jueves, 22 de enero de 2015

Whisplash

"Bravo por la música, que derrama lágrimas y después sonrisas despertando al amor...,bravo por la música, dama hermosa y cándida, lánguida, enigmática y a veces ciclón" todo un clásico cantado por Juan Pardo.
La magia de tocar un instrumento, el arte de crear vida de aquello que permanece inerte y apagado, cuando el placer se convierte en deseo obsesivo, la pasión transformada en locura desmedida sin control, la dificultad de graduar el talento, la inteligencia de conocer los límites, la impotencia de no alcanzar la meta, la adrenalina de superar las expectativas, el desconsuelo de no ser valorado, la admiración convertida en puñal que hiere, el abandono como descanso anímico, la inquietud perturbadora de no ser mediocre, el anhelo de ser un genio, cuando toda tu vida gira en torno a ser el mejor y te olvidas de disfrutar y saborear el camino no importa si llegues o no.
Un profesor y un alumno, sargento de hierro uno, elegido mandatario de descubrir y decidir quien vale o es rechazado, el otro desesperado chaval por un reconocimiento y ovación que le llevan a extorsionar la habilidad hermosa de la creación artística, el encanto de leer una partitura y casi matar a ese ruiseñor delicado que cree en sí mismo y conoce su valía, una relación expuesta con la exagerada tensión y abrumadora tirantez de que el dolor es imprescindible para el triunfo, que el sacrificio hasta desfallecer y que sangren las manos es requisito a pagar por los elegidos, por los grandes, por los únicos que serán recordados y pasarán a la historia discurso, por otra parte, más apetecible en el rostro y bastón inolvidable de Lydia Grant, profesora de danza y baile de la añorada "Fama".
Este cisne, no del todo negro, rítmico pasa por los pasos previstos: deseo, ansiedad, descubrimiento, alegría, trabajo, extenuación, consumición, mortificación, pérdida de la cordura, distorsión de la realidad, agresividad propia, desesperación elevada a descontrol y enfermedad..., todo ello expuesto con la sabiduría preferente de que la melodía, su dedicación y entusiasmo sean lo importante y a destacar por encima de esa noria sofocante de estímulos y vejaciones llevada al límite máximo de unos sentimientos plasmados con percepción agria y desapacible que mantienen la opresión del momento, dureza ofensiva y molesta que roza el maltrato psicológico y un atractivo masoquista de observar como se desvirga la pureza y se distorsiona un sano objetivo elevado a cima gloriosa que conquistar.
Preferentemente prefiero el estilo de "Once" con más oportunidad y gracia para apreciar y degustar el amor y pasión por este delicioso arte, palpable sencillez sin tanto giro mareante de señuelo motivador; aquí se reconoce el loable y soberbio trabajo de J.K. Simmons como martirizante educador que tiene el privilegio y la potestad de ver y encontrar al nuevo Hendrix de la batería en el presente/exquisito futuro por delante, despiadado y cruel por momentos/el más leal apoyo animador en otros, necesario y orgulloso ogro que sólo deja ver su amabilidad si te ganas su respeto y admiración, un elogio arduo de conseguir sólo al alcance de unos pocos dispuestos a dejarse la piel, el corazón y la razón por la cual luchara fervientemente, como un loco poseso, un genial y meritorio Miles Teller que representa la inocencia de amar tu arte llevado al algotamiento de destruirlo y odiarlo, desmadre psíquico de herida física y aborrecimiento mental donde todo tu estimable coraje e ilusión querida es vapuleada por el aprecio equivocado de buscar el halago y alabanza de los demás y olvidar el tuyo.
Se trata de acústica -bombo, platillos y palillos-, lo cual puede retrotraer la adicción completa por esta carrera frenética sin normas, barreras por doquier y una distorsionada exigencia por parte de una audiencia que reconoce, aplaude y admite su logro y valor pero no logra alcanzar ni sentir la suculenta gloria vendida aunque, sin duda, provocará la delicia de aquellos que adoran dicha sección de una orquesta.
Se excede en las enseñanzas del tutor-maestro, en las lecciones agónicas de martirio humillante, más dispuesta la parte relativa a la persuasión por el sonido, la armonía y la sensibilidad de aspirar ese aroma de quien vive por y para la música, se deja sin apenas desarrollo la dictatorial renuncia a una vida personal por la devoción a la profesión escogida y no se profundiza apenas en la relación paterno-filial y las secuelas de un progenitor cuya imagen es reflejo de fracaso en su pretendido estrellato.
Se disfruta, padece y mantiene tu interés, unas veces con sabor agradable, la mayoría de gusto desapacible y desabrido por la barbarie insinuada de que sólo con suplicio, tormentos y humillación se triunfa, película válida, más excepcional y lustrosa para amantes de este instrumento que roza el peligro de sobrepasar el umbral de la opresión admitida y colapsar toda la labor exhibida.
Vives los acontecimientos, valoras el resultado, reconoces el esfuerzo pero, este estilo militar de machaque, voces en grito, insultos, competencia insana y enfrentamientos los unos con los otros como que ¡lo disfruté mas con Clint Eastwood y sus maniobras a campo abierto!, tanto ardor tapa un poco la magnificencia de este arte, su encanto exquisito y su degustación suprema; me reitero, prefiero el amor incondicional y altruista de John Carney, en su obra maestra, a esta severidad reinante que azota sin piedad ni esmero, admito el valeroso trabajo de todos los participantes pero encuentro mayor goce en el otro enfoque.
Este Amadeus que tiene que bajar a los infiernos para conseguir entrada al codiciado cielo tampoco satisface tanto, se tiende a premiar y valorar con excesiva generosidad la pena, el calvario, los traumas y la tragedia.



