miércoles, 22 de julio de 2015

Conexión Marsella

1975. Pierre Michel es un joven magistrado que acaba de ser transferido a Marsella para ayudar en la lucha contra el crimen organizado. Él decide atacar a la French Connection, una operación de la mafia que exporta heroína a todo el mundo. Sin escuchar las advertencias, Pierre lidera una cruzada contra Gaëtan Zampa. Pero pronto va a entender que para obtener resultados, deberá cambiar sus métodos.


El más invisible padrino francés jamás tocado.


Homenaje a la corrupción, incluso cuando parece ¡gane la honradez!
"La verdadera fuerza de un intocable es el silencio que le impone a los demás" a presión, con puño ferreo y sin duda como buen jefe ejecutor que todo lo ve/todo lo puede, demostración de mando y poderío, como buen alfa de la manada, observado a distancia por quien codicia su cabeza para ser servida en bandeja y donde, la rebeldía de uno, puede ser el atrevimiento de todos los demás.
Marsella, 1975 "la French hace la ley" a su gusto, necesidades y urgencia según dicte el mercado mientras la otra, su hermana legal, se halla aprisionada de manos y pies por su misma burocracia, legalidad y corrupción interna que la frenan y atan en su afán de llevar la delantera en esa confrontación de cartas injustas y dispares.
¿Qué hacer cuando el juez se salta su propia ley, la cual le impide avanzar y atrapar a los culpables que eluden la susodicha?, ¿no es él uno de ellos?, ¿no es un galamatías de gato que se muerde su propia cola para entrar en un dar vueltas sin parar?, ¿perder el control por un óptimo resultado donde, de todas todas, se justifican los medios?, ¿adicción a la justicia lograda con ilegales actos?
Basada en hechos reales es diligente, resuelta, efectiva, de ritmo activo que oscila sus pasos por los puntos exactos y válidos para realizar una fotografía concisa, exacta de los hechos que permita recrear el panorama del momento y aquello que se quiere narrar.

Ese juego del correcaminos que siempre se escapa por precisas que sean las trampas del coyote pues cuenta con un hábil andamiaje, hermética cadena de montaje donde cualquier debilidad se cubre y sustituye con los medios necesarios, medidas sin límite ni remordimiento de conciencia para mantener la sólida estructura piramidal perfecta y entera.
Caza al narcotraficante como obsesión incesante, las ratas de base dan igual, sólo son peones adyacentes para llegar al deseado rey, imponente pieza, esquiva e inaccesible, que corona esta partida de ajedrez bien protegido por sus torres, caballos y alfiles, todo un soberbio ejército de escudería fiel, más por miedo e interés que amistad pues, cuando existe, no queda claro si es de confianza o fingida ya que la línea que les une y separa es demasiado fina y tenue.

Un francés "Heat" del crimen organizado, de aciago "Cara a cara", de época dura, contrastada y veraz donde no se intercambian las identidades, Jean Dujardin y Gilles Lellouche como perseguidor y perseguido, como un "Tango y Cash" de mismo calado, dos actores de carácter, de presencia fuerte y abrumadora, dirigidos con firmeza, concreción y estabilidad por Cédric Jimenez que tiene claro el recorrido, la insinuación y la baraja de naipes a derrumbar pues, cuando el barco se hunde, la porquería sale a la luz y los mezquinos roedores salen en bandada al escape.
Entretiene con gusto, principio interesante que se acomoda en su centro para volver a tomar propulsión hacia el final, receso intermedio debido a la larga duración por la que se opta, la historia no es reseñable, nada nuevo no oído o visto antes, pero está realizado con pulcritud, destreza y un compás acertado que combina con esmero la investigación, la acción, el aspecto familiar y las emociones que de todo ello se revelan.

Un trabajo bien hecho en cada uno de sus puntos, aspectos que cubre con cumplida satisfacción, un poco de todo realizado con arte y acierto de consumo grato e innegable apetencia donde, el adjetivo correcto se convierte en su mejor bandera y aliado.
Traición, golpe inesperado de quien menos te lo esperas, un sálvese quién pueda "in extremis" que intentaré no ser yo, a cambio de lo que sea, a cambio de tu caída ¡por qué no!, demostración evidente del proceder natural de la alimaña que convive a tu lado, vocación de supervivencia donde, ¡tanto alardear de David contra Goliat! puede que la carrera sea ganada por aquel que menos se espera pues, el numerito entretiene pero, tal vez sea soy quien llegue a meta.


Lo mejor, sus contundentes intérpretes, banda sonora y acción.
Lo peor, el guión ofertado puede superarse en sus perspectivas prácticas.
Nota 5,7



martes, 21 de julio de 2015

Lullaby

Un hombre que vive alejado de su familia se entera que su padre, que padece una enfermedad terminal, le nombra encargado de decidir si finalmente se le desconecta del soporte vital o no en las próximas 48 horas. Lo que desencadenará un viaje en el que se encontrará con numerosos aspectos que desconocía, tanto de su vida como de sus seres queridos.


