jueves, 17 de marzo de 2016

Grandma

Elle acaba de romper con su novia Olive, cuando su nieta Sage aparece inesperadamente pidiéndole dinero con urgencia. Aún dolida por su ruptura sentimental, la abuela Elle y Sage pasarán todo el día intentando conseguir dinero visitando a antiguos amigos, lo que hará que comiencen a desvelarse secretos del pasado.


Abuela con temperamento y nervio pero, sin dinero.

Cinco horas de compañía de una peculiar abuela con su urgida y necesitada nieta, para hacerse una idea de la vida general de éstas y de las decisiones tomadas, mientras tanto, por el camino; una urgencia familiar, de una joven en apuros, hará que la matriarca familiar tome cartas en el asunto, al tiempo que muestra la categoría y vigorosidad de una marcada personalidad que arrasa y deja huella por donde pasa.
Tres generaciones de mujeres emparentadas, no obviar a la madre que queda entre ellas, para hacerse una leve idea de sus relaciones y del recorrido tomado por las mismas, especialmente la líder, gran protagonista de toda la frenética carrera.
Lectura de un presente, tenso y ardiente, que no adentra en demasía en sus vidas personales, únicamente ofrece la mínima información para confeccionar un telar con sus puntos claves, realistas, serenos y tratados con la dignidad de una normalidad que no debería destacar pero, por desgracia de un lento avance de esta sociedad, aún lo hace.
Sustenta todo su poder, gracia y atractivo en esa carismática figura, de acento fuerte y carácter señalado, que desprende ira y cabreo con el mundo, pues falta en él lo más importante, su amor de 38 años y de una feliz vida compartida.
Lily Tomlin, explosiva, intolerante, ardiente,

impulsiva..., única para exhibir esa determinación y voluptuosidad de quien está pasada de todo y vive lo que le queda con aguante y muy mala leche, rapidez furtiva para exhibir esa evolución feminista y el derecho ganado a tomar sus decisiones con naturalidad, sin exageraciones ni dramatismo, pero sí con una clara precipitación, dado el justo tiempo con el que se cuenta.
Una sincera exposición de sentimientos y emociones, de rencores y cuentas pendientes, de lastimosas decisiones que marcan una existencia; honesta, sencilla, cómica en su tragedia, trágica en la distancia relacional que une a este clan descendiente cuya mayor es la piedra angular que inició una educación, estilo y libertad de opción aquí tratados con la calma, costumbre y franqueza que debería existir hoy en día.
Un hombre, Paul Weitz, como director y escritor de sencillos personajes femeninos que dicen mucho con su porte, anclaje y comunicación seca; no necesitan más, es llana, fresca e íntegra, no hace gala de valentía ni empuje porque, narra lo que gusta
expresar con la sinceridad tranquila de quien lo tiene todo asumido y es parte de su rutina; no hace propaganda de nada, ni tampoco reivindica, no juzga ni moraliza, expone a una abuela/madre/nieta y las difíciles elecciones llevadas a cabo entre amoríos, traiciones, decepciones y desengaños.
Con modestia, traspiés y atropello enlaza, la cara curtida de una mujer experimentada, con la piel tersa de quien está empezando su andadura y la madurez carnal de quien está entre ambas; una comodidad curiosa y óptima que no alcanza estallido ni devora, pero sirve como pasatiempo ameno y grato, breve pero válida por el desparpajo de su comandante y por la aceptación, sin complejos ni turbación, de su elegida travesía.
Echarle un vistazo y saber de ellas es fácil y no se lamenta.


Lo mejor, la sinceridad con la que expone su presente.
Lo peor; una aceleración de poca duración.
Nota 5,8


miércoles, 16 de marzo de 2016

Night owls

El adicto al trabajo, Kevin, va a su casa con la bella Madeline para una noche de bebidas, pero se horroriza al descubrir que en realidad es la “despechada ex amante” de su jefe.


No duermas y cuenta lo que sabes.