miércoles, 21 de enero de 2015

Reach me

¡Alcánzame!, pero si vas tan lento y ofreces tan poca distracción que ¡te he adelantado y llevo rato esperando tu llegada!
En navidad y épocas concretas es muy normal la aparición de relatos sencillos y modestos formados por pequeñas y ligeras historias de varios personajes que van a confluir en el mismo sitio y lugar, dia d-hora h, y bajo la misma temática para articular un tapiz simpático, ameno, jovial y llevadero de carga leve, típico de nochevieja/Times Square/el amor/deseos de futuro etc..., en esta ocasión se trata de una reunión improvisada de extraños, unidos por la misma esperanza e ilusión, donde hará su aparición el autor anónimo del libro de autoayuda que ha cambiado la vida de los presentes, individuos varios con situaciones extremas cuyos caminos van a cruzarse por accidente azaroso del destino para ese gran momento de explosión y fuegos de artificio donde el tablero se dispone, las fichas tropiezan, todo se precipita y se produce el esperado desenlace, de normal dulce, armonioso y querido donde triunfa el bien, el malo es castigado, el chico consigue a su chica y la felicidad florece cual hermosa rosa que abre sus pétalos en primavera pero, para esta oportunidad, aunque se cumple a rajatabla lo escrito, el final es tan dulzón, meloso y acaramelado que embafa y casi estropea su visión 
previa, la cual tampoco luce en demasía pues es el previsto y caótico portal de Belén cuyas piezas e ingredientes revueltos alcanzan la paz y concordia para confeccionar ese cuadro hermoso de bella postal de fotografía buscado y deseado que incluye, una ex-presidaria con revelación incluida, una mancillada sobrina aspirante a actriz, un policía con remordimientos por hacer su trabajo, un sacerdote asfixiado por las confesiones de su oveja descarriada, unos matones que desiertan de pegar puños por el sueño de preparar y servir comidas en su propio restuarante, un estafador con perro salchicha y novia demasiado joven, un jefe mafioso que debe bajar de las alturas y volver a ensuciarse las manos y, todo concertado y movido por un joven periodista, aspirante a escritor de novelas de éxito, orquestado y presionado por un Rocky intelectual, de verborrea filosófica sobre como prosperar y ser feliz en la vida obsesionado en encontrar y sacar a la luz a este visionario que no busca fama ni a quien importa el dinero.
El desmadre es previsto, los pasos figurantes nada gloriosos ni espectaculares, por tanto, nos quedamos con el atractivo de las breves historias, centro clave de un entusiasmo y cordialidad en su consumo o sosez y desgana que roza el aburrimiento y, la verdad, ni tanto ni tan poco, se busca la comodidad remilgada, la nimiedad sin apuros, aspereza sin gran esfuerzo, lucimiento con desidia, poca motivación ni gran complicación para despejar esa densa neblina que nunca aparece pues, se busca el soleado despertar de un amanecer claro y suave donde anticipar con facilidad su confortable discurrir.
La calefacción es moderada, insuficiente para caldear el ambiente y, en general, este gurú inspirador portavoz de magistral sabiduría para ayudar a los demás siendo él quien más necesita esa mano tendida que le levante del suelo no alcanza una cuota estimable de respeto y afecto por su trabajo y andar, es más bien escaso, pobre y leve en su ensoñación reflejada.
Ejemplos varios de este tipo de formato los hay donde elegir, con más arte y maestría no será difícil de descubrir, en estilo dramático profundo de gran impacto emocional y recepción herida mucha más sabroso y grato ya lo plasmó Aaron Eckhart en "Love happens" con talento, sentimiento y más bravura, entre muchos otros, pues este eslogan de apertura confesa sobre el enigma de la existencia, con su clarividencia confusa "...,no hay parada, ¿quién se detiene?, detenerse, alguien que se va a detener..." que suena a bocazas presumido que habla mucho y no dice nada, más su lema de frenesí estrambótico "...,no hay quien detenga a alguien que no se detiene con nada" y su televisivo titular de estrellato mediático "reach me" tiene mucha palabrería que roza los altares de la buena fe y agraciada prosperidad pero, poca chica, consistencia ni rigor más allá de la simple banalidad y obvia superficialidad con la que se mueve, alimenta y lo vive todo.
Caras conocidas para una debilidad bobalicona que fluye cual espíritu benigno y descafeinado que no vibra, fuerza, tiembla ni posee un gran coraje, su superfluo carisma no activa el corazón ni consuela a un alma hambrienta deseosa de más.  