Sin sentimiento; escuchas las palabras, observas el dolor, la exhibición de desesperación, impotencia, lamentos y duros reencuentros y..., sólo son imágenes, voces, actos, desfile de un conjunto de piezas, todas apropiadas y correctas que no saben estimular tu pasión, comprensión y emoción por ellos.
Acto primero, el hijo perdido vuelve a casa y se enfrenta a la situación; acto segundo, exposición de los hechos que provocarán polémica y regresión a tiempos del pasado de fecundidad diversa; tercer acto, familia reunida con sus abrazos y roces, lágrimas y alegrías..., más actos de entretenimiento y relleno con inocente nueva amiga que, como nadie, no merece la desgracia que padece para llegar al desenlace que todos sabemos, pues el relato es un cliché puro de familia desavenida y descompuesta, cuya enfermedad de uno de los miembros, permitirá olvidar las discrepancias y volver a compartir espacio y deseos, aflicciones y esperanzas por igual.
Drama profundo que no caldea el ambiente, sólo recita el texto, situaciones tensas que no incomodan ni alteran tu relajada visión, escenas cargadas de pretendida conmoción que no estremecen, ni inquietan y, no es oír sin sentir lo que se desea pues, si se falla en ese vínculo que une al espectador con el personaje, si la construcción de ese puente que permite la comunicación perfecta y suprema entre ambos cede, se derrumba y no mantiene sus cimientos fuertes, firmes y estables, ¡dalo todo por olvidado! ya que ver sin apreciar, únicamente experimentar una pequeña consideración leve de todo el conjunto es fraude de lo que pudo haber sido y no fue, donde lo que queda sabe a poco y escaso, hueco.
Ni siquiera ese discurso moral que debe provocar la ternura, sensibilidad de los oyentes llega muy lejos, menos aún cala hondo, el guión vive de un argumento clásico que no sabe iluminar con sus sentencias, sus diálogos no consiguen hacerlo brillar por encima de la media estandard de la cual no sale, con aspiraciones elocuentes sus resultados son básicos, creencia pobre en el texto recitado que te deja mirando sin agitación ni exaltación, sólo la impresión de que no va contigo, que muy dulce y bonito todo pero indiferencia respecto al dolor y su posterior sonrisa.
Emotividad, ¿dónde te has metido que no te siento?, ¿que no encuentro tu cariño, comprensión y devoción por esta familia?, ¿ es culpa tuya, Andrew Levitas, por rodar de memoria repetitiva escenas que deben transmitir fiebre, ardor y acaloramiento?, ¿del guionista -¡anda, si es el mismo!, ¡por qué no asombra!- que no encontró la piedra angular que definiera a este filme como exclusivo y único dentro de su género?, ¿de los actores por conformarse con cumplir con su papel y no aspirar a más? pues, evidencia clara es que a Garrett Hedlund le vienen grandes sus frases, así como sus estados anímicos, los cuales no sabe radiar y difundir más allá de lo mínimo pero ¿el resto de integrantes de este trabajo acaso no hacen lo mismo?, ¿limitarse a una dejadez apropiada para ellos/muy insuficiente para ti?
Quieres que vibre tu corazón, se extremezca tu alma y lo único que encuentras es filosofía barata de un moribundo, un protagonista limitado, una mujer comodín que apenas interviene y una sosa hermana que ni siquiera sirve para molestar e incordiar como debe.
Lullaby..., canción de cuna, nana para tranquilizar, calmar y dormir a la concurrencia; aquí no llega a tanto pero te deja con tal desapego, a una distancia sideral tan considerable, que la desconexión sensitiva es cuasi inevitable, apenas te acercas a rozar su esencia manuscrita se aleja de ti para convertirse en escaparate de ver sin  tocar, escuchar sin percibir ni vivir, un simple observar que sabe a muy poco, carencia que sufres en tus carnes e ilusión.
"Voy a dejarme sólo desmoronarme, voy a dejarme caer en pedazos, algo viejo debe terminar, algo nuevo va a empezar, voy a dejarme sólo desmoronarme ante la hermosa chica...," y por fin ¡el sentimiento!, la emoción y encanto surgen con una potente y sentida canción final, de plano delicioso y atractivo e indiscutible integración en su puesta en escena, aunque ¿dónde estuvo la inspiración el resto del tiempo?



lunes, 20 de julio de 2015

Terminator Génesis

Año 2032. La guerra del futuro se está librando y un grupo de rebeldes humanos tiene el sistema de inteligencia artificial Skynet contra las cuerdas. John Connor  es el líder de la resistencia, y Kyle Reese es su fiel soldado, criado en las ruinas de una postapocalíptica California. Para salvaguardar el futuro, Connor envía a Reese a 1984 para salvar a su madre, Sarah de un Terminator programado para matarla con el fin de que no llegue a dar a luz a John. Pero lo que Reese encuentra en el otro lado no es como él esperaba...


