viernes, 20 de noviembre de 2015

Dum laga ke haisha

La película refleja la vida de un matrimonio concertado en un pequeño pueblo de la India.


La gratitud de aceptar lo que la vida te da.

Y al final, la prueba definitiva de unión estable del matrimonio es una carrera de sacos con obstáculos, donde éste es tu mujer cargada como un peso a tu espalda; y el principio es un apremiado cuento de la cenicienta, donde ésta es impuesta por un padre que fuerza las cosas, precipitación ante la cual el príncipe saca su mejor y única arma, rebelarse a consumar lo que ha sido impuesto sin su permiso.
Y a partir de ahí, se van sucediendo incómodas situaciones familiares, vergüenzas parentales y ofensas hacia un apellido y nombre que la comunidad comienza a cuestionar pues la pareja en cuestión ni es matrimonio, ni equipo, ni lo parecen de puertas hacia fuera, sin disimulación nadie les dijo lo que el casamiento era y representaba, desinteresados van tomando posturas de cara a una observada vigilancia que desprecian, sin concederse la oportunidad de saber de ellos mismos pues ¡cómo amar a quien, desde un inicio, se ha etiquetado de enemigo!
“Si alguien quiere verme encontrará la forma de hacerlo”, y poco a poco, con la película india con menos colorido y baile -su portentosa insignia- vista hasta el momento, a pesar de que su protagonista posee una tienda de cintas de vídeo y cassette, Sharat Katariya abre camino al roce y cariño del
tiempo, al respeto del espacio y a la curiosidad de ese ser que se empeña en ofrecer querencia a pesar del constante rechazo de quien tiene al lado, un sutil romance cuyo guión se atiene a los márgenes de la tierra que representa y que, justamente por ello, te permite saborearlo con aprecio, esperar su evolución con paciencia y estimar su compás pasivo, sereno y áspero según momentos, donde la máxima es “forzar las cosas no sirve de nada”, de modo que reposa, observa y siente ese desarrollo hacia la breve pero contundente declaración de amor “no quiero irme, quiero quedarme contigo”.
“No me importan mis lágrimas, pero hay alguien cuyas lágrimas no puedo ver, las de Sandhya”, y la fábula se completa, y todos somos felices pues como invención y leyenda, su final es de comer perdices, aquí con el encanto de unas costumbres y maneras
de proceder que matizan una sinopsis genérica que busca la leyenda eterna, donde el amor siempre florece, siempre se abre camino y triunfa.
Es sencilla, discreta y escaso corporal contacto pues reserva todo su tacto para las miradas, las cortas distancias y lo nunca dicho, emparejamiento acordado que necesita amplitud para madurar y ambiente para poder establecer sus raíces, no es el habitual, espectacular y danzarín filme hindú al que se está acostumbrado -para quien se moleste en seguir, aunque sea mínimamente, la riqueza que Bollywood tiene para ofrecer- es familiar, casto y recogido, su pudor inocente es valor al alza pues no aburre ni desgana, se evalúa con ganas de ser de ritmo virginal y lento.
Se disfruta de su delicadeza de andadura y permisividad de formato.


Lo mejor, su inocencia para hablar de importantes sentimientos
Lo peor, su modestia puede volverse en contra a quien solicite cine comercial
Nota 6



jueves, 19 de noviembre de 2015

No way Jose

Adam Goldberg es Jose Stern, un músico a punto de cumplir 40 años y que vive en una encrucijada en su relación. Cuando su prometida descubre un oscuro secreto, lo deja, y su mundo se colapsa. Sin otras opciones, Jose se ve obligado a quedarse en la caótica casa de un amigo que está casado y tiene hijos y que está más perdido de lo que parece. Cuando Jose se desespera más y no tiene a donde ir, busca consejo de sus gastados amigos, su disfuncional familia y su exnovia alcohólica, esforzándose por encontrarse a sí mismo, encontrar su música, y quizás al amor de su vida.


Palabrería sin efecto.

Malogrado músico, en plena ruina sentimental y existencial, que huye del compromiso; sin buscarlo ni provocarlo, pero con lamento de efectividad sentida, también huye de ti.
Aquí procede el análisis deductivo y la conclusión emocional, tan distantes la una de la otra como para dudar de tu valoración final; por un lado es obvio el referente que le sirve de inspiración, un judío “woody allen” -de nombre mexicano Jose- de neurótica verborrea en plena crisis de los 40; por otra es clara la evidente y distante conexión que sufres y padeces, no estando muy claro por qué...,
...,pues Adam Goldberg, experto actor de televisión que, en esta ocasión dirige, escribe y protagoniza y que, sinceramente, lo hace todo bien, al dedillo, todo adecuadamente, una dirección que instiga a focalizar la atención en el deprimente sujeto perdido, sin sustento ni base donde apoyarse tras perder a su novia, una interpretación que realiza con humildad y acierto de plasmar ese vacío catatónico de quien no posee rumbo ni se atreve a marcarlo, con diálogos de
incesante ritmo que esconden, entre líneas, ironía, burla, escepticismo y situaciones ridículas llevadas al extremo del caos y del sin sentido, surrealismo para exponer la ruina moral y física de quien avanza en cumplir años pero se niega a aceptarlo pero...
..., poco a poco quedas desligado de su interés, la apetencia por acompañarle, conocerle en su pena y aventurarse en su desconcertante e irreverente tragicomedia ceden al no lograr aliciente, afecto o inclinación alguna por formar amistad con él, deambula de lado a frente, de tropiezo a error, de fiesta infantil a bar adulto con su guitarra a cuestas y sus dudas empíricas sin lograr tu risa, sin perforar en tu sagacidad, sin provocar gracia, sin enlazar con tu incredulidad, simplemente entregas lentamente tu avidez y fascinación inicial por él; sin más explicación sueltas rienda para finalizar con un desapego no muy
tremendo gracias a la justa y medida duración de la cinta pero, con un determinante y definitivo estoy-tan-extraviado como el susodicho y ¡no me lo esperaba!
Tal vez porque, en demasía, recuerda a esa época dorada del director-escritor-actor neoyorquino que tanto le sirven de musa e inspiración, puede que para imitación mejor acudir al original, puede que sencillamente sea uno de esos peculiares casos donde, contando con los apropiados ingredientes en su conveniente combinación y manejo, incomprensiblemente el resultado sea desgarrador por su pobre eficiencia y positividad en la recepción por parte del vidente; escaso provecho para buenas intenciones en un valorado trabajo que transmite poco, que comunica con torpeza con su audiencia, que se olvida de la ocurrencia chispeante y vivaz que
tan artísticamente manejaba su sugerente y obvio numen.
El estrambótico escenario de funambulista sin equilibrio y desaforado, rodeado de desastrosa organización, que con incógnita asombrosa rueda y hace camino, acaba contagiando su desgana en lugar de incentivar su descernimiento como hacía su mencionado maestro, en lugar de cosquilleo y entusiasmo por su traumático enredo, surge la dejadez por una andadura que ni motiva ni capta adeptos.
Puede que los secundarios no terminen por arropar con solidez al inepto sujeto, puede que el aroma inconsistente, que utiliza el tiovivo como conducta de maniobra, no encadile lo suficiente como para que la estima brote y logre una raíz potente, puede que...,
no puede, honestamente ¡lo obtiene!, porque no entretiene, ni divierte, ni estimula en su contacto, como si quiere seguir circulando sin-ton-ni-son ¡más rato!, como si quiere continuar con su agonía, como si quiere sustituirla por mayor angustia o por fin hallar la dirección que le proporcione algo de sosiego y calma, llegados a ese punto que no importe cómo queda es sentencia definitiva de tu ausencia afectiva e ignorancia sensitiva respecto al ejecutante, y ese inoportuno sentimiento que se cuela, sin pretenderlo pero con decisión, ¡no es nada bueno!
No acabas de entenderle, ni de percibirlo, ni de captar su esencia, ni de hallar aprecio o empatia por el mismo lo cual propicia la tan temida, pero presente, ruptura y alejamiento de su andadura y narración donde, de nada sirve el deductivo análisis ante tan conclusiva emotividad; ¡es lo que hay!
“No way Jose”, de ninguna manera y sin salida, así se siente también ¡el espectador!


