado de interpretar este personaje desaforado, necio y desaborido que sufre el síndrome de Peter Pan junto a un efecto Pigmalion -profecía autocumplida cuya expectativa incita a actuar y superar lo que se esperaba de si mismos al convertir dicha probabilidad en realidad- que, también sea dicho, es lo único interesante y atrayente pues este relato, proyecto existencial de descubrir la verdadera motivación de vida, de lograr los sueños de una real subsistencia y superar traumas infantiles, con un aire pretencioso al mejor Woody Allen de Nueva York y una voz en on que te va describiendo los personajes, sus sentimientos y variaciones va perdiendo atractivo conforme avanza y te cansas de esa constante imagen ideal y superficial creada, un inerte contenido de la obra artística que se ha fabricado para sí de estéril lectura e infructuosa visión que gracias a su corta duración, su posible cansancio y aburrimiento es de percepción ligera, tenue y vana al igual que todo lo narrado.
Tiene aires de grandeza y originalidad en sus andares, de magnificencia en el conocimiento encerrado, de piedra filosofal con epílogo final donde descubre esa verdad oculta clave de la felicidad, sermón espiritual de hallarse en soledad y hacer las paces con el mundo y uno mismo, despertar de la ensoñación y abrirse a la realidad cumplida, todo un recetario glamouroso que no resulta motivador ni estimulante, insensible personaje que transmite su defecto de empatía al propio espectador, "Un niño grande" de tintes freudianos que obra la magia de conseguir su preciado juguete y que fue más divertido, atractivo y emocionante en la piel de Hugh Grant que no pretendía tanto y obtenía mucho más rendimiento y beneficio; aquí, aparte del baile retro que se marcan, el estilo teatral de fantasía moldeada y recreación encantada de nulidad profunda no complace ni seduce ni contenta.
Con un inicio esperanzador que se diluye al ritmo de su ahogado avance su pretendida recitación de una crisis personal, emocional y presencial es presuntuosa, de sentimiento ausente y vivencia perdida para el vidente, una "enfermedad de la broma" cuya representación no hace gracia y cuya curación de ese "tumor cerebral" que la provoca no es aliciente suficiente para su gozoso visionado. en realidad, poco o nada lo es en este primer filme de Peter Glanz que abarca más de lo que puede y no controla los recursos utilizados.
Con más experiencia será otra cosa, hasta entonces, sabe a poco y escaso esta nimia representación sin ingenio ni vivacidad, enamorada sólo por el creador que le da forma y cuya semana no ha sido ni tan larga ni tan complicada ni tan expectante como se esperaba.
Figurar y significar, aquí, no parecen sinónimos pues desfiló el primero pero, el segundo nunca se certificó más allá de su soberbia e insustancial insinuación. 



jueves, 20 de noviembre de 2014

Dos amigos

Un director que se atreve con una película de sólo dos personajes en continua conversación, sin fondo ambiental de distracción ni nada que te despiste de tu atención sobre ellos debe ser consciente de la potencia, maduración y atractivo de ese texto, debe cuidar y trabajar el guión para que de forma progresiva y ascendente en su intensidad atrape, poco a poco, al espectador y que éste no divague hasta perderse en sus propios pensamientos por carencia y aburrimiento de la dialéctica ofrecida por los protagonistas.
Pues bien, ¿adivina cuál es el efecto que provoca Polo Menárguez con su inerte, estático, fulminante filme? ¡Exacto!, vacío, la nada, ausencia, desapego, vasta inmensidad de desinterés, anulación de cualquier posible enganche, pérdida auditiva, cognitiva y de todo tipo del público que ha tenido la osadía de escoger su cinta como distracción para ese momento de esparcimiento, arrepentimiento de su elección y anhelo por aquellas cintas que pudo escoger pero relegó en favor de este muermo, etc, etc, etc
Porque, es la triste verdad de un sentimiento lamentable después de la meditación sobre si darle una oportunidad o no a esta charla de amigos entre "don pepito" y "don josé" que no hacen otra cosa que fumar, beber y volver a fumar, que recorren un camino que transcurre del "¡te quiero la hostia, tío!" a "!eres un cabrón, hijo de puta, joder!", que no aporta aliciente o síntoma alguno que se le aproxime porque Polo Menárguez -¡qué sorpresa!-, encargado del manuscrito, de plasmar en letra escrita las ideas del responsable de esta rancia soledad perceptiva -¡él, él y otra vez él!-, no supo o pudo por falta de talento e inventiva personal, convertirlo en apetencia real de resultado fructifero o porque, la verdad, no había material de fondo consistente con el que trabajar.
Y me decanto por lo segundo porque, visto lo visto -y cuesta mantener la atención-, parece un experimento improvisado de coger la cámara y poner a dos amiguetes delante a ver qué sale, a ver qué se nos ocurre, muy respetable por otro lado pero, esta juerga banal-pobre-torpe-sin sentido-ni pasión-ni garra-ni interés-ni nada de nada de nada más que fumar, beber, pasar el tiempo muerto ahogando al vidente cuyo hastío alcanza el límite récord para volver a fumar, fumar y fumar, sólo posee diez últimos minutos donde aparece una esperanza de cambio y mínima motivación por un sugerente y único intercambio válido que pronto se apaga y desvanece para tropezar de nuevo en la misma fatídica e inútil piedra que ha arrastrado durante toda su realización.
Película española de dos amigos de toda la vida que se reúnen para recordar viejos tiempos, sinopsis que llevada a la práctica merece un notable por parte de los expertos -sigo preguntándome dónde vieron tan alta nota-, que juegan a ser trascendentes y profundos en la evolución de una amistad cansada que agota, a intentar reflejar una intimidad que no necesita de grandes gestos o marcadas palabras sino que, vive de una comunicación presencial de cómodos silencios que no sabe confeccionar, ni transmitir y que no reconforta, ni caldea, ni seduce o sugestiona por ineptitud, falta de gracia y acierto en lo que fuera que tuvieran pensado ¡originariamente!
No la recomiendo a menos que quieras interpretar esa nada como decirlo todo sin necesidad de decir nada; yo, como expresó sabiamente uno de ellos durante el martirio de excursión "...cariño, es que, realmente, aquí no hay ¡nada!"