Queriendo o sin pretender, buscado o por inconsciente tropiezo, gustará más a novatos que veteranos, los expertos de la historia son olvidados y relegados en favor de asistentes ingenuos y público de memoria leve y llana, fáciles de manejar y contentar.
Visualmente magnífica, portento diseño óptico que aprisiona con voluntad otorgada, la ironía concedida todo un toque de exquisitez, de sabio aprecio pero, sinceramente ¡ya hace rato que me salí de la ruta marcada! que, aunque contenta y feliz ¡estoy absortamente perdida y nublada!, enredada y extraviada en un aturdido remolque sin entender ¡por qué ahora aquí, ora allá!
Remolino que adquiere vida sin esperar a resolver mis dudas e ignorancia, de lentitud reflexiva que se queda atrasada, pues tanta línea temporal que converge en único espacio, tanto desbarajuste del bien, el mal y la inmensidad de una zona llena de grises, salvadores y destructores que se intercambian, mezclan y fusionan a la par, más esa explicación que se ofrece al tempo que les parece oportuno y acertado, sirven de poca ayuda para aliviar tu confusión y resolver tu batiburrillo que, aunque expectante sin bajar el listón de demanda y apetencia, hace minutos que embarcó en la noria del sin sentido, que da vueltas sin parar para bajarse dónde y cuándo a ellos les de la gana.
Así que, quédate con lo espectacular de la acción, con la maravilla incesante de la que se empapa tu vista, con el fantástico uso de la técnica, la devoción por efectos especiales al buen uso y compás, con el 
deleite que absorben tus sentidos, sutileza de recreación artística al servicio de tu placer, gozo mayúsculo que seduce y no te permite parpadear ni un segundo, acelerada respiración que sólo se toma esa pausa en la que te introduce su charla teórica para, de nuevo, volver al fervor, la fuerza y potencia de una brillante práctica que impresiona, eclipsa y enamora sin remedio, brutal entrada que arrasa e impacta sin permiso y se toma, una desbordante confianza que cumple con creces su misión de máximo entretenimiento, de la cual no manifiestas ni un lamento.
"¡Sabes que ésto es muy inquietante!" Sí, sin duda; ¡sabes que no hay por dónde cogerlo! Sí, lo certifico; ¡sabes que la coña servida, la ácidez burlesca funciona como no se espera ni creía! Sí, aún se rememora; ¡sabes que, con todo el artificio montado y su currado montaje, Schwarzenegger resulta ser el más simpático y recordado! Sí, sigo sorprendida, con sonrisa incluida; ¡sabes que, a pesar de todo el lío lineal de pasado, presente y futuro ausente aún-no-confirmado es veloz, dinámica, graciosa, humorística y genial en su caótica construcción, de cognición poco entendible pero espíritu soberbio, enérgico y ardiente que luce su presencia, maquillaje, vestuario y existencia como nadie! Rotundamente sí, acabo de vivirlo ¡en persona!
"Viejo, no absoleto" y, desde luego, lo afirma con cumplida palabra de hechos desbordantes porque, el discurso era conocido, utilizado reiterativamente en sus previas, por tanto, había que cambiarlo, variación novedosa e ingeniosa -satisfactoria ya es otra cosa-, que vira hacia la ocurrente mezcolanza de lados divergentes; ya hemos ido a por Sarah Connor adulta, madre, también se visitó ocasionalmente al hijo por el camino, ahora toca alterar la fase procesal, sino es más de lo mismo y ¡acabaremos yendo a por el abuelo y todo el árbol genealógico! si no se le pone remedio y, francamente ¡este iaio no necesita abuela! pues ¡es de lo más!, ¡es el mejor!, ¡es guay del paraguay!, ¡dabuten! como se diría en los 80 pues, las canas y arrugas son toque distintivo del cuidado y cariño empleado por adaptar este personaje, emblema inquebrantable de todo su por qué, santo y seña de su esencia y adorable ser, sin el cual nada tendría tanta notoriedad, agudeza y carácter.
La uno y la dos fueron fascinantes, de impacto inolvidable, con la tres se tomaron un receso, pequeño retroceso perdonable, la cuarta resurgió como ave fénix gracias al don de volver a sus raíces de identidad y, aquí estamos, con lo que se intuye es "cloenda" final de la saga, cierre oportuno y merecido de lo que no puede estar alargándose eternamente pues, el vicio cansa, y se puede caer en el error de abusar de esa comodidad, de hacer por realizar, y seguir aumentando la caja administrativa.
En su lugar, opta por término y final, vivacidad de lío argumental que, aunque no entiendes ni sabes por dónde va, es claro y obvio la esmerada labor empleada, que se aplaude y gratifica aunque, la verdad, no hacia falta tanto pues te quedas al principio del proceso y, el resto, a verlas venir según quieran narrar y hacer creer al personal, el cual está saboreando, con encanto de quien es abrumado con 
constancia inquisitiva, todo para no perderse un magistral golpe de efecto preciso, en cada uno de esos segundos del minutero, de esta carrera atemporal, que termina donde fue a empezar después de atravesar un complejo bucle, de veloz centrifugado y mareo asegurado. 
Adrenalina que cosquillea cuando debe, momento para encajar las piezas, apoteósico estallido de luces y explosiones, reconstrucción teatral de memorable recuerdo, lo nuevo y añejo combinado con destreza para un composición pausible y acorde donde, quedan por encima de todo, las magníficas carreras y persecuciones, las espectaculares escenas, los tiros a diestro y siniestro, las gotas de mordacidad mecánica y, esa atractiva destrucción violenta de todo lo que se pone por delante.
Goza la parte circense de divertimento bien logrado, perdona levemente los guiños a poco interés y fortuna, empaquetado con guión metafísico que vuela excesivamente alto para alguno de nosotros, es más un parque de atracciones que otra cosa, por tanto, a la hora de digerir la nueva sinopsis, deja que gire y gire y vuelva a girar, sin techo ni freno, pues es espectáculo bien logrado, de cojeada evidencia en su contenido pero, ¡cómo reprobar y olvidar el show montado!, ¡la diversión ceremonial de potente efecto gráfico y sonoro estruendo! 
Dile a la fanática mente, que ansiosa esperaba su llegada, que se relaje, rebaje el listón y disminuya sus exigencias, que deje disfrutar y pasarlo bien al resto del cuerpo; el tiovivo ya está en marcha y, ahora ¡ya no te puedes bajar!
Terminator, ¿por fín has terminado?, ¿por fin te has ganado tu descanso?, ¿por fin dejarás que nuestro recuerdo te añore desde la querida distancia?..., eso parece ¡por fin! 



domingo, 19 de julio de 2015

Una historia real

Cuando Michael Finkel, un desacreditado reportero del New York Times, conoce al presunto asesino buscado por el FBI Christian Longo –que se ha apropiado de la identidad de Finkel–, su investigación se transforma gradualmente en un inolvidable juego del gato y el ratón. Basada en hechos reales, narra la incesante búsqueda de la verdadera historia de Longo por parte de Finkel.


"Me gusta más la verdad cuando soy yo quien la descubre que cuando es otro quien me la muestra", sentencia dictatorial que resume, por qué no ilusiona ni entusiasta, dicha historia. 
"Todos merecen que le escuchen su historia", más cuando ésta puede ser el salvavidas que te reflote de ese naufragio periodístico en el que te hallas hundido, masacre profesional a resetear con esa increíble oportunidad llegada como glorificada agua para el agónico sediento.
Mike Finkel, ex periodista del New York Times, con una sepultada reputación a limpiar y recuperar, requerido por Christian Longo, presunto criminal, para hacer llegar al público su historia, se versión de los hechos, su vida en forma de exitoso libro gracias a esa desconocida verdad que sólo compartirá con el susodicho por el respeto, admiración y confianza que, poco a poco, entre ellos se generará.
Y ¡cómo no sentirse especial!, ¡emocionarse ante la posibilidad abierta, ilusión de ser el único en conocer ese gran secreto a revelar a los lectores!, ¡qué ávido oso se resistiría a tan suculenta miel!
Sin duda, las habilidades del gato emergente, James Franco, son excepcionales, distante, frío, sereno y fascinantemente calmado, acorde interpretación al nivel de su creíble oponente, un, por ahora, perseguido y manipulado ratón, el esmerado Jonah Hill que forma, junto a su compañero, la parte atractiva y gustosa del relato, esos sabrosos momentos de complicidad, de confortable diálogo donde se juega con la sinceridad, la veracidad, la confianza y el significado de todos ellos.
La lástima es que, dicha complaciente parte, no se vea apoyada, supeditada y realzada por una intensa investigación que le vaya a la par y ayude a integrar al espectador con apetencia y ganas en el asunto a tratar, complemento imprescindible en un caso de asesinato múltiple, indispensable pesquisa informativa para cazar a la liebre, nerviosa e impaciente de ese ansioso juicio en busca de lo realmente ocurrido.
Porque todo ocurre a distancia emotiva, gélida separación sensitiva que no permiten aflorar tus sentimientos o pensamiento cognitivo al respecto, escenario sin garra ni fuerza que te obligue a involucrarte y sentirte afortunado por haber evitado, o caído, en el engaño; Rupert Goold vive de sus dos intérpretes, de su visual cautiverio y de la esperanza de un atrape por tratarse de historia real sobre un despiadado y loco asesino que se encarniza con su propia familiar.
Y, aunque está en lo cierto, al público apasionan casos veraces de mentes idas que realizan atrocidades inexplicables, se olvida de nutrir el guión con más autenticidad, brío y solidez, energía que te mantenga en tensión, ardor e incesante incógnita, cuya permanencia e insistencia vuelva loca a la mente y despiste al corazón a la espera de la valiente o cobarde resolución, no ya del tribunal cuya sentencia ya ha pasado a los anales de la curiosidad histórica, sino del oponente, manejado a capricho y necesidad del atractivo coyote que se divierte y entretiene, con paciencia y sin pausa, al observar como vuelve, una y otra vez, su escogida víctima a por más tanda de ese correcaminos que sabe ya no queda nada más por andar.
"No puedo ayudarte si tú no me ayudas", primer paso de un encantamiento bien representado por sus asistentes que te deja en estado de indiferencia perceptiva al no requerir tu participación ni elección de bando, una simple observación llana, plana y cómoda que se reconduce sola sin contar contigo, sin solicitar que el público suba al autobús de dicha resolución y su inevitable sentencia.
Sin saber más sobre las víctimas, los hechos y el contenido del libro del que se inspira la cinta, con la producción de un Brad Pitt comprometido con el cine que quiere patrocinar y algún día dirigir, queda un relato conformado en torno a ese privado cuadrilátero para dos que se centra en la intimidad compartida por los susodichos protagonistas en su exclusiva partida de ajedrez, dejando a segundo plano el juego de los acontecimientos y pruebas que la acompañan, fallo que deja cojeando una velada que debería haber resultado inolvidable, de gran recuerdo e impacto y, en cambio, transcurre como pasaje, poco ilustrativo, de un demente más que, rápidamente, pasa al olvido.
La resuelta verdad como cebo, dulce goloso para encandilar y seducir, la cual se corrompe tanto con la mentira como con el silencio, sólo que aquí se retoza ingenuamente con ambos adejtivos cuyo resultado es un infructuoso ejercicio de descubrimiento que no sacia, ni motiva, ni inspira a ofrecer tu opinión, un leve y abstracto ojear como lo hacen los demás que ni hiere, ni fustiga, ni quema en el alma, percepción no deseosa pues hablamos de traición, violencia, mentiras y vil parricidio sin lamento ni compasión, la más pura maldad que te hace un guiño de complicidad inofensivo.
Una historia real hecha con plastilina que se olvida de moldear y resaltar muchos factores, únicamente enfoca su atención en dos peones cuyos negativos propios forman un positivo limitado, mínimo y, aunque conforme, también pobre; tanto los sucesos como el vidente merecen más logro y goce.



