jueves, 21 de mayo de 2015

La conspiración del silencio

Un joven y ambicioso fiscal descubre cómo importantes instituciones alemanas y algunos miembros del gobierno están involucrados en una conspiración cuyo fin es encubrir los crímenes de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. 


"Veneno para esta joven democracia", dramática tierra hostil que no se eleva a notable altura.
Cuando acudes a la justicia para denunciar un asesinato debes ir con datos, fechas, nombre de la víctima, del acusado y descripción del abominable hecho, concreción que suena a ironía cuando se trata de millones de personas asesinadas, maltratadas, vejadas a tutiplén -por no hablar de las perversas cámaras de gas- y parece broma preguntar, a un superviviente de tan agónico y deleznable sufrimiento, que recuerde el apelativo del soldado de las SS que perpetró dichos horrores contra la humanidad cuando sobrevivir a dicho exterminio ya era tarea difícil, ardua y cruel.
A ello le añadimos el paso del tiempo, el relajamiento mental, la comodidad de la incultura y la insensatez de una sociedad cuyo recuerdo se va diluyendo y no quiere volver a escarbar en un pasado lleno de vergüenza y suciedad, ignorancia de una memoria que es mejor relegar al cajón del olvido para continuar con un presente que no habla, ni comparte, ni comenta lo que hizo antes-de-ayer, martirizados heridos que deben conformarse, malhechores premiados que continuan con su vida como si nada, jóvenes a los que ni se les cuenta lo que ocurrió en la familia alemana y la delincuencia, abrumadora y alarmante, de quien sigue con su natural rutina, sin saber, al lado de quien padece y maldice sabiendo, conocimiento que se maquilla y desdobla a gusto de 
los que gana pues "los vencedores escriben la historia, es el precio de perder la guerra" y, hay mucho ganador detestable que disfruta dichoso de la existencia en Argentina, que reparte, con dulzura y amabilidad, el pan a los inconscientes vecinos o que enseña a los niños con confianza de quien se siente a salvo ya que cuenta con el permiso oculto de unas instituciones y funcionariado llenos de camuflados culpables que miran hacia otro lado cuando ven el rastro de las heridas espeluznantes, de la sangre no desaparecida y del execrable polvo dejado por su huella, por su ejectudora mano, por tanta inmundicia sádica que todavía habita entre ellos, por esa maloliente osadía que se acepta, que enrabia y produce arcadas ante la felicidad inmunda y repelente de quien sonríe mientras, todavía, miles de almas lloran.
La estructura argumental es clara y sencilla, honesto el objetivo aludido, denunciar y traer a la actualidad el horror y espanto de su historia nazi a una sociedad que prefiere soñar y existir en rosa pastel y azul celeste, edulcorar la amargura, el desprecio y camuflar la justicia molesta que interrumpe una falsedad ordinaria que presume de ser sana y de convivir, con armonía y entendimiento, con un pretérito resuelto, generalización de la que se aprovecha una jurisprudencia para construir su propio laberinto engorroso, de conspiración en 
silencio, donde acallar y encubrir toda su malvada ruindad y despojo y que no importune ni altere la construcción de esa rutina diaria que no pregunta, no cuestiona ni desea implicarse, que demanda detalles pormenores con impertinencia y grosería para mover ficha, que pone trabas y dificultades a quien ose alterar la paz prefabricada y que insulta y ofende, con su menosprecio e indiferencia, hacia quien merece amor, honor y respeto.
Un fiscal joven, ingenuo e inmaduro, aún no corrupto por el poder, la ambición y el desencanto del paso del tiempo, que por casualidad y obligación ética de hacer bien su trabajo se topa con un inofensivo caso que es la punta de un iceberg, cuyo hilo irá tirando de una madeja cada vez más grande y enorme, todo ello realizado con austeridad, mesura, sin gran motivación ni empeño en su visión y resultado, un sobrio y comedido andar cuya importancia reside en la narración de los acontecimientos, en el destape de la cuota de silencio, en poner voz a los silenciados y que se oigan y atiendan sus reclamaciones, reinvidicación que no incide en lo sentimental, que trata con disciplina la emoción, que sabe narrar pero no crear espíritu, buscar pero no alentar compromiso, que expone sin garra, ni pasión o excitación que te integre en la historia, rigidez informativa que atiende a los hechos/deja huérfana a su esencia, sensaciones que no cogen tono, ni elevan la temperatura y que dejan desvalido a un corazón que quiere latir pero no puede, que quiere brivar pero no se lo permiten, que quiere involucrarse y sentir pero no le dan la opción a ello, que accede a mínimos de calidad que cubre, justa y finamente, lo demandado pero sin consumir ni divisar esa intensidad máxima, desbordante y aniquiladora, que se relega en favor de la simple modestia, pulcritud y corrección de las formas.
Levedad que se acoge sin demasiado reproche pues, lo importante es el mensaje, la evidencia, heroicidad de los supervivientes aunque, dicha hazaña se muestre sin mucho arte, ni perspicacia, ni intuición, orden de riguroso método para un uniforme recatado, nítido en su confección que aporta una lectura sencilla, cordial y exigua que se adecua a su filosofía de informar, reportar sin encandilar ni entusiasmar a la audiencia.
Un básico y relajado observar como transcurre la batalla, llega la victoria y se rememora una historia que es importante no olvidar.
Cómoda, accesible, oferta poco absorbente que no penetra en sus entrañas ni alcanza sabor encomiable, manejable, digestiva, válida para todas las sensibilidades.



miércoles, 20 de mayo de 2015

To write love on her arms

Narra la historia de una joven de 19 años, Renee (Kat Dennings), en su lucha contra sus adicciones, la depresión y su tendencia a autolesionarse. 