La conspiración de noviembre

"Te llamábamos the-november-man porque por donde pasabas no dejabas rastro".
Hace tiempo que Pierce Brosnan ya no deja rastro ni arrasa ni deja huella como espía pero sigue manteniendo el tipo con estilo, decoro y la elegancia que siempre le caracterizó en su etiqueta de James Bond.
Aquí, el pretendido 007 ha entrado en años y sigue los pasos de un guión de corte clásico que ha tomado ideas de varias historias y las ha unido proyectando escena tras escena con rapidez sabida, ejecución esperada y novedad desaparecida.
El argumento es débil, moderado y modesto, incluso en su afán de llegar a cuotas más altas fuera de su pretendido alcance presenta una trama que se complica ella sola -posible manga pastelera si eres cruel- y con evidentes carencias explicativas -no tengo claro que en el libro en el que está basado se confunda tanto la intriga- cuando tampoco era necesario pretender exhibir una misión de entramado complicado a lo Bourne que acaba resultando torpe, un poco negada y engorrosa pues sólo hay que poner al veterano irlandés, hacerle correr, pegar tiros con 
algún golpe de mano resultón y frases prototipo del manual de héroe retirado que vuelve por necesidad con principios honorables, sinceros y rectos y cuya traición a su persona será motivo de toda la acción, venganza y protección de la víctima inocente frente al siempre abuso arrogante de los poderosos y, da igual que ella misma se contradiga en sentencias afirmativas que después niega, que evidencie carencias y déficit en ese maléfico complot desenmascarado, es fácil de observar, llevadera de tolerar, sencilla de digerir y de formato standard cómodo, no es tarea ardua darle una media de aprobado si eres benevolente y bajas tus expectativas.
Este carismático y añejo protagonista fantástico de una, por pocos recordada, "Remington Steel" sigue teniendo un porte atractivo y sugerente a pesar de que el resultado de su esfuerzo, esmero y los papeles interpretativos elegidos -u ofrecidos sin otra opción- ya no ofrezcan las garantías de resultado pleno, complaciente y satisfactorio de sus trabajos anteriores pero, se perdona pues aunque ha perdido eficiencia y carácter de impacto súbito y emoción constante sigue siendo grata su presencia, como ese amigo que ya no tiene la soltura para organizar fiestas locas y estupendas y ha perdido el trono de rey de la movida y la acción pero a cuya compañía sigues acudiendo por recuerdo, estima y cariño ganado.
No la sanciones, no la fustigues, disfrútala como célula adyacente menor de trabajos superiores con un relato tibio y desapasionado aunque aceptable de acción justa pero decente, con la presencia de la bella Olga Kurylenko y un agente de portada retirado que intenta revivir sus mejores épocas y años de gloria.
Pues, como reza el cartel publicitario, recuerda..., "¡un espía nunca está fuera del juego!"
Tiene ganas de gustar y entretener, de modo que ¿por qué no concederle dicho placer?
Adjetivos fáciles de otorgar con buena voluntad y licencia de validez y pase concedida.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Drácula, la leyenda jamás contada

"¡Qué empiece el juego!", última locución que resulta ser lo más interesante de todo el relato junto con la posibilidad que se desprende de una futura nueva entrega más apetecible y seductora por lo intuido y dejado caer que esta primeriza, ¡lo malo es que ocurre al final!, después de haberte tragado toda la historia, una historia extraña mezcla del mito idealizado con el personaje Vlad Draculea, que aquí aparece como santo marido-padre devoto-ángel representante de la paz cuando, en verdad, era un sanguinario cruel, atroz y sin piedad que por momentos hace de "Braveheart" para salvar su tierra, gente y familia como se transforma en Houdini y con sus manos maneja un espectáculo atronador de viento huracanado, oscuridad y ruido envolvente con títeres murciélagos manejados a distancia que van y vienen al compás de su mente hasta que se aburre y echa una carrera para jugar a los bolos derribando turcos, cuando no sale del fuego indemne cual princesa Khaleesi -Daenerys Targaryen- en "Juego de Tronos" y vuelve al trabajo sin rencor, cuando no reparte sobredosis de sangre y resucita un "Walking dead" como ejército propio para llegar a una escena final de "Los inmortales" de romance venidero y llevadera elegancia clásica.
El error más garrafal y adivinado desastre de fácil anticipación en la opinión del público es la utilización del nombre de Drácula en vacío falso pues, como película de entretenimiento y diversión, acción, fantasía y leyenda puede tener un pase, gustar y servir como esparcimiento ligero y ameno pero, al renombrar la cinta con tal título sonoro y potente, de evidente gancho atractivo, el personal asistente espera un contenido mínimo decente que ni siquiera se observa a menos que ¡cuenten los colmillos!; jugar a experimentar y reconstruir la obra de Bram Stoker, a distorsionar el terror gótico en espectáculo circense, a llevar a la pantalla todas las ideas de inspiración surgidas en una noche de locura transitoria y conformar este popurrí, vale, se acepta, pero ..., pulpo nunca será animal de compañía por mucho que se quiera ganar al Scattergories o conseguir taquilla y, diría, que ni siquiera este segundo objetivo se ha cumplido en la proporción que deseaban.
Que sí, un protagonista guapo que suelta la frase "A veces el mundo no necesita un héroe, necesita un montruo" con un patético gollum que le merodea con su anillo tentativo, cuya deserción al más allá, al submundo de la maldita eternidad es en aras del honor, salvación del prójimo a cambio de condena propia y...,¿debo conformarme?, ¿ésto es lo mejor que saben hacer?
Recula un poco Gary Shore y medita de nuevo sobre esa original ocurrencia que un día tuviste y decidiste llevar a cabo porque su plasmada realidad ha sido una calamidad, una hecatombe que más le valdría no haber encontrado puerto donde amarrar su proyecto.
"En el año del Señor, 1442, el sultán turco esclavizó a 1000 jóvenes transilvanos para las filas de su ejército..., entrenados para matar..., para desear la sangre..., uno de ellos se convirtió en guerrero, Vlad, hijo del dragón quien arrepentido de su monstruosidad enterró su pasado y regresó a Transilvania a vivir en paz...", una entrada muy solemne que pronto se queda en nada.
Mancillar el segundo mandamiento "No tomarás el nombre de tu Señor, Drácula, en vano" nunca fue tan preciso y exacto.


