miércoles, 19 de agosto de 2015

Top five

Film escrito y dirigido por Chris Rock en el que el actor reflexiona sobre las consecuencias del éxito y la fama a lo largo de una serie de entrevistas con una reportera interpretada por Rosario Dawson, a lo largo de 24 horas de su vida. 


Podría haber sido una buena película, un válido trabajo, con más coherencia en el objetivo a narrar y más ocurrencia en los pasos que te llevan hacia ella, podría haber sido un relato que realmente valiera la pena.
Los entresijos que se mueven en la trastienda de un actor de éxito que intenta volver a primera portada, a plana actual de magazines y programas de cine, no por su vida privada, sino por el legítimo intento de darle un giro a su carrera y demostrar, que tiene más registros que ofertar, que los empeñados por todos los que le rodean. 
Sólo que ese inspirador comienzo, ventana que se asoma a la ardua lucha de espectadores y prensa que te dirige, fuerza y presiona para que sigas en tu estela más la entereza de reponerse del fracaso, elegir y mantenerse firme en su decidida convicción aceptada, pronto se desvía y maquilla de innecesaria comicidad forzada sin nada de gracia, cuya inserción, a golpe de intromisión errónea, no hace más que certificar esa evidencia de falta de contenido e ideas que desarrollar y donde, esa inicial gota de iluminación, se perdió en el fondo del mar al no encontrar compañeras laboriosas que la ayudaran a nadar.
"Si no está grabado, no existe", verdad suprema de los tiempos locos que se viven donde la hermosa estética compensa la mediocridad vacía de una intimidad insuficiente, exigua y falta de todo, sugestivo arrebato olvidado de un Chris Rock que realiza un popurrí, medio franco/medio fantasía, 
sobre el renacimiento de un artista que se endereza y encuentra, de nuevo, su sonrisa a pesar de los golpes y el desorden; posible sutil autobiografía de experiencia propia sólo que, no sabe decidir entre la múltiple alternativa, no sabe escoger en qué terreno moverse, si en la comedia, el drama, la tontería o el absurdo, de modo que junta un poco de cada, en escenas alternas, y lo sirve en bandeja ostentada simulando comida única de lujo, malabares y sentimientos auténticos.
Pero, en verdad, lo que hay es un montón de cháchara dialéctica del susodicho director-guionista-actor, que no sabe controlar los tiempos, ni medir los espacios de su acaparada exposición y supuesto interesante diálogo, desbordando la capacidad consumidora de un posible público que se satura de tanta habla magistral ya que transmite, más bien, nada.
Acertadamente reforzado por Rosario Dawson, ésta eleva enormemente los fotogramas impidiendo que el aburrimiento sea total; y, tampoco es que te distancies o hastíes de él o de su estrafalario relato 
en continuo parloteo que, ocasionalmente, coge algo de carácter, es que malgasta la oportunidad de llevar a buen puerto ese atractivo enfoque de mundanidad actoral que intenta sobresalir y resistir a la marea que le arrastra y ahoga, virando hacia el humor vulgar, barato y simplón, sin ingenio ni diversión, más un cómplice de romance que, como amago que de repente se confirma, sólo viene a cerciorar que, de tanto lío mental que tuvo al escribir la historia, optó por un final a lo Cenicienta pues, si es es ella quien rescata al príncipe, amén de cierre feliz, tendremos ese original toque moderno y exclusivo.
Pero, en esa torpeza de dirección, que olvida incesantemente su camino, tomando atajos de relleno que ni estimulan, ni entretienen, ni expresan mucho, consigue anular todo su principal propósito que podría haber motivado y deleitado al espectador: sin embargo, decide hacer reír con chabacanos intentos nulos de imágenes cutres, hacer conmover con muestra escasa de alma herida y, enamorar con 
oferta mínima que, para cuando empieza a despertar y tomar forma, ya no hay tiempo para más y hay que sacarse el "...y comieron perdices" de la manga ¡como sea!
"O todo, o nada", tal vez ese fue el problema en toda esta mezcolanza de cinta, que el presente actor cómico fue a por todas en su ficción, de tintes veraces, sobre el interior de un luchador contra el panorama exterior que le empuja y tienta, pero se queda en nada dada la falta de talento y agudeza para relatar lo pretendido.
Reflexionar sobre la industria del famoseo y las artimañas pactadas que esconden en el armario, con intercalado de chistes bufones, montajes vivarachos y realismo de la calle donde la vida tiene lugar; no funciona pues, en el fondo, sólo es una sandez de película que estimula poco dada su alta cuota vendida.
Un extensivo monólogo del club de la comedia, andante, fuera de su habitual circuito, cámara en mano y con grabadora en marcha, descarga de simpatía sin chispa que no obtiene ni ternura ni sonrisa, sólo indiferencia de encontrar el zapato, con intención dejado, pero no tener ganas, ni ímpetu, ni querencia de ir a por su par a la espera, pasividad en la que caes sin posibilidad de activar tu inercia.
¡Si al menos hubiera provocado alguna carcajada!; se apaga en su nulidad por no construir un decente logro con ese fructífero pensamiento que, una vez, ocupó su mente.
Opta por salida fácil, de resultado regular, tirando a anodino; así no, Chris Rock.



martes, 18 de agosto de 2015

Una segunda oportunidad

Los amigos Andreas y Simon son dos policías que viven de forma muy diferente. Andreas es feliz con su mujer y su hijo; Simon acaba de divorciarse y se emborracha regularmente. Todo cambiará cuando intervienen en la pelea de una joven pareja de yonquis y descubren a un bebé en un armario. 