Lo mejor, aspira a comunicar mucho de manera inapropiada.
Lo peor, su inadecuación puede terminar no comunicando nada.
Nota, 4,6


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Zipper

Sam Ellis es un fiscal federal en la cúspide de un brillante futuro político. Pero una experiencia puntual con una prostituta de lujo, se convierte en una adicción cada vez más creciente que amenaza con destruir su vida, a su familia y a su carrera.

Una cremallera común y normal.


La seducción de la autoridad, la droga del dominio, lo que el dinero y la astucia pueden lograr; “zipper”, cremallera, una vez abierta se prende la mecha y ¡a jugar!
Poder y sexo, el poder de comprar el sexo, una historia tan vieja y conocida como el gancho y “feeling” que sigue despertando a pesar de no ofrecer nada nuevo, nada no previsto, y en el orden acordado por una suposición que no se equivoca, ni en el recorrido ni en el final ofrecido.
Un ideal y perfecto boyscout, honorable, responsable y leal a sus firmes principios, que como predilecto ángel está a punto de caer para probar las mieles de lo prohibido y convertirse en demonio al alza, cada vez con más arte para la mentira y el engaño, cada vez con mayor vicio y perversidad en su apetencia, cada vez con mayor deseo, irresistible, de más.
Dos caras de la misma moneda, oculta hipocresía, de traje y corbata e hipnotizadora sonrisa, que camela con su simpatía a cualquiera pues todos los votos cuentan, desesperado y urgente impúdico desahogo que permite el equilibrio entre quién se es cara al público y quién gusta ser en la habitación del hotel

señalado, ambos conviven pacíficamente, sin congoja ni trauma, todo por llegar a lo más alto sin perder el contacto con los instintos más bajos de dominación, placer y violencia.
“Me dispuse a ayudar a la gente, nunca dije que fuera mejor que ellos”, cabe preguntarse si todos caen en caso de oportunidad segura a salvo de pillaje, el relato es discreto, lineal y de acorde ritmo, Patrick Wilson como protagonista único, enfrentándose a sus miedos y vergüenzas de descubrir que puede dejar de ser tan buen chico para ser un exquisito malo que triunfa, conquista y sube peldaños, destaparse ante uno mismo, sin tapujos, consciente de lo que eres capaz de hacer, ofertar y demandar, juego político donde nadie está a salvo de ser acusado pues parece que todos están, o estarán pringados, sólo hay que averiguar sus gustos, caprichos y precio de venta.
Cómoda, asequible, de dirección correcta, no se moja
ni pringa en exceso, únicamente lo justo para conformar el turbio relato y que éste ruede solo, personajes cliché que se comportan como el prototipo cuadriculado para el que han sido creados, un ambicioso abogado, su codiciosa mujer, prostitutas de lujo y un periodista amigo de la familia, sencilla receta de adivinanza clara, seguimos instrucciones, un ingrediente tras otro y obtenemos el sabroso pastel de chocolate de toda la vida, no es original, es el de siempre.
“No hay manera de que pierda”, pues no arriesga ni innova, va a lo fácil, la infidelidad protegida por anonimato donde los rostros son fantasías de nombre
inventado según lo deseado, no se ensucia las manos, no ofrece intensidad ni lujuria desbordante, sólo lo mínimo para apreciar lo simple y factible de atravesar una puerta para, tras su paso, cerrarla y a por otra mientras el respeto, empatia, buen hacer e imagen fantástica permanecen intocables e impecables.
No hay remordimientos, no hay lamento, no hay dolor, sólo victoria esperando la osadía y valor de ser cogida y ganada.
Controla la situación, satisface sus ansias, conserva el mando, miente con los labios, en la intimidad se sincera, el peligro excita, el riesgo vale la pena, la moralidad que destila le abre puertas, sentirse dios siendo un aprendiz de satanás, todo coordinado, la
suciedad escondida, a ducharse y lavarse la cara que espera la audiencia pública, no confundir platos, cada cual en su momento y lugar, defender cumplir la ley mientras la está transgrediendo, ¿mayor ironía, fogosidad y regocijo?
Cumple con moderación y rectitud, con adecuación, con su cometido.


Lo mejor, su narración es pariente no muy lejano de otros varios.
Lo peor, no se molesta en desmarcarse de sus muchos familiares.
Nota 5



martes, 17 de noviembre de 2015

Straight Outta Compton

A mediados de los 80, el barrio californiano de Compton era uno de los lugares más peligrosos de Estados Unidos. Cuando un grupo de jóvenes convirtieron sus experiencias vitales en una música brutalmente sincera que se rebelaba contra la autoridad, le dieron voz a una generación silenciada.

Descubre lo que no sabías o ¡rememora lo que ya conocías!