TWLOHA, movimiento sin ánimo de lucro, dedicado a la transmisión de esperanza a las personas que luchan contra la adicción, depresión, autolesión y pensamientos suicidas; existe para animar, informar, inspirar e invertir en el tratamiento y recuperación de las personas, fundada por Jamie Tworkowski, responsable del blog del cual nace la idea. 
Ellos producen la película, ellos encargan el guión, ellos supervisan el relato lo cual, evidentemente, da a entender que mucha imparcialidad u objetividad en los hechos no existe pues su plan y propósito es darse a conocer, enseñar su labor y conseguir adeptos que les apoyen, den su confianza y hagan posible que sigan su camino y, está claro que cualquier lado oscuro/poco beneficioso será obviado o maquillado hacia el mensaje positivo, loable y meritorio que quieren promocionar.
Porque, al fin y al cabo, este biopic es eso, propaganda de una organización que necesita recaudar fondos económicos, humanos, morales, afectivos..., que le permitan seguir existiendo y continuar con su labor.
Al margen de esto, está, por otro lado, la película en sí, caída a los infiernos y recuperación de una adolescente cuya personalidad bipolar le da un toque curioso y exclusivo a otras narraciones sobre drogadicción que se han visto anteriormente.
Empieza muy potente, con alta fuerza musical y visual, el reflejo de ese submundo particular que se crea, esa ficción mental que transforma la penosa realidad que la envuelve descrito a través de la ambivalencia cómica y fugaz de ese refugio que le permite escapar, esconderse y olvidarse del mundo partiendo de su ya, preferente imaginación creativa, para confeccionar realidades paralelas, sugestivas de alto coste dañino, tanto emocional como físico.
Suculenta primera parte por su dinámica, ritmo y gráfica exposición, el paraíso de la ausencia lógica y pérdida racional a través del ahogo atractivo de quien se fustiga y encuentra placer en ello con esa permanente negrura, espesor de sus miedos, temores y ansiedad que la acosan, el sufrimiento continuo de esa niña inocente que la persigue para recordarle el estropicio de adulta en que se ha convertido.
Excelente recreación artística realizada para gustar y poder penetrar en la personalidad de esta joven que pasa del espléndido ritmo animado y colorido a la opacidad asfixiante de quien se hiere y asesina lentamente.
A continuación viene esa segunda parte de amistad, recuperación y mano tendida, menos sabrosa/no tan esmerada, cambio de formato y cinco días para entrar en la protección y abrigo de quien te guía y aconseja; suave y liviana demostración de lo que, a todas luces, es un cuadro de tormenta, delirio y agonía, pesadumbre retratada como quien no quiere la cosa, recitar la frase de coraje y valentía 
compartida por todos los drogadictos -"Señor, dame serenidad para aceptar lo que no se puede cambiar, valor para cambiar lo que si se puede, y luz y sabiduria para distinguir la diferencia"-, algún vómito y mareo y ¡cómo si nada!, a seguir con la marcha.
No entra en escarceos, no se mancha, no penetra en la suciedad, timidez verosímil de afrontar la vergüenza, dolor, rechazo, castigo y sus remordimientos con honestidad y sinceridad, se quiere vender un cuento de optimismo, de final feliz en su ánimo, confianza y fuerza de voluntad, el desespero y la fricción ¡no a lugar!..., si añadimos el mensaje último de presentación, recuerdo y publicidad de la asociación, se termina por estropear lo que era un inicio prometedor.
No son los 28 días de Sandra Bullock, ni intenta nadar por mares profundos, sólo narrar su fábula de cómo empezó todo, de cómo Renee sirvió de modelo piloto para la creación de algo más grande, importante y duradero; que el spot y el slogan te convenzan va a gusto de exigencia personal pero, 
aún con toda tu inocencia, creencia y benevolencia, no deja de ser una versión edulcorada de un gran drama que nunca llega a verse con profundidad.
Verídicos los hechos, cuenta con poco crédito y confianza lo narrado, así como la beatitud de cómo ocurrieron los hechos y la ligereza a la que tiende en general toda la historia, tibieza que olvida la tinieblas y sombras tenebrosas que la llevaron alli y que se limita a ensalzar la luz, la claridad y sabiduría que le permitieron recordar y recobrar la persona que una vez fue.
Pensada para una fácil distribución y cómodo consumo, digestiva.



martes, 19 de mayo de 2015

Once upon a time in Queens

Recién salido de la prisión, un ex jefe de la mafia intenta no caer, de nuevo, en sus viejos hábitos pero, sobrevivir fuera del hampa puede resultar más duro de lo que parece.


Will Smith nos presentó "Soy leyenda", Paul Sorvino nos presenta, había una vez en Queens..., una leyenda, capo importante, jefe de la mafia, respetado, admirado y temido por todos, ahora sólo un anciano enfermo del corazón, con una hija lesbiana y el FBI rondando su casa y "..., tocándome las pelotas"; 20 años, 6 meses y un día de diferencia para estas dos realidades que distan tanto, una de la otra, como el cielo del infierno, el agua del fuego aunque puedan llegar a cruzarse, chocarse y confundirse brevemente por rabia e insistencia pues uno no cambia, la gente no varía y, a pesar de que pasen los años, el soplón sigue siendo un chivato, las cosas se resuelven en persona, los trapos sucios se lavan en familia y el rey destronado aún tiene fuerzas para reclamar su silla a golpe de puño, mandato y ley no escrita pero por todos conocida.
Un buen vecino, cariñoso padre/amado marido, adulto responsable que aún recuerda a ese crío que adoraba a quien vivía al lado, soberbio hombre al que imitar, orgullo de quien cuidaba del barrio, ponía orden y limpiaba la suciedad maloliente, el Sr. Joe, ahora perdido en una existencia que se le escapa, con un pasado de lamentaciones, errores y malas decisiones hacia quien más se quiere, una hija a la que no comprende ni conoce en un presente complicado, arduo de manejar y un futuro inexistente dado el pulso cardíaco que la vida se empeña en acelerar; todo ello envuelto en muy buenas intenciones, propósitos y deseos que no logran llegar muy lejos, ceremonia sin interés ni demasiada picardía, escaso talento para confeccionar unos coloquios gramaticales ricos y consistentes que atraigan la atención por la existencia patética y triste de quien fue y ya no es.
Su conformada meta es la parsimonia y la templanza, la tranquilidad dialéctica y afectiva, parquedad auditiva que vive de melancolía y de un ritmo pausado y un entretenimiento insustancial, ese andar ameno de quien quiere decir algo sin levantar la voz, matizar su camino con ordinaria presencia donde se levanta el telón y vemos el regreso, encuentro y la añoranza de quien está de vuelta, se hace un tentempié escénico de paseo por el vecindario, saludos, visita al médico, compras en las tienda y, el ex presidiario sin oficio y forzosamente jubilado, ofrece ramas sueltas de divergencia entre el héroe justiciero de antaño y el viejo desamparado de ahora, entre la figura paterna altiva y el abuelo solitario sin nieto, recoratorio que le causa dolor y saca su aún viva vena fugaz de quien solía mandar, dictaba sentencia y se obedecía con miedo, sin titubear ni dudar.
Intenta ser tan sencilla que su simplicidad duerme, tan cordial y honesta que causa indiferencia, tan simpática y entrañable que aburre con facilidad, narración amable sin entonación, gracia o salsa que invite a acompañarla, refleja el duro paso del tiempo con tristeza imaginativa, poco espíritu entusiasta que lleva a no disfrutar, a perder el afecto de quien mira ya que expone pocos alicientes para seguir despierto y atento a la charla.
Rutina hermosa y vital pero cargante y aburrida por un espíritu que no emociona, cháchara de un tiempo de mayor adrenalina que no eleva ni provoca suspiro, buena gente haciendo sus vidas sin demasiado encanto donde, David Rodriguez, carece de ese punto de habilidad y pasión para fascinar al oyente con su guión, un enfoque argumental que gusta/no así la pobre dirección que toma.
Escasa, querida sin gran apego, bonachona sin sustancia, una suave invitación a tomar café, algo de conversación banal y ligera, rememoración de historias viejas y la cotidiana costumbre diaria, viviendo deprisa la vida no se aprecia pero ¡iendo tan despacio tampoco!, que ante tanta sosiego, el espectador tiende a ausentarse de la sala, a divagar mentalmente y perder el deseo de incorporarse, con placer, a la amistad oferida pues, dicho regalo inicial, supone un lastre conforme se desarrolla y acerca a su final.
Presenta un menú apetecible que no se ratifica con la llegada de los platos, tibieza que no caldea, dicción que no emociona, honradez y decencia en unos personajes que no despiertan enorme curiosidad al llevar un paso relajado, de tránsito moderado y circulación lenta.
Desnutrición narrativa, visión anodina.



