sábado, 20 de junio de 2015

¡Benvenuto presidente!

Peppino, un hombre honrado e ingenuo, es bibliotecario y muy aficionado a las historias y a la pesca de la trucha. Vive en un pueblo montañés y sueña con un futuro mejor para su único hijo. Mientras, en Roma la derecha, la izquierda y el centro deben nombrar al nuevo presidente de la República. El elegido es Giuseppe Garibaldi, patriota y líder italiano difunto, cuyo nombre y apellido ha sido heredado por lo menos por cinco italianos. Peppino es uno de ellos y saldrá elegido, pero está firmemente decidido a renunciar. Sin embargo, en el momento de pronunciar su discurso en la Cámara, Peppino Garibaldi se da cuenta de que tiene en sus manos la oportunidad de cambiar por fin su país.


"En democracia, la forma es el contenido", no importa que ésta esté manchada, ultrajada y sea una vergüenza, si se cuidan las maneras y respeta el protocolo, todo lo demás no importa, se echa al cubo de la basura y ¡santas pascuas!, pues "...,en este país, hay una única regla jamás rota, si quieres ser político, tienes que ser chantajeable", base sobre la cual se apoya Riccardo Milani, con un relato de Nicola Giuliano, para iniciar esta comedia irónica, en forma de chiste y charanga, que expone con sagacidad y una aguda denuncia en tono de farándula humorística, la corrupción de las instituciones, la deslealtad de sus representantes y el burdo negocio de compra-venta al mejor postor que nos llene los bolsillos en que se ha convertido el gobierno de la nación.
Peppino, ex bibliotecario en paro, aficionado a la pesca de la trucha que por el inútil comportamiento de los partidos, que votan para fastidiarse mutuamente en lugar de pensar en lo mejor para el ciudadano y país -el cual mancillan con su actitud egoista-, en una evidente sentencia que lo explica con gran clarividencia "...,pero ¿qué hemos hecho para hacer esta estupidez?, ¡presidente de la república!", es elegido máximo representante de Italia quien ante la repentina sorpresa, duda inicial e inquietud y disposición benévola a la renuncia inmediata, pronto se dará cuenta de que está rodeado de inmundicia, caza insaciable de hyenas, a cuál peor, donde los gorilas brutos y arcaicos de su tierra son angelitos comparados con la ávida codicia y maldad ambiciosa de esta tribu, de traje y corbata, que manda en el parlamento y la ciudad.
A partir de ahí, cancha libre para el despropósito y la memez, sin límite ni freno, avalancha de escenas ridículas, situaciones deleznables en tono de cachondeo y un circo continuo de bufonadas, desfachateces y tonterías a mansalva, 50 minutos con perspectiva de sacarle buen jugo a un inicio prometedor, con un tema que está muy presente en nuestra sociedad, de gran actualidad que lo convierte en ácida burla y juerga bochornosa de reírse, mofarse e insultar al pueblo quien mira estupefacto como, las serpientes ansiosas de sangre, se unen para derrocar al que, al principio, parecía tonto y resultó ser honesto, tener principios y una moral que molesta y entorpece el acostumbrado funcionamiento del gobierno del pueblo y de la beneficiosa política para beneficio personal pues ¡para qué se está en política si no es para sacar tajada particular! 
Sólo que, igual que "..., hacer demasiado de santo te vuelve diablo", sobre la mitad de su recorrido se palpa un vuelco hacia la broma facilona, tendencia a forzar la sonrisa del espectador con gags prefabricados que pierden su natural gracia, chispa hasta entonces mantenida que deriva en guasa y alboroto que ha perdido su carisma, don y potencia.
Simpática, fresca y alegre, aunque no abandona dicha estela y son características que se aprecian y degustan, si que abusa del recurso cómico exagerado, del montaje rocambolesco y precipitado que pierde parte de su inocencia original, la rica charlotada de risa espontánea cede parte de su arte natural para la carcajada por un estrambótico caos que ya no enriquece tanto, lunática andadura que se absorbe con menos delicia ante la evidente ausencia de parte de ese peculiar carácter sentido a la inicial subida del telón.
Propuesta divertida, amena y graciosa, teatro pachanguero que dice verdades conocidas, ya ni siquiera ocultas, con un Claudio Bisio, líder óptimo de la jarana montada cuyo espíritu incansable no cede un ápice durante todo el metraje, en una acompañada esencia a lo Roberto Benigni que se vive y disfruta más en las primeras etapas, menos en la absurdidad del segundo tramo, descenso de calidad e ideas ligeras que, aunque se observa, siente y palpa, se perdona pues caen bien, hacen mofa de nuestros corruptos representantes, ridiculizan el gobierno y dejan un apartado para la honestidad y la ética, corrección de aquellos puros de corazón que sobresalen y triunfan ante la tentación del mal que les rodea.
Empeño y fuerza de voluntad por entretener, ahínco de diversión, propósito de envoltura dinámica y corrida festiva, lograda por momentos alternos y cuando no, tampoco pierdes la sonrisa por su gancho, cordialidad y ocurrencia pues, aunque no siempre es lograda, su meritorio logro es intentarlo sin descanso ni tregua.
Es fácil relajarse en su presencia, sencillo acompañarles en su aventura, no hace realidad sus altas perspectivas pero se queda a buen camino ¡que ya es bastante!, lectura especulativa de la sociedad y el mundo político, con pequeñas dosis de sarcasmo, mucha coña y una escenificación acelerada, todo ello en un espectáculo válido y afín, joven y enérgico de atropellado accidente que apetece y agrada, deja que invada tu espacio y ocupe tu tiempo, es más el beneficio que obtienes que un posible desgaste.
Ensalada mixta de ingredientes activos y fogosos, con un adobo no muy picante de escándalo irrisorio para un baile pintoresco que porta, como etiqueta, una caricatura danzarina, parodia ridícula que no engaña, es modesta sin ser una perdida.



viernes, 19 de junio de 2015

No llores, vuela

Un accidente marca y distancia a una madre (Jennifer Connelly) y a un hijo (Cillian Murphy). Ella llega a ser una famosa artista; él, un peculiar cetrero que vive marcado por una doble ausencia. Una joven periodista (Mélanie Laurent) propicia un encuentro entre ambos, que los lleva a plantearse la posibilidad de entender el sentido de la vida y del arte a pesar de las incertidumbres.