“Estás a punto de presenciar la fuerza de la experiencia callejera”, somos NWA (Niggaz With Attitude), “hacemos lo que queremos, decimos lo que queremos”, letras explícitas que reflejan nuestra realidad hecha arte, cultura urbana de Compton, lugar donde nacimos y crecimos, violencia, marginación, drogas, abuso policial, racismo, discriminación, peleas, muertes, tiros y navajazos, es nuestro día pasado, nuestro recordatorio presente, nuestro talento se denomina gangsta-rap, somos Eazy-E, Ice Cube, Dr. Dre, MC Ren y DJ Yella, cinco años de exitosa y frenética carrera convertido en película gracias al talento y visión de Gary Gray, que regresa al hip hop de los 80-90 y la producción de una parte de los propios integrantes.
Puede que nada de esto te sirva de mucho para elegir la cinta, ese fue mi caso, ignorante total de este género musical, del grupo protagonista y la ciudad de origen que tanto les influyó en su experiencia para escribir sus agresivas y potentes letras, fuí a ciegas dejándome guiar por los comentarios vertidos sobre ella y por la curiosidad

informativa de quiénes eran, qué hicieron, cómo lo vivieron y su posterior desenlace, y con actitud de hallar respuesta a los referidos interrogantes me embarqué en 147 minutos de largometraje que ¡tampoco es poca cosa!
Y con esas entras en faena y sales satisfecha y contenta de lo narrado, suficiente para hacerte una idea del nacimiento, recorrido, expresión narrativa, estético estilo y conclusión de esta desconocida banda que ahora resulta un poco menos extraña y más familiar; tampoco te da el frenesí de acudir a Google a investigar sobre ellos pues el relato es correcto y adecuado, que no es lo mismo que ardiente, conciso e intenso.
Te documenta, para ser precisos.
¿Con voracidad sincera?, liviana más bien dicho; ¿con veracidad fiel?, a tanto no llego pero el producto gusta, se consume con facilidad, curiosidad y gratitud

y es anécdota instructiva e investigadora sin arrepentimiento de dedicarle tu atención y tiempo.
“Nunca sabes lo que necesitas hasta que lo necesitas”, nunca sabes las sensaciones de una cinta, por mucho que leas sobre ella, hasta que la digieres en persona, al igual que tampoco sabes del placer de un álbum por oír únicamente su canción de apertura en la radio, es un riesgo voluntario darle la oportunidad a un trabajo, a sus sensaciones, ilusiones y percepciones, nunca sabes qué habrá o saldrá, la sorpresa siempre puede llamar a la puerta, “nada es seguro, hasta un gran talento puede caer en llamas”, pero por si te sirve de ayuda, es

impresionante la fuerza interpretativa de sus actores, su realismo escénico, palpable retrato de un barrio y las condiciones que del mismo se arrastran, no especifica mucho de sus vidas personales, se centra más en los tres primeros y relega en parte, a los otros, a meros acompañantes, más un Paul Giamatti siempre cumplidor y entregado como mánager descubridor que esconde al lobo que anhela comerse a una caperucita -E pretenciosa, irreverente, desmadrada y ególatra cuyo éxito de cuento se le sube a la cabeza y le explota.
Los demás tampoco se quedan cortos en cuanto a codiciar y malgastar la gallina de los huevos de oro, y con el plus de leer la traducción de sus provocativas

canciones, que rozan lo permitido en la libertad de expresión sin incitar al delito de la agresión, violencia y ensañamiento, y los coflictos, celos, decepciones, enfrentamientos y demás resto de un grupo de hermanos del alma que pronto recordó, gracias al deseoso don dinero, que no compartían apellido ni sangre, pasas una velada entretenida, amena y sugestiva, vigorosa por escenas, explosiva por otras, sin llegar al summum enérgico de un video clip -sobretodo por la duración comparativa es ridícula- pero si es cierto que borda los momentos musicales y su puesta en escena.
“Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer”, es decir, un biopic homenaje a la banda y a Eaze, integrante fallecido cuyo último intento fue volver a agrupar la hermandad que tanto daño se había hecho; “no puedes ponerle precio a la tranquilidad”, y buscando dicha paz personal cada uno inicia

camino propio, no sin respetar y añorar lo que un día fueron, precursores de un estilo de composición y música que hablaba de sus calles, circunstancias, usado como arma denuncia para proclamar a los cuatro vientos lo que estaba pasando.
No supone lamento alguno su visión, depende de tu conocimiento sobre los mismos hecharás más en falta potencia, información y concreción sobre los hechos; expone lo conveniente para estar al tanto de su loco, agitado y veloz lustro, de sus relaciones y cómo éstas terminan, y si ofreciento lo justo ya dura dos horas 27 minutos, ¡imaginas si hubieran sido detallados!
NWA, Negros Con Actitud, que salieron del barrio y su ciudad para comerse el mundo aunque, no todos lo consiguieron, ejemplo y modelo de artistas posteriores se le rinde tributo; acude a su cita y, simplemente, observa y escucha; interesante, sin duda, lo es.


Lo mejor; indagar sobre ellos, más sus interpretaciones y rotunda puesta en escena.
Lo peor; que con tan larga duración, aún se haya quedado mucho en el tintero respecto la faceta personal que compartieron.
Nota 6,5




lunes, 16 de noviembre de 2015

Spectre

Un críptico mensaje del pasado envía a James Bond a una misión secreta a México D.F. y luego a Roma, donde conoce a Lucía Sciarra, la hermosa viuda de un infame criminal. Bond se infiltra en una reunión secreta y descubre la existencia de una siniestra organización conocida como SPECTRE. Mientras tanto, en Londres, el nuevo director del Centro para la Seguridad Nacional cuestiona las acciones de Bond y pone en duda la importancia del MI6, encabezado por M. De modo encubierto Bond recluta a Moneypenny y Q para que le ayuden a buscar a Madeleine Swann, la hija de su antiguo archienemigo, el Sr. White, que quizá tenga la clave para desentrañar el misterio de SPECTRE. A medida que Bond avanza en su misión, descubre una estremecedora conexión entre él mismo y el enemigo que busca.

¿Quién falla en esta edición del agente más resistente y longevo de todos los tiempos?