Jugar a ser Dios tiene un coste difícill de soportar donde no siempre se cumple a-lo-hecho-pecho pues, en ocasiones, el delicado corazón no puede con los repentinos actos de una razón inconsciente.
Si al final de la película tienes una implicada opinión sobre la resolución de la misma, si tu mente se halla colapsada por el pensamiento, que juzga y debate los hechos, es que ésta te ha atrapado, seducido, que ha funcionado en su labor de hacerte decidir, en contra o a favor, de las posturas expuestas ya que no has podido mantenerte inerte y ecuánime al margen de lo exhibido.
Emoción aportada a cuentagotas, nerviosismo que le sigue al compás según su lenta evolución donde, a partir de un suceso fortuito y la espontánea decisión que le acompaña, se desarrollan todos los precipitados acontecimientos, que no tienen tanto que ver con la trama policial como con la postura moral y ética que de ello se deriva; el bien y el mal, línea divisoria que se desplaza según conveniencia, lidiar con el cargo de conciencia, la desesperación y angustia, todo en un mismo lote de alegría y asfixia, culpa y corrección, lealtad y justicia, esa dictatorial sentencia por la que dibujamos el panorama en blanco y negro dejando claro quién es el malhechor/quién el digno.
Sólo que el mundo se colorea en diversos y confusos tonos grises que ponen a prueba esa seguridad de actuación que, inmediatamente se vuelve neblina de 
duda e inquietud; lenta en su ritmo, la tortura y el drama van haciendo camino, al seguro acecho de quien se está volviendo loco a pesar de la enorme voluntad y esfuerzo que pone en encajar las piezas y pedir silenciosa clemencia.
Porque a gritos mudos, en callado tormento duele y sensibiliza, haces tuya su historia a pesar de no ser la más intensa ni apasionada de este género, la desaparición de un niño, su investigación y cuestiones que hacen indagar en qué serías capaz de hacer si se tercia y, dado el momento, hay que actuar, cordura que se debilita por una súbita demencia que abre las puertas a un nuevo mundo, segunda oportunidad a merecer, querer y aprovechar.
Argumento que parte de la plasmación de contrastes sociales y familiares para proceder a la mezcolanza y alternancia de roles, papel directorio que parece gustar, en particular, a Susanne Bier pues es típico de su repertorio filmográfico -no siendo esta cinta su mejor ejemplo-, planos cortos para la tensión e incertidumbre, miradas penetrantes y agudas para el dañino sentimiento y la compasión de una ternura que le va unida a la zaga; evolución apropiada, que no vigorosa, que ofrece lo suciente para prestarle tu atención, sin lamento pero consciente de su escasez para llegar a registros de mayor potencial, salvedad que no impide disfrutar de ella y de la interpretación de Nikolaj Coster-Waldau, que lleva al límite de lo que es capaz y se le permite a su discordante personaje.
Principio comedido, medio tirante y final demasiado educado/poco arriesgado dado todo lo puesto en juego, algún inesperado giro que aporta desorden emotivo y una estructura acomodada para narrar sin causar grandes estragos aunque, lo suficiente para salir de la cita satisfecho y comprometido con lo visto.
El martirio de un bebe que llora, la pena del que ya no lo hará nunca más, intercambio de cromos y haber quién puede con qué, osadía vuelta vergüenza, horror transformado en desesperación, ocasión última para tener la deseada vida aunque, no obstante, puede que no puedas cargar con ella pues la felicidad es ardua pesada, nocivo suplicio cuando se construye sobre las lágrimas de un maltratado inocente sin culpa ni esperanza de nada; por el bien de él, por el mal merecido, por la resolutoria justicia que se aplica en persona, sin piedad ni perdón, por la necesidad de recuperar lo injustamente perdido al precio que sea.
Grata de ver, compromete y conmueve, sin fervoroso ahínco pero con efectividad cierta; válida para usual velada de encuentro tenue y competente.
No la hieras con los agravantes; en su lugar, confirma y apoya los atenuantes.



lunes, 17 de agosto de 2015

Y de repente tú

Desde pequeña, Amy ha oído a su padre decir que la monogamia no es un estado realista. La periodista vive de acuerdo con las creencias de su padre, disfrutando de una vida sin ataduras, libre de aburridas promesas románticas. Sin embargo, ha llegado a un punto muerto. Cuando descubre que se está enamorando del hombre al que dedica un artículo, un encantador y exitoso médico deportivo llamado Aaron Conners, Amy se replantea sus creencias y su estilo de vida.


Cambio sexual de roles para un prototipo clásico que ni alegra, ni emociona, ni complace, no sabe adornar ni amenizar, con regocijo sabroso, la tradicional tontería romántica descrita.
¡Llevo hora y cuarto de recorrido y aún espero, ya no ¡reírme! sino, simplemente, la aparición sincera y ocasional de ¡una maldita sonrisa!; recuerda, recuerda..., aguda y sagaz en su confirmada diversión es ¡lo que decía la prensa!
Verdad es que, superados los nefastos y anodinos 60 primeros minutos, parece insinuar algo interesante que expresar y un poco de contenido digno que visionar y, justamente lo hace cuando se deja de tonterías y banalidades -alabadas por la mayoría de expertos de la escritura cinematográfica- de pretensión cómica y adquiere tintes sobrios, de drama intenso, sobre la paranoia al compromiso por la herencia de un padre que le transmitió, el rechazo por la monogamia, pues ésta es ¡una completa farsa y total mentira!
Larga, excesivamente larga, sólo se aprecia con consideración la segunda parte, esos problemas de relación y convivencia cuando se superan los miedos y traumas y se da una oportunidad a la pareja hallada pero, aún así, no da para diestro material que considerar con contundencia, su muestra es floja, débil y desaborida; y tal vez sea porque, esta encantadora pareja, prototipo de real y válido amor sentido, ¡no hay por donde cogerla!, la lógica se escapa, la diversión ni asoma, el entusiasmo hace rato que se largó y, el interés sigue a la espera de una condenada escena que ¡valga la pena!
De desmadre sexual que teme querer a alguien, a novia inverosímil de un doctor con quien no comparte nada, de ahí a fuerce de ruptura para, posteriormente, arrepentirse y volver al ideal cuento de niña feliz, amansado y vendido, evidencia de pasos, para un manual de fábula, sobre bocetos de argumento romántico; sólo que, todo ello sin gracia, apetencia o estímulo alguno, sólo un cansino 
observar su largo caminar, de guión patoso y frases necias, con una protagonista, Amy Schumer -que ya puestos, no se ¡por qué no dirigió también!, si interpreta, escribe el guión y ¡le da su nombre al personaje!-, que aburre, desgana y ofrece un irresistible deseo de distancia de esa opresión anímica de quien, mueve ficha para llegar a ninguna parte, dado su escaso rendimiento e ínfimo fruto logrado.
El amor siempre triunfa, por encima de todo, aunque éste sea un asco y ¡no haiga quien se lo trague!, mejor asegurarse de comprar palomitas o llevar golosinas de entretenimiento porque, esta narración de hadas para principiantes incrédulos, es tan necia y lela como el mensaje que trata de impregnar en pantalla; porque, si voy a ver la fantasía de cenicienta remodelada a tiempos modernos, con problemas familiares, de autoestima y de dificultad en su entrega a la pareja, más vale que la princesa, aún no descubierta y sin anillo en el dedo -¡se busca matrimonio!, la corona es para baile de graduación y, esa historia, ¡es anterior a ésta!, que todo tiene un lugar y orden- tenga crédito suficiente para la velada entera, y que el príncipe, y su romance a la carta, sean prósperos y convincentes, y ¡nada más lejos de lo reflejado y consumido!
Insulsa experiencia de pobre vivencia que sólo, aisladamente, muestra un mínimo de tenacidad, sobriedad y consistencia para continuar su ruta por el inevitable alejamiento de un público que no duerme por educación de las formas pero que se encuentra, hace rato, en somnolencia colapsada por el alto mosqueo de un corazón harto y aislado que no halla motivación, ni interés, ni nada que permita iniciar, de nuevo, su ritmo cardíaco.
Y aquí llega la viva y dinámica escena final, cursi, inverosímil y poco apetecible dado el tiempo de denso hastío que hace rato se va acumulando, decepción genérica difícil de compensar y con la que es complicado lidiar, sulfato de agravio recibido, ingrato e inesperado, que llena de escozor y lamento la esperanza de lo nunca localizado.
"Y de repente tú", ese choque de trenes -¡trainwreck!-, que inexorablemente deben acabar en misma vía, aunque vayan por carriles diferentes, la patraña que sea con tal de unir lo inconexo y juntar las piezas con pegamento extra fuerte si lo requiere el caso; realmente esperaba divertirme, pasar un 
buen rato y no esta memez, de alcance inocuo, sobre la vida de una empedernida soltera jugando a ser la nueva aspirante a casamentera; sábado desperdiciado con una falsa comedia que nunca inicia despegue ni carrera, con un drama que apunta con entereza pero pierde el sentido de su marcha y, un romance como puntilla de fondo que intenta resolver, el penoso desbarajuste, con su única varita de hada madrina, que todo lo encaja y perfecciona, con el exclusivo y seductor movimiento de la mano.
Banal por optar a ser cómica, inútil por tener al abasto el sentimiento de algo sólido e intenso y distraerse con monadas de relleno insustancial y soso, se le otorga el título de transgresora por darle a ella el típico papel costumbrista del hombre; que sí, aplauso y reconocimiento por valor y osadía pero, sigues vagando por el mar de miseria que rodea a una cinta que no conecta con su público, únicamente con su ombligo y ella misma.
¡Y a toda la crítica ha encantado!, que si hábil, irreverente, ingeniosa, de hilaridad constante e inteligencia finada, ¡pues si que vamos bien!, ¡como para fiarse de lo leído la próxima vez que elija una película!
Comprobar la suscrito siempre con la visión personal de la cinta, con tu única e importante recepción subjetiva pero, en ocasiones, el precio a pagar es tan alto que, la caída de cumbre tan alta, trae consigo ¡un inevitable porrazo de narices!