Babadook

"Si está en una palabra o está en una mirada, no puedes deshacerte del babadook..., ba, ba, ba, dook, dook, dook"
Genial, fantástica, desternillante en su principio febril e inquietante en su continuación agónica y asfixiante como hace tiempo una película de terror no reflejaba la histeria, psicosis, alucinación y pérdida de la cordura con tanto efecto y sentimiento sin tener que recurrir al socorrido rojo de la sangre a borbotones, por todos lados, y fiasco de escenas que no provocan alteración, miedo o incertidumbre alguna.
Como las mejores historias narradas en ese fin de semana de campamento, a la luz escalofriante de una cálida hoguerra en plena oscuridad nocturna de luna llena, llega este historia de terror psicológico cuyo protagonista es el personaje de un dulce e inofensivo cuento -hemos dejado atrás las muñecas- que esconde tus temores no admitidos y donde transcurres de la pena y lástima por una madre al límite del agotamiento y el derrumbe físico y psíquico ante un niño inquieto, repelente, toca narices, de fantasía agotadora y espléndido, hay que decirlo, de cara a sobresaltar y cautivar al espectador y al que dan ganas, la verdad, de amordazar, estampar contra la pared, anular y matar por momentos ante su excitación incontrolada mientras, por otros, su sacada de quicio provoca una risa irónica involuntaria ante tanto incordio y desenfreno colérico para llegar a ese maquinista tan maravillosamente interpretado por Cristian Bale que, aquí, deja entrever secuelas y detalles de su fobia, angustia, descenso a los infiernos de la imaginación fantasma, de la sospecha y de la duda de ese diablo que, sin control ni resistencia, habita en todo ser deprimido e insatisfecho.
Jennifer Kent elabora una pequeña, modesta y sencilla historia de efecto contundente y repulsivo con materiales de estampa clásica, planos cortos de encuadre punzante y meticuloso, colores inertes y escenificación neutra y apagada, un mortífero acercamiento a vivir el pánico y horror que funciona en su provocación y éxtasis compulsiva conforme avanza y se atreve a penetrar del todo y con consistencia en el alma del diablo que enloquece, atrapa y se expresa a través de esa madre desesperada/viuda dolorosa que arrastra su pena en doliente silencio cual sonámbula sin esencia con muchos dilemas a resolver.
"Corre, corre, ¡corre lo más rápido que puedas!", simpleza direccional que hace la delicatessen del espectador en una hábil e hipnótica Essie Davis acompañada, espléndidamente, por un crío absorbente y expresivo en la persona de Noah Wiseman, dueto maravilloso que llena con ferociad, firmeza y seducción la pantalla, acierto pleno para plasmar esa visita a los infiernos que llama a la puerta para poder entrar en un perturbador, ardiente e inquisitivo "déjame entrar, déjame entrar, ¡déejameee entraarrrr...!"
Obsesiones y temores que nacen de los conflictos no resueltos, de la culpa inflingida nunca confesada de aborrecer a quien es fruto de tu vientre y de remordimientos de sucesos que marcan nacimientos y muertes, que comen de tu aliento y deliran hacia un descanso merecido que devuelva la pérdida y se lleva la tortura, pánico al pensamiento más horrible de una progrenitora hacia su semilla naciente y que adquiere la forma de ese monstruo perverso que atemoriza nuestras pesadillas y dulces sueños.
La clave de la pesadilla está en el acertijo de esa dictatorial sentencia de entrada, "Si está en una palabra o está en una mirada no puedes deshacerte de babadook", ¿eres bueno jugando a las adivinanzas? ya que, aquí no hay trato, sólo susto cuyo truco nace de esas malignas entrañas que susurran "dame al chico, dame al chico..." porque, ¡cuidado con lo que deseas no se haga realidad!



martes, 20 de enero de 2015

La teoría del todo

"Todos somos diferentes, no importa lo difícil que pueda parecer la vida, siempre hay algo que puedes hacer y tener éxito..., mientras haya vida, habrá esperanza".
Todo el mundo conoce, con mayor o menor precisión, la figura de Stephen Hawkings, los que más sabrán de sus logros científicos e importancia de su cabeza pensante, los que menos les suena por su famosa silla de ruedas y habla por ordenador, por tanto, un biopic sobre su vida debe combinar con maestría equitativa ambas partes, el cerebro magistral lleno de teorías e ideas sobre el principio del universo con el estudiante que tuvo que enfrentarse a una enfermedad motor-neuronal que le otorgaba dos años de vida.
"Demostrar que, con una sola ecuación, el tiempo tuvo un comienzo; una ecuación simple, elegante para explicarlo todo", el agazapado portador de dichas palabras, osado aventurero en su imaginado retroceso del tiempo hasta sus inicios, no será retratado con justicia técnica ni matemática en este relato, será la célebre figura humana, el hombre luchador que sigue creando sin descanso/marido-padre de tres hijos quien sea expuesto en imágenes, un retrato correcto y pulcro de composición y muestra sobre su aceptación, conformismo y adecuación de la enfermedad, el avance en su día a día de asombrosa subsistencia y, una combinación sutil de todos sus logros y evolución más cercana en el tiempo a la actualidad presente, por la cual, ha sido aupado a figura conocida por todos, con mayor o menor grado, me reitero y repito, dos horas espléndidas de perceptibilidad a flor de piel, sabor gustoso y recuerdo hermoso.
Un relato donde esperas el reflejo de la valentía, coraje y empuje de él, sin duda alguna, pues es la impresionante fuerza de voluntad, ganas de saber y descubrir y su poder de supervivencia lo que le mantiene aún con vida pero, donde destaca sobremanera la figura de ella, su primera mujer y esposa durante 25 años y a quien, sin duda, debe su presencia en este modesto planeta desde el cual observa y analiza la infinidad del universo, un impactante filme que combina con humanidad y respeto a un portentoso, magistral y excepcional Eddie Redmayne en la fabulosa labor concienzuda, meticulosa y concisa de ponerse bajo la dificultosa piel y carácter de este hombre irrepetible acompañado, con soberbia firmeza y sobriedad impecable, por una excelente Felicity Jones que aborda el papel de su novia creyente, cuidadora permanente de su necesitado esposo y madre luchadora de sus hijos, encumbre que, por momentos, llega a eclipsar al propio protagonista.
Nunca sabes si estas narraciones de impactantes historias verídicas sobre hombres cuya vida es toda una hazaña y heroicidad son fieles a los hechos o endulzan y magnifican estos con sentimientos de alarde amable y bondadoso para conseguir mayor acepción en el público y mejor venta en la cinta, lo único verdadero es que el filme funciona, emociona, impresiona, sorprende y tiene un ritmo inteligente para no agotar al espectador con términos científicos a años luz de su entendimiento y, optar por el camino de la sentida sensibilidad, delicada afabilidad y maravilla moral de conocer un poco cómo fue y es la existencia de este sublime y reconocido genio, sus esperanzas, amistades, alegrías, retrocesos, dificultades, avances teóricos, pérdida de habilidades motoras, encaje anímico de sus diversas emociones, variada mirada del mundo cambiante desde su parálisis inamovible..., no teoriza sobre todo, expone la fidelidad de los hechos y argumenta sobre sus emociones, combinación que logra captar tu sugestividad más esquiva y mantener tu interés más despistado, atracción ineludible que no se resiste a una ardua y costosa presencia de logros y beneficios dispares.
Cuando tu cuerpo se seca pero tu cerebro permanece intacto, horrible ansiedad de miedo pavoroso llevado con una loable dignidad de provecho estimable para la sociedad entera, perderte en el océano frío y abismal de ese equipaje de andadura que ya no funciona ni responde y hallar un recóndito escondite de comunicación excepcional que vale lo que no está escrito, informatizada voz portadora de las palabras y espíritu incansable de aplaudida resistencia de ese luchador que se rió de su tiempo límite de 24 meses más, una mujer/compañera/amiga a la altura de la importancia de la ilustre estrella plasmado con suavidad entrante, de adorada seducción en su cómoda y afligida visión que no entra en los sinsabores indigestos y momentos molestos de rabia e impotencia ante una vida sin movilidad y dependiente de los demás las 24 horas del día, que prefiere el recatamiento inofensivo de esa parte y explayarse en la grandeza de una vida construida, disfrutada y completa a pesar de lo pedregoso del camino, de lo inalcanzable de la meta y lo complicado de una práctica cuya teoría ya parecía imposible.
Quédate con la versión dulce, agradable y meritoria del relato que es de digno aplauso, mayúsculo reconocimiento y merecimiento de cualquier premio concedido pues, ¿por qué ver el vaso medio vacío cuando es más fructífera, bonita y rentable su lectura positiva medio llena?, rasca ligeramente la superficie y descubrirás la belleza del premio otorgado, araña profundamente y romperás el boleto premiado haciendo añicos toda su magia y resistencia y..., ¿quién quiere éso?
Elegancia y serenidad en el dolor, admiración en el trabajo, concordancia en su disfrute y cariño e imponente simpatía generalizada, una ecuación que lo expresa "casi" todo.