sábado, 18 de julio de 2015

A primera vista

Leonardo es un adolescente ciego en búsqueda de su independencia. Su vida cotidiana, la relación con su mejor amiga, Giovana, y la forma en que ve el mundo cambia por completo con la llegada de Gabriel.


"Cosas del amor, cosas de la vida, tú eres mi águila real, yo te gacela herida"; modesta pero nutritiva, efectiva y apetitosa..., simple pero completa.
El despertar a la vida, el primer amago de rebelión, indicio de carácter, primeros roces con los padres, deseo de autonomía, primera pelea con tu mejor amiga, manifestación de tu persona, primer deseo, atracción sexual, descubrimiento carnal del cuerpo, placer devorador, primer atrevimiento a sentir, manifestar y aceptar, primer beso, primera caricia..., bienvenido al mundo del existir y estar, del equivocarse y acertar, tropiezos y regalos del divino experimentar que conforman la existencia, para bien o para mal.
El complicado y aventurero adentrarse en la pubertad, asustada/amada/dudosa adolescencia de cualquier chico en el ciclo normativo de crecimiento, con la salvedad de esa ceguera característica que le hace demandar, con mayor fuerza si cabe, esa necesidad de espacio, independencia y libertad de poder tomar sus propias decisiones, sin el salvavidas de una madre protectora que teme el daño que se pueda hacer, o le puedan provocar, ante esa añadida indefensión de tener que confiar en los demás para valerse y hacer camino.
Escoger bien, aprender del error, esquivar al necio, apreciar al honesto, compartir espacio con el miedo de la interrogante respuesta, todo un delicioso panorama de primeras veces, irrepetibles, traído a pantalla con espléndida naturalidad, apreciada sensibilidad y exquisitez cotidiana de tratar varios 
frentes sin polémica pero con arte y gusto, esas perversas bromas graciosas, sin gracia, e insultos mundanos de lelos que conviven, en mismo grado, con la seguridad y confianza protectora del verdadero amigo, delicia de tres personajes, Leo, Giovana y Gabriel que iniciaron su andadura en el corto del cual nace la cinta, "No quiero volver solo" del mismo director y guionista, y que aquí alargan su contacto íntimo, su anhelada cercanía, su confortable compañía, su unión sólida con entusiastas primeros planos de las manos, la vista, el cuerpo, comunicantes silenciosos que se aprovechan de su ventajoso mirar del que el otro carece, tímida y ávida mirada que habla sin necesidad de palabras como enlace de ese conocerse y conocer, exponerse y descubrir que pone en peligro toda la estabilidad consabida.
Sentida conexión, de firmeza exploradora, con su trío protagonista, sencillez sabrosa de observada consistencia que mantiene su pulso con ese estilismo y decoro, acierto de abrir tus emociones y empatía hacia ellos y que la misma no decaiga en ningún momento, frescura jovial, dulce y sensitiva, un placer de comitiva a la que incorporarse sin lamentos y con abundantes beneficios, grata música acompañante 
para ese sutil, al tiempo que rotundo, desfiles de amor, amistad, dolor, celos, enfados, decepción, alegrías, pérdidas y encuentros, más la confirmación, en su dosis justa, de una taza idónea por cada una de ellos, triunfando por encima de todo la delicadeza, destreza y habilidad para exhibir, con seducción plena, algo tan evidente y cotidiano como dejar atrás una etapa y empezar la próxima.
Comodidad visual, simpatía cardíaca, sugerente cognición que, sin gran esplendor pero enorme emoción, te lleva de la mano a ese pasado ya superado pero totalmente nuevo e inesperado para los presentes, Daniel Ribeiro sabe ampliar su precedente relato con enternecimiento y magnífica vivencia, la sonrisa como carátula de suavidad y aprecio en este acertado intento de contar lo ya conocido/varias veces relatado con exclusividad y cariño, respetado trabajo que satisface, no empalaga y se digiere con encanto.
Adolescencia, adolescere, el que está creciendo, trayecto de obligado paso, con mayor o menor fruto según el riesgo y fortuna de las decisiones, pericia y 
aptitud sin rodaje ni previa práctica que hace lo que puede y asume lo que de ella se deriva, espíritu libre de ingenuidad aún no perdida que cree en la fuerza de derribar muros y el valor de subir montañas; aquí se empieza con una estoica confesión y el atrevimiento de robar un beso para, si hay suerte, poder acceder a mayor.
"A primera vista", preferencia de mirar sin ser visto, delatados sentimientos no manifestados que bullen en efervescencia mientras, el indefenso receptor de los mismos sólo cuenta con la inocencia de sus gestos y palabras, con la beatitud de su ignorancia, que obtengan recompensa o no es rico gozo y satisfacción de observar la película.