Las buenas intenciones caen en saco roto si no hay suculencia en el plato y su contenido tiene estilo y porte pero poco que llevarse a la boca; después de degustar, ingerir y consumir no queda otra que admitir un sincero y evidente ¡me quedo con hambre!
¿Qué tenemos aquí? Una madre desesperada por salvar a su hijo, por proporcionarle la cura milagrosa que todos le niegan, un chaval inocente que paga las consecuencias de un hermano enfermo, que padece en sustancia y carne, en ilusión y desengaño las decisiones que se llevan a cabo pensando en el pequeño pero donde olvidan consuntarle, devastadora obsesión materna incomprensible para un inofensivo niño, sufrimiento para ambas partes más un inesperado descubrimiento personal que transformará la estructura, realidad y rumbo de toda la familia.
Combinación alterna de dos tiempos, pasado recordatorio de cómo fueron los hechos/presente de búsqueda sobre cómo están las cosas, pretérito doloroso no superado/actualidad esquiva llena de cuentas pendientes, cuidar de los demás mientras olvidas hacerlo de los tuyos, remordimientos de culpa manifiesta que marcarán de por vida y nunca permitirán descansar al corazón herido y su espíritu malogrado.
Creencias, dolor, desesperación y ruina anímica, vender tu alma por promesa incumplida congelada en el tiempo, verdad o fraude, oportunistas o auténticos, verosímil o falso, seguir viviendo con las decisiones tomadas y las nunca realizadas que la vida se encarga de decidir por ambos, película de sentimientos que no emociona, inquieta ni enternece en demasía, turismo por la vida y experiencia de esta madre e hijo que no turba ni conmociona como debería, metáfora del existir, perdonar y seguir adelante escasa y pobre, una grave insuficiencia que se alimenta de cognición pretenciosa que decora con escenas espaciosas, de precipicio aflictivo pero cuya lentitud y parsimonia crean desapego de mirada que está pendiente de su andadura pero donde, el resto de los sentidos, hace tiempo que se han inhibido y retraído, imperdonable avería que impide tristemente su disfrute.
Estamos ante el problema de siempre, contar y sentir no son lo mismo, narrar y palpitar no siempre van unidos, menos aún cogidos de la mano, alcanzar uno/perder al segundo es quedarse a medias, insatisfecho, poder describirla y apreciarla son cosas distintas que debería ir unidas si se busca la completitud de la película, su tenencia y apreciación plena pero no es así, la bienvenida íntegra y serena es sólo para la primera y, por mucha voluntad, empeño y esmero que aporten sus protagonistas en su trabajo -abismal la siempre bella Jennifer Connelly, Cillian Murphy sereno, ardiente e introspectivo quien cuenta con los únicos cinco minutos de atrape, explosión y gusto emotivo-, el abrazo es tenue, la acogida distante, el contacto frío y remoto, piezas que conforman un recorrido más muerto que vivo, con excesiva oscuridad que invita a la pérdida sensorial y desinterés del raciocinio y, poca luz que provoque o incite el despertar ávido de unas sensaciones poco motivadas, mínimamente integradas, escasamente cautivadas.
Pretensión poética de andadura artística sobre la reconciliación con el mundo y uno mismo, delirio afligido que halla sosiego y calma, que Claudia Llosa lleva a cabo con confusión y torpeza, nulidad efectiva pues si quieres que el público absorba en imágenes, lo que tiene tanto fondo y fuerza en escrito, debes nutrirlo de consistencia, carisma y potencia, no agua intuida que se diluye y evapora en un aire marchito que cubre toda la estancia, viaje poco estimulante que te deja a las puertas de vivir lo pretendido.
Con silencios que no se respiran ni absorben el alma, sólo permiten observar la delicadeza de un traje que se mueve con suavidad y delicadeza pero, que según tiempos, desfallece en su inoportuno hilvanado para sentenciar, un nunca deseado, ¡no apetece tanto!
 Cargante y dilatada etiqueta que no halla equilibrio con su público; percibir, experimentar, padecer..., habilidades que no han sabido desarrollarse.
"No llores, vuela", vuela a lo más alto porque tanto misticismo ¡me está matando!, y aunque el vuelo hermoso y fantástico del halcón hace lo que puede, ¡no da para tanto!



jueves, 18 de junio de 2015

Dale duro

Cuando al millonario James King (Ferrell) le condenan a ingresar en prisión por un delito que en realidad no ha cometido, contratará los servicios de quien le limpia el coche, a la vez un delincuente habitual (Hart), para que le enseñe cómo ha de comportarse para sobrevivir en la cárcel. 