martes, 18 de noviembre de 2014

Ciudad Delirio

Una mosca torpe, lenta, insípida y sin ritmo, madrileña para más inri, atrapada en una inesperada telaraña deliciosa, según la fanfarria de jolgorio que intentan colar, queriendo ser capturada por la deseosa arácnida que le ronda y ronda pero no se decide pues está el matón moscón de turno que desea la misma presa, un clásico juego amoroso de chico se enamora de chica pero su ex complica la escena, con el apoyo celestino del sabio padre, baile y música continua de distracción y relleno de bulto ante la debilidad y poca absorción de un guión que no tiene fondo ni consistencia gramatical, verbal o nada que se le parezca en sentencia alguna y, una ciudad de ambientación y localización que queda muy, muy lejos del delirio deseado y ofertado.
No hay química entre los protagonistas ni por ningún lado, su comunicación es pobre, insulsa y poco agraciada -y estoy siendo benevolente-, cada uno por separado tampoco tienen aliciente ni atractivo ni nada parecido que se le aproxime, hay mucho ruido, estruendo y color llamativo síntoma evidente de las carencias de las que cojea, es decir, prácticamente de todo pues la historia de amor ni te la crees -¡si es que existe tal!-, él no ofrece carisma ni deseo ni fuerza de movimiento y ella sólo baila, se maquilla y mueve la cadera puesto que su personaje no da para mucho más.
Levedad que molesta, superficialidad que aburre, debilidad que enoja pues si juegas a insinuar un relato romántico de extranjero enamorada de bella colombiana en tierra devota por el arte y salero de la música y el baile, que menos que acercarse mínimamente a lo prometido y no quedarse en un popurrí flojo, bodrio nada interesante que cansa y agota ante tanta discoteca móvil, grito estridente, frases huecas, escenas prototipo mal escaneadas-pero copiadas, memez de imitación de un "Dirty Dancing" o "Fama" que huele a tufo y humo quemado de falta de ideas y escasez original y, en general, un montón de nada-cero a la izquierda que creen que por un beso final después de la patética escena de reencuentro de ese supuesto romance que olvidaron desarrollar, se arregla todo.
¡Hoy en día a cualquier largometraje le ponen la etiqueta de comedia romántica!
La ciudad de Cali debería estar ofensa por la utilización de su nombre en tal mejunje pues el zafio ofrecido ¡le hace flaco favor a la misma!
¡Cenicienta debería ponerles una demanda por difamación de su relato y mal uso de su imagen!
Cualquier capítulo de "Un paso adelante" tenía más sabor, chicha y gracia y, ¡bailaban mucho mejor!
¡Aquí, avanzan un paso y retroceden dos!
¡No te dará ni para recordarla queriendo!