Una conversación para descubrir quienes son realmente los personajes, desvelar mentiras, quitar caretas y que salga a la luz el verdadero espíritu que se esconde tras ello, un desbarajuste intercomunicador que atraviesa altos y bajos, banalidades y profundidades, dilemas, tonterías y groserías para llegar a una agotadora sinceridad que demolerá ídolos, arruinará objetivos y pondrá a cada cual en su sitio, pues es lo que tiene conocer honestamente a las personas y no quedarse con la ideal imagen creada para ser vendida a un público fan, devoto y convencido.
Es desigual, cruel y gamberra, afina en sus certeros golpes dialécticos aunque sus diálogos no siempre posean el interés previsto; intercambio locuaz, agresivo y fresco que mantiene un apresurado ritmo que se suaviza y detiene cuando es oportuno.
Dos desconocidos, un casual encuentro sexual y con el despertar y la resaca surgen los efectos secundarios de estar en lugar extraño con supuesta compañera desaparecida hasta que se recopilan datos, hace memoria, juntan pistas y empieza la cuenta atrás hasta la salida del iluminador día, toda una peculiar noche que trae incógnita de suculencia media, diversión torpe pero aceptable y un aliciente adecuado que se mantiene, sin gran esfuerzo, en constancia diversa pues, aunque no desvele quién mató realmente a Kennedy, es lo suficiente amena, cordial y lozana para que tu interés no decaiga a pesar de tanta turbulencia.
No es tan radical, impactante y provocadora como pretende ser, aunque lleve intención y ánimo de
logro en el sello de su manuscrito, la pareja protagonista expone gran afinidad individual y colectiva del personaje prototipo que representan y su evolución de a simple vista, de lo que parecen las cosas a dolorosa sabiduría de conocer la escondida táctica oculta de quien se admira y venera es aceptable y entretenida, dispar pero válida; no es una teatralización explosiva, persuasiva y ardiente, pero con buena voluntad, propósito y respetable empeño se deja ver y complace para una noche pasajera.
La fantasma figura que se revela y desnuda no crea propulsora polémica o tenso debate, las emociones están serenas y las información descubierta no revierte en enigmático escándalo, es historia conocida de quien ama y es utilizado, un destape de ojos nublados que por fin ven el arco iris tras la tormenta y deciden en consecuencia; ésta no ha traído rayos y truenos, ventisca ni espeluznante frío
pero, ha hecho ruido, te has distraído y pasado gratamente el rato; no es un drama homérico, ni un pasional Romeo y Julieta, son dos extraños haciéndose amigos al tener que hablar forzosamente, e inconscientemente penetrar en la intimidad de la otra persona.
Para pasatiempo esporádico de nula pretensión, que no hace trabajar a la razón ni ocupa lugar en la memoria.

Lo mejor; sirve para su propósito..., se curiosea y se olvida.
Lo peor; ausencia de poder, fuerza y carisma en su lanzamiento de misiles verbales
Nota 5


martes, 15 de marzo de 2016

La profesora de historia

Anne Gueguen es una profesora de Historia de instituto que además se preocupa por los problemas de sus alumnos. Este año, como siempre, Anne tiene un grupo difícil. Anne desafía a sus alumnos a participar en un concurso nacional sobre lo que significa ser adolescente en un campo de concentración nazi. Un proyecto que cambiará sus vidas.


"Hace 20 años que soy profesora, y me gusta"