lunes, 19 de enero de 2015

El jugador

"Creo que eres la clase de tipo a quien le gusta perder"
¿Soy un jugador compulsivo, un profesor deprimido, un suicida en potencia, un filósofo en decadencia, un escritor sin inspiración, un falso cantamañanas, un fraude bufón que crea espectáculo, un bailarín acróbata sin escenario..., me importa algo, tiene la vida sentido?, soy el que ha sido vencido por la desgana y deja en manos de la azarosa y caprichosa fortuna, la elección de mi destino.
Mark Walhberg jugando a ser un hamlet moderno sobre ser o no ser, sobre abandonar si no se puede aspirar a todo o continuar en el bucle agónico de una existencia agotada que mata el espíritu, con mucha verborrea cínica gratis vendida como sinceridad aplastante y un look informal y casual como a quien no le importa pero, muy bien preparado y elaborado que ¡ni George Clooney con su Emidio Tucci tumbado en el sofá de su casa!, próxima portada de Vanity Fair.
Hace tiempo que dicho actor intenta desmarcarse de su imagen de puños, bofetadas y golpes e intenta demostrar que sabe actuar, que es más que un cuerpo musculado de presencia ruda y, aunque pone mucha voluntad, su cara de póker repetitiva no varía en exceso de filme a filme amén que son evidentes sus carencias y limitaciones interpretativas pero, con todo, válido intento que el mismo financia -así no se discute que yo soy el protagonista- sobre el remake del 74 donde un James Caan le pega mil vueltas y se lo cepilla para merendar en relación a la fuerza de voluntad de motivación añorada por la eclipsada desaparición de su carisma para caminar y hacer vida.
Este pretendido retórico de porte "Miami Vice" y actuación desentendida que busca perderlo todo, llegar al límite de la cumbre para vaciarse y volver a empezar de cero, señorito bien de buena posición, economía solvente, facilidad en la vida y talento desperdiciado que no soporta su propia compañía y lleva el relativismo a su extremo de valor absoluto que anula su sentido atrapa por momentos/suelta rienda por otros creando una seguida extraña por su inicio de complacencia nunca completamente rematada que deja un aire pretencioso de altivez sobre el significado de la existencia y la pérdida de rumbo y perspectiva cuando todo vale lo mismo/nada alcanza tus ganas.
Discusión auto-inflingida sobre el reparto injusto de valores, habilidades, talento, opciones en la vida que pretende recharzar y destruir cuando ésta le convinó a dar, lucha desesperada y frenética consigo mismo y el mundo de vorágine y altruismo petulante flanqueada por una, aún brillante, Jessica Lange y por matones de todos los colores que observan con atónita curiosidad el descenso destructivo y sin sentido de quien, no entienden cual es su problema si lo tiene todo para ser feliz, siendo esa la gran cuestión pues puede que no lo quiera todo y prefiera un vacío de carencias y nulidades para empezar a moldear desde su base.
Liberación no muy bien entendida ni plasmada con gran eficiencia, con algunas secuencias logradas de interés conseguido y otras para proceder a su desinstalación y renovación, música apetecible y escenas ralentizadas en el espacio y tiempo para reforzar la tragedia subversiva de quien ya no se alimenta de subversión alguna y sólo es un cuerpo sin espíritu ni alma deambulando hacia su propio fin/principio de todo.
"¿Es el juego o el dinero, la fama o la virtud?, es el rechazo de su figura, alquimista en busca de un nuevo equipaje para descubrir que no puedes librate de ti mismo, antología filosofal de vida exterminada/supervivencia elegida que no caldea lo suciente para satisfacer plenamente pero tampoco decepciona, un galimatías escénico y verbal que no tiene la comprensión o fuerza necesaria para endulzar el estómago y evitar perderse entre su desconcierto emocional y teatralización radical potenciada en exceso aunque, tampoco hace feo, indiferencia ocasional mezclada con mayor seducción sugestiva para un tono neutro lejos del notable de su original, de la cual nace.
Guión, en ocasiones, pomposo y fanfarrón, que adolece de modestia más auténtica y peca de complicación innecesaria en su verborrea dialogante, exceso apalabrado de ocurrencia no siempre lograda ni contenido firme de evidencia plena que contamina los tramos provechosos del camino, ¡Keanu Reeves le ponía más ganas y sabor como jugador ruinoso y destructivo! 
"El genio es magia, no material; sin magia, por mucho que lo desees, no se hará realidad", locura absurda de una carrera sin aliento, martirio agónico hacia la negación buscada para hallar que la ansiada meta de descanso, alivio y respiración te lleva a un punto de inicio de esa esperanza y previsión de futuro que renace de su frustrada quema incontrolada donde algo vuelve a importar y a ser motor mecánico de arranque y conducción.
La realización y composición es aceptable aunque mejorable.