domingo, 16 de agosto de 2015

Mi casa en París

Mathias, un neoyorkino que necesita dinero, viaja a París para vender el lujoso apartamento que acaba de heredar de su padre, con quien no tenía ningún contacto. Al llegar allí descubre que una señora mayor, Mathilde, vive allí con su hija. No tarda en enterarse de que, según la ley francesa, no podrá hacerse con el piso hasta que Mathilde fallezca.


El amor hace bien/el amor hace daño, tan hermoso como apenado, buenaventura cuando tú decides/desdicha cuando eres títere en manos de padres irresponsables.
Israel Horovitz, tanto en su novela impresa como en su obra gráfica, transita por la comedia, el drama y romance con gracia y sutileza, arte y talento, armonía de un compás lento, austero, frío y seco que se aspira ¡sorpresa! con energía cálida, en aumento progresivo, dado su esmero para sacar la mejor puntilla en cada género, ya sea agudo humor, ceniza de lágrima o hechizo de enamoramiento; delicadeza y tacto para un tortuoso juego que no tiene miramientos ni lástima por sus víctimas, inquisitiva incisión en la vida de tres personajes unidos en maldito triángulo por un cuarto desaparecido -cuyos restos llegan a quinto y sexto perjudicado- a quien, por desgracia, sólo se puede odiar en la distancia, con esa inquieta herida, que nunca encuentra desahogo ni arreglo, únicamente tormento propio de una vida destruida por no saber encarar cómo vivir con uno mismo y la herencia recibida.
Porque somos crianza, pasado no elegido pero padecido, niñez y adolescencia que llegan a la edad adulta con los restos de ese inevitable naufragio, para bien o para mal, equipaje no solicitado de huella marcada e inborrable que determina nuestro andar, postura y decisiones del día a día.
Dos personas se amaron intensamente/cuatro sufrieron desgarradoramente las consecuencias de ello, egoísmo de amantes devotos/rabia y desdén de quien sabe, observa y calla, más ignorancia de quien padece con angustia y sin conocimiento, penuria silenciosa de nacimiento que marca destino y huella, tarde o temprano reconvertido en bomba mortífera 
sin vuelta atrás, sin posibilidad de arreglar lo pertrechado, sólo disponer, de nuevo, las viejas cartas para que los jugadores decidan el presente riesgo, pues la suprema y dañina verdad ha sido descubierta, conjunción de todas sus versiones y formatos para conformar el nuevo tapete sobre el que apostar la siguiente mano.
Demolición inesperada de quien no espera esa esclarecedora, devastadora y cruel sinceridad abierta pero que oye, con dolor y lloro, la situación dada que tanto daño causó en su persona, aceptar o terminar, reponerse o hundirse, mirarse al espejo y ver el reflejo honesto y franco de quien hay, da igual culpables o inocentes, sin indemnización ni ganancia, únicamente ser y estar, mirar hacia delante.
"La precisión es la clave para una larga vida, la precisión y el vino", y si algo se aprecia con sentimiento y habilidad es la exactitud de los hechos, de los personajes y situación -más un exacto conocimiento de vinos, ¡claro está!-, dejarse de acomodadas mentiras al gusto de la apetencia de uno y lanzarse a la corrección auténtica de lo dicho y 
realizado, una triste e histérica historia de desvaríos y libertinaje que adquieren veracidad para alegrar la velada, al tiempo que apesadumbra y emociona, sentidas e intensas interpretaciones que con moderación y pausa componen un mosaico sensible, atento, eficaz y doliente sobre las relaciones parentales y los tejidos que de ella se desprenden.
Kristin Scott Thomas, siempre penetrante y magnífica, a quien da réplica un expuesto Kevin Kline, que le sigue, a nivel soberbio y esmerado, en su compás y ritmo, pareja redondeada por una tenue Maggie Smith que hace de la sabiduría de la vejez un torpedo de inconveniencias y reproches difíciles de asimilar, un espléndido trio para un catastrófico debate, vivaz y firme, sobre la carga pesada heredada de los progenitores y como soltar al niño adulto que no puede con ella.
Sobriedad con estilo, carácter a cuentagotas sin retroceso, entidad repartida por tramos para una 
cuesta que promociona tu sonrisa, provoca tu lástima y entabla contacto con tu corazón y alma, sin excesos ni figuras inconvenientes de relleno, de paso ligero a carrera acelerada adquiere velocidad, don y maestría gracias a ese eficiente guión que sigue la estela de su familia en letra; mismo escritor, director y guionista, ¡quién mejor que él para conducir y plasmar su propia criatura!, darle ese apoyo seguro en su paso de las tablas del escenario a la perpetuidad del celuloide, cordial y humana se saborea por sus actores, por moverse por diferentes aspectos con destreza, y por resultar amena en su reconciliación de la acidez cómica y la resaca ebria, risa leve, sollozo tenso y arreglo comedido para finalizar la fábula, pues el relax siempre sobreviene después de la tormenta.
Acapara tu atención sin esfuerzo, mantiene tu interés sin arrogancia, asimilas sus vidas e inoportuna confesión con la curiosidad de esa fotografía que lo revela todo sin necesidad de palabras, tragedia que se ríe en sus inicios para coger impulso, volumen y llegar a densidad dramática que, aunque no es la griega, si es sagaz e intuitiva.
Desfila por sus tramos con alegría o seriedad, según toque, y recoge el fruto encantador de su mezcolanza, deja grato recuerdo de sensibilidad placentera.
Mi casa en París y su "old lady" están llenas de sorpresas y estupor, nunca reveladas aunque conocidas a grito, un encaje de piezas donde, simplemente, escucha, procesa y concluye, su dedicación vale la pena, satisface con discreción, confort y diligencia.