Voy a ser mamá

La cachemira, en cuanto a diseño, es un dibujo estampado con forma de gota curvada o riñón, su nominación procede de una región de la India de la cual procede su nombre donde se fabricaban este tipo de chals con lana de cabra muy escasa y extraña en el mundo y una de las más valoradas, suave al tacto, sedosa, ligera y de buen aislamiento térmica que suele asociarse con el verano del amor del 67, la cultura psicodélica y con la espiritualidad que los Beatles trajeron a occidente tras su viaje por estas regiones; el propio John Lennon era propietario de un Rolls Royce pintado con el diseño de cachemira.
¿Por qué toda esta introducción? Porque esperaba encontrar a través del título una posible pista que fuera clave para el galimatías bobo, vacío, estúpido y absurdo que encierra esta supuesta comedia francesa de incógnita aún-no-la-encuentro donde dos destartalados adultos de alto standing, ocupados en sus propios asuntos, con vidas independientes que comparten espacio y domicilio como quien se reune para hacer la colada deciden adoptar un niño al igual que se adopta un perro, con dinero por delante, entusiasmo triste y enorme ostentación de mal gusto por algunas insinuaciones patéticas y ofensivas o por una supuesta gracia resultona que sigue sin aparecer por mucho que la analices o la valores desde el lado más amable, indulgente y permisivo que se pueda considerar.
La directora ocurrente de tal disparate, Valérie Lemercier, de estrella protagonista como mujer de negocios-ansiada mamá, Gilles Lellouche de lamentable marido pelele por momentos-payaso por otros, escenas atropelladas de sentencias efímeras una tras otra y, un niño, supuesto ruso, cuyas instrucciones de rodaje fueron: tú, siempre cabreado ¿vale?, escena trágica hacia los tres cuartos, melodrama sincero a partir de entonces y reconciliación matrimonial con niño -y futura niña- incluidos, eso sí, ahora con una tierna y dulce sonrisa, todo ello después de soportar un montón de desfachateces y burradas en tiempo récord.
Dudo mucho que consiga causarte risa, humor, diversión o cualquier síntoma que se le parezca, incluso vacilo sobre su utilidad como posible entretenimiento ligero y superficial, necedad cómica-burla tonta son adjetivos bastante verosímiles a lo ofrecido, oferta que intenta vender a través del chiste, la charlotada y la broma temas de fondo serio.
Todo un cachemire de imitación y pega, falso en el porte, torpe en su andadura y banal en su despliegue de tonterías.
De la traducción del título original a "Voy a ser mamá", me ahorro el comentario porque éste ya sería un asunto serio que analizar.
Aprovecha, durante su visión, para hacer planes para después; adelantarás tiempo y pasará más rápido el actual 



lunes, 17 de noviembre de 2014

Diplomacia

"París rompiendo sus cadenas"
"Arde París" de 1966, dirigida por René Clément, con Jean-Paul Belmondo de protagonista y guión de un joven Francis Ford Coppola, que se centra en los hechos de la noche del 44 cuando la hermosa capital cuya estirpe se vive en los campos Elíseos, de carta de presentación La Torre Eiffel y destino de todo romance soñado fue salvada de las llamas; basada en una novela histórica de Larry Collins y Dominique Lapierre publicada en el 64 donde se relatan las horas previas a la liberación de París durante la segunda guerra mundial desde diferentes puntos de vista gracias a la negación del gobernador alemán, Von Choltitz, de seguir las órdenes de Hitler, renonocida actualmente de forma curiosa con su mención en una grabación que se pone en marcha en el autobús turístico que recorre la ciudad donde se detalla explícitamente que los monumentos que se están viendo es gracias a la valentía, coraje y desobediencia del susodicho alemán.
No, no me he equivocado de película, sólo quería detallar que esta obra de teatro de Cyril Gely llevada a la gran pantalla por Volker Schlöndorff no es ningún original y que tiene antecedentes mucho más sabrosos y suculentos que su versión actual, en la cual hubiera bastado con poner una cámara en las tablas del escenario y mostrar dicha secuencia en formato de película porque, es lo que se presenta aquí, teatro por la pantalla, ni más ni menos, ni mejor ni peor.
Y sí, André Dussollier, como diplomático sueco lleva la batuta, se explaya en su interpretación, en su paciente dedicación y angustia ansiosa y mantiene la atención y mirada del público con sublime facilidad, delicadeza y estilo pero, es una historia de resolución conocida por poco o nada que sepas de historia, el diálogo centro y propósito único de todo el filme no alcanza grandes cotas de tensión y suspense, la 
ambientación recogida y solemne del despacho es intenso habitáculo de conversación interesante por la importancia de los hechos históricos, atractiva por la relevancia de las consecuencias, por lo mucho que se juega en esa partida de dominó de dos enemigos formales que acaban siendo cómplices en secreto silencio y donde se intenta derrumbar una a una las fichas y piezas que impiden una resolución que hasta el mismo encargado de su ejecución quiere anular hasta que, el demandante tropieza con la salvación de la familia, con el sacrificio de Abraham cuya lealtad hacia su Dios fue puesta a prueba con la petición de asesinar a su propio hijo y donde la estrategia cambia de súplica para no llevar a cabo tal atrocidad a táctica de huida, protección y escondite ante la respuesta posible del Führer por tal desobediencia y desprecio.
No hay más ni menos, ni mejor ni peor que, el breve tiempo solicito para informar y reportar a la audiencia sobre un hecho histórico, diálogo que se sigue con afán, cuidado y dedicación pero que no tiene mayor aliciente que escucharles llegar a puerto sabido sin elucubración o polémica posible a la vista.
Bocado suficiente de apreciado sabor y fuerza impositiva consistente, de sabiduría selectiva y excelencia sutil en las formas, de apetencia considerada en su presentación oferida y diestramente matizada en su perfección de conjunto servido al público pero, un poco exagerado en la trascendente nota otorgada -prácticamente un siete-, elevada condescendencia donde sí, hay gusto y arte, sutileza y compromiso en sus sentencias sinceras, firmes, duras y arraigadas por siempre en la historia pero..., ¡tampoco sacia tanto!
Complace, ¡que no es poco!