domingo, 18 de enero de 2015

Siempre Alice

"Se lo que estoy sintiendo y mi cerebro se siente como si se estuviera muriendo..., y todo por lo que trabajé mi vida enterá ¡se irá!".
Julianne Moore, tras recibir el Globo de oro como mejor actriz dramática declaró: "...gracias por fijaros en una película tan sencilla" y, esa es la verdad, un filme comedido, tranquilo y sencillo sobre la evolución de la enfermedad de nuestro siglo que borra y aniquila quien eres, así como todo el camino emprendido y vivido hasta el momento para realizar ese demoledor proceso inverso a crecer llegando del defendido adulto  al bebé indefenso que somos cuando nacemos, ruta sin esperanza de la pérdida atroz de una necesitada memoria y primordial movilidad física, sequedad y parálisis agónica de los recuerdos y de la identidad propia que define quiénes somos, dónde vamos, visión elegante y reposada del mal infecto de nuestros días, un borrador alzheimer que te pilla de imprevisto y desnudo de defensa, en el disfrute y goce de tu vida y arrasa con todo lo que encuentra, con doliente lentitud y mordaz asfixia.
Si se echa un vistazo a todas las nominaciones y premios referidos a la concurrida película, éstas son siempre referidas a la categoría de mejor actriz y, no val mal encaminadas pues la historia es sugestiva, atrayente y notable por una sobria, intensa, contenida e impresionante Julianne Moore que expresa con magnífica pulcritud y excepcional sensibilidad un recatamiento extraordinario que, explosiona y eclipsa a través de su vacía y sonámbula mirada y ese rostro extraviado y nublado de inmensidad olvidada, en un estado cada vez más catatónico presenciado en horrible e impotente primera persona que, tienen la sabiduría de no optar por la vía del desconsuelo y la lágrima fácil y mantiene la compostura con serenidad y porte dentro del martirio imparable de su descenso.
El trabajo de Richard Glatzer y Wash Westmoreland es igual de modesto que toda la narración, un guión básico de evidencia simple para plasmar dicha evolución sin alardear ni destacar en demasía, poca fuerza desgarradora que únicamente puedes intuir gracias a la emocional e impactante actuación de su estrella pero no por las escenas y actos señalados, no por su lineal y poco reforzada evolución pues, no sólo prescinde de muchos puntos a sentir, palpar y atravesar para reflejar con contundencia dicha tortura procesal -negación/ira/negociación/depresión/aceptación..., pasos comunes e inevitables de toda persona diagnósticada con enfermedad crónica degenerativa que apenas se perciben o muestran- sino que, dista mucho de ser el mejor relato que trata y expone dicha tortura en imagen y pantalla.
Demasiados halagos, todos ellos merecidos sin son destinados a su estelar intérprete, exagerados y exarcerbados si se refieren a un filme que poco o nada aportaría en su cómoda y suave visión si no fuera por el nombre, habilidad y arte de la tantas veces referida.
Si tienes cerca la maldita diagnosis de este betibú silencioso y dañino que carcome a cada día, hora y minuto existido o si conoces de familiares o amigos en dicha situación te sentirás enormemente involucrado, más por la arrastrada subjetividad tuya que por el don acertado de dicho relato; en caso contrario, estamos ante una historia sentida, apreciada en su amargor, discreta en su ebullición que se ve con facilidad sin grandes traumas, delicada sin gran profundidad, tenuemente intensa dentro de su moderación, sutil sin mayores contratiempos, 
pequeña y discreta a pesar de la grandeza que refleja, cárcel opresiva de aislamiento involuntario que martillea la existencia hasta destrozarla, hacerla añicos y matar lo que en su día fue respeto, alegría, sentimientos y admiración.
"Preferiría tener cáncer...," pues, aún dentro del hecho de perder la salud y enfermar, hay categorías sociales y niveles más ventajosos que otros, mucha recaudación e investigación para unas, carencia absoluta de ayuda para otras sino echa un vistazo a cualquier enfermedad tildada como rara, ¡haber si mucha gente o farmacéuticas se acuerdan de ellas!
¡Hasta para sufrir y morir hay preferencia de calidad y grados de distinción!