sábado, 15 de agosto de 2015

Señor Manglehorn

Un hombre excéntrico y solitario cometió un crimen que le hizo perder al amor de su vida...


Obsesionado por la fantasía de lo imposible, acaba aceptando la realidad de lo posible.
¿Cuánto tiempo puede durar el interés y la curiosidad por Clara, la mujer fantasma recordada con devoción, amor y eterna constancia por su decrépito y hundido amor no correspondido? Y la atención y estima por este herido solitario, escéptico de corazón destrozado ¿da para hora y treinta y siete minutos de ánimo y acepción o, su sugestión se desvanece y apaga conforme pasan los mencionados segundos agrupados?
Lamentos de una vida no sentida impregnan la pantalla, nostalgia de sentimientos no vividos que empañan los realmente elegidos, tristeza agónica de rutina sin esperanza donde sobrevivir supone misma tortura que dejarse llevar por la destrucción y su amante vicio, recuerdos que se interponen en la ofuscada ordinariez que queda después de una existencia desperdiciada y llena de doliente melancolía y que son lo único que queda después de tanta inmundica expresada pero, ¿no repetimos y volvemos a mostrar lo ya expuesto, con diferente frase aunque igual nulo propósito?
"Busco la felicidad", pero ésta devuelve las cartas sin abrir, no se molesta en leer la petición de ayuda y súplica de quien está moribundo, quemado y a un gesto de rendirse, un fantástico Al Pacino, a quien en su vejez le caen papeles estupendos y agradecidos donde exhibir todo su arte, como exclusivo protagonista que llena magistralmente la cámara con su imperceptible ser, invisible de referencia, para 
quien no hay nadie, amargado, apenado, sufridor compulsivo que intenta llenar el tiempo y motivación del receptor asistente, con valentía y coraje, pero que despierta poco entusiasmo y fervor por saber si destrozará, será destrozado o encontrará la llave que retire tanta penuria, ardor y nostalgia para tratar de tener algo cierto y verdadero. 
"Las manos ociosas son las armas del diablo", y aunque este guión de Paul Logan no es holgazán ni inútil, si que resulta un tanto estéril e improductivo a la hora de su incursión y disfrute, la historia que dirige David Gordon Green se centra, en excesiva incompetencia de resultado, en un personaje que necesita de más decorado y apoyo sustancial para rendir y atraer, seducción que se desinfla ante la falta de refuerzo pues él, mister huraño Manglehorn, no es suficiente para entretener toda la velada, vacío gravitatorio que se llena de lejanía emotiva conforme ruedan las escenas y el indiscutible titular demuestra incapacidad manifiesta para obtener rendimiento de su incesante presencia.
Torpeza de camino, que se cierne sobre si mismo, olvidando la ganancia de ampliar el repertorio y reforzar al hosco díscolo con material sólido y consistente, tanto anímico como físico, juega al solitario en convencida partida que sólo a él tienta y arrebata y, como ermitaño penitente y arisco, se esfuerza y empeña en su intento pero no logra acierto pleno ya que, este voluntario insociable, que aún así necesita de la gente, baila para si mismo descuidando que son dos las personas que forman una pareja en la delicia del movimiento conjunto ya que, importante es no perder la querencia y pasión del público y mantener su ritmo acompasado y productivo al son del tuyo.
Bravo por ti, Al, que todavía tienes oportunidad de papeles donde plasmar tu aún intacto espíritu actoral, menos satisfecho un espectador que no acumula, precisamente, alicientes para ovacionar la trama, aplausos para el susodicho maestro/para la cinta desgana en aumento progresivo que, como esperada fábula que intercede, busca mansedumbre compasiva, de quien logra ver y entender, en su final, decoro de sobriedad reincorporada a las circunstancias. 
El ogro hace ruta de pasos deprimentes, se convierte en persona, alma que se rodea de adyacentes pero, la audiencia sigue sin sensación de afecto o complacencia que le ensalce, únicamente insomnio perenne, sin rendimiento ostensible, del seguimiento de una excentricidad sin carácter ni entidad como señuelo; carencia es el sustantivo que más viene a la mente, pobreza y falta de interior que explotar, limitación que sufre la ilusión y fortaleza de un vidente que ve reducidas sus posibilidades de placer, gozo y alegría según observa sus fotogramas.
Es él sólo, el hombre invisible, el que no quiere mirar en el espejo por la antipatía de su reflejo, el que vagabundea, molesta y desaparece, cuya huella borrada a nadie importa porque nadie contempla, nadie le busca, nadie le ve pues, sólo es la nada indiferente en el cristal de su vida; nadie se volvió alguien, vacío el cuarto y dejó entrar la luz/tú sigues huido y distanciado de su vida y milagros, su corazón vuelve a palpitar de esperanza/el tuyo sigue mudo y famélico a la espera, que ya no desespera porque, sinceramente, nada llega.
Retirada por omisión e insuficiencia, su dolor no trasciende.



viernes, 14 de agosto de 2015

The right kind of wrong

Leo, un lavaplatos, se enamora de una novia durante el día de su boda; una boda llevada a cabo, claro, con otro hombre.