Y en la antesala divagaba... James Bond tiene motivos para estar amargado ¿no?, sin amigos -pues no puede confiar en nadie- el amor se le escapa, sólo breves aunque intensos romances en cada misión y puerto, su trabajo nunca será valorado pues como agente secreto salva al mundo pero es confidencial, su cuerpo está magullado de golpes, carreras frenéticas, saltos imprevistos y disparos a mansalva cuando menos te lo esperas, eso cuando no intentan envenenarle, asfixiarle o lo que se tercie según la originalidad del malvado de turno, siempre de perfecto traje vive rodeado de lujo, estilo y clase, bebidas exclusivas y coches impresionantes pero nada es suyo, todo corre a cargo de un estado británico que esperemos nunca le corte el presupuesto, siempre solo, siempre en la sombra, siempre con un aura de infelicidad rondando su persona que, aunque lo lleva con resignación y sobriedad, no dudo de que duela en el alma...ssshh ¡que empieza!
“¿Confías en mi?” “¿Tengo elección?” “Ya no”; entonces, Spectre ¡demuestra tu mejor arte!
Por qué estoy un poco decepcionada?, ¿desilusionada en conjunto?, ¿aplanada sin el acelerado subidón previsto?, y no me quejo de la acción, ésta es frenética, vertiginosa y veloz, más un impresionismo
de imágenes y localizaciones espectaculares y gloriosas que maravillan la vista pero, es hermético en exceso, hay demasiado ceremonial, artificial pose artístico que no encandila ni seduce por igual a su hermana la razón, amén de que la historia no cala, atrapa o emociona, tus sensaciones están en parada, a la espera de mayor motivación y alimento que no acaba de coger robusta consistencia.
Se hace larga -imperdonable, pero presente, el acto reflejo de ojear el reloj estando quién está en pantalla- debido a un argumento que no termina de fascinar, mayor ironía y humor que otras veces, misma deslumbrante fotografía, misma finalidad, persecución de imponer justicia contra todos, incluido
el viento y la marea, mismo osado perfil, misma devoción y ganas..., pero desgraciadamente no mismo entretenimiento y distracción.
No deja misma huella que sus antepasados, que sobrevienen en una comparativa perjudicial para la presente, la cometa Bond, en manos de ideado huracán, no estimula ni anima en contenido, ilustra la visión y la constante mirada hacia el cielo pero, no consigue tu plena atención sin ese ligero despiste o momentáneo desvío solicito que ocurre; esta licencia para matar, también lo es para no matar y ofrecer una cháchara de relato que no produce más entusiasmo o aliciente que oírla con paciencia y a esperar que vuelvan los golpes, saltos, tiros y su fantástica acción.
“Las cosas que unen a las personas...” logra que, pasada la hora y pico, empiece a tener valor e interés su narrativa, la crónica donde James menos usa su estilizado y majestuoso traje resulta ser el más
doloroso y cohibido en cuanto a habla y locución; pero ya hemos avanzado, dejado atrás la Bellucci y descubierto a Léa Seydoux, mucho más cautivadora y acertada -también escandalosamente más joven- y el nuevo plantel posee más reclamo; intentemos, de nuevo, el disfrute...
“Te reconocería con los ojos cerrados”, pero sólo tienes el espléndido efecto deseado la última hora, poco para dos horas y media ¿no?, y he aquí que surge el debate: el espíritu de estas historias ¿es la narración o la acción?, ¿su por qué o éste es secundario y pasamos a los disparos, explosiones y carreras?, ¿únicamente es adrenalina que hipnotice los ojos o, también debe aportar sustento a los oídos y mente?, ¿es necesario plantear el dilema de la elección, como parece obligar Sam Mendes al espectador?
Porque Daniel Craig sigue potente, feroz y apasionado, no ha bajado ni un grado su calidad,
empeño y entrega, pero el resultado no es tan concluyente como sus anteriores entregas y su debilidad se encuentra, en la flaqueza de una cognición que escucha, pero no encuentra su punto fuerte.
“No es agradable sentirse vigilado” más cuando tu pecado es “el mal gusto para las amistades”, porque las buenas, sus ayudantes, apoyan la labor eficiente de su respetado 007, por tanto la mezquindad que reduce el satisfactorio encuentro procede de una C de cretino que no redunda en ansiedad por llegar hasta ella, la jugada conjunta no explosiona en abundancia ni en acierto, ésta va por etapas, y que al final se conquiste el pleno de la jugada no significa que la apuesta fuera, desde su principio, aceptable y meritoria; enrolarse en el último tramo no es haber disfrutado de la novela y su proceso, es que al final, y como norma habitual, James Bond se las apaña, con su mera presencia y sin abuela, para lograr con sus encantos conquistarte.
“¡Acaba ya!” “No tengo balas”, entonces ¿era eso lo que contaba? “eso y que tengo algo mejor que hacer”, eso es seguro porque, en esta ocasión ¡no han sabido explotar tu mejor arte!
Los muertos del pasado siguen vivos...


Lo mejor, James Bond, agente secreto 007 que nunca falla.
Lo peor, el director y guionista no parecen estar a la altura de su inevitable sombra “Skyfall”
Nota 6



domingo, 15 de noviembre de 2015

Love & Mercy

Biopic sobre el músico y compositor Brian Wilson, fundador de los Beach Boys, sobre su influencia en la música, y sus problemas nerviosos que propiciaron su relación con el controvertido terapeuta Dr. Eugene Landy.


Cuando el éxito procede de una locura insana de creatividad

El niño empezó a sufrir, el joven tenía señales obvias de quebrarse, el adulto surgió ya roto, sólo queda el auxilio y la supervivencia; “love & mercy”, amor y misericordia para quien sigue vivo a pesar de todo.
Sin duda alguna, no hay película parecida que cuente la dicha y desgracias de un real personaje de nuestra historia reciente, ya sea músico, deportista o de cualquier otra modalidad consabida, de modo tal y como aquí se plantea y manifiesta.
Y todo el mérito, completa responsabilidad de ello es para un eficaz y ocurrente Bill Pohlad, que plasma la caída al infierno y el terrorífico sentimiento de permanecer cautivo en el susodicho averno con una sorprendente gracia, acertado esmero y sabia composición de sus diversos y alternos tiempos, combinados con esa maestría y lucimiento de encaje que muestra la concatenación de los alucinantes y alarmantes sucesos, reacciones y síntomas surgidos al compás de la maravilla de creaciones que su mente no podía dejar de construir y tocar.
Porque Brian Wilson era, es músico, artista de talento compositivo reconocido, es la único claro y perceptivo que obtienes de su narración, esa calma y