Endurecerse ¡y sobrevivir!..., con que te la tragues entera ¡ya harás bastante!; sacrificio de quien buscaba diversión desenfadada y obtuvo la colisión y frustración de todas sus esperanzas.
Comedia..., un blanco y un negro, rico uno/pasando calamidades el otro, ególatra, altivo y despreciativo quien, en principio, lo tiene todo en apariencia/desesperado, luchador, buen padre y marido quien, a primera foto, está deshauciado y en las últimas, combinamos la pareja en situación forzada y al límite, atroz injusticia que les permite convivir y conocerse, bromas, gags y situaciones tensas que van formando familiaridad y una verdadera amistad entre polos tan opuestos cuyos lados se rozaban sin saberlo y, flecha final de colaboración mutua para ayudarse y que cada cual reciba lo que merezca, final feliz donde los malos son pillados/los buenos van al cielo de la abundancia y el dinero.
Eddie Murphy y Dan Aykroyd/Tim Robbins y Martin Lawrence ya transitaron por dicha carretera con beneficio de ocurrencia, alegría y humor, destreza de un argumento llevado con inteligencia, habilidad y acierto. 
¿Qué tenemos aquí que siguiendo misma estela/pasos semejantes se aleja tanto en su resultado? Un desastre, estupidez estridente cuyas sandeces y boberías no hacen gracia ni lo pretenden, creo yo, porque si osan esperar que el público aplauda tal mejunje infumable, menos bebible, como diversión loca o entretenimiento ligero es creer que los burros vuelan y que el caballo blanco de Santiago tenía que ser negro porque, si fuera tan obvio el acertijo y no se ha sabido hallar la respuesta, es que la necedad y nulidad del equipo al cargo es ¡de mayúsculas!
Escenas ridículas, exageradas donde se fuerza una hilaridad e ingenio que nunca se logra  -ni tuvo-, acción triste de payaso sin maquillaje ni trompeta, lenguaje penoso colmado de sentencias desbaratadas sin contenido ni presencia, escenas cargantes llenas de estereotipos llevados al extremo del desquicio supremo que nadie se ha molestado en trabajar más -o algo- en ellas y que vagabundean sin imagen, consistencia, pena ni gloria, una química ausente entre los protagonistas -aunque todos parecen ponerse de acuerdo en lo contrario-, gracia barata y cutre que ofende a quien tenga un mínimo de decoro, nivel y distinción y, en general, nada que salvar/todo directo a la basura para un Will Ferrell que, en su momento disfrutó de oportunidad y lucimiento para su arte distendido y jocoso -que lo tuvo/espero lo tenga y recupere para ocasión futura-, que ahora desfila como bufón perdido que debe hacer monadas de garrulo y cateto para ganarse unas monedas y poder comer ese día.
"El éxito es un estado mental", lo que no se averigua, ni cuenta, es el coeficiente de dicho estado mental porque pretender ir de rompedora y ofensiva, descarada y brutal y lo único que consigue es romper tu moral, ofender a tu gusto y liarla penosamente por falta de ideas válidas que plasmar en pantalla.
Dudo que te rías a menos que sea por abrupta lástima de la desfachatez, idiotez y memez sin tino que tus ojos están viendo en cabalgata incesante, guión clásico de aventuras y desmadre que no sabe erigirse como muestra decente dentro de su género, sólo deambular tristemente agotando la paciencia y temple del que observa.
"Entre pillos anda el juego" y "Nada que perder", comedias entusiastas de gran placer, arte, sabor y fortuna, acá un desfile de tonterías y banalidades que no crean juerga, ni jarana, ni nada que se le parezca, sólo frases insultantes que acabarán con tu serenidad y estoicismo.
Si la eliges para pasar un rato distraído y ameno, éste te se hará eterno sin sacar provecho ni rendimiento del mismo; si la eliges con conciencia de su miseria y escasez, ¡ya lo tienes todo dicho!
Dos actores cómicos desperdiciados, dos Robin Hoods de la comedia que, en su intento de crear una sonrisa y alguna carcajada, se estrellan estrepitosamente contra la nulidad de su argumento, guión y película entera, donde su breve pero cansino recorrido es sublime castigo no merecido ni debido aunque, honestamente, a mi no tanto pues hice deja de abandono ¡mucho antes!
"Get hard, 30 días para entrar en la cárcel", ¡aún me parecen demasiados!



miércoles, 17 de junio de 2015

Palo alto

Sigue a un grupo de adolescentes con tendencia a buscar problemas, como drogarse, provocar accidentes o liarse con adultos como sus profesores. Adaptación de una serie de historias cortas de James Franco.


Los anhelos y desventuras de una chica.
¿Qué quieres ser?, ¿qué quieres hacer?, ¿a dónde ir?, ¿qué estudiar?, ¿en qué universidad?, ¿fumar, beber o pasar?, ¿te gustan tus amigos?, ¿te convienen?..., el chico que te gusta, el chico al que le gustas, el que conociste en una fiesta, el que no volviste a ver, el que dijo que llamaría, el que llamó, el consejo de tus padres, la ausencia del mismo, la complejidad de la relación, la presión del grupo, el solitario refugio, la compañía insana, el bienestar querido, la duda de la alternancia, la valentía de la decisión..., y llegamos a la cuestión clave de un argumento absorbente, de fuerza suave pero firme y consistente, escrito y dirigido por Gia Coppola, cuyas ideas nacen de los antaños escritos de un James Franco que también interviene en la interpretación, guión que con resuelta sencillez y sin apenas esfuerzo, ni enorme ahínco o estruendo, logra una sugerente y amena efectividad, delicioso postre de fruto sabroso y palpable.
Decisión tras decisión y vuelta a decidir, fallo tras acierto, o en orden inverso, para volver a la ardua tarea de elegir, escoger, optar..., es decir ¡vuelta a decidir!, múltiples decisiones que conforman la vida, camino que se realiza con esas resoluciones rutinarias o novedosas que tomamos constantemente y que marcan nuestro rumbo, sentencias intrascendentales, dictamenes importantes, juicio para diferenciarlas, resistencia y coraje para cuando te equivocas y, en conjunto, ser capaz de confeccionar esa ruta que decidirá qué hacemos, quiénes somos, a dónde vamos, dónde estamos, qué vemos cuando nos miramos en el espejo, qué pensamos cuando estamos ante la inquisidora presencia de uno consigo mismo, juez sincero y demoledor que no oculta esa orgullosa o temida verdad a encontrar y descubrir.
El duro y enrevesado proceso de crecer, madurar, aprender y elegir, dejar de hacerlo torpemente y empezar a pensar con sabiduría lo que no se quiere aunque aún no se sepa, con evidencia obvia, qué se desea, volteados sentimientos a flor de piel que sufren en perpetua constancia por esa extrema sensibilidad que configura todo el mundo adolescente, un retrato sobrio y modesto que despierta afán y empeño por saber de ellos, de sus baches, giros, logros y retrocesos.
Se observa con facilidad, alimenta tu curiosidad con sencillez y naturalidad, inocencia de una atropellada existencia en un grupo de amigos a edad complicada que buscan su identidad, su lugar en medio de un caos diverso y alternativo que les confunde, arrastra, distrae y complica de su objetivo principal, crecer, experimentar, conocer, aprender.
Su gran arte es la nitidez y claridad del mensaje, de la visión, sin marear y sin rellenar, con pocos elementos pero de gran acierto en su contenido y en la realización, gustosa visión que sacia tus apetitos del momento, al acompañar con voluntad y querencia, con comodidad y desvelo a los protagonistas perdidos en sus desconciertos, llenos de ilusiones que combinan, sin tiempo a saborear ni pensar, sus alegrías y llantos, miedos y valentía con aceleración y vergúenza, reparo y vacilación de quien todavía está en proceso de hallar su personalidad, hesitando qué elegir entre la gama de colores disponibles; en definitiva, quién es y va a ser porque, aunque sea repetirme y volver sobre lo mismo, así lo hacen, una y otra vez, estos jóvenes al observar, caminar y escoger entre las muchas opciones que la vida pone en sus manos, al alcance, aunque en ocasiones sea nuestra propia nulidad la que tape y nuble el raciocinio de la elección.
Palo alto, complicado, dificultoso, de guerra contra el mundo y uno mismo, que se hace mas accesible y próximo conforme avanzamos, disputa tenaz que crea vínculo con fluidez y soltura, honradez que cubre las necesidades del público asistente con talento, esmero y humildad.
Apreciada su desenvoltura rítmica, estimada la rotura del espejo, salida del hogar protector para iniciar la andadura del riesgo y delicia de hacer camino y avanzar, pequeña historia que se aprecia con facilidad, apetece con comodidad, altruista, fresca, sin meta ni expectativas a la vista sólo pretende sobrevivir a la jungla de miseria emocional y continuar..., ¡continúa tú con ellos!