"En el amor siempre hay algo de locura, más en la locura siempre hay algo de razón".
Una bonita locura que, sin pies ni cabeza, con tropiezos y desmadres, va tomando forma, sentido y dirección correcta, un espontáneo impulso que te lleva a nadar contra corriente, a darte de bruces sin remedio, de múltiples golpes sin respuesta, de aguantar y continuar, soportar y avanzar con la única seguridad de tus instintos y reflejos, de esa intuitiva voz interna, conocida y terca, de gran olfato y enormes fracasos, que te levanta del mugriento sillón, de tu mísera decepción para darte ilusión de nuevo, esperanza de que lo malo se acaba y de que tienes la oportunidad, la valentía y fuerza para pelear, recuperar y volver a conquistar, retornar a ser esa persona optimista, insistente, voluntariosa y determinante, siempre al acecho, a quien las críticas u opiniones externas no preocupan ni afectan, soñador malabarista que recobra su magia, chispa y encanto, esa energía pegadiza, de simpático testarudo y gentil cabezota, que nunca abandona a pesar de las dificultades y que cree fervientemente que los imposibles, en realidad pueden convertirse con tesón, fuerza de voluntad, constancia y fe pues, lo único con lo que cuenta este seductor lunático enamorado es el hechizo de su empeño, la firmeza de su objetivo y la desastrosa tenacidad por la que opta para llegar a meta, estropicio de recorrido que partiendo del absurdo más ilógico e irreverente adquiere sentido, consistencia, solidez y embrujo, tanto como para ganarse tu apoyo, aplauso y reconocimiento a la 
labor realizada pues no lo tenía fácil el guionista con este descalabrado e imprudente argumento, para llenar las hojas en blanco con ideas, palabras y sentencias que dieran estructura estable a un inconveniente disparate; no era sencillo, era tarea ardua ya que, Jeremiah Chechik, no lo pone asequible con esta rocambolesca historia del revés que esconde y descubre, poco a poco, guardando los tiempos y asegurando las distancias, una diestra y sólida presencia que maravilla, atrapa y enamora.
Y, con todo, el guión se supera y pasa la prueba con alta nota ya que, sin duda alguna, la gran baza de este tuerto relato, que se endereza con sorpresa y entusiasmo, es la sabia trayectoria por la que hace atravesar a este demente Romeo, aunque tan cabal que retiene para jamás soltar, por su ruta en pendiente destartalada que adquiere vigor, interés y conciencia conforme avanza, apresa tu interés y se apodera de tu alma.
Porque vas a caer, por mucho que te resistas, que no entiendas ni encuentres sensatez a lo visionado, te hace suyo, te seduce y cautiva, con esfuerzo, sin remedio y con grata sonrisa de equipaje, vehemencia y pasión que van en aumento desde esa incredulidad de principio que amolda sus imperfecciones y desvaríos para convertirse en el defecto más perfecto 
nunca visto, hermosa combinación de vocablos para un ideal título que expresa, con la belleza de una corta pero inteligente frase, el hermoso y pasmado interior de este relato que empieza dando tumbos para acabar escalando montañas y admirando la vista pues cuando algo merece la pena, alguien importa, se superan los miedos y se llega a la cima de esa tortuosa empinada que tanto daño hizo en el pasado/ahora motivo de gozo y alegría.
Comedia romántica que desprende ingenio, salero, talento y genialidad por toda ella, espíritu alegre, animado y divertido que no se sujeta en base alguna, una simple complicación de querer algo e ir a por ello mientras caes, te levantas y vuelves a ese suelo que tantas veces te ve de cerca, risueña, fantástica, ocurrente y amena, amor enfocado de manera alterna que busca su camino a base de porrazos, desdenes, desdichas y adversidades para llegar a puerto válido y encajado con perfección suprema.
Un adorable protagonista, Ryan Kwanten, que imanta tu mirada, retiene tu apego y certifica la unión de ambos con salero y delicia, exquisitez que sin duda saboreas a pesar de admitir que no es gran comida la 
servida pero tiene tal descaro su presentación, tal magnetismo su esencia, tal motivación su osadía que, con el mismo descaro e incorrección das tu aprobación complaciente y satisfactoria a la entretenida, festiva y cómica velada.
Cliché que pretende humor rebelde, estereotipo que vende una quimera, mito que no pasa de fábula sin enmienda, toda da igual si ameniza y contenta, si divierte y recrea, más si lo hace con carambolas de entonación diversa que atropellan, chocan y rebotan hasta que enlazan una buena y esperada tirada para rematar la chalada e irreflexiva fiesta presenciada.
¿Qué es una tontería sin coherencia ni cordura?, ¿y qué?, ¡quién la necesita según momentos!, en esta ocasión, ha sido un fantástico placer perderla de vista y olvidarte de ella.



jueves, 13 de agosto de 2015

Showroom

Sin trabajo, Diego mantiene un solo objetivo: volver a vivir a Capital cueste lo que cueste. Decide dejar a su familia en el Delta del Tigre y se transforma en un obsesivo vendedor dentro del showroom de un edificio: una maqueta perfecta que lo llevará a vivir situaciones absurdas al borde de la locura.