lunes, 18 de mayo de 2015

Maps to the Stars

Un cuento moderno sobre la obsesión por la popularidad. Stafford Weiss es terapeuta y escribe libros de autoayuda. Tiene una mujer sobreprotectora, un hijo antigua estrella de la TV en rehabilitación y una hija que acaba de salir del psiquiátrico. La principal cliente de Stafford es una famosa actriz, a punto de interpretar el papel que hizo su madre en los años 60


Un accidente, llamativo y estrepitoso, pero no tan suculento y espectacular como la ilusión aguardaba.
Mapa de las estrellas..., y uno debería mirar hacia el cielo, en una hermosa noche estrellada, en busca de la verdadera leyenda, belleza y sabiduría de esa línea imaginaria que une esos seductores puntos celestes que nos coronan, con arte y magnificencia, cada noche y, cuya estela, da para la perfecta realidad científica, de coreografía bella, o para la inmensa creatividad, de inventiva infinita, que se desprende a partir de ellas.
Pero, claro, si tomamos como referencia la fulminante sentencia "¿sabes qué es el infierno?, un mundo sin narcóticos", está claro que, David Cronenberg, se refiere a un análisis emocional y dramático, moribundo e hiriente del mundo de Hollywood y la paranoia descontrolada que acompaña a los actores que se mueven por dicha extensión, un agónico círculo que se cierra por la conexión espeluznante, friki y rebuscada de sus miembros cuya correlación es el sufrimiento, la adicción y obsesión por el fuego de un infierno que les acompaña a lo largo de su travesía, extravagancia y exageración para exhibir la devastación de quien está perdido anímicamente, y desolado afectivamente, pero debe interpretar su mejor papel en público para mantenerse al pie de un cañón, que va tan cargo de pólvora, que parece imposible llegue intacto a destino buscado, machaque y podredumbre de quien ve fantasmas del pasado acosando su maltrecha cabeza y masacrado corazón, un análisis intimista -no tan peliagudo-, muestrario de ese mundo estelar tan apetecible desde fuera, en su maquillado escaparate, pero tan quemado por el subsuelo de un almacén que huele mal desde lejos.
Muchas veces ha sido retratado el irónico, falso, ridículo y lamentable cosmos de las estrellas del celuloide, atractiva idea de desmeduzar la profesión que se representa, despedazar los roles y mitos que les acompañan y mostrar, al público, los trapos sucios de una adorada isla lujosa rodeada de tanta miseria que llega a inundar y ahogar, sin posibilidad de cierre, la válvula de su agresivo grifo; el guión de Bruce Wagner no es el mejor y más meritorio retrato realizado hasta el momento, se limita al punto fijo de quien vive de la locura y esquizofrenia de sus miedos y fracasos personales, que les acosan como fantasmas peregrinos que vuelven, incesantemente, a perturbar la costosa -y nunca alcanzada- serenidad, personajes unidos por un accidente compartido que les lleva a padecer los mismos males, resentimientos, fobias y desquicios, demencia mental a tutiplén repartida por toma de pastillas masivas, e indigestas ensoñaciones, que van a más nutriendo el floreciente mal que les corroe y devora lentamente en una maniosa ofuscación, centrada en la figura de la niña indefensa, de la que no sale, ni avanza ni ahonda.
La siempre magnífica Julianne Moore como actriz desesperada y en las últimas de pasar al vagón del olvido y retiro, acompañada por un cumplidor John Cusak, escritor-terapeuta que no puede sanar a su propia familia, más la víctima esposa, Olivia Williams, de neurótica apesadumbrada cuyos hijos parecen querer repetir su historia, un filme que debe mucho a sus intérpretes cuya fuerza, poder y atractivo mantiene al espectador atento a sus andaduras y porvenir pues, respecto a la desgracia e inmundicia, no es la muestra más sagaz y perspicaz observada, un "Cómo conquistar Hollywood" que se centra en el estrés, angustia y desorden de sus miembros, en su ambición, inestabilidad racional y carencia emocional que viven todos ellos, lectura que explota su lástima y confusión sin densidad ni floreciente crédito en lo observado, argumento que busca frenéticamente el dolor, la ansiedad y amargura de sus caracteres con el único objetivo de hacerlos rodar, rodar y rodar hasta el abismo de unas tinieblas no tan opulentas ni jugosas como se anhela, decoración de ocaso que 
gira en exceso al sensacionalismo y la desproporción forzada, lo que empieza con suculencia y curiosidad, pronto cojea disminuyendo su habilidad, captación y apego resultando, al final, una construida fábula sobre cómo acabarás si te portas mal...,un asedio y castigo para los codiciosos, impuros y perturbados por herencia familiar.
Contenta, te vale pero no alcanza todas sus posibilidades, melodrama surrealista, radical y, en extremo, drástico que no alcanza para fascinación creíble o sugestión hipnótica, trama cuyo intento de ser aguda y punzante pierde enteros y se convierte en un baile de tragedia shakespeariana que se estrella contra su propio mapa, explicación que enlaza todo el ecosistema sin excesiva motivación, énfasis o pasión, un dramatismo pintoresco y excéntrico cuando, el núcleo de su base, no cuenta con tan nutritiva y rica dosis y se queda en numerito desmesurado, superlativo que decora, hace ruido pero cuyo contenido no alimenta como debería.
Termina por parecer, un relato preventivo para niños, que narra el horrible mundo de los adultos, que hay que evitar pues, en caso contrario, ¡vendrá el coco y  te comerá!, amén del monstruo de las galletas, el hombre del saco, el lobo, o ¡un familiar que supere a los cuatro! ..., así que ¡a portarse bien! con mensaje oculto: dedícate a otra profesión que no sea ésta, no ocurra que cumplas tu sueño y acabes viviendo ¡El juego de Hollywood!; Cronenberg/Altman..., ¿acabo de meter el dedo en la llaga?