martes, 16 de junio de 2015

Viaje a Sils Maria

Maria Enders (Binoche), 20 años después de hacerse famosa por su interpretación de Sigrid, el personaje que fascinó a Helena y la llevó al suicidio, deberá decidir si, ahora que se encuentra en la cima de su carrera profesional, quiere volver a aceptar un papel en la obra, esta vez interpretando a Helena.


¡Creía que sería mejor!, sentencia contundente que he vivido en propia carne y que ha desmoralizado toda mi alma; ¡ojalá hubiera absorbido tu personaje, Maria Enders, con tanto placer y pasión, con tanta devota tortura como tú vives y padeces a Helena e Ingrid!
"Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas, hoy cierro yo el libro de las horas muertas..., hoy rechazo la bajeza del abandono y la pena..., hago pájaros de barro y los hecho a volar..., en los vértices del tiempo anidan los sentimientos..., hago pájaros de barro y los hecho a volar...", o la letra de cualquier otra canción favorita tuya -ésta estaba sonando en la radio y, la verdad, me viene que ¡ni al pelo!- que no sólo transmite sentimiento sino que éstos se captan, viven y sienten con tal intensidad que es imposible oír la música, escuchar la letra, que suenen ambas juntas en excelente armonía y no ponerte a bailar, dar palmas y tararear la misma a voz en grito con plena emoción.
Pues eso, precisamente, es lo que falla aquí, porque podría sencillamente hacer un análisis profundo que lo que se cuenta, de lo que sucede en la vida de esta actriz cuya intimidad se desnuda ante la cámara, cuya cobardía y anhelos se exponen sin reserva, desde una primera parte de muerte de un amigo y recogida de un premio, combinación a la par de la persona privada y su imagen pública, a una segunda donde se muestran los miedos, vicisitudes y tormentos de quien ya entra en años y sigue viviendo 
de sus éxitos de años pasados; oportunidad de realizar la misma obra que 20 años atrás la encumbró pero ahora, no en el papel de la joven activa y entusiasta que enamora y atrapa, sino como madura pasiva y dependiente de ese amor jovial que la arrastrará al suicidio, obra de teatro que se mezcla y confunde con la relación que mantiene con su asistente, relato inventado que se intercala en sus propias existencias uniendo, en un plano, ambas vidas, la real y la ficticia, la ordinaria y la de la gran pantalla que se funden en un mismo espejo incapaz, ya, de diferenciar la mentira de la verdad.
¡Hecho!, sencillo ¿no? Pero vuelvo a la misma tesitura pues ¿de qué sirve este resumen, o cualquier otro más acertado, si no logra despertar ningún tipo de interés o aflicción por la existencia de esta pareja?, ¿si el análisis de sus vidas, andaduras y convivencias, ya sea vívido y espontáneo o lectura interpretativa de la obra, no entusiasta, apenas dice nada/transmite menos?
Porque una magnífica, veraz y auténtica interpretación de las actrices protagonista, deslumbrante, desbordante e intensa la veterana, siempre excelente, Juliette Binoche, al lado de quien, Kristen Stewart, está igual de soberbia, sincera y natural, exposición exquisita redondeada por su gran sintonía y facilidad de conexión mutua pero..., ¿dónde quedó el público?, ¿no se olvidan de incorporarle con motivación, apetito y ganas a la escena?
Porque estar sentada en la butaca, sin participar mientras la vida tiene lugar en la pantalla es pobre, carente y apagado, lástima de una tristeza y parsimonia que no permiten apreciar su gran guión, su delicia de intercambio de sentencias y profunda representación, sólo un observar y aceptar que todo su meritorio y confirmado esfuerzo se evaporan y caen en, triste y penoso, saco roto.
Nueva película que muestra la vida interior del mundo de Hollywood y hermanas adyacentes, que revela esa cuota de silencio que se intenta ocultar y mantener encerrada, los tejemanejes de bambalinas, odios y recelos entre sus miembros y sus muchas cuentas pendientes a la espera de esa oportunidad, de ese tiro a lo Conde Montecristo que compense todo el tiempo fingido ante las cámaras, sinceridad expositiva que parece estar de moda al recrear con reiteración tanta miseria, inseguridad y desgana disfrazada de fiesta, lujo y joyas que, desde la primera vez que se vio, parece haber perdido interés y apetencia; aquí, en concreto, su absorción y regusto van a menos quedando en un sobresaliente técnico plasmado en sensacional letra que, al pasar a la práctica de su cuerpo demostrativo y voz dicha, se conforma con ser predicado soso, casi ausente y vacuo que no confirma ni remata su gran sustancia, aprecio y degustación que no llegan al espectador, que retroceden en su intento y quedan atrapadas en 
ese foso inhóspito y perdido al que caen al quebrarse el puente que debía acercarlas para su abrazo y caricia, hechizo sabroso que, sin duda, sintieron sus intérpretes en su espléndido y lúcido trabajo pero que queda en hoja perfecta que cae mustia y seca de la rama que la sustenta.
¡Hay, hermosa cautividad!, ¡dónde quedaste que pasas de mí y sigues adelante!, espía traicionero que me permite ver pero me impide acompañar con su sentimiento y emoción, ¿hay mayor horror que la dicha no sentida?, ¿que bendice pero no aporta fruto, ni sensibilidad, ni recompensa?, ¿no lleva ello a la desgana e inapetencia?
Profundo dolor al no poder disfrutar de estos personajes, errante pena de esencia herida, buena salud que se debilita al hacer marcha, al transitar sin armonía ni apego, tropiezo accidental que sale muy caro pues su peaje es una marchita esperanza que ya no logra levantar cabeza, pesar inportuno que se ahoga sin supervivencia aunque, al final, sí logre reflotar la estrella.
"..., así que ¡se me permite ser no-vieja siempre que no pretenda ser joven!", permisividad dudosa que no está claro merezca, ni se gane y que la deja en un limbo de ida y vuelta a ninguna parte, que se acerca bastante a lo que tú padeces y sientes.
"Viaje a Sils Maria", por desgracia, viaje a ninguna parte.