"La vida que soñaste ya no es un sueño" y, la vida que nunca deseaste se tornó realidad ¿con cuál nos quedamos?, pues la anhelada fantasía puede ser terrible pesadilla de la que no despertar y, el inhóspito destino hallado, terrenal paraíso al que adorar.
Pérdida de un maleante trabajo que llevaba el pan al hogar, desierto árido al que vas a parar en esa desesperada búsqueda del nuevo tormento laboral que restablezca todo a su lugar, mientras tanto y únicamente como urgente parada intermedia, adaptación a las circunstancias y traslado a nuevo lugar, de vecinos desconocidos y comodidades ausentes; sólo que, será el inicio de una ruptura familiar donde, el cabeza se queda en la añorada ciudad a recuperar mientras, el resto del elenco disfruta de su inesperada situación y todas las apetitosas novedades y ventajas que ésta confiere.
Diego Peretti como cartel y protagonista único de esta obsesión por volver a ser, por retornar para estar, por no soltar esa ínfima posibilidad de regresar al porte social y competitivo del que se provenía, sin pararse un minuto a pensar si se quiere o no, si apetece, conviene o desea, regresión total a un sonambulismo compulsivo de ganar la carrera, ser el primero y subir a ese podium que el mismo ha fabricado, al creerse las propias mentiras vendidas y olvidar la importancia de sus seres más queridos.
Ofuscada locura por no fallar, por representar el papel asignado, por auto imponerse un rol que asfixia y colapsa pero que tiene sentido en su hermética existencia diseñada, traje con corbata, gomina en el pelo, zapatos limpios y a la oficina, ese showroom, piso piloto en otras tierras, que es cálido habitáculo donde sentirse útil, orgulloso, competente y hábil pues, fuera de dicho tablero, la realidad actual le consume para ignorarle y olvidarse de su presencia.
Fantasma extraviado en un lado/director de escena y primer actor en el otro, tentación de gloria que inclina la balanza hacia un peso, perdiendo todo apego e interés po su homólogo hermano de contraria dirección, rígido y frío argumento, de finalidad sobria, que se complementa con un guión humilde pero conciso a la hora de determinar a cada cual, vive de la reiteración, de lo no dicho, de las miradas de reproche y del rencor no manifestado, de esa atada obcecación y fuerza de voluntad que a uno compensa, unidad que se disecciona por ansiar caminos diferentes para hallar la felicidad y dicha pues, una sabe descubrir el sabor a lo encontrado/el otro sigue nublado por devolver, a quien ya no le importa, lo arrebatado.
No escuchar, no comunicar, no decir, no contar el uno para el otro, tragicomedia -más apoyo en la tragedia que, en la no insinuada, comedia- que vende con sencillez, armonía, tristeza y, una constante repetición de estructura y pasos, la divergencia en que se corta un matrimonio y su hija, centrándose específicamente en el padre y dejando de lado la posibilidad de conocer, desarrollar o aportar algo más de condimento sobre los demás participantes.
Puede ser suficiente pues, aún con sus mínimos aportes expresivos y de contenido, el personaje interesa y despierta curiosidad por su recorrido aunque, apto y adecuado no es lo mismo que satisfactorio y rico; relato breve, preciso que presenta una historia minimalista de supervivencia y acomodamiento y como, cada sujeto, elige según preferencias y gusto.
Corta en su duración, escasa en abordar sus entrañas, ahí reside, si sabes percibirlo, el encanto de la venta exhibida por Fernando Molnar, contar lo pretendido con determinación, sin florituras, ni guarnición sobrante y con seductora exigüidad.
Cariño y devoción por el showroom, mi vida entera.



miércoles, 12 de agosto de 2015

Elephant song

Tras la desaparición de un psiquiatra, un colega suyo intenta encontrarlo. Al mismo tiempo, este médico tiene que hacer frente a un problemático paciente, que resulta ser la última persona que vio al psiquiatra desaparecido.


"Nunca conoció a Michael, ¿verdad?", tampoco es que lo permite mucho la cinta, realmente; ofrece retazos aislados de su vida y persona para poder disponer de una plausible estructura de los hechos, proporcionados a cuentagotas en el momento que estima oportuno, para captar tu interés y mantener la atención en el paciente protagonista, con la cabeza pensante del médico a la cola, que espera y desespera ante la información con la que juega y se divierte el susodicho pues, la maneja a su antojo llevando la delantera y negándose a entregarla hasta que se llegue a meta, preciso lugar elegido donde rematar el calculado espectáculo exhibido hasta el momento.
"La ignorancia es la dicha", y en esas estamos y jugamos, aún después de iniciada la partida ya que, puedes configurar un cuadro abstracto de la situación pero no delinearlo con precisión, esquiva exactitud como parte de su encanto que no satisface plenamente; oyes y sigues la conversación, el monólogo más bien dicho pues un jugador sobresale por encima del otro, con ritmo de oído que escucha al compás de una razón que obtiene poco entusiasmo por su itinerario y desenlace, dada su carencia enigmática de mínimo estímulo; el atrape de la historia, el misterio a resolver en la hermética y correcta consulta no logra un ambiente de opresión, cautividad, interés o intriga más allá de mirar sin profundizar, percibir sin sentir, tomar nota de todo lo manifestado, apuntes concisos de lo expresado pero sin alterar la escritura mental que va haciendo recopilación de todo ello.
No es justa la etiqueta de fracaso pues su intento es adecuado, cabal y justo, apropiados términos no muy convenientes para la excitación que debe ir, poco a poco, en aumento desde su inicio insípido y opaco, la temperatura debe elevarse grado a grado según las cartas mostradas y el cambio de táctica empleada, sin embargo no supera una calor media que no arde en exceso, únicamente tibia templanza de prudencia errónea ya que no devora tus entrañas ni interroga por tu opinión o respuesta al crucigrama.
Atractiva configuración la presentada por Charles Binamé, con la presentación de una estructura cerrada, opresiva que no invita a colaborar sino a tramar, mentir y escapar, habitáculo como ring de lucha entre Xavier Dolan -siempre recordado y halagado por "Mommy", fantástica cinta que recomiendo con fervor-, como Michael, intimidante paciente con problemas por falta de amor parental y Bruce Greenwood, como Dr. Green, psiquiatra experto que también tiene sus propios dramas personales que superar, caza del gato al ratón donde, la mente perversa y manipuladora del enfermo lleva la delantera a la lógica y destreza cognitiva del doctor que le interroga; buenos primeros planos con montaje más al estilo teatral, pues el propio argumento y guión proceden de las tablas de un escenario, y el proceso de adentrarse y descubrir los 
pormenores, las turbulencias, los daños y errores con los que ambos apostantes compiten pues, el resto es hallar el triunfo de la verdad subjetiva de cada uno y que la evidencia objetiva y lograda al final ponga a cada cual en su sitio.
Con todo lo descrito, la tirantez no llega a cortar en ningún momento, la adrenalina no alcanza esmerados decibelios, su logro es la corrección y compostura, aún afirmando el esfuerzo y resultado de las firmes interpretaciones, no penetra en el aire la toxicidad de lo narrado, se queda en estable soplo que airea e informa pero ni perturba, ni atraganta, ni molesta aunque esté transformando, el limpio oxígeno de uno sano respirar, en asfixia de hidrógeno que turbia y enrarece el necesario hálito para sobrevivir.
Relato psicológico urdido con empeño que aprueba sin más alabanza, cumple su requisito sin gran nota pero lo sufuciente para que sea fructífero durante su tiempo de consumo, ni vigorosa ni dinámica tampoco pasa al extremo de la pasividad perezosa, vale su tiempo, complace por propósito y empeño, valores no secundados por la pasión y ardor de la trama pero, es digna y meritoria, adecuadas dosis para una velada entretenida, agradable y justa aunque, ni ardiente ni impactante.
Se titubea con el pasado, con el rencor, la culpa y las heridas que acechan y aprisionan, merodea la sospecha de la muerte, de la desaparición y enterramiento de la existencia, tanto física como emocional, agonía de un mundo del que no se desea participar a pesar de que te obligues -u obliguen- a ello, suplicio representado con la canción del elefante quien llora lágrimas de dolor cuando pierde a un compañero, base para representar esa agonía desfalleciente donde "un dolor jamás dormido, una gloria nunca cierta, una llaga siempre abierta es amar sin ser querido".
!Qué mentiroso vivir!, ¡qué puro morir!..., que la mentira descanse y la paz, por fin, otorgue calma y respiro.