Cómo lograr la unidad de un grupo cuando sus miembros no se reconocen como parte del mismo, cuando manda el individualismo, cuando reina el caos, cuando el desapego, desinterés y pasotismo son los reyes de unos cabales jóvenes que prefieren obviarlo todo y no mostrar atención ni motivación por nada pues, si no juegas no puedes perder, si te declaras ya fracasado nadie esperará nada de ti y podrás seguir a tu bola, es la ventaja de adueñarse de la etiqueta de incapaz y lento, tonto o inútil, se da por hecho que nada tienes que decir, mucho menos algo que aportar.
Pero siempre hay quien no abandona, quien conserva intacta su esperanza, quien cree en la habilidad de sus alumnos, aunque ni ellos mismos sepan de su existencia, profesora amante de su trabajo, que gusta de la enseñanza, que intenta evitar el mal ambiente en clase y la colaboración e integración de todos sus pupilos, sin excepción de ninguno.
El toque de emoción y apetencia por ella proviene de la veracidad del relato, de esa última moda de destacar la realidad por encima de lo que la fantasía pueda narrar, de aferrase a ese estímulo y querencia que parte, de forma natural, por parte de la audiencia al estar visionando la verdad de un suceso y los hechos que llevaron a su grato resultado.
Porque, más allá de ese respeto y conocimiento por saber de la clase que rompió esquemas y demostró a todo el mundo, ellos los primeros, que tenían mucho qué decir y sabían cómo hacerlo, la historia no descubre nada nuevo no expuesto sobre alumnos conflictivos, maestros coraje y su situación presente realizados hasta el momento.
Ello no quita el disfrute, aliciente y cordial recepción de todo el manuscrito, de esa fresca escritura que toma credibilidad en la voz de los retardados pupilos y su correcta fotografía para recalcar el entorno de bajo rendimiento, nulos objetivos y fracaso que se les achaca.
Es honesta y clara en su marcaje de exhibir lo
sucedido, cuenta con el cariño y cortesía del asistente y aunque la historia es simple y modesta, comparada con otras duras y agresivas sesiones de institutos y colegios de educación secundaria, gusta de verla y es fácil de digerir; sin esfuerzo ni grandes exigencias cubre óptimamente su amoldada dirección y acorde duración para dar fe de ese revulsivo cambio que llevó, a unos abandonados y apáticos jóvenes, a vencer su cómoda y aburrida desgana y empezar a interesarse positivamente por los demás, no egoístamente sólo por ellos mismos.
Es el lema, es la meta, es la finalidad de toda ella, dar testimonio, para siempre en acertado celuloide, de la superación, esfuerzo y armonía de un grupo, los olvidados y relegados al lado, quienes dejaron de ser miembros unilaterales, desestructurados y enfrentados para actuar con concordancia y entendimiento, apoyo y colaboración como uno solo, todos para uno y uno para todos.
Los herederos, “les heritiers”, aunque en la
traducción se de todo el peso a la profesora, son los alumnos los que marcan, lideran y centran el mensaje y su destino, ligera en conjunto expone una tenue fuerza que no alcanza grandes cuotas ni crea un gran dramatismo envolvente, pues se penetra poco, mejor dicho escasamente, en las vidas personales de los desechados chavales, únicamente abre el telón con la desestabilizada clase para cerrar su último acto con la afinidad de los mismos, un antes y después que pone una sonrisa, enternece y se acoge con gratitud y ánimo de buena sintonía.
Los muchachos no tenían ambición, ni reto ni incentivo para quedarse en clase y atender a la profesora pero, ésta supo despertarlos la curiosidad por la historia y los fehacientes hechos ocurridos en ella; Marie-Castille Mention-Schaar no logra tanto, se atiende con ganas y buenos sentimientos a su testimonio pero, en general es exigua y pobre, no es de las más pillas y avanzadas en su género, es más bien moderada.

Lo mejor; un nuevo informe sobre la superación de las dificultades y sus sabrosos logros.
Lo peor; la tibieza de una narración y dirección que no alcanza grandes logros de satisfacción
Nota 5,7


lunes, 14 de marzo de 2016

zoolander 2

Diez años después de conocerse entre pasarelas y sesiones de fotos, Derek y Hansel han caído en el olvido. Deciden entonces emprender una nueva aventura en busca de la fama y el éxito que perdieron. Para ello, viajan a Europa para enfrentarse a las nuevas celebridades. Secuela de "Zoolander" (2001)


Burradas excéntricas para concretos elegidos.