viernes, 17 de julio de 2015

Los fenómenos

Una mujer que vive desde hace tres años en una furgoneta aparcada en la costa de Almería, ve cómo su pareja desaparece precisamente el día en que iba a empezar a trabajar. Recogidos los bártulos, regresa con su bebé a su pueblo natal, Ferrol, en La Coruña. Al principio, tiene enormes dificultades para encontrar trabajo, pero acaba consiguiendo un puesto de peón de albañil. Superada con coraje la dureza del oficio, pronto su cuadrilla empieza a destacar entre las demás por su extraordinaria capacidad de trabajo.


Mitigar, con voluntad y esfuerzo, esa tendencia seductora de dejarse llevar y pasar de todo cuando el sueño vivido, en mil pedazos, se ha roto.
"No me cuente sus problemas, cuénteme sus progresos", con esta contundente y avispada frase, de letal evidencia amarga, Alfonso Zarauza, en esta ocasión como sensible e intimista prototipo del válido y admirado Ken Loach -en este país se tiende a halagar lo de fuera y despreciar lo de casa- es capaz de presentar, "En tierra de hombres", esa denuncia social de a quien le quedan "5 metros cuadrados" para derrumbarse y perderlo todo, asfixia que envuelve a demasiados inocentes pendientes de una nómica que come del inerte y desaparecido ladrillo, la crisis, que ha puesto en duda la fiabilidad y estabilidad de un país, como negrura de fondo de personajes cálidos y dolientes que sobreviven a verlas venir, sin mucha esperanza ni ilusión pero, eso sí, sin perder el humor y gracia propios de esa Galicia cuya fotografía siempre es un deleite de característico placer.
Neneta, madre abandonada por su pareja, que por fin madura, que con urgencia se hace mayor y asume sus obligaciones de compromiso hacia quien más ama y quiere, que elige sabiamente entre la dicotomía de ser un tranquilo y ausente errante de la vida, nómada sin destino ni preocupaciones o hacer frente a sus dictámenes, cuidar de quien de ella depende y afianzar esa inesperada relación de amistad nacida de la nada, sin pretensión ni requerimientos, sólo la de ser uno de los fenómenos que resisten avatares y golpes de la vida en pie, con chiste, salero e ironía, una cerveza y la nunca olvidada sonrisa siempre puesta.
"Yo, ya no puedo", magistral sinceridad de un personaje en crecimiento, en necesaria evolución para respirar y sentir orgullo de ser, francamente interpretado por una fantástica y absorbente Lola Dueñas que, aún con el apoyo de Luis Tosar en el cartel -no así en la película donde ¡apenas se le ve!-, no necesita de abuela ni comodín en las escenas para apresar y cautivar pues se las trae y vale solita para exhibir ese coraje, afronte y fuerza de luchar por una vida digna, cuyo motor de arranque es darle lo mejor a su retoño, ese precioso Rody, Jose Antonio para la iglesia, que no tiene culpa de sus errores pero merece beneficiarse de sus cabales y responsables decisiones. 
Coincidencia temporal del boom de la construcción y el apoteosis de soñar con una vida mejor, fantasía de progreso creída y aceptada que inunda la rutina de esa malvada hipoteca, lastre que tirará hacia el fondo de un desequilibrado contrapeso que inunda y aniquila todo deseo, ensueño y alegría de inicio al ser carcomida por las mezquinas ratas de fe y convencimiento en un establecido sistema que resultó estar lleno de agujeros, estabilidad extraviada como trampa mortal para atrapar a las ingenuas moscas que caen unas detrás de otras.
Historia personal, laboral y de amistad van cogidas de la mano en su despunte, éxtasis y principio de caída, desmoronamiento a afrontar con valor, 
serenidad y olvidando al espíritu bohemio que una vez fue, aceptando ser fortaleza en asfalto de ciudad, muro que no desfallece por mucho que le arreen, adiós al vagabundeo despreocupado/hola a la incansable trabajadora, madre activa,  sensata y cumplidora hija.
Aún con los reparos y destiempos de la narración, que necesitarían un golpe más de potencia e inclusión en el interior de los personajes y sus sentimientos, mayor garra, carácter y sustancia al son de su representación y acople, el relato cumple con creces con su papel, ese viaje al cielo, un paraíso de esplendor eterno y fabuloso porvenir que se desliza hacia una sorpresivo y agónico infierno que afecta a todos por igual, noria maldita que también osa rodar con maldad y a traición en su relación personal y vida social; y son, justamente, esos no descritos saltos temporales, esa no comentada, únicamente intuida, carga emocional de maltrecha relación familiar, desapego con reencontrados del pasado y cercanía con nuevos hallados por el camino lo que permite involucrar tu interés con ganas, estar atento a su deleite y degustar el relleno propio de los huecos ausentes con subjetividad de cosecha íntima.
No darlo todo rápido y masticado sino dejar que el espectador participe también en la conformación, empatía y apego por los personajes es su don más preciado que otros pueden considerar gran carencia de falta de guión, sólo que éste es sólido y capaz, sabe con firmeza donde va y no necesita detallarlo todo a pies puntillas para que la pesadilla de cuento penetre, complazca y consiga hacerse un merecido hueco en tu recuerdo.
No por ir firmado por alguien de fuera tiene más valor, ni por ser el director y la producción de la casa debe dejar de reconocerse su esmero y arte en el trabajo realizado, discriminación que puede llevar a no disfrutar de una buena e intimista película que dice mucho sin apenas palabras, que lo pone todo en su sitio sin exceder ni extraviarse en las escenas ya que, las explicaciones están de sobra cuando la mirada lo capta todo con evidencia suprema.
Sonrisa, que lentamente se deja ver, de dignidad por los pasos bien dados, para volver a sercarse sin perder la honra, dignidad de merecer lo tenido, dignidad que supera el miedo, dignidad que hace sufrir pero consuela al no dejarse vencer por la tiranía, dignidad que se tranforma en respeto hacia una misma al no convertirse en jactancia, donde el dolor es la dignidad de la desgracia, donde la perfección de la conducta es la dignidad de no perjudicar la libertad ajena donde, si te dejas de pormenores sin importancia y de demandar una intensidad innecesaria, es fácil saborear, palpar y sentir la dignidad de esta cinta. 



jueves, 16 de julio de 2015

Goodbye to all that

Paul Schneider interpreta a un nuevo padre soltero que tendrá que lidiar con su nueva soltería a sus treinta y tantos años de edad. Cuando su esposa le dice inesperadamente que quiere el divorcio, Otto Wall intentará buscar de nuevo el amor mediante una serie de encuentros tras citarse online con distintas mujeres.