domingo, 16 de noviembre de 2014

Interstellar

Confusa, una película confusa a la vez que inquietante, hermosa, excelsa y grandiosa donde las haya en la cual empiezas tu andadura por un camino conocido y seguro para desviarte por otro asimilable y, a continuación, perderte por un mar de confusión pero volver a encontrarte en zona estable y, de nuevo, regresar a un remolino de inesperado viraje y desconcierto y acabar enfrascado en una espiral de impresionante y fascinante confusión de datos técnicos, frases científicas pero molonas de buena apetencia para el oído aunque escaso significado para el cerebro y un montón de giros, tropiezos, caos, ultimátum, esperanza y, volvernos al principio para retroceder y finalizar no se sabe dónde exactamente -aunque, un poco sí-, con la única evidencia segura de confusión cautivadora de modo que, cuando salgas del cine satisfecho, confuso e impresionado con una idea más o menos clara de lo que has visto -pero que nadie te pregunte por ella porque dar una explicación sobre lo acontecido sería prácticamente misión imposible-, tu mente debe hacer acople de retroceso y recordar que la ciencia-ficción es un género literario cuyo contenido gira en torno a hipotéticos logros científicos y técnicos del futuro distinguiéndose, en 
este punto, del género fantástico que es fruto de la imaginación; también conocida como literatura de anticipación pues muchos de los autores de este campo lograron anticipar diferentes inventos que, con el tiempo, se transformaron en realidad en el mundo que vivimos, ejemplo Julio Verne y sus submarinos y naves espaciales..., y ¡ésto es lo que tenemos aquí!, el Julio Verne del espacio, del tiempo, de la física, de la cuántica, de los agujeros negros, de las galaxias, de la distorsión del espacio/tiempo, de la anomalía gravitatoria, de la realidad cuatrodimensional, de la relatividad..., y un montón de aspectos técnicos difíciles de memorizar, asumir e interpretar que nos hablan de las fabulosas posibilidades infinitas, frenéticas, escalofriantes, impresionantes, incluso histéricas e inconcebibles pues se escapan a tu comprensión, por parte de dos guionistas, Jonathan y Christopher Nolan -también director de esta incatalogable pieza magistral- que han tenido una inventiva maravillosa, sublime, grandilocuente y radiante donde cualquier adjetivo se queda corto excepto el de confusión, una película 
confusa en la cual en el aspecto técnico y experto de datos te dejas llevar y arrastrar por la sonoridad de unas sentencias, leyes y afirmaciones que suenan apetecibles y posibles en un proyectado futuro pero que, acomplejan a tu mente por desconocimiento, que en el aspecto humano emociona y cautiva tu sensibilidad más tierna y expuesta, que en la escenografía, fotografía y ambientación adquiere un nivel magnífico de belleza y hermosura, amplitud e hipnotismo pocas veces visto donde la armonía seductora de los silencios que le acompañan en espléndida procesión son de una exquisitez indescriptible y, por la cual pasarás por momentos asombrosos, otros desconcertantes, otros pesados, otros lentos, otros de adrenalina pura y otros que escapan a tu acepción actual.
Un "Armageddon" para cambiar de habitáculo planetario que se inicia con una mirada referencial a "Señales", que se traslada rápidamente a un "2001: Odisea en el espacio" de inspiración más poderosa e impactante y con tintes finales dramáticos a "Eternamente joven" donde se ansia la urgente supervivencia -poderoso instinto que nos mueve a todos-, que juega obsesionado con la Ley de Murphy -si algo tiene que pasar, pasará- y que, en medio de tanta tecnicidad, estratosfera, galaxias, dimensiones atravesadas por la gravedad, espacios/tiempos divergentes, múltiples y alternos es el amor, el sentimiento y el deseo de contacto humano la pieza central de esta obra maestra, la que mueve todo su motor y razón de ser en esta poesía de ingeniería y anticipación realizada en imagen pues "no temo a la muerte, temo al tiempo", pues son las sensaciones y emociones que experimentamos, vivimos y recordamos lo que perdura, se anhela y puede atravesar ese desconocido, insondable y tan temido paso del tiempo.
"Somos exploradores..., rabia, rabia de la luz que se esconde"; explora intensamente este filme dentro de todas tus posibilidades, déjate guiar por su luz clarificadora, aquello que se esconde en la oscuridad asúmelo sin discrepancia, soporta con entereza su sentida, y larga, duración pues es necesaria para tanto hecho e información vertida y disfruta como nunca de esa confusión hipnótica, deslumbrante, apasionante..., y todo lo que se quiera que, pocas veces será tan placentera en su magistral visión e inmensa, duradera, perpleja y confusa en su recuerdo.