“No puedes matarnos a todos, protegeremos al elegido” y sube a instagram, su último selfies, Justin Bieber.
Nunca he sido fan de este tipo de películas, no les veo la gracia ni capto su diversión por mucha ocurrencia fantasmal que se ponga en ese desfile referencial a varias cintas, a diversas sentencias o múltiples escenas que todos recordamos y tenemos en mente, por la genialidad o importancia del primer momento en que las vimos u oímos.
Pero, aún reconociendo el estilo de andadura, el provocador humor que busca su manuscrito y la exagerada actuación teatral en tono de burla y coña, ésta sigue sin hacerse conmigo por mucho que, reflexivamente la lea y dialécticamente la escuche; sus circenses movimientos, de pasos estrambóticos y letra absurda y garrula, no logran provocar más que esa media sonrisa de quien sabe la intención de su escrito, pero no pasa más allá de un simpático acompañamiento dada su destreza, disparate y osadía.
Se sigue la saga y estela de “Hot Shots”, con un Ben Stiller como relevo comandante de un Charlie Sheen de años más dorados; la moda y belleza como centro de la estupidez y sagacidad en su parodia y el descaro sin sentido, de recorrido memo y tonto, como líderes de un género que tiene su propio público, quienes supongo estarán gustosos y encantados con esta secuela.
Actores reconocidos, de alterno renombre y talento para la comicidad, como refuerzo de ese discóbolo pilar que se ríe, ante todo, de si mismo pues, si una facultad posee el ya lejano director de “Reality Bites” es su fácil y cómoda adaptación a la paranoia y caricatura, extravagancia y ordinariez que requiera el
personaje, bien reforzado por sus compañeros de absurda aventura, en un colofón cómico y guasón que no todos sabemos digerir ni apreciar como se supone se estima.
“Extraño no saber cosas contigo”, no se si extraño el disfrute y aprecio de este tipo de entretenimiento ligero, irreverente, superficial, mofo, vulgar y chistoso; en otro tipo de películas he reído y saboreado como nadie este tipo de humor y payasa jocosidad, en este caso quedo al margen del placer, cachondeo y alegría que se anticipa es el sello de la casa.
Su visión ha sido estándar y neutra, ni bazofia ni brillantez, simplemente escuchaba los diálogos, veía la guasa y reconocía la ironía burlesca sin ningún tipo de efecto, sólo indiferencia.
Enhorabuena a quienes han carcajeado de esta bulla y pasado un buen rato de distracción y entretenimiento; no voy a juzgar ni machacar un tipo de ingenio y socarronería que, por lo visto, no está hecha para mí, pues tampoco era devota de su predecesora, ¡la madre de todos los desmadres!
Con todo no soy masoquista pues me parece ilícito comentar algo no visto y, aunque adelantaba ya
maneras de no ser de mi agrado, siempre espero positivamente que la vida me sorprenda y haga cambiar mi equivocada preceptora idea; en esta ocasión, sigo en mis treces.
Su mirada seductora y fascinante, de hace una década, se queda en nada; ausencia de esa bendición de risa, de hace tiempo, de consumo más gustoso y agradable.

Lo mejor; es, al dedillo, lo que esperan sus fanáticos.
Lo peor; sus excelentes actores cómicos merecen un manuscrito menos pueril y tonto.
Nota 5,1


My all american

A la estrella de fútbol americano universitario Freddie Steinmark se le diagnostica un cáncer tras ganar el título nacional en 1969.


Para hacer justicia y que no se olvide un santo.