domingo, 17 de mayo de 2015

Una nueva amiga

Es la historia de dos mujeres, amigas de la infancia. Las dos se casan y una tiene un bebé. Al poco tiempo, la madre enferma gravemente, le hace prometer a su amiga que cuidará del bebé y a su marido. Después de su muerte, la amiga decide ir a visitar al padre y al bebé, pero le espera una tremenda sorpresa. 


Extravagante, extraña, compleja y rocambolesca, creativa imaginación que, al margen de comparanzas nocivas con anteriores trabajos de François Ozon, simplemente se recuerda.
"Recuerdo lo que nos decían cuando éramos niños, los hombres nacen en un repollo, las niñas en una flor; yo nací en una coliflor"; en la versión española, tenemos la popular canción de Los Bravos, que dice "las chicas con los chicos tienen que estar, los chicos con las chicas han de vivir y, estando todos juntos deben cantar..." , el problema es cuando uno no tiene claro dónde nació, una no sabe con quién quiere estar, la vida se complica y las barreras entre lo claro y oscuro, lo aceptado e ignorado, lo obvio y opaco se difuminan, confunden y uno ya no sabe si está a la derecha, si conduce por donde debe, si hay una única postura correcta o, todo vale en el enrevesado y difícil mundo de los sentimientos y el amor.
Porque, si algo caracteriza a estos personajes es el atrevimiento, la osadía de desprenderse de sus miedos y vivir su vida al margen de opiniones, sentencias y dictámenes de vecinos jueces, amigos árbitros y familiares censores que determinan lo que está bien, lo permisivo y que ni entienden, ni preguntan, ni quieren o molestan en saber pues ello llevaría a perder esa seguridad emocional que les dicta que la mujer se maquilla/el hombre se afeita, una femenina con medias/otro masculino sin tacones, nada de mezclar, barruntar o jugar a quién es quién con disfraces que ofenden, nublan y estropean su buen juicio.
Un guión exquisito, delicado y sutil que avanza con estilo y bravura hacia el desastre de activar un volcán, cuya lava, es imposible de controlar pues una vez en marcha, ya no hay vuelta atrás, sus devastadoras cenizas entierran toda supuesta normalidad existente hasta el momento para trasladarse al atractivo del caos, el esfuerzo de la naturalidad, el interrogante de lo desconocido, la ansiedad de la ambivalencia, el deseo de exaltación, el fabuloso descubrimiento de un enigma, espíritu oculto que anula su silencio, destapa su rostro y tiene la hombría de elevar su voz para gritar ¡estoy vivo! y esto es lo que quiero; la fortuna sublime de encontrar con quien compartir tu esencia, tu día a día y tu intimidad más preciada y valiosa.
Maravilloso dúo interpretativo -excelente Romain Duris en su transformación de David a Virginia- de complicidad espléndida y sabrosa armonía degustativa que borra los límites de lo aceptado, de la cordura autoimpuesta, que desplaza las barreras establecidas, destapa el miedo a lo nuevo, mueve los cimientos de su acostumbrada estructura, invita a la reflexión, donde apetece su digestión, el análisis de 
todo un cuerpo que te involucra con devoción, suavidad y pasión en su imprevisto pero letal terremoto que seguirás analizando tras su andadura pues invita al comentario y su discusión, despierta polémica y atrae todo tipo de opiniones, reproches, aplausos y dudas que se puedan despertar en tu interior.
Desorden y desconcierto abren el debate de este "Tootsie" voluntario e incontrolado, deseoso de libertad que desea vivir, como mujer, lo que no se le permitió como hombre, que encuentra a su particular Victoria quien entiende, acepta y necesita de este Victor que la complementa, concreta y conforma como persona feliz, un potente "contaminame, mézclate conmigo, debajo mi rama tendrás abrigo..." que evoca fuerza, coraje, ilusión, ya no de salir del armario, "Mi querida señorita" -con 43 años de diferencia-, sino de romper cadenas, avanzar y olvidar los propios martirios y torturas que cada cual se impone a si mismo, superar la cárcel, respirar y salir a pasear, de mujer o hombre, travesti o lesbiana, de la mano o sin ella pero siempre sonriendo, orgullosas y dichosas.
Argumento loable en su eficacia, impacto, estupor, confusión y avance lento pero firme y seguro, iluminada fotografía que refleja el seductor colorido de la curiosidad, de la respuesta aún no expuesta, de una lograda dirección que deja hablar a la intimidad en su secreto paraíso construido al margen de normas y leyes válidos para otros/nunca más para ellos; ambigüedad y comicidad revueltos en escenas plácidas, controladas y serenas en su superficie, de logrado maquillaje que explosiona sin apenas estruendo pero con rotundidad.
Pierde fuelle, por momentos leves, para volver al gusto de la mezcla y el placer de la combinación de quien acepta la identidad exclusiva de una nueva amiga por la que sentirás inquietud, duda, desasosiego, indecisión y esa vacilación  loca de no entender por dónde camina, a dónde conduce pero a la que acompañas con deleite, curiosidad y desvelo, certificado de que la película cumple su misión: cautiva al interés, seduce a la sugestión, fascina al entendimiento y motiva el deseo de análisis y desmembramiento de las partes e ingredientes de este barrullo que, en el fondo, es más sencillo de lo largamente pensado..., fortuna de encontrar lo que se necesita, coraje de aceptarlo, valentía de hacerlo realidad y vivirlo, un honesto ¡hakuna matata!, vive y se feliz. 



sábado, 16 de mayo de 2015

Timbuktu

Año 2012, la ciudad maliense de Tombuctú ha caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. Pero en la ciudad los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales islamistas improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina en Tombuctú no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.