lunes, 15 de junio de 2015

Jurassic world

Nueva entrega de la saga iniciada por Steven Spielberg. Veintidós años después de lo ocurrido en Jurassic Park, la isla Nublar ha sido transformada en un parque temático, Jurassic Wold, con versiones «domesticadas» de algunos de los dinosaurios más conocidos. Cuando todo parece ir a la perfección y ser el negocio del siglo, un nuevo dinosaurio de especie todavía desconocida y que es mucho más inteligente de lo que se pensaba, comienza a causar estragos entre los visitantes del Parque.


No enloquece, no lidera, no es un alpha, es beta.
Con poco margen para el sobresalto y la inquietud, la conmoción de las impresiones debe correr a cargo de la sabia innovación en lo ya visto y sabido, la novedad en lo fácilmente anticipado pues la estructura es clara y harto conocida, ninguna sorpresa que te electrice, pasme ni te ate al sillón, por tanto sólo cabe fijarse en los pormenores, en esos fabulosos e intensos detalles que deben convertirla en estupenda y genial, en contestar a ese interrogante que trata de descubrir si el paso del tiempo le ha sentado bien, responder a esa ignominia comparativa, feroz y cruel, que pone a cada cual en su lugar, averiguar si los nuevos personajes fascinarán o aburrirán, sentenciar si son un tedio sus correrías o atrapan sin intervalo o pausa, si la ventaja y mejora en las nuevas técnicas se plasma en el diseño, si consigue ponerte nervioso o ya está todo visto, si el parque de atracciones sigue valiendo su entrada..., y fundamentalmente, si la acción posee esa adrenalina y vigor capaz de hacerte pasar un buen rato y olvidar un mal día.
Y Colin Trevorrow no lo tenía fácil, venimos del recuerdo sagrado de Steven Spierlberg, de la época disfrutada de los 90, del éxtasis de presenciar el nacimiento de tan original idea, de su impacto como diversión y eficacia como entretenimiento, toda una muralla que se ha resuelto con eficiencia ¡sin más!, se sale contento y satisfecho como promedio medio en esta carrera "in crescendo" hacia su máximo escalafón de velocidad, fuerza y energía.
Con la presentación de jurassicworld, la nueva disneylandia para niños, jóvenes y adultos "..., que existe para recordarnos lo pequeños y recientes que somos", el exclusivo showland para todas las edades cuenta con su parte lucrativa, fría, sin escrúpulos ni ética restrictiva como buen negocio que busca beneficios, del cual pasamos al nuevo Indiana Jones de los velociraptores que ha aprendido técnicas nuevas del encantador de perros y de aquel que susurraba a los caballos para amansar a las fieras, con esa innegable figura femenina siempre presente, a su protector lado, para solicitar su desesperada ayuda y agarrarse a ese musculado brazo cuando llega el peligro aunque, los tiempos han avanzado, ahora las mujeres no se quedan quietas mirando, también conducen, disparan y golpean; añadimos los inocentes niños, sin excesivo carisma ni empatía, que sufrirán el pánico de su desobediencia en su joven piel, el horror de su imprudencia en sus ingenuas carnes y, la masa de bulto donde unos cuantos morirán, otros saldrán heridos y la mayoría correrá y gritará.
¿Y qué hay de los dinosaurios? "..., que sea más grande, de más miedo y ¡sea más guay!, es lo que me dijo", y la estrella inventada del triásico para el siglo XXI lo es, es mucho más grande, da igual de miedo que sus artificiales hermanos y ¿más guay?, depende del encanto que le tengas a sus congéneres pues no por más cantidad hay más calidad, ni por abultar y rugir más y con más dientes es mayor el terror, pánico e impacto.
Pero, dejémoslo en que cumple con la tarea, cubre bien su misión y es evidente el ascenso hipnótico de magia y hechizo conforme avanza en minutos, desmadre y caos, puede que cierto recurso hacia la exageración desorbitada en su última etapa pero, para entonces, ya te tragas todas las trolas que te cuenten y te valen ¡todas las mentiras!, es un correr, escapar y sobrevivir mientras otros protagonizan la decisiva y esperada pelea final.
Con su ogro para ser odiado, el héroe para ser admirado, la chica para embellecer, los críos para padecer, toques de risa y humor, de egoismo y ambición, de despropósito con un toque de ridiculez tiene los ingredientes esperados, en el orden deseado que surgen cuendo es apropiado, dinero bien invertido que, con todo, no logra borrar la añoranza y estima por la madre, inédita, asombrosa e insólita como ninguna.
Pero hay cosas que jamás se superarán, y emciones que no se pueden comparar porque son épocas y estados anímicos diferentes, desde su perspectiva individual y solitaria cubre las perspectivas, respeta 
la esencia de sus mayores, no posee tanta tensión y angustia pero esta rebaja la cubre con un desfile de nuevos miembros para el genético zoo jurásico, en demasía se apoya en la desproporción para recrear pues ¡hay que justificar el dinero invertido! -y, sobretodo, recuperarlo-, y en definitiva, a menos que seas fanático de la primera y tu exigencia roce niveles muy altos, es un blockbuster que hace el trabajo para el que fue creado, sin llegar a notable se queda en un aceptable bien, si se quiere ser generoso, pongámosle ¡por qué no!, un bien alto.
"¿Y qué hacemos ahora? Seguir juntos para sobrevivir", simpática, fresca y rauda, amigable, dinámica y amena, fiesta jovial con intento ocasional de gracia, chispa emergente según ocasiones, alguna sonrisa esquiva y un susto, ya de por siempre, extraviado y olvidado; sobrevive a su propia sombra.



domingo, 14 de junio de 2015

Los insólitos peces gato

Claudia, una joven callada y meditabunda, trabaja en un supermercado como promotora de salchichas. Por no saber lidiar con esta insostenible soledad, termina en la sala de urgencias de un hospital público, con un severo caso de apendicitis. Es ahí donde conoce a Martha, una mujer que se encuentra hospitalizada en la cama de al lado. Martha, quien vive acompañada por sus hijos, poco a poco se gana la confianza de Claudia.