sábado, 17 de enero de 2015

El amor es extraño

"El amor no se deleita en la injusticia sino que se regocija con la verdad"
Serenidad, mucha serenidad para aceptar la nueva situación, conformismo, mucho conformismo para sobrellevar una incomodidad que roza el límite de lo soportable, resignación, mucha resignación ante la imposibilidad del espacio para ser, ardua paciencia y máxima entereza que se agota a cada avance malogrado de un equilibrio desfallecido más, una deliciosa e hipnótica música de acompañamiento para una magistral pareja, interpretada con delicadeza, soberbia y enorme intuición de penetrante sentimiento complaciente, un John Lithgow y Alfred Molina que forman un núcleo espléndido de amor maduro, sabiduría de años y una devoción que supera inconvenientes y sobrevive con pureza a esa valentía de cumplir su sueño personal de matrimonio con papeles cuando llevaban toda una vida unidos por un corazón, alma, razón y afectividad mutua que los hace inseparables, queridos y entrañables para los ojos de un espectador que los acompaña con esa loable actitud de quien, teniéndolo todo, se encuentra sin hogar pero con mucha esperanza de seguir caminando pues si "cuando se cierra una puerta, una ventana se abre" y "Dios aprieta pero no ahoga", sin duda, la lotería afortunada de su encuentro, hace tiempo librada, continua firme a la espera de que ruede el bombo para volver a agraciarles.
Cuando convives con alguien, amigo/familiar/extraño, descubres cosas de él que no sabías, que no quieres ni te apetece saber e, incluso, que no deberías conocer para mantener intacta y sana vuestra relación, más cuando la situación es forzada por una carencia económica procedente de un inesperado despido que rompe la armonía, estabilidad y vida acomodada y grata de una pareja homosexual, ya entrada en años, sabia y conocedora de la dureza de una existencia cuando hay que pedir limosna aunque sea a seres queridos que amas, te aman y a los que adoras con locura.
Del cielo al infierno, del paraíso a todo un martirio de convivencia donde lo peor es la separación de la pareja protagonista, una distancia física atroz, de elegancia sublime en su performance que atrapa, cautiva y seduce con placer, emoción, arte y sensibilidad, retazos de un contratiempo que se ofrecen con cuentagotas, sin espectáculo ni explosión pero mucha sutileza para dejar intuir el dolor y malestar de una felicidad quebrada y a la espera de poder continuar.  
La vida es extraña/el amor resistente, ni una palabra más alta que otra en la expresión y contención de una amargura que les corroe lentamente, envuelta en educación de formas y deseo de aguante por una gratitud que roza la cumbre de la amabilidad correcta al romper la estructura de un hogar que se adapta para acoger al nuevo inquilino, no saber cual es tu sitio cuando estorbas en todos lados, cuando interrumpes la existencia cotidiana de relación perfecta, una pareja con todo dicho y hecho que se comunica sin palabras, tan sólo con su buscada y necesaria presencia, una situación extrema que propicia el conocimiento interior, no pretendido, de ese círculo privado de hogar sólo reservado a sus integrantes y, la oportunidad sigilosa de encauzar a ese joven promesa, perdido y bloqueado en su complicado crecimiento, con todas las opciones abiertas, un relato sencillo pero exquisito en sus efectos anímicos que fluye con ligereza, suavidad y gran calado receptivo, de añoranza a su término y tierno recuerdo en la memoria.
Es parca en la información vertida, exigua en los detalles apalabrados que certifica con portentosa presencia física, no necesita grandes explicaciones sólo devorar su respetuoso andar de pasos suntuosos observados con adorada lentitud, sobriedad y esmero, un pequeño episodio de una vida vivida con respeto y grandeza de respiración tenue y cálida, de concisa y acogedora gratitud que nadie lamenta de escoger pero, puedes lamentar sea tan breve y tenue en su profundidad aunque ahí reside su belleza, templanza en una contemplación que se comunica con las formas y el incisivo estar sin querer ni pretender pero tampoco evitando el don de la palabra innecesaria.
Soy vulnerable a tu lado más amable, carcelero de tu lado más grosero, soldado de tu lado más malvado, arquitecto de tus lados incorrectos, propietario de tu lado más caliente, artesano de tu lado más humano..., soy quien te ama, no necesito más.



viernes, 16 de enero de 2015

Noche en el museo: el secreto del faraón

¿Y que más da la aventura?, ¿si ésta es ingeniosa, repetitiva o vulgar?, ¡vamos a jugar a ser niños!, a correr por los pasillos, a tocar lo prohibido, a mover las piezas del sitio y crear un caos divertido, a indios y vaqueros, romanos contra egipcios, a ver al histórico coronel a lustroso caballo, al resucitado faraón que abandona la silla de ruedas por la pompa del dios solar Ra, a Lancelot confuso en busca de su bella dama, al hombre de neandertal más actual que nunca, esqueletos bailarines de dinosaurios y griegas estatuas fantasmas sin brazos..., pueden imaginar tantas ideas, locuras y ocurrencias como quieran pues, tienen a su disposición un parque-museo de atracciones propio, de enorme diversidad según la época que les apetezca, con variados personajes para moverlos a su antojo y al son de su más diestra o ineficaz imaginación.
Para esta tercera parte se trata del peligro de la desaparición de la juerga nocturna, de la fiesta de desmadre y frenesí no permitida que tiene lugar cada día, a la puesta del sol y que puede verse interrumpida definitivamente si no se recargan las pilas de la tablet egipcia durante tantos años de utilidad gratificante y provechosa, una contrarreloj para salvaguardar la vida de unos fieles amigos de cera, de gran corazón y enorme alma, a los que se disfruta, protege y añora con cariño sincero.
Sin duda, la sorpresa mágica y novedad fresca de diversión y entusiasmo de la primera se perdió hace tiempo, caducó con la proyección del último minuto de la original, por tanto queda lo esperado, entretenimiento ligero, suave y moderado, de fácil y rápido consumo para digerir sin contratiempos ni gran preocupación, concentrada levedad que permite airear los malos humos y aligerar la carga diaria del equipaje, un añorado último vistazo a un desaparecido Robin Williams con respeto y gratitud, alguna mueca simpática y alegre que nunca llega a gran sonrisa de hilarante diversión, humor tibio y condescendiente para todo público y familia, con el esperado gracioso y risueño dueto Steve Coogan/Owen Wilson, el ameno mono gamberro y el querido director de orquesta de este mausoleo viviente, un adecuado Ben Stiller que no se sale de la norma y cumple con su papel esperado.
Duración adecuada para no resultar pesada y guardar un buen recuerdo de ella, sabes la historia, su antecedente y que ésta no va a variar en demasía, sólo dar vueltas al mismo querido tiovivo con cierta gracia y acierto y, esperar que siga rellenando el tiempo de ocio escogido con cordialidad y armonía dentro de su estrecho cometido, tenacidad breve para un producto comercial de formato conocido, esfuerzo mínimo y beneficio mutuo donde, ambas partes, público y responsables salen ganando.
Por suerte para todos e inteligencia de los encargados y dirigentes de la misma, ésta parece despedirse con un oportuno cartel de cierre en su momento conveniente y, conformarse con una gratificante trilogía de memoria agradable en el tiempo y por siempre entrañable y bonito recuerdo, no ceder a la tentación de alargar un producto que no da para más y cuidar lo que ha sido un fructífero nacimiento, correcto desarrollo y efectivo final de despedida, que no busca tanto el ajetreo espectacular de su hermana anterior sino que vuelve más hacia sus orígenes emocionales y sentidos ahora trasladados al British Museum londinense de una Inglaterra hermana y aliada de lengua y mucho más.
Encantada de conocerte, gran velada de innegable gustosa compañía, gracias por amenizar mi tiempo, hasta siempre con cariño, muchos besos...
Posdata: con diferencia, lo mejor de todas las marionetas, saltos malabares y carreras vertiginosas de esta última conexión y contacto breve es el cameo de Hugh Jackman y su momento Lobezno, nada como ese toque irónico/benevolente y reírse de uno mismo para que los demás te sigan por dicho camino.