¿Has leído la sinopsis?, ¡pues eso es todo!, resumen conciso de lo que hay, ni más ni menos; amén de muchos halagos, bienintencionados y condescendientes, por ser una modesta película, echa con mucho esfuerzo y osadía, pero que falla en su encanto y seducción para dialogar con el oyente, quien sólo se emociona ante esa espléndida fotografía de un desierto árido, caluroso y hermoso que ofrece un ritmo pausado, lento y delicioso, con su propia armonía excelsa, donde el peligro, riesgo e incertidumbre se unen a la belleza, la vasta inmensidad, la tranquilidad suculenta, seca, el distendido deambular con un sentir, escuchar, verificar el silencio y la maravilla de no tener prisa pues, el tiempo no importa/el espacio no tiene vallas, pero donde el resto, ha pasado al olvido de la desgana.
Magnífico colorido, de gran atractivo visual que envuelve esta Mauritania dominada por la sinrazón y trágico despropósito de quienes hablan en nombre de la religión, moral, virtud y decencia, jueces dictadores de su propia mezquindad y horror, humillación de una ley impuesta a base de amenaza, rifle, latigo y muerte a una población que sólo quiere hacer su vida, ver crecer a sus hijos, charlar con los amigos y disfrutar de su relajada y plácida, a la vez que dura y desolada, existencia.
Y, a partir de aquí, viene el dilema pues, si vuelves a leer al argumento, estarás de acuerdo con él, también con las alabanzas referidas a la plasmación 
estética y atrevida de dicha realidad, un meritorio trabajo realizado por Abderrahmane Sissako a la hora de ser sincero y verídico en el sinsentido, extremismo y desfachatez de una imposición extremista a las que, héroes anónimos, deben hacer frente cada día y bla, bla, bla..., pero, con la misma honestidad, existe una gran tendencia al abandono inconsciente, a la apatía auditiva, al aburrimiento involuntario, a perder el interés de lo narrado, su propósito y estela, incluso te obligas a prestar más atención de la que tu mente está dispuesta a ofrecer, te disciplinas para evitar cerrar los ojos de cuando en cuando, te reprochas por distraerte con cualquier pensamiento que roza, brevemente tu cabeza, dada la escasa captación de lo ofertado, en un debate autoimpuesto de recriminación por no vivir tan espléndidamente -ni fingir, la verdad- esa maravilla manifestada por otros, por no saborear la importancia teórica de lo exhibido en una práctica inapetente, insostenible y poco agraciada.
Lo primero que se enseña un político es el poder de la oratoria, la fuerza de una potenta y bien estructurada retórica que convenza, atrape y guste, no importa el mensaje; aquí, ocurre justo lo contrario, un mensaje loable, vigoroso y valiente que se pierde, por su camino, al no encontrar ese puente de comunicación entre el ávido espectador, a la espera de su sabiduría, y unos fotogramas que transcurren sin pasión, con parsimonia, pesadez y poca inteligencia para involucrar al público deseoso y, con respeto, un poco excesivas las alabanzas vertidas a favor de ella que llevan al interrogante confuso, para quien se fío de ellas para elegirla, porque, todas muy meritorias y merecidas en el plano técnico, expositivo y ocular pero, el cerebro queda desamparado y desnutrido ante la sucesión de escenas que no despiertan curiosidad, que son un desfilar repetitivo de lo ofrecido los primeros diez minutos y que no avanza en emoción y desasosiego, sólo un triste mirar melancólico, decrépito y arduo que lleva a desviar la vista de la pantalla para buscar, por otro lado, el alimento no aportado o, simplemente, sucumbir a la dejadez y descuido.
Es de esos casos que, parece de vergüenza admitir tu indiferencia hacia lo observado, a pesar de la importancia de lo contado, pues se sufre un abandono cognitivo y ausencia afectiva que nunca debería surgir, dada la riqueza del guión y el estilo direccional, pero que supone el desfallecer anímico, sugestivo y reflexivo de un intelecto, dejado al olvido, que observa como únicamente se nutre la visión, y le  dejan, a él, huérfano y falto.
Es sencillo, un profesor debe saber inculcar a sus alumnos la pasión por su clase, aleccionar a sus pupilos a seguir la lección, instruirse de sus palabras y desear que el reloj detenga su camino ante el disfrute y admiración de lo expuesto, aquí, el director, satisface una parte/deja coja a la otra, un ying/yang que no se complementa, hecha un pulso con su hermana de aventura ganando, lamentablemente, quien no se quiere ni desea.
Insípida y desaborida, pierde todo su efecto al no saber comunicar, con perspicacia e ingenio, su atrevida y potente historia; brillante desolación artística que arrasa y deja necesitada a la razón y a su amado compañero de fatigas, el sensible -aquí depuesto- corazón.



jueves, 14 de mayo de 2015

El falsificador

Liberado de la prisión para que pueda pasar tiempo con su moribundo hijo (Tye Sheridan), un experto falsificador de arte (John Travolta) es obligado a participar en un importante atraco a un museo