sábado, 15 de noviembre de 2014

Escobar: Paraíso perdido

... y mis ojos vieron, por vez primera, la luz en esta tierra y fue tal el horror hallado que todo mi ser fue aniquilado.
A muchos, el título de la película les va a echar para atrás, les hará retroceder a la hora de escogerla..., ¡Escobar!, ¿qué pesado, no?..., craso error y no sólo por la magnífica, cautivadora, penetrante, fascinante y verosímil encarnación de Benicio del Toro de este personaje, ya histórico, difícil de catalogar sino porque vivirás a través del joven insulso e inocente protagonista el descubrimiento del mal hecho persona, del diablo con cara de ángel, del criminal más despiadado y espeluznante-padre devoto presente-marido fiel santificado, un cristiano amante servidor de Nuestro Señor que no le tiembla la voz cuando ha de sentenciar las ordenes que le dicta su escabrosa conciencia, un relato en exquisita y explosiva línea ascendente que empieza con una idílica entrada al paraíso de una tierra sugerente con un efusivo amor encontrado, que continúa con su placentera acogida e introducción bondadosa en la familia  para dar un giro de 180 grados y convertirse en un espantoso, inquietante y agobiante thriller de 
persecución y caza al testigo donde la verdadera cara de un voraz asesino sin escrúpulos ni piedad es descubierta, donde el sadismo más macabro y perplejo sale a la luz, donde la ironía mordaz y esperpéntica de la combinación de imágenes crueles y mortíferas junto al cariño y amor más selecto ofrece un cuadro atroz, hipnótico, abominable y feroz en su aceptación, rechazo y seducción del cual te será difícil no salir impresionado y abrumado por la cantidad de barbaridades que acabas de visionar.
"Camino a la perdición" de inicio "Amor a primera vista" con rastro de "Inocencia perdida" pasando por una bienvenida a "La gran familia" y "Adivina quién va-a-ser-asesinado esta noche", una mezcla potente-brutal-desquiciante-inquisidora-asfixiante que te atrapa sin apenas darte cuenta con su lenta y aburrida calidez y bonaza primeriza que adquiere forma tensa, expectante y precavida en su interrogante medio para finalizar en una ruta sin freno ni control de destino forzoso y brazo ejecutor limpio que no duda ni sufre ni muestra aliento más puro y deseoso que el abrazo para con un hijo mientras mata a otro al mismo tiempo.
Amén de la loable interpretación del susodicho actor que se come la pantalla con su sola presencia y anula a quien está alrededor, se cuenta con un excelente guión de argumento pausado de menos a más, que va adquiriendo forma, adrenalina, fuerza e intensidad conforme avanza en un proceso de tensión, emoción y captura por la revelación y evolución del hombre familiar amable-tierno-amigo entrañable y querido al ser demoníaco-infernal-atroz-sin compasión que se muestra hacia el final, y ni siquiera hablamos de un doctor Jekyll-mr. Hyde alternos sino de la conjunción de ambos al unísono, de la aversión estremecedora de dar un beso a su mujer, utilizar de mensajera a su niña, rezar y ser bendecido por el representante del Señor mientras están matando a la oveja de turno correspondiente sin miras ni remordimientos pues todos, sin excepción alguna, son rebaño a su servicio, todo un ferviente y bestial beso de Judas de condena mortal ejecutada sin perdón.
No dejes de lado este Bambi escorpión-encantador de serpientes que juega al tiro al blanco sin ensuciarse las manos, déjate llevar por una comida de digestión lenta, suave pero segura y consistente, combustión impactante de recuerdo fructífero y hondo donde introduce sus ingredientes a fuego lento para preparar la ardiente aparición de ese teatro espectacular donde la máscara es retirada y se descubre la verdadera cara que escondía tan bello comportamiento de palabras amables y acogedoras, un inmutable y conveniente Mowgli que no derrama una lágrima ni duda a la hora de usar, abandonar a sus fieles amigos en la arrasada jungla y buscarse refugio más acomodado en la ciudad fuera ya del libro de la selva.
¡A salvar el culo, caiga quién caiga!, toda una filosofía de vida.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Boys of Abu Ghraib

"Bienvenido al lado duro soldado..., sin jodida compasión"
Una mañana todos nos despertamos con las imágenes testimoniales de los hechos espeluznantes y atroces ocurridos en Abu Ghraib, una cárcel de Irak donde se enviaban los presos más peligrosos capturados en la explotada, maldita y avergonzada guerra consabida por todos para ser confinados e interrogados sin supervisión ni control de autoridad alguna y vigilados por soldados americanos de élite que ejercían de guardianes esperpénticos aislados en un desierto de arena sin comunicación ni auxilio por parte de nadie que les convertía en reyes y dioses de todo lo que ocurría allí, carta blanca para todo tipo de acciones ante un lugar escondido y oculto a los ojos del mundo.
"La línea de mando espera que hagas tu trabajo, ¿entendido?"
Historia real basada en tales experiencias escrita, dirigida e interpretada por Luke Moran que en su primer trabajo se atreve con una historia dura, cruel, feroz y veraz que todos hemos oído a través de periódicos e informativos sobre los hechos deleznables e inmorales que tuvieron lugar allí y que salieron a la luz gracias a la pericia o estupidez de sus propios protagonistas.
Evolución psíquica, emocional de una persona cabal, recta, sensible y con moral que poco a poco va perdiendo todo contacto con la realidad, que anula toda su empatía y conexión para con los encerrados y que acaba sufriendo una locura temporal, sobredosis de delirio transitorio que le lleva a ejercer de monstruo psicológico y perturbado, un corriente e inocente chaval de 22 años que ama a su país, que cree a ciegas en él y que quiere contribuir a su defensa hacinado en la nada más lejana rodeado de tortura, caos, explosiones, silencio inquisidor, ruina devastada, honestidad encarcelada y desolación continua en las condiciones más deplorables de vida física que se puedan imaginar.
Porque ésta es la clave de toda la historia, su gran acierto que a muchos puede dejar con sabor rancio y pobre por la escasez de profundidad morbosa, por la pequeña muestra de lo que podría haber sido, por no tener miras y expectativas de gran denuncia y por no ofrecer una visión sedienta y palpable del horror allí acaecido pues se alimenta con sencillez, pulcritud y moderación de una imaginación dejada en nuestras manos, que no se sirve del expreso espasmo, temblor y desagrado, que impresiona ante un relato donde el novel director no se ceba con escenas explícitas y abominables de angosta visión sino que perfora y se adentra en las vivencias en primera persona de un soldado raso que no debe pensar ni decidir, sólo obedecer, de esas largas noches sin descanso en el sotano mugriento donde dormía, de la asfixiante monotonía hipnótica que repetía todos los días, del angustioso pasillo endemoniado donde ejercía de controlador, del patio refugio ficticio de añoranza y ensoñación sobre la existencia dejada en 
casa, del devorador carcoma mental de tantos días-horas-minutos aislado de la civilización, todo un cuadro hermético que le llevó a la transformación del ser maligno, descabellado y desquiciado que llegó a ser, condiciones apestosas e infrahumanas para un combinado brutal de insinuación que hiela y hiere por lo que se oye, intuye, presiente, analiza, distorsiona, crea, conjura y se sabe pero nadie pregunta, un infierno escogido por desconocimiento que desfigura el alma y transfiere al cuerpo el poder de ser arma letal sobre víctimas reducidas a despojo humano y convertidas en carne que maltratar y usar a antojo y disfrute personal, la gran tragedia que paraliza, acojona y asombra ante la simpleza y acceso de pasar una línea que te lleva del olvido de quién eres al estallido de un diablo que ni siquiera uno mismo sabe que existe, vergüenza tardía ante macabras actuaciones de fiesta permitida por nadie pero autorizadas en impune conformismo tácito no expresado.
No es de gran impacto perceptivo, ni de adrenalina y frenesí con acción ininterrumpida, todo lo contrario, la rutina-pasividad-aburrimiento combinada con pensamientos incontrolables, desesperación mortífera y una ida mental donde se desvanece todo rastro de humanidad y surge el despropósito horripilante de ser un mecenas con esclavos a tu servicio, rienda suelta a la rabia, locura, odio, impotencia y maldad sin freno pues a nadie importa, apunte locuaz, humilde y modesto de la conversión que padece y sufre quien entra en el túnel de los horrores y la mazmorra del sadismo y placer corrosivo, proclama sutil y esmerada de la facilidad de llegar a ser todo un doctor Jekyll y mr. Hyde en un mismo cuerpo.
"...quería salir, quería hacer la diferencia.", deseo cumplido pues nunca más volvió a ser el mismo.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Child of god