Se llevan historias veraces de gente interesante que logró un éxito a pesar de las dificultades, está de moda dar a conocer personas comunes y corrientes que destacaron más allá de la media; las artes es el lugar donde más se prodigan, el deporte el rey de los héroes y sus hazañas.
Gusta conocerles, saber que es uno de los nuestros, que cualquiera que se esfuerce y ponga todo su empeño puede ser uno de ellos; las historias son cercanas, entrañables y entretenidas, patrón de corte que sólo se diferencia por el nombre del protagonista y su ardua complicación para llegar a tan señalada cima, cumbre más o menos apetitosa para el espectador según las formas, rodaje y contenido habilitado.
Aaron Eckhart atrae, es un plato de inicio interesante que te hace elegir la historia, lees la sinopsis y cercioras la elección hecha; a partir de ahí, todo queda en manos de la satisfacción del recorrido, del mensaje y del cómputo global; simbolismo americano a tope, pues su referencia ya aparece a lo grande en el título, cliché de personaje que puede no importar si su sabor es meritorio y complaciente, válida para el tiempo dedicado.
Pero he que aquí, el líder es un jugador bajito y novato, interpretado por Finn Wittrock, con el que nadie cuenta; religioso, buen hijo, mejor estudiante, novio modelo, el corazón de la defensa de la universidad de Texas cuyo relato y superación no parece gran cosa, simplemente un chaval más que quiere triunfar a toda costa como jugador de fútbol americano.
Muchas jugadas de partido, un poco de la situación personal, familiar y carácter que caracterizan al líder emergente y poco más; carreras, golpes, cascos deformados, músculos magullados y el emblema de
superación, de poderío, de avanzadilla y de siempre ir a más y mejor a cada paso bien metido en la cabeza, por un padre que no tuvo su oportunidad y se vuelca en la de su hijo.
A estas alturas son muchas las cintas de este tipo visionadas y, una como ésta, tan mecánica y corrediza, cargada de frases elocuentes e inspiradoras pero escaso énfasis y fuerza, pasión o entusiasmo pasa sin pena ni gloria; correcta, veraz, sigue sus establecidos tramos con cautela pero no cautiva, no ensalza, no excita aunque tampoco perjudica; visión que no atrapa por mucho que grite la grada, que venza el equipo contra pronóstico y resuene la música a toda marcha.
“Sea lo que sea, vas a enfrentar el desafío”; el sentimentalismo, tarde o temprano, siempre llega, éste conmueve y emociona, es su papel pero, aún así, el relato de mediocre no pasa; no te arrepientes de verla, sirve para domingo televisivo en sesión
nocturna, es un “all america” aunque éste no esté en el salón de la fama, pues habita en el recuerdo y corazones de todos aquellos que juegan en su estadio, por siempre al mito dedicado.
“Yo no se mucho de fútbol” “¡Aprenderás!”; no con esta cinta, pues no crea devoción ni arrebato, querencia ni brío por tan violento y hermoso deporte rey. Enriquece saber un nuevo hecho humano de valentía y esfuerzo, no tiene otro propósito que rendir homenaje a Freddie Steinmark, en celuloide, para que quede y pase a los anales de la historia; pero no hubiera estado mal poner más énfasis en él como persona, no únicamente como fervoroso y cumplidor jugador de fútbol americano.
Se quiere perpetuar a la persona, aunque sólo se muestren tácticas de fútbol y mensajes de gloria.

Lo mejor; saber de una nueva y verídica historia.
Lo peor; su nivel es fundamentalmente táctico, no humano.
Nota 5


domingo, 13 de marzo de 2016

Mustang

En un pequeño pueblo, al norte de Turquía, cinco hermanas huérfanas de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años pasan el verano en un jardín paradisíaco de risas y juegos inocentes sobre las olas del Mar Negro con los chicos de la escuela. Sin embargo, la condición de la mujer en el país no tardará en provocar rumores de inmoralidad y escándalo de las jóvenes, así que sus familiares, a través de la abuela y el tío, deciden hacerse cargo del asunto.


Pequeña y modesta, decidida y valiente.