aislamiento que le concedía su don creativo cuando éste se ponía en marcha, más ese temor constante de perder el contacto con su necesitada e imprescindible inspiración pues ella manda, ella controla, ella decide cuando surge y cuando se repliega; y esa dependencia emocional y cabal sobre esencia tan fugaz y esquiva, que a nada ni nadie responde, es sublime y peligrosa, grandiosa e inquietante, riqueza de musa personal con la que es difícil coexistir pero es la única con la que se entiende, la única que le proporciona estabilidad de saber qué hacer, seguridad de sosiego y paz mientras sea ella la que ordene y mande.
Luego está esa segunda parte, la de persona carnal que cohabita con otros conciudadanos, familia y amigos con quienes tiene problemas de equilibrio
emocional y de procedimiento racional, enfrentamiento de quien no posee cabeza ni lógica cuando no gobierna su numen interior y tiene que lidiar solo, consigo mismo y con la rutina, con su arduo y peliagudo día a día que, a cada segundo se presenta más oscuro, siniestro y desconocido.
Excelente crónica, de una peculiar existencia, narrada con exceso y armonía de mostrar como su propio monstruo anímico comienza a devorar la conciencia inventiva de un genio compositor de la música, como deshace su realidad y le convierte en un monigote sin voz, voto ni opinión que no se ajuste a la de su doctor y tutor que dicta quién es y qué puede hacer ahora; solitario y asustado, como maltratado crío abandonado por sus padres y seres queridos, yace sometido a la voluntad de quien se presenta como su dictatorial dueño y salvador.
Admiración hacia la figura, asombro hacia el hombre,
conmoción por lo sufrido, fascinación por lo relatado, un compendio de sensaciones inesperadas que hacen de esta cinta todo un inaudito descubrimiento de placer desordenado, al tiempo que exquisito; un amor agradecido y misericordioso, que otorga misericordia y sinceras gracias de querer sin solicitar nada, rareza visual de composición inédita que permiten un conglomerado confuso y sobresaliente, cortés recepción que con entusiasmo, curiosidad y perplejidad va introduciendo su relato para trasladarte al doloroso sentimiento de quien está perdido, hundido y destrozado desde hace años.
Los Beach Boys y su inestable componente y co-fundador, años locos cuya inspiración era lo único estable e íntegro, los sonados años 60 con sus desbordantes emociones, con un fantástico, en su libre y demente interpretación, Paul Dano, junto a un John Cusak, en el presente, que le va a la zaga y el
recordatorio apesadumbrado de una niñez doliente y castigadora, verosímil plasmación con su excelsa música de acompañamiento que ofrece el tormento de la creatividad y la añoranza de su pérdida.
No hace un repaso por toda su vida, toma dos momentos concretos y partituras esporádicas de lo que con antelación tuvo lugar, no resume, no juzga, no usa el convencionalismo lineal de biopic de estrella, la joven parte exhibida con más deleite y pasión/la adulta más densa y carcomida, cojea respecto el doctor y su por qué, deja sin resolver dudas que cualquier vidente avispado se pregunta; algunas escenas son evocadoras y efervescentes/otras menos deslumbrantes y motivadoras, un filme caótico por momentos, incomprensible por otros, lunático en su mayoría, interesante en su originalidad, psicodélico en su costumbre de andadura, enigmática en conjunto no es biografía tradicional, profundiza en la mente de un creador, en sus miedos, desequilibrios y lucha interna y deja sin cerrar muchas puertas abiertas que no enturbian lo que realmente se desea contar,
instantes puntuales de una realidad agónica que parece, por fin, logra placidez y bonanza.
Tenebrosa y transtornada vivencia que bien merece tu atención y tiempo, es distinta, desigual, imposible te deje indiferente y al margen de su disparidad; te gustará por trozos, te chocará en su acervo, te impactará en su depresión y ego, te desconcertará en su excentricidad; genio y figura que compuso “God only knows”, por tanto, “Love & mercy” Brian, de corazón.

Lo mejor, su original formato, sus dos actores principales y el interés por saber de su protagonista.
Lo peor, deja cabos sueltos sin resolver ni matizar.

Nota 6,8


sábado, 14 de noviembre de 2015

El bosque de Karadima

Protagonizada por Luis Gnecco y Benjamín Vicuña, se basa en hechos reales: las denuncias de abusos en contra del sacerdote chileno Fernando Karadima. El proceso de investigación para reconstruir la historia duró 3 años.


Réquiem por la inocencia de un niño.


“El santito”, cura encargado de la parroquia del bosque con un hechizo y don especiales pues, declaración personal de una de sus fieles ovejas del rebaño es “desde el principio, me sentí cautivo y seducido por el carisma de la voz del padre”, sólo así se explica parte de la hipnosis, devoción y rendición sumisa que le practicaban sus “zapatitos”, como gustaba llamarlos.
El tema escuece, es conocido, ninguna novedad, a estas alturas, descubrir un nuevo caso que añadir a los abusos a menores llevados a cabo por representantes de la iglesia, santidad demoníaca que actúa en nombre del Señor y a través de él, con el uso de su nombre en vano, logra abastecer su lecho de víctimas inocentes en manos de quien lleva a satanás dentro.
“No siempre me veo, pero siempre estoy”, espeluznante idea cuya dirección corre a cargo de Matias Lira, que ofrece la crónica de este escándalo chileno que todavía levanta ampollas, hoy en día, entre la población, con la elección de lapsus temporales, hacia variables pasados que se mezclan
con el perturbado presente, para su exposición y narración, y cuya altenancia permite a la audiencia redondear la historia y recomponer toda la tragedia vivida.
Sólo que, no sales totalmente afectado, ni satisfecho,después de ver y escuchar su relato, los personajes no son redondos ni están claramente expuestos dentro de su agonía y martirio, su dependencia, esclavitud psicológica y beatitud anímica queda pendiente de mayor énfasis, concreción y profundidad.
Cumple lo suficiente para dejar clara la relación de años y cómo influyó en este joven que expresa “me sentía un hombre normal y corriente y no el ser iluminado que aspiraba a convertirme a su lado”, pero no incide en el negro, en la inmundicia, en la oscuridad adyacente, ni en las formas de atrape, en
la necesidad de servidumbre, el fervor por su obediencia o la facilidad de caída en tan enigmática trampa.
Tu recuerdo no queda traumatizado o impactado por lo declarado, la visión de los sucesos no deja huella marcada o impresión vergonzante que inquiete al alma y agite al corazón; es llana, llena de inmensos grises que no esclarece, ni evidencia, ni despeja, recatada en imagen y sentimientos que le acompañan no osa bajar a los infiernos y mostrar lo que allí se cocía, se queda en un cómodo limbo que permite describir la narrativa de los hechos y guardarse de la impudicia y obscenidad que vive en su interior.
El bosque de Karadima, aire algunas hojas, pero no la arboleda entera en su frondosidad.
“Al lobo se niega a abrir, el niño, pero el lobo está, y la sangre, como mermelada vieja, salpica el piso, y la espuma se hizo rosa, y el falo peludo del lobo que no era caramelo, serpentea en el suelo...”

Lo mejor, el atrevimiento del tema que trata para la región de que se trata
Lo peor, la escasez de medios con los que cuenta para profundizar y explayarse

Nota 5,7


viernes, 13 de noviembre de 2015

Toc, toc

Dos chicas jóvenes se presentan sin previo aviso en la casa de un hombre casado, dispuestas a seducirle y complicar su vida perfecta.

¡Toc, toc! No contestes, te harás un favor.