Romper el cuadro para volver a pintarlo.
"Adiós a todo eso", bienvenidas las preguntas, dudas y miedos provenientes de ese inesperado derrumbe de los muros que protegían tu castillo, un salto al precipicio no querido ni buscado, perder el rumbo para enfrascarse en un continuo desespero de sensación asfixiante, irrespirable, de ruta desconocida para concluir un duro y costoso "no se lo que hago" de parada obligada para saber "qué es lo que quieres".
Empezar de nuevo, sin horizonte ni perspectiva, lanzado a un irreconocible mundo social donde las normas y pasos han cambiado, forzada libertad que aprisiona y ahoga al deambular sin ton ni son, con excesiva impericia e incesantes tropiezos de un destartalado lado a una esquina peor, de un punto estable al mareante contrario, una peonza sin control ni estabilidad donde lo único seguro es esa adorada hija que le mira perpleja y preocupada por lo que pasa, que reza por su mejoría al tiempo que teme su compañía por falta de seguridad y cobijo.
Paul Scheneider es Otto, Otto Wall, recién divorciado quien ni siquiera llegó a discutir con su ex, un inesperado cambio de registro y estado civil que le llevará tiempo asimilar pero al que es una delicia acompañar gracias a la interpretación honesta, sensible y perceptible del susodicho artífice, un trabajo de espléndida captación, evidencia natural y de un caminar sobrio y sincero, fiel reflejo de ese andar caótico y perdido, loco y mareante que le llevan a no saber qué hace ni a dónde va.
Pues, aunque sea redundancia de repetición ya dicha, es el acto central de toda la historia, ese interrogante limbo en el que se encuentra sin tiempo a pensar ni decir una palabra para, a partir de allí, sin armas y con memoria de vagabundeo que le traiciona con sus recesos, hacer proyecto de escapada en dirección a alguna parte, para lo cual deberá dejar de chocar y colisionar con su propia ineptitud y despiste para empezar a tomar decisiones serias.
Angus MacLachlan realiza un trabajo meticuloso, afectivo, de cálida recepción y semblante veraz, cotidiano relato de entrañable ligereza y frescura que evita dejarse caer en la amargura, pesar y desdicha, rueda por las escenas con la diestra capacidad de exhibir ese nuevo y atolondrado día a día, desequilibrio de quien se halla en ninguna parte, sin caerse de la cuerda y manteniendo el tipo.
De duración apropiada para contar sin exceder, es grata, fugaz y cordial, noble en su espontaneidad confusa, en su franqueza intermitente y en su desordenada existencia, sencilla pero expresando con claridad lo pretendido, evidencia de un argumento que sabe su propósito y destino y un guión efectivo y leal que le va a la zaga.
Se deja querer, se permite apreciar, es poco lo solicitado para lo-a-gusto que se está en su compañía, reedificación sentimental de la persona abandonada, de su límite, de su ajetreo y desconcierto; no te dejes engañar, no es una comedia, es un realista drama de alguien despistado, saturado de extrañezas en su solitario acantilado el cual se saborea con delicadeza, agilidad y leve toque de tristeza, brutal descomposición para recomponer lo extraviado y volver a ser.
Deleitable en su despiadada desorientación.
"Soy este que va a mi lado sin yo verlo, que a veces voy a ver, y que a veces olvido, el que calla sereno cuando hablo, el que perdona dulce cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera"... ¡quiero volver a ser yo! quien quiera que sea pero ¡ser yo!







miércoles, 15 de julio de 2015

Beyond the lights

Noni, una joven con mucho talento punto de convertirse en una superestrella de la música deberá sobrellevar la presión de su éxito recién conseguido. 