Escapar de una cárcel, misión imposible; esa prisión familiar hecha con cariño mal entendido que apabulla, aprisiona y manda, un precepto público a la mujer pura y casta, casamentera que no humille ni avergüence a la familia y cumpla con los cánones establecidos.
¡Cómo para a la adolescencia curiosa con su ímpetu, soltura y ganas de saber, ese imparable experimentar cada segundo con la vivencia plena de sus desbordantes emociones!, ¡cómo domesticar esa propia rebeldía de quien está creciendo y lo tiene todo por delante!
Prohibido tanta libertad y disfrute, diversión y alegría pues éstas no nos acercan al Señor, la felicidad no forma parte del contrato matrimonial, sólo garantiza una ficticia dicha impuesta por aceptar como amor lo que es obligación irrespirable, que el tiempo convierte en acostumbrado tormento.
Las risas no son buenas, son escandalosas y alocadas, una terrible tentación para el diablo que trata de pervertir a las doncellas vírgenes en edad de casarse; poco a poco se cierra el círculo, tus hermanas ya han caído, llega tu turno para aceptar lo que un orquestado destino tiene para ofrecerte, toda una vida de servidumbre, sumisión y decoro donde servirás fielmente a tu esposo y le darás muchos hijos, para repetir ese duelo con tu descendencia, si para entonces has sobrevivido.
Cinco hermanas, huérfanas de padres pero amadas entre ellas como sólido clan, imperturbable y unido, apoyo mutuo de querencia infinita tambaleado por el mandato tutorial de quienes tienen potestad sobre sus vidas; tortura de existencia al ser privadas del poder de elección propia y convertirse en títeres de sorteo en manos del mejor postor, como excelente ganado paseado y vendido al que compre con más valor.
Lentamente se cierran las puertas y enrejan las
ventanas, indiscriminados barrotes para impedir la escapada de la prisionera, al tiempo que el espectador mira estupefacto ese proceso aniquilador del vital espíritu y del alma cándida; una minuciosa técnica de transformación que se observa ensimismado, horrorizado y sin palabras que añadir a una vista que contempla la construcción de esos muros, que impiden el acceso a una vida digna y deseosa, propia y elegida.
Deniz Gamze Ergüven, a través de los ojos incomprensibles de una crédula niña, narra ese devenir del júbilo y gozo a las tristeza y miseria, a ese conformismo y acatamiento de las órdenes, una asfixiante enseñanza para borrar todo entusiasmo, fervor o impulso y convertir a una inocente criatura en mujer dócil, mansa y obediente, todo ello sin optar por la exageración, la lágrima o el luto.
Jovialidad y arrebato como cartas de una baraja que va tejiendo su mano sin tener claro su victoria pues, la insurrección y su fuerza no pueden destruirse a la primera, como mínimo habrá una intensa guerra por imponer cada cual su tozuda voluntad, mientras tanto la audiencia atrapada de lleno en ese combate y aventura.
Sencilla pero firme en lo que cuenta, inofensiva pero
intensa en las formas, suave pero categórica en el contenido, suicida pero esperanzadora en su objetivo, seduce su presentación, motiva su recorrido, esa tensa e inquietante eliminación de las fichas solteras hasta que no queda ninguna para ser una carga.
Mustang, que no el coche, sino esa belleza salvaje que no permite se la dome y encierre, escudriñada mirada que planea con minuciosidad su estrategia para escapar de un forzado encierro que asfixia, carcome y destruye sin piedad; inflexible en su determinación opta por pasar desapercibida, hasta la toma de la bastilla por sorpresa.
Sobrecogedora y valiente, tierna y emotiva, revolución juvenil que esconde en su interior esa osadía de decir no a la tradición; del juego infantil y caprichoso inicial se evoluciona a la seriedad y angustia de un encarcelamiento de por vida; cultura y familia dentro de ese costumbrismo implacable que cae como losa cargante para aplacar la sonrisa, el ánimo y sus emociones.
Hábil realismo para una narración que logra estremecer, interesar y perturbar al moverse entre la
intrepidez, la ingenuidad y el miedo, una combinación ofertada con la entereza, dulzura y fortaleza que encierra la juventud en su esencia, sin apenas saberlo.

Lo mejor; la facilidad de un diestro guión para pasar de la ilusión y alegría al horror y pesimismo.
Lo peor; no verla en versión original le quita potencia e importancia.
Nota 6,2


sábado, 12 de marzo de 2016

Remember

Zev es un judío superviviente del Holocausto ya de 90 años y con alzheimer que busca a Rudy, un criminal de guerra nazi que fue responsable de la muerte de su familia, con el objetivo de asesinarlo.


Lee la carta pero, no recuerdes.