Micheal Douglas ya lo pagó caro por liarse con Glenn Close, en esa atracción fatal que ponía los pelos de punta y achantaba al más casto y pueril; ahora las cosas se han vuelto menos sutiles y elegantes, se ha perdido el estilo a cambio de espectáculo visual salvaje y macabro, que, con todo, no llega a ser ni la mitad de perverso y cautivador que el psicológico de la anterior.
Porque la tensión procede de la incertidumbre de la espera, el nerviosismo de la amenaza, la incógnita del golpe y no por la imitación, de un sadismo descontrolado y poco rentable, que muchos otros realizaron con mejor resultado, eficacia y arte.
Hay personas que no saben manejar el éxito, que las torpezas de sus elecciones les llevan a una vorágine de la que les resulta difícil escapar, más el añadido de una situación personal inestable que tampoco ayuda a enlazar sus trabajos con esmero y dignidad; aunque uno es actor y debe interpretar -o intentarlo- lo firmado, por estándar y estereotipado que sea, y aquí Keanu Reeve hace de Rodriguez de fin de

semana, que intenta ser tan inocente e ingenuo como los de la época del cine en blanco y negro, pero la tentación llama a la puerta y su alma ayudante de boy scout sucumbe al deseo de la joven pareja, porque ya no se trata de la bella seducción de la rubia y espectacular Monroe, irresistible y cándida da igual los años que pasen, sino de un lujurioso trío de cuyo intenso revolcón ¡ya me arrepentiré más tarde!
Y ese es el juego, arrepentimiento de los pecados, pagar por las culpas, castigar por ser un chico malo y no apreciar el valor de lo que se tiene, ideal familia dichosa cuyo bienestar se pone en peligro por la posesión de una noche de frenesí, placer y locura.
Ahora, ¿es intenso lo que ofrece?, ¿hace que muerdas el anzuelo y apetezca visionar su obvio

descurrir?, ¿deviene, al menos, en entretenimiento medio, válido para velada distendida y superficial?; la espera de fruto grato hace que desesperes en cantidad.
Clasificada como thriller de terror, los diálogos y sentencias compartidas son muy cutres, vulgares y necias, de hecho no se por qué tarda tanto en llegar el pecaminoso acto pues, el coqueteo sexy previo deja mucho que desear, y la parte posterior, cuando el cielo se vuelve infierno, no es muy inspiradora e interesante que digamos, es simplemente haber cuántas burradas, en cuanto a barato despropósito se le ocurran al guionista, se le antojan para esta pantomima sin apetito ni carisma que se sale por la tangente según le da la gana, para llenar el tiempo de este circo que de thriller tiene la guasa de dos dementes, con cuerpo pero sin cerebro, y de terror, el aburrimiento patético de una
desfachatez de payasada, que irrita de la poca imaginación y gracia útil para presentar algo decente.
“¿Nunca has cometido un error?”, ¿actuar en esta película, tal vez?, ex glorioso matrix, ahora relegado a frustrado d.j. veinteañero/arquitecto con escasez de sexo en los cuarenta, que no parece creíble ni cuando está excitado, ni jodido ¡ni cabreado!
Exposición de escenas, lectura de frases a cual más vaga, ridícula y extenuante por el desfile gratuito de violencia garrula y mema que opina que, dos perturbadas destruyéndolo todo puede causar algún tipo de morbo, fascinación o aliciente para reparar su
nulo atractivo e incentivo, velocidad de pretendida acelerada angustia que se observa con un lamento de pachorra nada deseable.
El buen samaritano que es amable con dos extrañas, en mitad de solitaria nocturnidad lluviosa -siempre lo es- necesitadas de ayuda, penoso interrogante que durante su evolución busca provocar miedo, congoja, pavor o... ¡vete tú a saber lo que se pretendía!; lo que sí se logra es una mediocridad generalizada donde, Eli Roth y su alter ego, pueden estar orgullosos y contentos del cambio de registro pues de nada a servido para satisfacción triste, de tiempo mal invertido, del personal.
Y encima, Keanu, ¡pones dinero para producir esta cinta!, ¡que no te valía con tu dejadez interpretativa!; lo dicho, hay gente que tras un tropiezo, otra mayor, para no perder hilo ni costumbre de camino.
“Toc, toc, ¿quién es? Evan el infiel” en el hogar, dulce hogar donde “veo, veo, ¿qué ves?, una cosita, ¿y qué cosita es?” una garrulada de cinta que se mueve por caóticos traspiés, “¿qué será, qué será, qué será?”, ¡papí en una fiesta genial!; será para él porque ¡qué coñazo!

Lo mejor, que su gamberrismo, más pronto que nada, acaba.
Lo peor, su eco sermonal de irresponsabilidad matrimonial
Nota 3,5




jueves, 12 de noviembre de 2015

Los descendientes

Cuenta la historia de un reino donde el hijo adolescente de la Bella y la Bestia será próximamente coronado siendo su primera orden la redención de los hijos de malvados como Cruella de Vil, Maléfica, la Madrastra de Blancanieves o Jafar. Será entonces cuando éstos, junto a los hijos de Rapunzel, Cenicienta, la Bella Durmiente o Mulán, tengan que elegir si seguir los pasos de sus padres o sacar a relucir su héroe interior.


La descendencia que no logró ascender.

Esta sugerente creación, que une tanto personaje infantil de leyenda en única cinta, es tan limpia y angelical que transita sin dejar apenas huella, con sincero desencanto, lo cual incomoda por el aprecio y estima hacia los susodichos cuyo nombre e imagen es utilizado en vano.
“Supongo que los hijos son inocentes de lo hecho por sus padres”, síntesis a partir de la cual Disney elabora un guión, de sinopsis apetecible y curiosa, elaborado a su perfecta medida, original planteamiento que pretende exculpar a la descendencia de la catástrofe ocurrida en el pasado para empezar a decidir por si mismos quiénes quieren ser, si sucesores de las fechorías de su parentela o esa óptima elección bondadosa de escoger el bien para intentar ser feliz; no olvidemos que ¡es un bello cuento, cuya fábula debe servir de enseñanza a la prole!
Musical adolescente de mucho colorido y efecto ligero y cándido, se podría haber sacado más partido y picardía a tan novedosa y atractiva idea, sagacidad que se vende por la beatitud, inocencia e ingenuidad de sus pasos y diálogos, más una falta evidente de estilo y arte en su ostentación y exhibición.
Cuando uno piensa en el mal, en las cuatro figuras representadas -Maléfica, Cruella de vil, la madrastra
de Blancanieves y Jafar-, tiene un pensamiento más espeluznante y horrible de los mismos, más sabroso dentro de sus argucias y complots, aquí sus figuras y apariencia de las mismas no dejan de ser anecdóticas, al tiempo que poco agraciadas, para que toda la blanda, esponjosa y dulce magia de Disney deje correr su fantasía y surja la magia; sólo que ésta es tan bonachona e inocente que reduce mucho las posibilidades de pleno acierto, excepto para edades infantiles que se distraerán con su tierno caminar y virginal pose.
“¿No disfrutas viendo a la gente sufrir?..., ¿no quieres ser cruel, perversa y malvada?”, sí, completamente sí porque este paraíso de amor, cariño y buenas esperanzas es tan soso y cursi como el reino del odio y el mal que presenta pues apenas seduce, atrapa o cautiva para, siquiera, tener la
deseada tentación de caer en sus redes.
Porque ¡seamos serios!, ¡seamos convincentes!, el lado oscuro debe tentar, hechizar y persuadir, ofrecer goloso beneficio que propicie la duda de cruzar la línea y pasar a ese inhóspito costado de tenebrosa orilla; si Darth Vader cedió y cayó, al menos presenta la isla de los malvados y sus insignes abanderados con más firmeza y coraje, así como su llegada al reino de la belleza y los buenos deseos, ¡que ni la casa de la pradera!, con más enfrentamiento, chispa y energía, vivacidad y gracia de duda y cavilación sobre la rectitud de lo llevado a cabo.
Un High School Musical con poca chicha y excesiva suavidad y finura, escaso encantamiento para tantos hechizos y su anhelada varita mágica, el retroceso y lapsus de opción malograda de Disney en esta recreación de fantasía es obvio pues ni maravilla ni
fascina, su casta exposición deja al espectador alelado y aturdido por la ocasión fallida de haber construido una pieza teatral de grato y apasionado consumo.
Se puede ver con tanta facilidad y ligereza que dichos adjetivos van en su contra, busca audiencia familiar que aprecie su candor y pureza pero tanta suavidad en sus personajes hace que los observes moverse, gesticular, cantar y expresar sus textos y que tu pasividad emocional y autismo consumista vayan en aumento.
Pasearte por Disneylandia sin evocar sentimiento que no se aproxime a la neutralidad e indeferencia, y ello siendo generosos en tu juicio, no es la aventura soñada ni el viaje pretendido.
Esta invención prometía y lucía grandes posibilidades en su teoría, lástima de estropicio en su erróneo desafecto práctico.