"Los súspiros son señal de que necesitas más aire para respirar", y la vivencia de esta historia es señal..., su textura es confirmación..., de que le falta un punto de cocción, un grado más, ese mínimo añadido de sal, pimienta o fuerza en general que la encumbre a vívido sentimiento absorbido con profundidad.
Porque es meritorio el primer trabajo de Claudia Sainte-Luce, cine de emociones que aspira a plasmar la soledad, amargura y abandono de quien está sola y desamparada y, de repente se le tiende una mano amiga, ofrecimiento sincero de una recién conocida -madre adoptiva sin saberlo ni pretenderlo-, sin taxas ni lamento que le abre las puertas al mundo familiar, a la convivencia caótica y atropellada de quienes comparten amor y cariño sin limites, condiciones ni caducidad, terreno nuevo, inhóspito y desconocido para esta errante de la vida que encuentra un motivo para levantarse cada mañana, razón para existir, andar y sonreír, un afectuoso y querido ayudar a los demás, a quienes la han acogido como miembro activo de su clan sin reparo, preguntas y los brazos abiertos para sentir y experimentar, en cuerpo y alma, lo que significa y transmite un enorme y sincero abrazo.
Tristeza que se abre a la alegría, desilusión transformada en esperanza, melancolía desaparecida gracias a la franca y tierna compañía de quien te invita a su casa para ser uno más, de quien despierta a la existencia/de quien sucumbre a su fallecimiento, ciclo conexo lleno de emotividad, precaución y un absorbente realismo, expresividad congénita noble y veraz que te permiten integrarte en el relato con voluntad y determinación efectiva de ser un miembro más y participar como mirón, callado y en silencio, en un rincón para no perturbar ni perderse un segundo de este desmadre de unidad, aunque siempre e inexplicablemente en conjunción espontánea de equilibrio solvente, que adopta a la misteriosa y extraña, cálida y amable enferma de la cama de al lado.
Pura aflicción Ximena Ayala en su papel protagonista, fantástica y deliciosa en su cauteloso nadar por aguas nunca antes navegadas, ese sorprendente y precavido andar por tierra jamás pisada, naturalidad y sencillez amparada por el resto de los participantes, coordinado elenco que muestra el renacer de una estrella/la desaparición de otra, vida y muerte cogidas de la mano como necesaria y pródiga conexión que permite el rodar y continuar de la existencia, en este nuestro mundo.
Su reparo es esa intensidad que no se llega a confirmar, carisma no explotado que se mueve por dosis de ínfima aceleración no explorando todas sus opciones y habilidades, sensaciones que se quedan a un nivel menor de lo insinuado y deseado, deducido pormenor concluyente, que resta pero no anula, defecto que no invalida la obra por tratarse de un primer intento, novata incursión en el mundo del largometraje por parte de esta directora mexicana, que apunta maneras e intuye formas pero todavía no se ve capaz de coronar ni conformar, todo lo visto, con perfección de disfrute pleno.
Peces gato..., comunes en América del sur, son carroñeros nocturnos que viven cerca del fondo, en aguas poco profundas..., y ahí se ha quedado, hasta esas mínimas profundidades ha sido capaz de lllegar y transitar esta principiante del ojo tras la cámara, que en su primer intento de llegar al fondo de su filme, de todo lo que se veía capaz de dar y ofertar y, pretendiendo ser carroñera nocturna -también a plena luz del día-, no logra pasar ni ir más allá de esas aguas poco profundas.
Obtiene un bien por el resultado, un aplauso por el intento, ilusión para venidero futuro, conveniencia media para el presente pues no escarba todo lo que puede, no incide como debería, camina por superficie llana, plana que no acaba de hallar su magnífico corazón ni la magnitud y vehemencia de su alma, apasionamiento leve que deja grata huella pero lejos de un recuerdo sólido y suculento que la memoria demanda y añora.
Calidez y emotividad sin calado, raiz firme que sabe crecer pero no mostrar toda su consistencia.
"¿Cuánto tiempo hace que estás sola? Desde los dos años". Bienvenida a la familia.



sábado, 13 de junio de 2015

Boy meets girl

Comedia romántica que explora lo que significa ser un verdadero hombre o mujer, y lo importante que es vivir una vida valiente y no dejar que el miedo se interponga en el camino para ir tras los sueños.