martes, 11 de agosto de 2015

Bernie

En Carthage, un pueblo de Texas, Bernie Tiede, un enterrador muy querido por toda la gente del pueblo, se hace amigo de una rica y malvada viuda


"Congelada como un helado de crema", ausente sin motivación o empatía, sensación unánime después del visionado de toda la cinta, y aún admitiendo que en los últimos 40 minutos coge algo de fuerza e interés, no por su historia, sino por la cotilla curiosidad de saber si culpable o inocente será.
Porque, el resto de falso documental ofrecido como antesala al juicio es un desfile de marujas, jubilados, ciudadanos de bien, y otros no tanto, cuyo hobbie oportuno para la presente narración es largar sobre la vida, milagros y desgracia de su hermano de comunidad, un querido, amado y ensalzado miembro de la parroquia por quien se bebe los vientos y pone la mano en el fuego sin pensar.
Sólo que todo ese desfile parlanchín de monólogos alternos aburre, cansa y despierta nulo entusiasmo ya que, a los diez minutos ya estás hastiado y saturado de oír tanta benevolencia y gratitud del considerado presente, indiferencia de referente que se acumula conforme pasan las caras y continua el chorro incesante de comentarios, sacados del baúl del chismorreo recordado.
La película es producida en el año 2011, cuatro años desde entonces pasando, sin pena ni gloria, por el circuito de largometrajes al acecho del público hasta que, su laureado director, Richar Linklater, recibierá tan magníficos honores y premios por "Boyhood", de lo cual sale beneficiada la susodicha narración, que es recuperada del almacén del olvido para llegar a primera plana de cartelera actual.
Si algo se aprecia de ella es la interpretación de Jack Black quien, por una vez, se deja de hacer el tonto y recurrir a sus repetitivos gestos, para intentar una actuación sólida y serena, cosa sorpresiva que consigue, con logro observado y en mejor forma de lo esperado, con la torpeza de que, todo su apreciado esfuerzo y firme trabajo va acompañado de un argumento endeble y pobre, de guión sin rumbo ni destino ni atino, excepto alargar esa noticia de periódico q en su día atrajo la atención del ciudadano texano, curiosidad de un hombre de fe, ejemplar, sociable y enaltecido por el pueblo entero capaz de un acto inconsciente, pero mortal, que marcará su destino.
Más allá de esta pequeña anécdota, hay poco ¡la verdad!, olvídate de la insinuada comedia pues, sólo es ficción de venta para que demuestres apetencia por ella, despertar tu hambre para quedarte a dos velas ya que, si no hay registro de comicidad, menos lo hay aún de una posible, atractiva y morbosa lectura dramática y negra.
Simplemente, el ángel de la ciudad, modelo de amigo, fiel confidente, devoto consejero, de generosidad sin límite cruzó la línea, cometió un error y se convirtió en breve arrepentido demonio, por tanto, como buen religioso y persona de fe, pide perdón y recibe la bendición de toda su congregación, ¡que le den a la bruja que recibió el fatídico golpe de manos tan finas, rostro tan cándido y habla tan amable!
El formato empalaga, agota y harta, carga pesada que se libera tenuemente cuando llega a estructura de tragedia más perfilada, ese juego de mezcolanza entre la ficción, la crónica y apuntes alternativos no aporta disfrute, supone anodino observar, de rostro a vecino, sin alimento que te lleve a desear más; es más, cuando enfila la seguida más lineal en su configurado esqueleto, se agradece con profundidad, pues aporta un mínimo de merodeo sobre cuál será su desenlace, eso siempre contando con que no vengas consabido sobre la historia pues, entonces te preguntarás por qué hacer un relato sobre ésto ya que ¡será por noticias espeluznantes, que se dan todos los días en directo, en el telediario!
Si al menos hubiera acertado con ese toque de humor e ingenio propagado, con esa sombría desdicha irónica prometida, el resultado osaría ser más afortunado pero, pierde esa opción por agravio a un personal que se duerme y exhibe impasibilidad y desgana respecto el tal Bernie, ese bendito ser, con demonio oculto, que hace camino según inspiración intentando llevar alegría, cariño y consuelo a sus semejantes, sólo que a uno en particular le dio un golpe maestro, tan certero y diestro, que fue imposible de recuperar la relación previa.
No te dejes engañar por la fachada y su oferta de negocio, no divierte, no provoca aliciente, ni ánimo, ni apego, entretiene en mínimos de indulgencia por parte tuya y, como intrusión llamativa en la vida de tan destacado protagonista, pronto te distancias de él, de su personalidad y recorrido.
"La viuda rica llora por un ojo, ríe con el otro", cárcel en la que cae el bienaventurado referido por excesivo amor y bondad desbordante aunque, eso sí, con límite de caducidad y aguante pues, hasta este candoroso sujeto puede ser maligno y peligroso, únicamente hay que tocar donde cabe para que la llaga explote y segrege toda su desagradable bilis.
Anémica en contenido, escasa en rendimiento, ineficaz en propósito, conclusión..., laguna receptiva de soledad perceptible.
Mejor no tomes muy en serio las alabanzas de la crítica, tu ilusión ingenua se estrellará sin remedio.
Bernie, no merecías ¡mi noche de viernes!



lunes, 10 de agosto de 2015

Misión imposible: nación secreta

Con la FMI disuelta y Ethan Hunt abandonado a su suerte, el equipo tiene que enfrentarse contra el Sindicato, una red de agentes especiales altamente preparados y entrenados. Estos grupos están empeñados en crear un nuevo orden mundial mediante una serie de ataques terroristas cada vez más graves. Ethan reúne a su equipo y une sus fuerzas con la agente británica renegada Ilsa Faust, quien puede que sea o no miembro de esta nación secreta, mientras el grupo se va enfrentando a su misión más imposible hasta la fecha.