Lo mejor, es ¡Disney!
Lo peor, es ¡demasiado Disney!
Nota 4



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ant man

Armado con la asombrosa capacidad de reducir su tamaño a la dimensiones de un insecto, el estafador Scott Lang debe sacar a relucir al héroe que lleva dentro y ayudar a su mentor, el doctor Hank Pym, a proteger de una nueva generación de amenazas el secreto que se esconde tras el traje de Ant-Man, con un casco que le permite comunicarse con las hormigas. A pesar de los obstáculos aparentemente insuperables que les acechan, Pym y Lang deben planear y llevar a cabo un atraco para intentar salvar al mundo.


La hormiga que trató de conquistarnos.


Duda escatológica, que duele en la ilusión y el alma, e impiden darle una deseosa nota alta.
Acaba la película y aún dudas sobre lo percibido, sobre tus sensaciones respecto la misma, te mueves en un terreno complicado de sentimientos, ambivalencia que dificulta aclarar tu postura y reflexión sobre la misma.
Por un lado genial Paul Rudd, todo un acierto escogerle como héroe protagonista, valiente anónimo que tendrá que perfeccionar su caótica técnica y controlar su temeraria voluntad, y obvia su participación en la escritura y desarrollo del guión pues, como excelente actor humorista que se mueve con exquisita soltura en el género de la comedia, borda la ironía e ingenio del personaje, simpatía que va aderezada por un sólido Michael Douglas y la bella acompañante Evangeline Lilly para formar un trío ameno, cordial, de apetecible invitación a su fiesta sorpresa, sólo que el resto de participantes de tan memorable noche se compone del dúo sacapuntas y su nula cabeza pensante, cuya aportación no es carismática ni
sabrosa; que sí, están bien y se aceptan como decoración superflua del primer plato principal pero, el pulpo nunca será animal de compañía por mucho que se quiera ser amable y condescendiente con el responsable del juego planteado.
¡Y si fuera lo único!, porque el pupilo vuelto codicioso, que ostenta superar e ir contra su respetado y admirado mentor, como que le falta malicia, poder y enganche para tentar la opción apetitosa de cruzar al lado oscuro y ¡como colofón de lo extraño!, pues no sabes si encanta o aturde, gusta o palidece por absurdo, son su fiel ejército de hormigas teledirigidas mentalmente para construir puentes de acceso, trasladarte volando, morder al
villano o abrazarle en masa hasta conseguir de él ¡un ataque coronario!
Porque, entonces, ant man ¿qué haces tú?, lucir traje arcaico -comparado con tus colegas de Marvel-, aprovechar tu talento labial para relajar el ambiente, bromear con lo guay que eres de insigne superhombre hecho migas y ofrecer tu atractiva sonrisa que encandila junto ¡tu presencial salero!
Se agradece el desmarque del prototipo clásico, y explotado hasta la saciedad, visto hasta ahora, esa ocurrente inclinación por la gracia y su guasona alegría, agudeza de confiar más en los personajes y en lo que pueden aportar, no tanto en deslumbrar únicamente a la vista y nutrir, también, la olvidada mente y su solicitud de inteligencia dialéctica, pero no te olvides de confeccionar una historia más rotunda, sobria y contundente, digna por su pasión,
nervio y fuerza como rocambolesca aventura que te lleve al límite de la tensión y de su respiración entrecortada; al fin y al cabo es un blockbuster, se busca vibrar de emoción y adrenalina y quedar perplejo e impresionado por lo ideado, y los efectos especiales mostrados para hacer posible tan increíble invención.
Peyton Reed presenta un cariño, he encongido al primer desesperado que encontré por la calle, salido de la cárcel y urgente necesitado de cobijo y amparo, pretendo sea un aprendiz de Ethan Hunk reducido, sin menospreciar la fase de William Katt, el añorado súper héroe americano -quien no recuerda sus descabellados intentos de despegue, vuelo y aterrizaje- donde se busca la torpeza e ignorancia patética del ¡novato aprendiz!, para que colabore con sus hermanas de tamaño y traje y traiga los deberes hechos a casa.
“No dejes que tu pasado condicione tu futuro”, y este jellowjacket no lo hace, para nada, pretende superar las normas del hombre, las leyes de la naturaleza
para crear las suyas propias mientras se enfrasca en una singular -y atractiva de manera curiosa-, pelea a tamaño natural/ahora enano, mientras de todo lo visto, los verdaderos artificieros de todo el complot y estallido son estos diligentes himenópteros, capaces de levantar 50 veces su peso ¡ahí te has quedao!
Es divertida y sugestiva, pero su diversión y entretenimiento no es convincente con firmeza y convicción, garbo de agradar por visionar algo peculiar y diferente pero, como cuando te dan a probar un helado nuevo de sabor genuino y novedoso, te gusta, no está mal pero, tu cabeza y corazón te están diciendo, por lo bajito, prefiero el de nata y chocolate de toda la vida, ¡el clásico, vamos!; pues algo similar pasa en este caso, el asombro de lo
visionado no logra calar hondo más allá de la inicial sorpresa.
Y realmente no es voluntaria intención hacerlo, este nuevo y original formato tiene puntos agudos y refrescantes que valen la pena, que son un gozo que logró evitar perderse en el pozo, pero ¡remata la faena!, no cojas velocidad y luego te arrepientas de la aceleración y ¡pongas el freno de mano!; se aplaude la sencillez de la idea pero ¡transformala en algo grande, potente y suculento!, que seduzca la vista y cautive la razón, que encandile los oídos por su sagacidad expresiva e inquiete la piel por la fascinación de la hazaña emprendida, que no deje con el interrogante de si el personal está contento y satisfecho o a medio gas entre ambos.
Con seguridad vas a sonreír, hechar más de una carcajada, cómoda distensión que no evitará presencies también escenas más desafortunadas y menos agraciadas, compendio que unas veces luce/otras se apaga lamentablemente, tristeza de incomprensión que afecta al veredicto final que se tiene sobre ella; con todo sirve de forma estupenda como recreo y regocijo, sólo que la sombra de lo magnífico que pudo haber sido no deja de pasear por el ambiente, disminyendo la sensacional intensidad de lo recibido.
Ant man, hombre hormiga, ahora cuando vayas caminando tendrás cuidado de dónde pisas, no se si lograrás hacer saga de tu poder y talento; en caso afirmativo será grato volver a verte, en caso contrario, la experiencia bien vale su tiempo y espacio.