La venganza de Monte Cristo, exquisita y merecida, que con el tiempo cogió fuerza, valentía y nunca logró la calma de apaciguarse; mantenerla constante, viva y ardiente ¿es fácil?, obviar la posible absolución o desdén de importancia por los años transcurridos y la nueva situación en que uno se halla ¿es deseable? o ¿hay que estar al pie del cañón del odio, no importa qué y cumplir la promesa en su día concedida?
Es claro el desprecio hacia los hechos, nadie pide perdón hacia la persona, por supuesto no hay olvido de lo sucedido pero, el alma se ha asentado, el corazón tranquilizado y la mente progresado y, retornar a aquellos duros, horribles y dolorosos sentimientos es una pesada losa complicada de asumir, más costosa de llevar a cabo.
Pero, a veces la casualidad abre caminos y muestra opciones, nunca pensadas, al abasto de esa torpe e inútil mano que se hace eco de una bendición de demencia, que ahuyenta quién eres, para ser dirigido por aquellos que conservan la mente intacta, con todo su sufrimiento acumulado y en reserva durante años.
Un verdadero y sangriento lobo, de manos temblorosas y andar patético, cuerpo ejecutor de un oculto cerebro, pieza clave de todo el enigmático entramado pues, como la ya mítica frase “en ocasiones veo muertos”, aquí la diana reveladora, que asombra y deja perplejos, es una última escena de nombre correcto que remata ese recorrido dramático, sombrío y preocupante que te tiene absorbido por su impericia de planificación, sus reveses de ejecución, su destartalado maniobrar y su descontrol de mando, más una sencillez pasmosa
para superar baches y llegar a punto señalado, siendo un manejado instrumento que no sabe muy bien qué hace.
Penetrante la interpretación de Christopher Plummer, tan tierna, desconcertante y sobrecogedora como agresiva, firme y sugestiva gracias a ese frágil personaje, siempre a punto de caer, tropezar o perderse, querido abuelo de todos a quien todos no dudarían en ayudar y abrazar, que acapara tu atención y hechiza tus sensaciones.
La conducción de Atom Egoyan, en esta producción canadiense, es serena, cautivadora y absorbente, esa chocante doble impresión que aviva emociones de consideración, inquietud y pesadumbre en un manuscrito que se desplaza con nerviosismo, desvelo e imprecisión hacia ese pasmoso duelo terminal, donde todo se resuelva a disparo de un único tiro juzgador, como excelente y concluyente cierre de travesía.
Como las buenas aventuras, ésta se planea meticulosamente, siendo sus imprevistos y roces lo mejor de esa caída de fichas que, una a una, desvela su lugar en el juego; cuatro direcciones, de nombre compartido, para averiguar quién es quién y seguir las pistas, los tramos y sus peajes con conmoción, perplejidad e interrogante; un misterio que esconde
más secretos de los pensados, ofrecidos con ese cuidado, estima y precaución de ir con lentitud, pero sin vacilación, en toda su locura de viaje.
La cabeza y su infringida medicina para aliviar delitos y creer sus mentiras, verdades estupefactas de amables gestos y candidez en la mirada, el amor no entiende de maldades y el mal sabe como disfrazarse de sentido amor, supervivencia de dos antagónicos unidos en sus extremos; interesa, seduce, enraíza y no te suelta en su triste y emotivo planteamiento de dócil títere, en posesión de una calculada razón, que todo lo registra para poder, por fin, descansar y llorar como es debido.
Remember, recordar..., sirve para no repetir el pasado o, para permanecer en un rencor y desprecio que aniquilan por dentro; no es cómoda ni evidente su separación, rememorar implica revivir el pasado y que fluyan las emociones de antaño, difícil lograr paz cuando las cuentas están pendientes y el cobrador dispuesto; un exterior más limpio y plácido supone purificar ese espíritu dañino, superar la pena, aceptar un relajado olvido; al menos eso dice la teoría, la práctica se presenta, como siempre, más inestable y complicada.
En esta ocasión, se rompen esquemas y la venganza sienta como regalo extraordinario, recibido tarde pero a tiempo de ser disfrutado; si yo no puedo olvidar y lo recuerdo todo, ¡que también lo hagan los demás!, ¡que lo sepa el mundo entero!