Luna en Brasil

"El arte de perder no es difícil de dominar".
Elisabeth Bishop, poeta de renombre, en plena crisis personal y creativa viaja a Brasil donde encuentra el amor, la fuerza y solidez de quien será su compañera y pareja durante años, la arquitecta Lota Macedo Soares.
Teoría del guión que en la práctica se transforma en paisajes lindos y exquisitos de paraíso encontrado que tienen mayor poderío y atractivo que la pareja en cuestión, presencias su encuentro, enamoramiento, estabilidad, celos, armonía, desequilibrio, ceguera alcohólica de la poetisa, su momento de mayor inspiración con su Pulitzer, la extraña relación a tres bandas que mantiene con la inquilina amiga, la supuesta dificultad de una relación homosexual en los años 50..., con una mirada atenta pero, con toque ligero de una mesura y parsimonia que levanta poco el ánimo y crea apenas pasión o emoción que sentir o llevar al alma.
Cordialidad en la narración de los hechos, adecuada y discreta que no causa efusión máxima por las protagonistas, ni siquiera mínima alteración de una relación que, a todas luces, debía ser ardiente, complicada y sabrosa, sin embargo, Bruno Barreto ha optado por el recatamiento y la timidez expresiva cuya modestia no alcanza la grandeza de los personajes, por la suavidad de una lectura ligera, cómoda y básica para conocer los hechos pero, quedarte lejos, muy lejos de los sentimientos, de palpar el vigor y necesidad desesperada de estar juntas y, aún así, éstos son insuficientes si quieres hacerte una idea de quien fue la protagonista y su importancia como experta en el arte de la escritura y el don de combinar las palabras y, su arduo, confuso e inestable interior sensible que adquirirá consistencia y confianza gracias a la robustez y determinación de esa carioca arrolladora que pondrá sus ojos en ella y ya no la dejará escapar.
Demasiada beatitud y moderación narrativa para la magnitud de las vidas relatadas, visión que no enriquece el corazón ni llama a las puertas de la efervescencia, posición neutra de desaborido recóndito lugar que no desborda todo el frenesí esperado dada la carga importante del nombre que representan, sin los cuales, no dejaría de ser una historia común más sobre un amor lésbico.
Enamoramiento que no enamora, tirantez que no se absorbe, bravura que apenas se manifiesta, inspiración receptiva que apenas se siente ni motiva, se ve con facilidad, corrección y calma, una tranquilidad que va en detrimento de su propia valoración, un escenario brillante donde no brillan del todo sus artistas, sólo se mueven y pasean al son de los sucesos sin causar alteración o adrenalina que incomode la rítmica respiración del público vidente, desfallece de una energía reflejada sin contundencia y encauzada sin viveza pues apenas da para motivar un ánimo que no percibe la desgarrada y profunda historia de amor que ambas vivieron y compartieron, tiramos los dados, empieza la partida pero no despierta gran curiosidad en la audiencia envolvente.
"Cuanto más permaneces en un país, menos lo entiendes", asfixia y agonía sensitiva que marcará el rumbo de su relación, un drama cuyo dramatismo se queda en la historia escrita de ambas pero que, en imágenes, no logra rozar la osadía, impetuosidad de su maravillosa y compleja relación, sólo apuntes de debilidad obvia para hacerte una idea que, dista mucho de la existencia real vivida siendo su mayor reproche y carencia, la exigua e insuficiente imagen que expone de esta gran escritora.
Un dicho popular dice..., nunca acabas de conocer, del todo, a alguien..., aquí ni si quiera se empieza o roza su piel; más imaginación, arte, esmero y consideración que la susodicha lo merece y ¡el espectador lo espera! 