Sugestiva por su sencillez y certeza, por borrar las fronteras sexuales y presentar el mapa de las relaciones con raciocinio y lógica, un sencillo decidir que se quiere y gusta sin ofender ni discriminar a nadie.
"No quiero ignorar nada de ti", por ello es que ¡lo tomo todo! La primera palabra que te viene a la mente es naturalidad, la forma natural, habitual en que piensa, se expresa y vive esta asombrosa joven, una sinceridad de emociones, obviedad de actos y libertad de conciencia que seduce y encanta, frescura de diálogos, honestidad de escenas, franqueza de espíritu que fascina e interesa, asombra e impresiona, una inherente originalidad que la hace única y especial pero ¿acaso no lo somos todos?
Chica nacido chico que experimenta su sexualidad con temor y valentía, vivacidad y miedo, plenitud de sentimientos que se agolpan y llaman de forma incesante a la puerta, inevitable apertura al riesgo de decidir y aventurarse, un valiente crecer con el arduo y exclusivo reto de aceptarse uno mismo para, a partir de ahí, permitir la llegada de amistades y amor, una simpatía y aprecio, cuyo desparpajo y fuerza propias por encontrar quién puede-que-no-se-sea y descubrir quién seguro-se-es, es lo que enamora, atrapa y se desea con ferviente intensidad de esta doncella en busca de su lugar.
"La vida es corta, no hay tiempo que perder en cosas que no son ciertas", y aquí no pierde un ápice en tonterías o banalidades, guión rico y fructífero, atrevido y osado que no oculta su orgullo ni la magnificencia de lo expresado, discreta, directa, nítida aún con todos sus contratiempos, evidencia asequible de lenguaje puro, fácil y obvio que Eric Schaeffer ha sabido transmitir con curiosidad, veracidad y atractivo, una coherencia de actitud, sentimientos e ilusiones que maravilla y se estima indistintamente.
No deja de ser la típica historia adolescente de amor, rechazo, encuentro y superación con la particularidad de ser un transexual el protagonista, ni chico ni chica, sólo persona humana que se muestra tal y como es, con esa confesa confusión de no saberlo ni uno mismo, tener objetivos, perseguirlos y no temer al camino, estructura llana que halla piedras en la calzada al tiempo que avanza, que ratifica la brisa ligera, gustosa y agradable que recorre toda la estancia siendo el público un candidato más a formar parte de su existencia, con sutil toque a dulzura empalagosa hacia el final, ésta se esquiva y perdona por su buen hacer predecesor que corrige en cuando puede.
Te alegra conocerla y haber compartido con ella una mínima estancia dentro de su vivencia, tampoco pretendes acompañarla por siempre ni adorarla eternamente, sobrio recuerdo de grata bienvenida, tiempo sabroso y despedida gustosa, normalidad imponente de consistencia madura, dialéctica espléndida y soltura adictiva de decir lo que se siente y piensa.
Eclipse total de corazón, de un espíritu noble con una banda sonora deleitosa, posee ritmo, personalidad y sobrada presencia, es ágil y ligera, de consumo y digestión solvente, simplemente asómate a esa pequeña ventana abierta al mundo de una joven rodeada de amor y cariño por todas partes que la protegen y sustentan con firmeza, convicción de ofrecer tu afecto a quien simplemente es humana e intenta descubrir su ruta y hacer vida.
Argumento autónomo y libre, interpretado con serenidad y validez por Michelle Hendley que sabe con claridad a quién porta, inmenso recorrido marcado por esa revolución interna de sentimientos contradictorios a la búsqueda de ser distinto siendo un mismo, material complicado que se maneja con destreza, habilidad y arte; no abandonar nunca la ruta ni la esperanza, brillar con luz propia, expresarse y luchar por territorio propio adquirido, positiva y optimista recreación de un acto que todos experimentamos, crecer y madurar, sentirse afortunada de esa oportunidad, sensible y receptiva a los beneficios que lleguen, fuerte/resistente a los tropiezos, esa necesidad irresistible de enamorarse/urgencia de protegerse, aprender sin enseñanza, sólo experimentando..., pequeña y deliciosa pieza de toda una existencia donde no se es chico ni chica, sólo ¡persona humana! definición que nunca me cansaré de repetir ni escribir.



viernes, 12 de junio de 2015

McFarland USA

El entrenador de atletismo de una pequeña ciudad californiana convierte a un pequeño equipo de atletas en los candidatos para ganar el campeonato. 


Qué agradable cuando subes al coche, pones la llave en el contacto y, al girarla, suena ese fantástico ruido de un motor que no falla; pones la primera, bajas la ventanilla, enciendes la radio y a disfrutar de un paseo agradable, coordinado, sin imprevistos y de conducción relajada y segura.
Porque es Disney, porque es una historia real, porque es familiar, dulce, bonita y encantadora, todo como se desea, se espera y debe ser; llegada a un sitio nuevo, totalmente diferente y de gran choque cultural donde adaptarse será todo un reto y, en el cual, "donde fueres haz lo que vieres" es norma de confianza y estabilidad para andar y sobrevivir a tan variada contrariedad, época de contratiempos, malentendido y problemas con otros de cercanía, amistad y cordialidad, añadimos escenas tensas y tantas otras entrañables, dudas y reveses con firmeza y orgullo de triunfo, valentía osada y coraje instintivo que no desfallece y que marca la ruta de este eficaz y consabido destino, como se desea, espera y debe ser.
Lindeza para la mirada, suavidad para el oído, calidez para el espíritu, sensibilidad para el corazón, poco trabajo para el pensamiento, sencillez de andadura para un entrenador blanco, un sensible y maduro Kevin Costner -quien se gana tu aprecio y respeto por el espléndido trabajo realizado-, que se siente como en casa entre veloces mexicanos a los que sabe sacar su ánimo, ilusión y esperanza de ser algo más que recolectores de campo.
La región más pobre de California, McFarland, puesta en los anales de la historia para ser recordada por su esfuerzo y recompensa de batir todos los récords cuando nadie tenía ninguno puestos en ellos, todo un "dream come true", el hermoso cuento de la gallina de los huevos de oro, aquí gallo comandante que se levanta al alba, acude al campo, regresa al colegio, 
vuelve al trabajo, no pierde ningún entrenamiento, ayuda en casa y aún le quedan fuerzas para ganar la carrera, héroes que ni Hércules, ni Sansón, ni Dávila, jóvenes con oportunidad única, nunca ofrecida, que se abren camino y gana su merecido puesto, corredores de enorme espíritu, integridad pura y honestidad serena que resisten, superan y vuelven a la batalla pues, sin otra opción, sólo queda correr, correr y volver a correr hasta ser primeros, porque..."cuando corremos somos dueños de la tierra, la tierra es nuestra, hablamos el idioma de las aves, ya no somos inmigrantes..., cuando corremos nuestros espíritus vuelan, hablamos con los dioses, cuando corremos nosotros somos dioses".
Alegría general, bienestar en conjunto, esencia estimada para una loable y auténtica historia, de constancia y mérito, que deja huella por su feliz y bello final que, aunque sea de cuento de la fábrica de sueños que la patrocina, se corona y encumbra al ser veraz como la vida misma, como las dificultadas y beneficios que todos los participantes de este carrera de fondo consiguieron al creer en ellos mismos y en el equipo.
No es la mejor en su estilo, tampoco se sale del marco establecido, género de superación, autoestima y empuje cuando nadie apuesta por ti, nadie espera nada de ti, fábula ejemplar para alentar corazones, levantar el ánimo y venerar esas contadas ocasiones en las que, David realmente vence a Goliat, y la altura de la montaña se hace pequeña dada la maestría, resistencia y vigor de quienes ascienden por ella.
Prototipo estandar que ofrece lo convenido, ilustra lo determinado y que, más que pensar en el gusto y apetencia del espectador, está dirigida a dejar constancia, hacer justicia y rememorar para siempre, por arte y gracia del Séptimo Arte, a orgullosos dignatarios de su honorable apellido, destreza de crianza, unidad y fervor por quién se es, dónde se nace y a qué familia se pertenece.
La posible debilidad y simpleza del argumento y su correspondiente guión son cosa aparte que se perdona, olvida y coloca en segundo plano pues lo importante es observar, admirar y celebrar las emociones de estos enérgicos y vibrantes chavales que ilustraron a sus padres, pueblo y a ellos mismos que se puede si se quiere, trabaja y cree en ello.
Entretiene con honestidad y cumple con su propósito, sin enamorar completamente ni desbordar sentimentalmente obtiene tu simpatía y logra alguna pequeña emoción que se cuela y entrega sin disgusto y con comedido placer, disfruta de la parte exitosa/disculpa la otra, no es difícil y hacerlo es muy satisfactorio, cómodo y grato. 
Recreo de bienestar medio.