Vale para pasar el rato pero ¡harto difícil que vivas con intensidad o convicción sus escenas, apuntes y actos!, fallo en la recreación de las experiencias y los sentimientos que les acompañan, necesita más tiempo, dedicación y trabajo. 
Está claro que, el por siempre Danny Zuko, no pretende revolucionar el panorama, ni alterar a la audiencia, ni despertar a los dormidos, procura desfilar sin hacer demasiado ruido, sólo que se recuerde su nombre y note su presencia que vamos cumpliendo años. son unos cuantos los golpes y fiascos profesionales que últimamente vamos creando -también grandes los éxitos en su pasado- y únicamente se intenta que no se olviden de quien fue uno, de las habilidades de su persona, volver a recuperar la profesión y, de paso, tastar el hormigueo de la actuación en un paseo tranquilo, de sencilla realización, sin excesivo esfuerzo y que deje señal de que sigue vivo y disponible para quien lo desee y se acuerde de quien ahora yace en horas bajas/antaño disfrutó de mejores triunfos y placeres.
Porque, si no es por las ganas de volver a trabajar, de moverse y hacerse notar, recordar por la audiencia, no se entiende esta opción interpretativa que parece diseñada pensando, principalmente, en quién iba a capitanearla para, seguidamente, añadir los ingredientes que le permitan comandar dicho vuelo exclusivo, que el susodicho, pilotará sin problemas dada su experiencia, un ex presidiario, con aires de ser que no remata, jubilado de profesión, futuro falsificador de Monet, que hará un pacto con el diablo para poder volver a casa a pasar 
el tiempo que le queda con su hijo y ser el referente patriarcal que durante años no pudo ni supo ser, todo ello adornado y envuelto por el mundo de los bajos fondos, de la mala gente, de los robos, rencillas y deudas pendientes que le deben dar ese toque exótico a la sensibilidad familiar que envuelve toda la trama y que, al igual que su acertado título, es un fraude emotivo ante la incompetencia de transmitir sus sentimientos, miedos, dudas y angustias pues observar la desesperación de quien se siente acorralado, sin desespero ni incomodidad en el asiento, la angustia de que se escape la vida, sin emotividad ni aflicción, la lucha por recomponer la familia sin adrenalina ni pasión, únicamente un desamparado terceto padre-hijo-abuelo que deambulan recitando sus papeles sin conseguir despertar afectividad alguna ni levantar un solicito entusiasmo que se mantiene en suspense, pero con pocas perspectivas de permanencia dada la simpleza y banalidad de lo presenciado, es un diagnóstico triste y desolador de quien te quiere transmitir su interior, hacerte sentir su personaje y sólo es un escaparate en movimiento de habla incesante, ya de inicio nimio, de calidad baja que nunca tuvo aspiración a nada, simplemente a rodar la cámara, que los actores reciten sus palabras y combinar su resultado sin gran arte ni destreza.
Pasa por los pasos requeridos sin pena ni gloria, ni como padre recuperado, ni como hijo querido, ni como ladrón actualizado, ni como proscrito de la policía, ni como genio que solicita tiempo, sin poder afirmar que se finge, todo el conjunto no hace buenas migas, no consiguen transmitir hermandad y camaradería de confianza en sus aportaciones al relato, ineptitud de hacer creíbles los sufrimientos, esterilidad de afianzar los temores, nulidad de plasmar una carrera frenética contrarreloj por unificar la familia y hallar ese paraíso donde disfrutar de la compañía mutua, un vacío absorbente donde, si como ella misma relata "...lo que importa, madita sea, no son las palabras, lo que importa son las acciones", aquí falla en ambas al dejar huérfanas, de riqueza gramatical, a unas sentencias cuyos fotogramas, que las abanderan, están igual de solitarios y ausentes en una dirección que apenas se deja notar y un guión que tampoco pone mucha molestia ni tesón en ello pues si contamos con un ex Pulp Fiction, edulcorado con tormento inquisitivo de quien daría su vida por su descendencia, el resto sólo es decoración para que "Michael" paterno, sin alas, 
diga sus frases y explote su cara de poker consumido y agotado donde, por siempre, relucirán sus característicos ojos azules; sólo le ha faltado marcarse un baile en alguna escena ya que, como pintor que analiza la obra para sentir en sus manos la magnificencia del original y dibujarlo, no da el pego, más bien se queda en absurdo intento de coreografía fallida.
John Travolta, comprensivo que tu nombre pese y atraigas a un montón de guiones mediocres de argumento hecho en un plis plas, con rapidez y memoria de ejecución, lástima no exigir ni demandar una escritura intensa, de más consistencia en el rodaje y más credibilidad en los responsables de asumir la interpretación que no todo es poner voz a la letra impresa, hay que hacerla verosímil y, aquí, el crédito desaparece al son de los minutos transcurridos.
Se puede perdonar su simpleza, imposible ser condescendiente con su torpeza artística y la ausencia de garantía en sus posibilidades.
La falsificación y engaño no está sólo en el título, impregna toda la historia a quien acompaña de principio a fin, sin tregua.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Uncertainty

Una joven pareja de enamorados recibe la mejor noticia de cualquier matrimonio: Kate está embarazada. La incertidumbre sobre cuál será su futuro les embarga pero el lanzamiento de una mágica moneda planteará dos realidades alternativas bien diferentes: en una de ellas, la pareja se encuentra en una barbacoa el 4 de julio en casa de la familia de Kate; en la otra, Bobby descubre un móvil olvidado en el asiento trasero de un taxi y decide encontrar a su dueño repitiendo las últimas llamadas marcadas en el teléfono. Lo que tienen en común ambas historias de la misma moneda es que en cada una de ellas podremos encontrar las respuestas para su antagónica.