jueves, 15 de enero de 2015

Gato negro

"Acá no pasa nada, Claudio", gran verdad que asfixia la seguida y consumo de una historia que tarda en arrancar y cuesta disfrutarla, escasa y limitada performance que no alcanza gran gloria ni un deslumbre apasionante durante la mayor parte de su recorrido.
Dicen que la infancia marca para siempre, que las vivencias felices o amargas experimentadas durante dicho periodo te acompañan de por vida certificando tu comportamiento y obsesiones del futuro, que somos lo vivido y sufrido en el pasado/firme posibilidad de arrastre en el futuro; en este caso, un "...,vos no sabéis lo que es no tener nada" guía los pasos lentos y apagados, en un principio, más apetecibles y sagaces cuando coge forma, aunque nada que quite el sueño o despierte de tu letargo, de un frenético niño abandonado de sentimiento y famélico de cuerpo, adulto de resquemor sentido, amargo en sus emociones y de resentimiento no superado que adquiere poder, dinero y posición en el arte del tejemaneje y business más, un "usted es un equilibrista y su circo está cada vez más famoso", como primera amenaza visible y esperable en la subida a la cima para tocar el cielo tan deseado y, previsible derrumbe y estrellado cuando más alta es ésta.
Las deudas se devuelven y los rencores matan, rencillas acumuladas que se revuelven y fantasmas del pasado de aparición inesperada, una carrera de la nada al todo para volver a la destrucción, sin piedad ni consuelo, del vacío ya vivido, todo es válido para mantenerse y escapar del regreso de donde se vino sólo que, de las dos horas ofertadas, sólo son interesantes 40 minutos de la misma donde la desgracia, pena y locura hacen aparición tras el desenfreno y la mala praxis de sus actos.
"..., y por fin el  patito, contento, encontró su familia y, a partir de ese día, lo iban a querer y cuidar por siempre", fábula final de remate de un cuento no muy agraciado sobre la escalada a lo más alto y su caída en picado, la historia de este obsesivo y feroz superviviente, desde su niñez de penurias en Tucumán hasta el hombre próspero de negocios envuelto en asuntos sucios no convence, ni anima, suspira o causa gran conmoción ni alarde afectivo de afinidad o simpatía, grandes carencias en su puesta de largo y obvia escasez en su intento de abarcar más de lo que podía pues, el aburrimiento y la desconexión deambulan cual espíritu de losa pesada ante un argumento loable en su empeño aunque austero en su práctica de mira pobre.
El guión no seduce, los personajes no destacan y hay demasiada nimiedad y sosiego para narrar la hazaña de una existencia rota ya antes de sus inicios, Gastón Gallo no ostenta demasiada habilidad ni maestría para plasmar con eficacia visual y eficiencia auditiva un relato que se apaga lentamente al poco de rodar y q se suicida el sólo antes que su propio personaje, un gato negro solitario esquivo, leal consigo mismo que nadie consigue querer, que ronronea sin descanso, maulla sin piedad pero nunca encuentra la fuerza, garra y sagacidad para ser deseado y amado más allá del corto y breve tiempo que duran sus caricias pues, a la mínima se revuelve y escapa para así volver a perder su hilo y atractivo.
"Vuelve, a casa vuelve, por Navidad" dicen un eslogan publicitario, sólo que aquí es una existencia que retorna, se repliega y no sale de si misma, solitaria, esquiva, leal consigo misma que nadie consigue querer.



Quédate conmigo

"...,como lo veo yo..., o voy a la cárcel..., o me voy a casa, de todas formas podré dormir con la conciencia tranquila".
Un hombre que tiene que luchar contra Goliat Estado y su burocracia, que tiene que lidiar con la pérdida de la memoria de su amada, con su vacío anímico a pesar de seguir disfrutando con su presencia y tierno contacto físico, la fugaz y breve delicatessen de sus caricias y besos cuando consigue mágicamente volver a una realidad que la rehuye, un verídico y heroico David que sólo quiere construir una casa para poder cuidar del amor de su vida el tiempo glorioso que les quede, sencilla, discreta, de sinceridad aplastante en sus cálidas e impresionantes interpretaciones, una cercana solidez de un robusto James Cromwell que ofrece todo su esplendor y arte con una actuación inmensa y profundamente atractiva, pilar sobrio, entero y válido, de enorme emoción sentido en todo el relato, reforzado por una contundente, nítida y absorbente Geneviève Bujold como esposa nublada en una cabeza que va y viene como el tiovivo de las fiestas donde se enamoraron, una historia excepcional por su simple grandeza, maestría de diálogos que dicen con cotidianeidad universal lo que no se expresa en particularidad analizada, que habla de personas, de una vida de ilusión y proyecto no importa la edad o circunstancias, de no quedarse sentado a esperar la muerte y seguir sintiendo, amando y luchando por la existencia deseada, redondeado por una excepcional banda sonora que hace la exquisitez de un conjunto supremo en su discreción y sabio en su mensaje.
Papeleo de expertos en teoría contra experiencia de años aprendida directamente de la tierra, práctica ancestral heredada de un padre que merece el respeto y consideración de toda su comunidad, "...,ya estoy viejo para estas tonterías" cuando el sinsentido detiene a una razón que sabe qué hacer, cómo hacerlo y disfruta con ello, simplicidad de existencia que no entiende y vive al margen de la vorágine, interés y ganancia de tanto permiso, revisión y certificado, naturalidad de una existencia plena, vivida en intensidad, en un retiro que se resiste a aceptar pues su cuerpo dolorido de arrugas externas sigue siendo el joven testarudo que se casó con la chica más guapa del pueblo, una forma de vida reflejada con precisión y armonía de aceptación inmediata, naturaleza como elemento y miembro de la familia, resistencia ante los hechos, resignación ante lo inevitable y disfrute de los escasos momentos en que todo fluye y se vuelve a un pasado inolvidable, sentido y querido.
Historia real de amor, amistad, carácter, que sin mucho ruido consigue una aplastante cordialidad, muchas nueces de belleza visual en el paisaje, delicia musical en el acompañamiento, comprensión y cariño por quien no sabe de instituciones, títulos ni mandamases, sólo de trabajo y sabiduría de unas manos, cerebro y cuerpo curtido por la excelencia de un tiempo que enseña con dureza, firmeza y rotundidad.
Saborea su ritmo, aprecia su contenido, la lealtad de un viejo granjero a que lógica de hacer las cosas cuando la ilógica administrativa le acorrala y pone a prueba, tranquilidad de pausa, respiración profunda, sentimiento hondo y a caminar junto a este impertérrito y silencioso Sansón cuya subversión no pretendida no se asusta ante tanta amenaza gubernamental, fuerza y carisma de una diferencia de mentalidad y propia lectura de la realidad y de la rectitud y coherencia de las maneras, símil y evidencia de la pérdida de naturalidad en el proceder por complicaciones harto conocidas por todos.
¡Con la ley hemos topado!, aunque ésta sea ¡absurda!