"¿Quieres ser corredora o ganadora?" Insurrección contra la imagen creada para permitir respirar y hallarse.
Es mucho mejor de lo que esperas, a pesar de anticipar la historia y ser el personaje un puro cliché de niña inocente/adulta víctima de su afán por el éxito, que será rescatada de su propio infierno por policía héroe que se convertirá en su mayor apoyo para transformar su vida y ser ella misma, amén de la esperada relación de amor que surge entre ambos, funciona perfectamente, dinámica, activa, con estupendo ritmo, de velocidad ágil y suculenta en terminos generales, música electrizante y una pareja muy bienavenida que se acoplan en pantalla con deliciosa sintonía y magnífica perfección.
"Te veo", y es un placer hacerlo pues, aún con el conocimiento del relato clásico a presentar, éste se digiere con frescura, agilidad, lozanía, mucha veracidad en su performance y una presentación muy lograda que facilita su encanto y enamoramiento por la misma.
Gugu Mbatha-Raw realiza una interpretación intensa, penetrante, sincera y muy sensible, excelentemente acompañada por Nate Parker, compañero de reparto que, como galán salvador, potencia sus habilidades y dones, un inmejorable equipo, descubrimiento y mérito de su estupenda combinación y dirección de 
Gina Prince-Bythewood que, sin duda, corona su trabajo con mayúsculas y le ayuda a reconvertir en deleite gustoso de sabor exquisito, en sintonía seductora que envuelve sin apenas esfuerzo lo que, en otras circunstancias, es prototipo comodín, estandar y común, de chica que se estrella al conseguir su propio sueño y renace de sus ruinas gracias al amor incondicional de quien realmente la ve, conoce y cree en ella. 
"La verdad es la única base segura donde pisar", un poco de moral, de instrucción ética para encaminar sus pasos que siempre supone romper con el extremo y los abusos, ese toque de lealtad, sinceridad y respeto que llega con el caballero andante que, aún con todo, no empalaga ni asfixia, todo lo contrario, suavidad y mucho decoro, elegancia y porte de saber estar, endulzar sin atosigar, siempre encuentra ese punto correcto para no excederse, perder los papeles y caer en la comodidad azucarada que hubiera estropeado este filme resolutivo, enérgico, raudo y auténtico, digerible con fervor, apetencia y ganas que arranca con ese intento de suicidio de quien está muriendo por dentro a pesar del regocijo externo, premios y adulación que de nada sirven cuando en su cuarto se encuentra sola y mira ante el espejo, con esa 
estimada Minnie Driver, madre soltera, luchadora, de ambición desmedida que sofoca su frustración a través del manejo y éxito en la carrera de su hija y el eterno Don Quijote, aquí recto, honesto y cabal, que salvará a su Dulcinea de los malvados molinos de viento que por todas partes la rodean, acosan y acorralan, jinete que cabalga por protección y amor a su dama.
Descubrir quién eres, quién quieres ser, coraje y valentía para llevarlo a cabo, estrellarse, hundirse y luchar por levantarse, el romance oportuno y una cuidada puesta en escena activa, potente, lustrosa y atractiva, un estimulante producto comercial de potentes imágenes, escenas estilizas, precisas y bien escogidas que consumes con placer y pasión aún a sabiendas, de memoria anticipada, su recorrido y desenlace, gracias a su buen desenvolverse y narrar; simplemente despunta y atrapa.
Esos días en que alcanzar el estrellato era lo máximo, aún a cambio de perder esa inocencia subida al tren del olvido por incómoda y molesta, días rápidos, veloces, de asfixiante adrenalina donde se vive del escaparate para dejar de lado la necesidad interna..., a menos que no sea tu opción, abandones y optes por otra ruta de distinta aceleración que vaya más contigo, que no te aplaste y te haga feliz, que permita sacar a la inocente niña que se perdió por el camino pero nunca desapareció del todo y seguía llamando insistente a la puerta para salir.
Un apasionado "yo te miro se me corta la respiración, cuando tú me miras se me sube el corazón, y en silencio tu mirada dice mil palabras, la noche en la que te suplico que no salga el sol..., bailando" para un cuento ideal realizado con destreza y gusto para disfrutar, emocionar y contentar a la audiencia.
Cenicienta de la canción y su príncipe encantado; "Beyond the lights", cuando se apagan las luces y ¡quedas tú!



martes, 14 de julio de 2015

Profanación (Los casos del departamento Q)

El detective Carl Mørck y a socio Assad, del Departmento Q de la Policía de Copenhague, especializada en casos especiales, investigan el brutal asesinato de dos jóvenes gemelas en una casa de verano. La película relata la apertura del caso, que fue cerrado con la confesión de un personaje marginal del pueblo, a pesar de que la policía sospechaba de un grupo de estudiantes de clase alta. 


Resurrección que no profana su nivel y estatus; la vil profanación es para la verdad no resuelta.
Carl y Assad, os habéis ganado el respeto de compañeros y la profesión, reconocimiento que os permite actuar con total libertad, sin ningún tipo de reparo o presión excepto la que uno se autoimpone voluntariamente por respeto y orgullo del oficio elegido, cumplida recompensa de realizar un buen trabajo para que la conciencia descanse tranquila durante la noche, sin remordimientos ni fantasmas que la acosen o, sólo es un frustrado anticipo de realidad amarga ya que, simplemente..., os habéis convertido "en el borracho y el árabe, en una maldita broma".
Mismo formato, similar proceder, cuadrilátero donde jugar con el pasado y los actos deleznables que en él tuvieron lugar, a la comandancia el esperado director solitario, autodestructivo, amargo, herido e hiriente, obsesionado con el trabajo, eterno salvador de almas perdidas, moribundos espíritus de los que nadie se acuerda, donde un caso destaca por encima de los demás y, a partir de entonces, todo se apaga, lo demás se olvida, esa será su prioridad, razón de ser y continuar, hermético e inaccesible son las víctimas su energía para aguantar, al margen del mundo y las relaciones se cobija en ese compartido tormento, simpatía con el martirizado para crear una empatía que niega y rechaza en su estático presente, ese hoy en el que cuenta con su único fiel escudero para apoyarle en sus corazonadas y seguirle, como siempre, como voz de la cordura y el sentido, en sus ofuscadas inquietudes que apenas le dejan respirar.
Perenne ambientación nórdica, fría, seca, austera, de cortante directriz que no se envuelve de florituras, sus pasos son convenientes y oportunos para ir al 
grano y encontrar a los culpables porque, en esta ocasión, se amplia el margen de acción y consecuencias a altos cargos y gente poderosa, una subida de escalón para dejar claro que el diestro detective puede con todos, grandes o pequeños, pobres o adinerados, en conjunto o solitarios, si son criminales allá que va a por ellos, a su caza y captura.
Por tanto, si es de esqueleto análogo, de tapiz semejante habrá que fijarse en la historia, en su contenido y evolución para observar los cambios con su predecesora y primera, comparación necesaria para verificar si se estanca, aporta algo nuevo de significado avance o queda en el mismo lugar, repetición cuasi imposible de lograr pues tu inocencia de visión ya no existe, vienes con preaviso e interés de su antecesora que la vio nacer y, su originalidad de presentación, se ha evaporado pues la curiosidad por la misma ya ha sido descubierta y despachada.
Yo, especialmente, disfruté más con su hermana mayor "Resurrección", aún reconociendo mi admiración y deferencia por esta profanación, la satisfacción fue más elevada con la otra, la novedad de no conocer de antemano, de descubrir y presenciar la alianza de este sólido dueto policial desahuciado por todos los demás fue un privilegio y placer que aquí es imposible de obtener y, aún admitiendo el potente enigma de esta, el estigma que une a investigador y desaparecida, mi cariño y 
goce fueron mejor alimentados en su previa, degustación sabrosa que no evita reconozca el loable menú de la actual; esa identidad firme, segura y obcecada con el que el susodicho se embarca en su nuevo y asfixiante anhelo por descubrir, hallar la verdad y compensar a los maltratados, papel que no sabe realizar a medias tintas y, donde su aislamiento de la sociedad, se transforma en vuelco hacia el montaje y resolución del rompecabezas.
Buena dirección, marcadas interpretaciones, oscura ambientación, austeridad en los diálogos y un guión que mantiene su estilo y guiño al origen del cual procede, es sencillo apreciarla, gustoso acompañarla, básica pero con consistencia y apreciada sustancia, gratitud de consumo gracias al carácter y potencial que mantiene pues destaca por el particular hacer de su tierra nata, óptima indagación al recibir con creces la conservada personalidad de su huella pisada, génesis que sabe cuidar y realzar con destreza y esmero.
"Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos como un sonido puro, como un ladrido de perro, saliendo de ciertas campañas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia...", descarga toda su existencia en la muerte, vive para ella, para rememorar y equilibrar la injusticia del lesionado olvidado por todos que sólo a él le tiene, sacrilegio que él enmieda y corrige pero ¿quién lo hace por y para él?
Resurrección que no profana su nivel y estatus; la ajusticiada profanación es para la verdad, por fin resuelta.



lunes, 13 de julio de 2015

El viaje más largo

Historia de amor entre Luke, un antiguo campeón de rodeo buscando su vuelta a la competición, y Sophia, una estudiante a punto de embarcarse en su sueño de trabajar en el mundo del arte en Nueva York.