Incertidumbre, nombre más que apropiado para una idea que no se supo confeccionar, ni desarrollar ni llevarla a buen puerto, donde observas retazos sueltos de por dónde crees que quería conducir a los personajes, su responsable, pero no dejan de ser especulaciones subjetivas que surgen ante un desconcierto que, en lugar de crear expectación e interés por descubrir dónde te llevarán, qué les sucede, causa un desapego emocional, auditivo y visual que, visto desde otro punto de vista, no deja también de tener su mérito y acierto.
Brooklyn y Manhattan, conectadas por un puente que permite a los protagonistas moverse entre dos vidas, la amarilla-intermitente que nunca decide y duda ante todo/la verde-afirmativa, de decisión tomada y camino libre para su andadura, una plena de peligros, aventuras, correrías incesantes de destino ignorado y adrenalina constante/la otra familiar y hogareña, donde florece la seguridad de los sentimientos en pareja, del gusto por tu trabajo, de la comodidad de estar bien asentado, una antítesis caos/estabilidad que pretende ser el juego atractivo que capture al público, poder moverse aleatoriamente entre dos realidades físicas para vivir en plenitud completa todo tipo de experiencias, el ying/yang personal desdoblado en dos parejas que exhiben lo que es su vida en cada zona donde, la buena acción realizada en ambas, en una se gratifica/en otra es conflicto del que huir, ansiedad que sentir, miedo que sufrir y codicia que aceptar.
Y hasta aquí hemos llegado pues, tan apetecible argumento se estropea el sólo al estrellarse y anularse ante su propia incompetencia y desconocimiento de dónde querer ir, qué querer contar o cuándo explotar porque a Scott McGehee, escritor,director,guionista -junto a David Siegel-, de este engaño no pretendido, le confieres media hora dubitativa para ver si coge forma, despierta tu apetencia y vamos iendo por camino de inspirada motivación pero, pronto tienes que admitir que, el susodicho, despertó de su sueño mucho antes de imaginar su objetivo y destino, que lo único que tuvo en mente cuando inició este proyecto fueron ocurrencias libres, alternas y difusas sobre un conglomerado al que deseaba dar forma pero que nunca se completa, que se queda en pastel destartalado sin sabor, forma y cocción indebida que se pierde ante la ineptitud estéril de su artificiosa andadura.
Arruina, con descaro culpable de quien no sabe lo que hace y rellena a ver qué sale, lo que, en principio, era suculencia grata a la que estabas dispuesta a darle una oportunidad pero ante la ausencia de picardía, cautividad y recepción gustosa tu voluntad cede, se apaga y surge el triste desinterés de quien se lleva la decepción del momento al abrir el regalo y descubrir que la magia seductora de la ilógica, la sinrazón se ha consumido sola por inutilidad de corolario y debilidad de muestrario.
Intenta comerse el mundo con su originalidad y no da para bocadillo rápido que cubra necesidades mínimas, ni para tentempié ligero, sin fortuna en su razón práctica y desconcierto en su creación teórica, el desorden se convierte en fastidio de una tortura que nunca debería haber surgido pero se cuela, inevitablemente, en la carta de un innovador restaurante que no tiene futuro pues los comensales de un lado corren y se exponen al peligro/los del 
otro, apaciguados, disfrutan de su armonía y tú, en el centro, aburrida pues no encuentras conexión alguna entre ambos, ni correlación que analizar, ni vínculo que extraer sólo un hermoso puente, de una fantástica ciudad, utilizado como excusa para este galimatías y despropósito donde todo él es un enorme y desbordante talón de Aquiles.
Dos formatos, misma personalidad/diferente escenario, combinación alterna de dos existencias, cuando te cansas de una pasas a la otra, tiovivo en el que sólo ellos se divierten, tú a verlas venir sin sentido y con paciencia que ni se ganan ¡ni merecen!



martes, 12 de mayo de 2015

El último lobo

Alterar el orden y ciclo vital del cosmos, del mundo trae consecuencias y el hombre es gustoso de tropezar, una, y otra, y mil veces en la misma piedra.
Complicado que pueda hacer una crítica objetiva, uniforme y ecuánime sobre esta película pues, durante la primera hora, he desviado más veces la atención de la pantalla que mantenido mi visión fija en ella; ahora mismo, mi impresión es haber pagado por sufrir, rabiar, ver barbaridades, sentir pánico y padecer inevitablemente por todo, caballos, lobos, gacelas, mongoles..., al menos tengo el consuelo de la espléndida hermosura de la fotografía salvaje, más su impresionante y cautivador colorido y la grandeza majestuosa de la existencia en estado virgen, la mayor y más importante protagonista.
"Capturaste a un dios para convertirlo en esclavo"..., una segunda parte de cómo enmendar un error tremendo y angustioso, domesticar a un lobezno que no es perro pero tampoco sabe cazar, matar ni alimentarse, no pertenece al lado del hombre pero depende de él para su subsistencia, rechazado por sus iguales/sin sitio junto a los humanos, cautiverio deleznable de consecuencias impensables, un dramático problema nacido de la lástima, el egoísmo y de un incompetente intervenir en la evolución sabia de la naturaleza y la vida que nace, crece, se desarrolla y muere junto a ella.
Desagradable salvajismo humano frente a tanta belleza animal, horror injustificable y continuo de quien no escucha la sabiduría anciana de la experiencia y comete torpezas de alto coste animal, humano y sensitivo..., y sigo apartando la mirada ante la consternación y el espanto atroz de quien no actúa por necesidad sino por dominación y abuso y se cree el dueño de la tierra con derecho mezquino sobre ella.
El ser humano es el único animal que mata por placer, por diversión, no es la ley del más fuerte sino la injusticia de quien ejecuta a traición, con trampas y engaño, por vicio, mandato y capricho, tortura y padecimiento sin descanso de ver el enfrentamiento de quien se mueve por instinto y del loco que se empeña en tenerle y retenerle a su lado, antítesis de quienes no pueden ni deben convivir en presencia ni armonía pues el colapso y la destrucción llamarán incesante a la puerta y siempre, siempre es culpa de un ignorante, inútil y estúpido ser humano cuyo egocentrismo le lleva a erigirse juez que decide, sentencia y reorganiza al animal libre y exento de ataduras, honorable fiera que se enfrenta al sujeto miserable que desea hacerlo esclavo y cuya fuerza intenta ser domada, instinto refrenado y potencia anulada siendo, sin remedio, su perdición y sentencia de muerte.
Hay películas que según tu sensibilidad, emoción, aguante y ternura es mejor que te abstengas de verlas ya que, aún reconociendo su alto valor, impresionante trabajo y magnitud del esfuerzo, su visión será tan angosta, insoportable, dura y feroz que es preocupación constante, sin tregua ni descanso, ardor que nunca cesa, que va en aumento y donde incluso te planteas si acabarla o salir de la sala ante la tragedia, ansiedad y pesadumbre que está sufriendo tu corazón y el desconsuelo eterno de unos ojos que dejan de observar dos de cadas tres fotogramas por no soportar la crueldad expuesta.
Despiadada, cruel y malvada, asesina el alma de quien mira con malestar y desesperación la mano del horrendo señor de las armas fabricadas, aniquilar a una especie siguiendo órdenes que no se cuestionan, el persistente sonido de los rifles y las balas matando inocentes lobos mientras bajas, de nuevo, la mirada ante el bochornoso espectáculo referido y la pesada tristeza adosada que se convierte en losa eterna ante este relato antipático e indigesto que se te atraganta, devora y perfora todos tus susceptibles y estimados sentimientos.
Si eres amante de los animales te debatirás en permanente guerra psicológica interna cuya peligrosa andadura no ofrece pausa, penetra conflictivamente y te deja un sabor rancio y podrido de lo peor de tus semejantes al tiempo que plasma la determinación y necesidad de decisiones difíciles para continuar y sobrevivir.
La amas y la odias por igual, la quieres y desprecias por los mismos motivos, bestialidad en aumento a cada escena que te lleva a rechazarla afectivamente pero respetarla técnicamente, desespero ante el contenido de lo visto/admiración por ello mismo, despropósito de adorar su presentación y estructura/temblar y repudiar lo que muestra, filme que es todo un sin vivir de malestar, inquietud y pena donde, por un lado, es perfecta y magistral la historia/por otro, horrible, desdeñable y ofensivo lo narrado, donde aborrona y aborrece lo que transmite con su lustroso y precioso porte, donde, sin duda, todo un merecido aplauso y reconocimiento ineludible para Jean-Jacques Annaud pero..., ¡qué mal rato he pasado!