jueves, 11 de junio de 2015

Horns

Merrin Williams (Juno Temple) ha muerto en extrañas circunstancias, y su novio, Ignatius 'Ig' Perrish (Daniel Radcliffe), es el único sospechoso. En el primer aniversario de la muerte de Merrin, Ig se pasa la noche borracho y haciendo cosas espantosas. Cuando se despierta, tiene una resaca tremenda… y cuernos que le están naciendo en la cabeza. Ig posee un nuevo poder macabro que intenta usar para descubrir al monstruo que mató a su amor.


"Te amaré el resto de mi vida. Ámame el resto de la mía"; y amor, hay mucho amor, amor y odio repartidos por pares iguales pues, del uno al otro, hay un escaso paso y la línea que los separa se mueve constantemente, traición y justicia, mentiras e hipocresía, acusaciones falsas y una presunción de inocencia que se saltan a la torera para ser bruscamente desechada, todo ello barruntado con la coña de unos benditos cuernos que tienen el don de destapar la sinceridad malvada de los impostores disfrazados y darle la oportunidad al ángel caído, vuelto demonio, de destapar la verdad, hacer honor a la víctima e ir al paraíso celestial de su eterna compañía, en un merecido edén para almas puras de corazón noble que merecen estar, de por vida y más alla, juntas.´
Sorpresa inesperada que lleva tiempo digerir, grata e irregular, surrealista y divertida, singular y agitadora, un despropósito con sentido y coherencia que atraviesa por varias fases, a cuál más distante; de un romance inolvidable a ser acusado con el dedo, de asesino público a satanás confeso, de receptor de la verdad dañina a ejecutor de la venganza, de confuso buscador del mal a darse de narices contra el mismo, de arder en el abismo a regresar de nuevo a la tierra 
que le vio nacer para, por fin, terminar lo empezado, renacer con alas y ajusticiar, matar con la serpiente que todo asesino lleva dentro, odio que se come a si mismo, devora las entrañas y pudre la carne.
Dispar combinación que tiene al ex mago de la varita como indiscutible protagonista, un Daniel Radcliffe que sigue luchando -con pequeños logros seguros- por hacerse un hueco más alla de Harry Potter y, aunque siguen siendo obvias sus limitaciones interpretativas -las cuales mejora en cada trabajo-, en esta ocasión poco importan ya que, su personaje es tan suculento, estrambótico y apetecible dentro de su sabrosa extrañeza de remix que ¡muy mal debería hacerlo para fastidiarla!
Y, la verdad, ni lo estropea, ni lo dificulta ni pone trabas, conocer a este loco de amor/ido de la cabeza que no controla que le pasa en la misma es interesante, ameno y gracioso, cachondeo unido a tragedia en una sintonía que explota sus decibelios marcando el paso, de extremo a punta, y cambiando de ruta y disfraz, por momentos.
¿Quién mató a a Laura Palmer?, perdón ¡Merrin Williams! para esta juerga narrativa, pregunta obsesiva para iniciar este circo de figuras, transformadas en peones a derribar, y así poder llegar al jaque mate de un rey que, aunque se pretenda protegido y oculto, es fácil de adivinar, innecesario el numerito de confesionario incesante en que se convierte su recorrido; no obstante, no deja de ser salsa sabrosa que deleita, amarga y da carisma en su turbio caminar.
Metamorfosis entre drama, comedia, thriller y terror sin decidirse por ninguna de ellas, Alexandre Aja entrega una fábula encantada sobre el triunfo del bien sobre el mal, con carácter y personalidad -que te guste más o menos ¡ya es otra cosa!-, sesión caótica y rocambolesca, de pasatiiempo válido, con reveses y aciertos entregados al son de un ritmo acelerado, de destino conocido, pero que goza dando rodeos y coloreando dicha distracción con disparate, osadía e imaginación de una ensalada mixta acompañada de carne cruda roja, mucho tomate de condimento y ácida bebida que descoloca y arde en el estómago con resquemor y entusiasmo.
Hilarante en algunos momentos, absurda en otros, Romeo martirizado de forma incesante convertido en justiciero de la noche, el día, del cielo y el infierno, distrae de forma atípica, gusta de manera irreverente, difícil admitir que complace completamente, mentira admitir que aburre totalmente, no deja indiferente, martillea con golpes humorísticos y sádicos, melancólicos y brutales, gabinete lunático de consulta las 24 horas cuya apertura de puertas es arriesgarse a subir, a adefesia noria de payasada continua, la cual gira, y gira, y gira hasta marear, despistar y alegrar al personal.
Dulcinea ha muerto, Don Quijote debe honrarla, se enfrentará a enormes molinos de viento, horca a cambio de lanza, cuernos como motor de arranque, coche atropellado por caballo regio, sin escudero que le acompañe, sólo ante el peligro sin asistencia sanitaria y una aventura por delante, llena de tropiezos a cuál más loco de imaginación desbordante y guasa sin freno.
Atractivo escenario que igual que fascina repudia, seduce e incomoda, impresiones variopintas por doquier, excéntricas, tortuosas o descabelladas, fascinante en ocasiones/puro desmadre en otras, tantas dosis de arena como de cal para un teatro que, en el fondo, te ha entretenido y divertido, motivación dispar, por escenas y tiempos, para una media grata que se disfruta y aprecia, locura de fiesta, torpe y hábi según la alternancia de las notas, cuyo compás ni espera ni da tregua y que, en conjunto, ha valido la pena.