Adaptación de la novela de Cormac MacCarthy, James Franco ofrece la historia de Lester Ballard, un hombre solitario, cruel y perverso que representa el crecimiento y la vivencia en aislamiento extremo, los estragos inquietantes de una soledad y arinconamiento continuos en el tiempo, la deleznable perversidad que mata toda compasión, corazón y toca ansiosa a la puerta, el salvajismo puro de quien pierde la conciencia y la razón de ser y la decadencia de una violencia y brutalidad en una experiencia humana llevada al límite de su supervivencia, un animal enloquecido sin apenas raciocinio en su más bajo estado cavernícola, desahuciado, acorralado y huido, desastroso ejemplo de existencia al margen del orden social, del entendimiento comunicativo, un ser privado de hogar y familia, de cariño, ternura o posible educación personal, sin ataduras ni lazos emocionales que llega a la perturbación sexual más horripilante amén de una atroz combinación macabra de necrofilia con pedofilia, subsistencia primitiva obscena y desagradable al precio que sea, tristeza de desperdicio de un alma desaparecida aniquilada por las condiciones de partida y los retrasos, carencias y desajustes sufridos durante el juego de la vida. 
Impresionante, brillante, fantástica interpretación de Scott Haze que asombra, fascina y acojona en su manifestación de la marginalidad, la dureza, el horror y el primitivismo de una limitación mental en un cuerpo golpeado, vapuleado que se defiende, ataca y es mortal como el que más, enojado, cabreado, desechado, confuso llega a la cúspide de una locura espeluznante de agotamiento visual, toda una delicia de papel protagonista para cualquier actor que tenga el valor y coraje de aventurarse en tan explosiva, detestable y humillante expedición.
No es una visión agradable, no es una lectura ligera y cómoda, revuelve al estómago más resistente e indigesta a todos y cada uno de los sentidos, rechazo instintivo ante tanto dolor, pesadumbre y dureza, recogimiento natural que lleva a vapulear y refutar un filme que, visto técnica y objetivamente, es un atractivo y soberbio ejemplo de excelente realización sobre un estado salvaje de perfecta comunión con la naturaleza donde sobrevive el más fuerte, el más sádico y el que dispara primero; cosa distinta es la repulsión y asquerosidad de la vida en los bajos fondos del fango más espeso y corrosivo.
"Ellos llegaron como caravana de feria popular, por los surcos de paja y pasando la colina con el sol de la mañana"
No te dejes engañar por esta introducción de suave advenimiento, no vas a ver un cuento de hadas; clara tendencia a dejar la película por la mitad y pasar a otra cosa.
Se puede afirmar con poco margen de error que a este, aún novel, director le apasiona toda forma de nihilismo y anarquismo y el reto de poder plasmar en imagen la sublime hermosura del horror más indigno y mezquino, fotografiar al hombre en su debatido virgen estado de naturaleza donde las normas, la convivencia y el respeto no existen más allá de uno mismo.