lunes, 11 de mayo de 2015

Suite francesa

"Tócala otra vez, Sam" le decía una bella Ingrid Bergman al pianista de "Casablanca", aquí no dan ganas de volver a oír la bella canción que abandera tan apagada obra, a pesar de su innegable exquisitez y magnificencia.
¿No debería haber más pasión, fervor en todos los sentidos?, ¿en el romance, drama, en la guerra, en la incertidumbre y en su temido destino?, ¿su narración no debería ser más sentida y verosímil?, ¿su contenido menos hermético y frío?, alineado con orden, enfilado con método, sí pero ¡sin carisma ni gratitud sensitiva!, ¿no debería captar, sin duda alguna, tu atención, apego y curiosidad por su devenir presente, pasado y futuro?, ¿soy yo o es visión ausente que apenas endulza, conmueve ni hace reaccionar a nadie?, ¿han puesto el automático y se han ido, o qué?
Observas a una excelente actriz, una excepcional -como siempre es norma placentera en ella- Kristin Scott Thomas de horrible madrastra a compañera compasiva, a una Michelle Williams de cenicienta enamorada y confundida a heroína valiente y, a  Matthias Schoenaerts de príncipe equívoco que se debate entre sus contradictorios sentimientos actuar con esmero, profundidad y empeño para traer a colación un resultado banal e ingenuo, limitado en todos sus aspectos pues caminas por la historia de amor imposible, por la invasión nazi, por la amistad errónea, por los enemigos escalofriantes, por los aliados sorprendentes..., sin gran interés ni 
degustación, con aburrimiento insulso y desgana insultante, todo un insustancial movimiento escénico que sólo alcanza un grado fidedigno de calidad a 40 minutos de su final, cuando el cuento de amor se ha transformado en un juego de espías y engaños y algo de adrenalina y agitación asoman su talento por unos fotogramas que cuentan con una recreación distinguida, una fotografía delicada, unas actuaciones espléndidas, un recital artístico pleno y candente pero que, en su armonía y conjunción, falla estrepitosamente al no temer con ellos, no enamorarte de ellos, no llorar por ellos, no angustiarte junto a ellos ni esperanzar con su ardiente deseo y tembloroso miedo, el cual se plasma con devoción y esfuerzo para quedar en pantalla y jamás cruzar ese fantasioso, querido y necesario puente de comunicación que debe crearse entre el alma de la película y el corazón del espectador, entre la esencia de los personajes y la vivencia de toda tu persona en su respirar, temblar, reír, amar, sufrir y llorar.
Estéril la impecable puesta en escena, nula su efectividad práctica a pesar de la riqueza de su razón teórica, la cual emana de una novela que, siendo desconocida para la presente, necesita poco para superar a una obra que adquiere temperatura y calidez, suspiro y vigor rozando su etapa conclusiva, cuando por fin logras captar, sentir y creer lo interpretado pues ya no es fantasma angelical que pasea su arte con buenas intenciones pero apenado y compungido resultado.
¿Qué decir cuando los ingredientes son un acierto y la comida un fiasco?, ¿cuando se sigue a pies juntillas las instrucciones de su elaboración pero se obtiene un plato soso y desaborido?, ¿es un complot para certificar que ninguna película supera al libro del cual nace?, ¿cerciorar que la palabra escrita le da mil vueltas a la imagen rodada?, porque, aquí, palabrita del niño Jesús que es cierto, que hay poco que palpar, advertir y confesar ya que el vidente no es culpable de la falta de habilidad de Saul Dibb para recrear las impresiones que sus personajes exhiben, para conformar esa realidad tan apetecible que los rostros y sus voces pertinentes recitan pero que se queda en agua de borrasca que no confirma esa tan deseada tempestad, tormenta que se evapora nada más nacer y se queda en escarceo que moja el suelo pero no nutre la tierra, lo cual molesta pues, ¡por una vez que querías mojarte, empaparte, regodearte bajo la abundancia de una lluvia que permitiera rememorar "Cantando bajo la lluvia" bajo el emblema sutil y sabroso de esta "Suite françoise"...! va y se queda en supuesta alma incandescente que no logra ni alcanza para brillar.
Tristeza de un desapego no esperado, de una delicia no vivida, de un deambular vacío que anula su completo disfrute, acentúa su trabajo/deja escaso recuerdo/desperdicia su posible beneficio, su productividad es tan baja que cabe preguntarse ¿cómo es posible tan nimio rendimiento con tan gustosos miembros?, ¿tan imperceptible regodeo con trabajadores tan eficientes en su arte?
Tu esperanza se mantiene intacta hasta la llegada del lobo alemán, cuando observas con estupo que el relato no aumenta sus decibelios y que el desfile interpretativo, a pesar de su talento, no da para mantener el optimismo de lograr empatizar con ella, de una complicidad afortunada y, todas las cartas caen y el castillo de naipes se derrumba cuando, 
llegado el imposible amor, éste florece menos que ¡una rosa en pleno desierto!, aunque su aridez y sequedad si que hacen acto presente.
Sin consuelo que anime tu desolación, ni semilla que frene tu devastación, ni salvavidas que te proteja de la caída..., con ingenua aspiración afectuosa, inocente pretensión de enamoramiento e ilusión de calurosa complacencia..., pronto quedas demacrada y desamparada, triste y sola, más apenada y solitaria que Fonseca.
Inesperada decepción por ausencia de participación en sus emociones, pobre sensación generalizada.