Ethan Hunt, "manifestación viva del destino", incansable corporal espadachín, experto en camuflaje y uso de armas, que todo lo puede, que hace factible lo irrealizable con sólo su empeño y coraje, osadía y firmeza, que para la presente aparición se ha reforzado con una estupenda y eficaz pareja de baile, tan potente, rítmica, atractiva y fascinante como el veterano protagonista, ambos -colegas a la fuerza, solicitados y abandonados por igual por sus respectivos paises-, forman un dueto espectacular, vivaz y carismático, la mejor baza, sin duda alguna, para continuar con esa tensión, intriga y explosivo entusiasmo que hace que el público se entregue, con voluntad y garantía, sin lamento ni reparos, al espectáculo ofrecido dado el pleno acierto de lo entregado.
Pues si algo es seguro con Tom Cruise, al margen de tu opinión reservada como actor hacia el mismo, es su dedicación plena, rendimiento absoluto y fruto magnífico de sus trabajos, especialmente cuando se trata de ocio y acción y, cuando la cinta en cuestión es producida por su propia productora pues su tesón, meticulosidad y deseo de lograr, la excelencia en su rendimiento y profesión, es clara y manifiesta.
Afianzado por un guionista-director, Christopher McQuarrie, tan volcado como el susodicho valiente y atrevido paladín, que ofrece un relato lleno de giros, contra-giros, volteretas, cambio de equipaje y alterna careta según se tercie la oportunidad y el momento, que lleva al límite de lo posible cualquier idea imposible que se le ocurra como misión, más su inseparable elenco de camaradas de aventura, obtenemos un conjunto sugerente, simpático, 
delicioso, veloz y dinámico que no permite relajación ni disminución de la adrenalina o éxtasis y, donde el papel supremo del honorable líder del FMI es compartido, con sabiduría y experiencia de ser ya cinco los años con dicho cargo, con una colaboradora británica que le va a la zaga, ya que calza la horma de su zapato con destreza, habilidad y puntería aunque, eso sí, calzado derecho pues ¡ellos conducen a la suya!
"Hemos cumplido nuestra parte y nos han dejado de lado..., les tiene sin cuidado que vivas o mueras", desesperación de lealtad puesta a prueba, tentación de abandonar y, por fin, ser total y merecidamente libre, ganacia siempre retribuida con tormento de misión donde se juega con la estima, la fidelidad y capacidad de obedecer da igual cual sea la orden, cuya base de la partida de ajedrez ofrecida es esa moneda de dos caras, ambas secretas, inexistentes y al margen del registro gubernamental que se enfrenta a su similar, de diferente reverso y opuesto objetivo, para ver quien de los dos puede más, si Caín o Abel.
Porque "hoy es el día en que la suerte del FMI se ha agotado", pasa a clandestinidad de supervivencia con la oficial CIA tras sus pasos -nada como la demostración de amor entre hermanos- y el Sindicato como máximo rival a perseguir, cazar y eliminar, un ellos o nosotros, con intrusa seductora que se mueve por ambas partes, para evidenciar la capacidad de este sufridor adalid para amoldarse y dejar espacio a un nuevo e interesante personaje que potencia, aún más si cabe, su magnífico esfuerzo y óptimo resultado.
Porque, otra cosa no, pero la cinta cumple con la tarea prometida, exquisitez de oficio realizado con conciencia de logro y valor de seguir innovando, respetando el clásico esperado, entretenimiento 100%, puede que largo en cierto momento y estado concreto donde, tanta ida y vuelta te ha llevado a confusión momentánea, pero cuyo desvío, receso y olvido desaparece casi instantánemane para recuperar la ruta electrizante de una actividad pura, de ejercicio desbordante y precipitado, un estupendo atropello de delirio incesante firmado por una calidad 
suprema de estilo, garra y buen hacer, magistral equilibrio de disfrutar de movimientos inimaginables, con estrategia rocambolesca y autenticidad de creencia de que los sueños posibles son, lo imposible sólo un juego de niños bien preparados y entrenados y, las fantasías actos al alcance de la mano.
"A grandes males, grandes remedios", Ethan y su equipo nunca han estado al borde del precipicio con peligro de caer y entrar en coma irreversible pero, si que es verdad que existía la curiosidad de comprobar cómo mantenía el tipo y sobrevivía al juzgador y sentencioso paso del tiempo; se confirma, lo ha hecho con arte rotundo de quien está por ser eficiente en su labor, voraz en su determinación y contundente en su resolución, billar de carambolas cuyas bolas entran con precisión en su correspondiente agujero, para amenizar con esplendor la velada y deleitar a la vista, con esa exactitud impresionante y accesible al tiempo, que mira encantada y abrumada la pantalla.
La saga sigue en forma, sin perder un ápice del espíritu que la vio nacer, sabe adaptarse, ceñirse a los tiempos y colaborar con la demanda solicitada, nación secreta trepidante y lustrosa que cumple con orgullo su mayoría de edad, más uno, que de vuelta a la primera fila del liderazgo de los blockbusters no deja de sorprender, encantar y maravillar, degustación de ser admirado pues esta fructífera relación empezó ya hace la friolera de 19 años y, ahí sigue, al pie del cañón, con confirmada entereza, aire renovado y una encerada locomotora, de motor añejo, que aspira con plenitud, renueva con energía, coge fuerza y sigue emocionando y dejando estupefacto a la audiencia.
"Matar para provocar el cambio", no ha sido necesario pues sigues enamorando, diviertiendo y animando el enrevesado, conspirador y extensivo mundo del espionaje, Tom Cruise; con placer, nos vemos en la próxima, besos y agradecimiento del ferviente público asistente.
No defraudas.