Si decido quedarme

Literatura adolescente llevada a la gran pantalla intentando emular éxitos precedentes de hermanas casi gemelas que circulan y se mueven por sendas tan cercanas, parecidas y, en ciertos aspectos, iguales que podrían ser ofrecidas en un maratón continuo de sesión ininterrumpida y dejarse de tanto cuentagotas aunque, el estreno de ésta ha sido tan cercano a "Bajo la misma estrella" que en la comparativa y expectación, sin duda, sale perdiendo.
Introducción de familia idílica, prototipo de felicidad, comunicación, alegría, sonrisas y salud emocional, todo un ¡guay del paraguay!, cuyo brutal accidente inesperado obligará al espíritu de la joven protagonista en coma a decidir si vale la pena seguir viviendo o si abandona y se deja llevar al más allá, todo ello con alternos flasback de relato y memoria de su inicio, desarrollo y vivencia de su perfecto y romántico amor verdadero expuesto en un tono dulce, cálido, suave, tranquilo y reposado que apenas transmite nada más allá de cuatro momentos de emotividad que puedan valer la pena.
Percepción muy ligera, superficial y nimia para intenciones tan profundas, penetrantes y dramáticas, debilidad que no logra motivar o hacer aparecer la tan socorrida lágrima buscada, alguna mínima implicación o, ni siquiera, un posible y deseado nudo en el estómago pues tus sentimientos no bailarán a ritmo alguno, tus emociones no sentirán ni vivirán intensamente su vida, levedad de una rotativa que pasa a pies juntillas por todo su contenido.
Intenta recrear un impacto ambiental, huella exclusiva y conmoción en sus personajes que nunca se percibe, distancia sensitiva que sólo permite hablar de una visión plácida y relajada, un relato de amor, pérdida, dolor, ilusiones rotas, esperanza que se desvanece lentamente que no alienta frenesí, arrebato o excitación alguna ni motiva otra sensación que su lineal seguida pasiva y apacible.
Tiene momentos puntuales de carisma y delicadeza donde acierta en su empatía interpretativa y expositiva con el espectador pero no sabe explotarlos ni alargarlos más allá de su breve espacio de duración, corto tiempo que sabe a insuficiente para la consistencia y solidez de una historia que habla de hechos tan trágicos y rotundos, no vale ni para adolescentes vírgenes y puros de creencia e ilusión aún innata ni para mayores de corazón sensible e inercia receptiva predispuesta pues deja una sensación de todo-muy-bonito-y-genial pero una evidente e indeseada carencia anímica por falta de empeño, profundidad, energía, carácter y pasión, mucha pasión, énfasis, adrenalina, movimiento y menos belleza espiritual y contemplativa que, está bien y se agradece pero, que por si sola sabe a bocadillo de pan y nada más, sin el ingrediente puntilla que le da ese toque exquisito y mágico de delicia gustativa, vamos, aunque sólo sea ¡un poco de aceite y sal!, pues cada uno de los bocados de esta cena que sólo da para tentempié liviano resultan tan efímeros e insustanciales que apenas recuerdas haber cenado después de ella.
Entretenimiento demasiado vacío y superfluo para lo que vende y promete, la tragedia e incógnita de su elección no te quitará el sueño, es más, que elija lo que quiera..., ¡ya puestos!



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Annabelle

"Annabelle se encuentra ahora en una urna de vidrio dentro del cuarto de artefactos de Ed y Lorraine Warren. Es bendecida por un padre dos veces al mes. ¡Cuidado!, definitivamente no abrir"; referencia a la película que le sirve de alimento para su nacimiento y que advierte de los peligros de desobedecer dicho consejo que, por supuesto, ya hemos comprobado en su anterior -visión- posterior -historia- ¿no?
"Desde el principio de la civilización las muñecas han sido amadas por los niños, apreciadas por los coleccionistas y usadas en rituales religiosos como conductores del bien y del mal"; introducción a las mieles del miedo, el horror y un más allá sediento de almas que capturar.
"Búscábamos una de éstas en todas partes, no podíamos encontrar una...Se supone es de colección, por eso el precio es más alto que el resto..., ¿se la va a llevar?..., Si por favor"; conversación excusa para la posible siguiente entrega.

"La amenaza del mal está siempre presente, podemos contenerla siempre y cuando nos mantengamos vigilantes pero nunca puede ser realmente destruido" consigna de Larroine Warren como sentencia final de consuelo que se supone debe coronar todo el mal presenciado, todo el terror sufrido, toda la angustia padecida.
Y las pongo, todas ellas, en orden inverso y alterno al igual que un relato donde la muñeca diabólica -y me duele la referencia a Chucky porque no está a la altura de la comparativa- aparece primero en su casa de destino para retroceder y contarnos una historia 
de su andadura previa, lo cual está muy de moda en los últimos tiempos, todo ello dentro de un corte clásico que, aunque no molesta e incluso resulta gratificante, no alcanza las cuotas de expectación deseadas pues el matrimonio conductor resulta insustancial e insipido, la historia leve amén de consabida, los breves puntos álgidos escasos e insuficientes, la estética cuidada y conseguida pero de contenido nimio y efecto poco contundente.
Se agradece la calidez del formato, la relajación de las formas, la suavidad de sus andares, la relajación de su bienvenida y prólogo introductorio sólo que esa pasividad y lentitud, esa sosez y parsimonia deberían revelarse y transformarse, en el momento oportuno, en vigor-impulso-fuerza-pavor-adrenalina-emoción-susto, susto, mucho susto que te levantara de la butaca y te hiciera mirar debajo de ella por si se había escondido allí la indeseada protagonista.
En lugar de ello miras sin vibrar, observas sin padecer, la continuas sin pasión y la finalizas con un regusto a poco resultado obtenido, a nimiedad lo logrado que te preguntas si esta explicación de su posterior ser tenía motivación y razón de existencia aparte de la taquilla.
Muchas intenciones, propósitos a mansalva, continuas alegaciones al más allá, el diablo, espíritus malignos pero total ausencia efectiva de su apenas perceptiva presencia, negado don no saber provocar miedo en el espectador y pretender realizar una película de terror.
"Los discípulos del carnero" no aportan tensión ni éxtasis ni pavor, sólo frialdad, modestia, lentitud sin ansia, serenidad y calma no deseada pues ésta no es elevada a furor escalofriante de sensaciones espeluznantes y perplejas.
Lo que se echa de menos realmente es un exorcismo pero, no para expulsar al diablo sino ¡para reclamar su presencia!