"El amor requiere sacrificio", en eso estamos de acuerdo Sr. Sparks pero ¿era necesario que éste fuera tan inmenso y agudo?, ¿que el viaje fuera tan largo? Porque con la estela, ya hace mucho, mucho, pero que mucho tiempo pérdida, de un "El diario de Noa" a quien ya han mancillado su nombre con tantos intentos de imitación de la fórmula existosa que caen en saco roto, tropezamos esta vez, y de nuevo suena a familiar ya atendido antes, con un cowboy ranchero, una aspirante a marchante de arte, muchos pasos poco inspiradores, de cultivada intención pero efectos nimios, y un boleto de lotería que intentará solucionar un acuerdo ideal de felicidad eterna entre ambos. 
Entiendo que en letra impresa sigues teniendo éxito en tus ventas, ganancias que no se ven perjudicadas por la repetición de personajes estandar que lo único que varían son la profesión, procedencia y lugar donde se desarrolla el romance ya que, el resto es fórmula adquirida y aprendida de mediocridad, que ofrece regocijo y alegría en el negocio, a pesar de su futilidad, de ahí tu valentía y osadía, de persistir en el empeño de llevar a la gran pantalla, formato tras formato, las narraciones escritas pagando de tu bolsillo y supervisando el proceso y resultado.
Pero, ¿estás satisfecho, Nicholas Sparks, escritor de grandes relatos de amor y, tantos otros romances de bagatela? Porque mucha intensidad, calor y énfasis en esta bifurcada historia no se halla, escribiste de memoria recordada, sin esfuerzo de gran invención, lo que, en otra ocasión, hubiera sido talento absorbente de deleite para el lector o vidente y, la verdad, tanto monta-monta tanto pues si uno es complacido/el otro estará dichoso y aquí, sinceramente perdemos todos, habilidad fallida que creyó, con conciencia de ego que tiene la posición segura, que era suficiente con la simplicidad de los intérpretes y la uníon banal de los hechos.
Y francamente, quien se embarca en tu lectura y visión quiere soñar de ilusión, volar de imaginación, emocionarse por ardiente empatía de una perfección de romance que llena el alma y abraza con cariño al corazón, suspirar por el protagonista/ser la reina de cada fotograma, saborear con vehemencia la magia y chispa entre ellos, anhelar que nunca acabe y, cuando llegue tal nefasto momento, volver a empezar el libro o la cinta de nuevo para revivir, con mayor arrebato si cabe, lo ya sentido.
De modo que te repito ¿estás satisfechos Nicholas Sparks? Porque, en concreto para este largometraje, puede que te ayude el debut muscular, de ojos verdes, del retoño de Eastwood quien, visto lo visto, más vale que tome lecciones de su padre para crecer y espabilar como actor pues, no todo es un cuerpo guapo y una cara bonita, y la entrañable aparición del, por siempre M.A.S.H., Alan Alda pero ¿debe valerle al espectador? ¿dónde quedó la seducción de las palabras dichas, la hipnotizadora voz oída, el cautiverio de escuchar la declaración de amor, el atractivo embelesamiento de la comunicación, la pasión de las distancias cortas...?, pero ¿qué has hecho George Tillman jr.?, ¿el escrito no daba para más o no has acertado con la elección, combinación y su diestro manejo?
Historia épica del pasado a la que se dedica más atención y favoritismo que la presente, cuyos pasos intentan emular un paralelismo de andadura y cohesión, donde se hace gala del recurso de las cartas -vamos a ir innovando un poco, ¿no?- y de la guerra y sus estragos -que tampoco has utilizado nunca, ¿verdad?- que resuenan a repetición de vals ya bailado.
Tienes experiencia de sobra, reconocimiento laureado, sabes cómo ofrecer contenido válido de sustancia suprema, maestría de correlación y valor útil de unir las piezas para lograr una exquisita pieza de tango que desfile y seduzca sola pero, he aquí un producto de cadena de montaje que rueda solo, sin sobresalto ni esfuerzo, donde el resultado confirma ser un aburrimiento de no destacar nada por encima de una media de aprobado, más por simpatía de la que escribe que por lo obtenido y ¿debo darme por satisfecha?, si hasta mi limitada inventiva es capaz de recrear situaciones más jugosas, de desenlace más potente, que las ofrecidas en este stand-by-me please (quédate conmigo, por favor) nada ocurrente/apenas suculento; bueno, en realidad es un choose me (elígeme) pero ¿qué más da?, también se supone, esta película era entusiasta historia de amor, y ha resultado ser futilidad adormecida.
Dejaste pasar, increíblemente, la calidez y encanto de tu pluma, y solicitaste el privilegio de la atención del espectador que se volvió, inesperadamente, decepción de ruina no calculada ni prevista que, inevitablemente, separó nuestros corazones en dos mundos confrontados, tú pensando que gustaría/el resto creyendo tu promesa incumplida en la que ya no sacia tu escritura, no convencen tus ideas, donde tu radial amorosa tropieza con el vacío original de más de lo mismo y sí, supone todo un sacrificio, pero de recompensa nula pues has defraudado a personas cuya esencia pretendia latir de emoción, dispuesta a dejarse encandilar por la belleza inteligente de tus palabras escritas, plasmadas en inolvidables escenas de imagen culminante aunque, eso sí, acertado director de fotografía que consigue unos planos y paisajes de ensueño, el mismo que pierdes tú con este simple y facilón rompecabezas.
Se busca romance perdido de consistencia sugerente y estímulos apetentes, a cambio se oferta baratija de ingredientes comunes y duración excesiva ¿truco o trato?