Lo mejor, su opcional espíritu que trata de desamarcarse de la común norma.
Lo peor, no cuida por igual todas sus partes.
Nota 6



martes, 10 de noviembre de 2015

Golpe de Estado

Una familia estadounidense, recién llegada a un país del Sudeste Asiático por motivos laborales, se encuentra atrapada en medio de un violento golpe de Estado. Desesperadamente intentarán escapar de un ambiente en el que los extranjeros, como ellos, son inmediatamente ejecutados.


Un golpe de Estado fallido

¡Hay si el espíritu de John McCain pudiera!, ¡te daba dos guantazos Owen Wilson!, por el esquivo intento, de vigor y estilo, con el que representas a ilustres que hicieron de héroes con categoría, dignidad y apremio; sino ¡mira a quién tienes al lado!, en su día fue uno de ellos, ahora ex-Bond resacoso y con achaques fallidos de volver a ser algo de lo que fue, cuyos intentos tienen su consideración y mérito, aunque de poco acierto y tino en su fructífero beneficio.
Pero hay que trabajar y Pierce Brosnan lo hace, ya sea en comedia, acción o drama, lo que surga, como se pueda, siempre entregando todo su condimento y experiencia, cosa distinta es que el guión anule toda posibilidad de crédito de que tan esforzada contribución elabore un plato exquisito y sabroso.
Porque aquí el guión no existe, se llama sinopsis a lo que únicamente es llegada a destino y salida de allí zumbando que los americanos son el enemigo y ¡hay que matarlos!, y la supuesta frenética carrera para salvar la vida no tiene emoción, robustez, ni espíritu, ni decente adrenalina que la salve de la quema en la

memoria, su aceleración apenas da para empuje fugaz, para evocar una mínima tensión mientras permanecen ocultos y el monstruo asiático pasa cerca pero sin encontrarlos; y si lo hacen, surge el as escondido en la manga para acompañar a una familia que no entusiasta ni fascina en su límite entre la vida y la muerte.
Cámara lenta para reflexionar sobre el horror que se está viendo/rapidez a la escena cuando se trata de correr y escapar, una pequeña gota de charla aclaratoria de por qué todo y por qué a ellos, un minúsculo receso de tregua para la parte sentimental y dramática y, vuelta a la noria de las pruebas hasta hallar la salida del laberinto; ahora, de nuevo, vuelven a quedarse solos pero con la clara convicción de un plan y de poder sacarlo adelante, y John McCain, descalzo por el pasillo de su hotel, con su
divertida cháchara y su cara de loco querido ¡era la bomba!, sin necesidad de tanto recorrido por las malditas calles de Tailandia.
Que sí, que me repito, que qué pesadita con la jungla pero, es que al menos su cristal no dejaba dudas de su contundente temperamento y profunda eficacia para entretener y eclipsar tu tiempo y mente, aquí el golpe de estado sólo aturde y atrapa los diez minutos últimos, el resto es un estado comedido de observar como dan golpes sin mucho más que sentir, captar o motivar.
“No estés triste papi. No lo estoy, cariño”, pero si un poco desilusionada, decepcionada si se quiere, que suena más rotundo porque, John Erick Dowdle, abandonas el cine de terror ¿para qué?, ¿para crear pavor, miedo y estupor por conservar la vida?, ¿osadía de hacer lo impensable por cuidar y proteger
a la familiar?, pero ¿realmente lo logras con remate de eficiencia sentida? o ¿miras y escuchas pero tu pulso cardíaco no eleva su ritmo?
Si se trataba de superar obstáculos hasta llegar a lugar seguro, tantos como quisieras podrías haber imaginado y, en vez de 101 minutos, dos horas de duración si hubiera sido tu deseo haber presentado pero, no cambiaría el hecho de que tanto movimiento de ficha no anima la partida, ni que con más sangre, muertos y heridos, el personal más se conmueve; ligera en cuanto a su martirio, superficial en cuanto a su atrape, teneu en cuanto a contenido, se que hay que evitar el estrés y nerviosismo, que no son buenos para el cuerpo pero ¡tampoco no hallarlos cuando se solicitan y se va en su búsqueda!
Atrapado como extranjero, con tu familia a cuestas,
en ciudad en medio de un conflicto civil y bélico, aterrador pensamiento que acongoja el alma, atura la razón y pone la piel de gallina por las desastrosas consecuencias que de ello se pueden derivar; el presente director estuvo a punto de vivir una situación similar si no fuera por la precaución que tuvo de anular su viaje a tierra tan hermosa y explotada; y de tan horrible peligro, que estuvo a un paso de suceder, surgió la idea de esta película sólo que..., desde 2006, que pudo haber tenido lugar tan fatídica casualidad, hasta el presente 2015 se le secaron las ideas, el susto se le apaciguó y toda la potencia y energía que se podía haber sacado de tan alarmante probabilidad perdió su fuelle, consistencia y gas hasta conformarse en cinta para pasar el rato que no caldea ni eleva la temperatura, tendrá que ser el marchoso del grupo quien aporte la vivacidad y locura, desmadre y pujanza a la noche, o si te has hinchado de palomitas ¡eso que te has ganado!
Por cierto, entre Tailandia y Vietanm está Laos, la solución final presentada sólo podría venir de los mismos que ¡quemaron fallas en la semana santa de Sevilla!, ¡bravo por el conocimiento que se tiene del resto del mundo!, a mirarse menos el ombligo ¡que existe google!
De la distancia sideral, en la traducción, entre “No escape” y “Golpe de estado” mejor ni hablamos; los de aquí también tiene sus propias torpezas.

Lo mejor, su duración.
Lo peor, es muy básica incluso limitando lo que se espera de ella.

Nota 4,5