Lo mejor, ese magistral anciano de un guión estable, sosegado pero contundente.
Lo peor, que sin verla te la cuenten.
Nota 6,3


viernes, 11 de marzo de 2016

Deadpool

Basado en el anti-héroe menos convencional de la Marvel, Deadpool narra el origen de un ex-operativo de la fuerzas especiales llamado Wade Wilson, reconvertido a mercenario, y que tras ser sometido a un cruel experimento adquiere poderes de curación rápida, adoptando Wade entonces el alter ego de Deadpool. Armado con sus nuevas habilidades y un oscuro y retorcido sentido del humor, Deadpool intentará dar caza al hombre que casi destruye su vida.


Un guerrero parlanchín que agota.

Se llevan los héroes gamberros y descarados, faltones y maleducados, chulería en las formas para un atractivo porte, de osadía andante y soltura labial, que ose romper esquemas y pasar a ser ese prototipo de antihéroe con musculitos, poderes y todo lo demás que no aguanta estupideces, no se calla lo que piensa y hace lo que le viene en gana, según apetencia y momento; su adquirida potencia y fuerza, habilidad y destreza al servicio de asuntos y caprichos personales y, las necesidades de la ciudad de acogida o nacimiento ¡que les den!, a ella y a sus insoportables habitantes.
Supermanes que reniegan de ese ideal artificial de protección a las personas y ayuda a la humanidad, egoísmo de un punto de vista diferente pues, si alguien me jode y fastidia ¿por qué ser amable con él y no pagarle con la misma moneda?, multiplicada por infinito, por supuesto; injusto enfrentamiento de un combate poco original a estas alturas pues, dicho ocurrente juego -ya no tanto-, empieza a estar muy visto y super explotado.
Simpático y molón, sexy y divertido, don creativo para la retórica, son parte de los solícitos requisitos para el candidato al venerado puesto, que pase de las normas e imponga su ley según se disponga y, de equipaje en la maleta, haber sufrido un reciente e hiriente sentimental drama; todo ello con gracia y estilo, y ese garbo punzante y fresco de verborrea que alterna, por compases, al bravucón y bufón como condición imprescindible para ser chistoso y que surja el desternillante humor; la violencia como desahogo del enfado y la mala leche, la traición, el
desdén y la pena, anecdotario remate de un colofón que empieza a parecer el último comodín, para llevar a la audiencia a la sala de los cines.
Sólo que este titiritero con máscara y mallas es como el payaso del grupo, va de gracioso y ¡guay! y no lo es tanto; toda su palabrería a cámara, a los lados, a quien interesa y a si mismo, pues está encantado de escucharse, suena a fanfarrón fingido que cotorrea sin parar para decir poco de original/menos de ocurrente/escaso de gracejo.
Exagerado personaje, más tonto y jactancioso de lo normal si cabe, cuya forzada letra hablada no genera tanta diversión, ni risa, ni jolgorio, únicamente su insistente y sobrada petulancia; Tim Miller y Ryan Reynolds, con su traje rojo para que los malos no vean la sangre, parecen no caer en la cuenta de que, cuando te excedes en algo, tiendes a causar el efecto
contrario, y eso es una condena que sufre con tediosa constancia este pozo de la muerte, que cae al fondo del mismo para abundar y repetir su reiteración e insistente acción en él, sin casi remedio de salvación, y olvida ese esperada trágica o cómica muerte desternillante y jocosa, ya que ésta sólo es física y por número desbordante pues, puestos a matar y disparar, hagamos colección de cadáveres fúnebres, más alguno cromático que destaque.
Es un provocador guasón, de burlas continuas y desparpajo incesante, como centro de una personalidad vacilona que aborda la socarronería y la broma como arma seductora; su ritmo es ágil y juerguista, picardía intrépida que se incorpora a esos flasbacks temporales que recopilan información para que se perfeccione el destartalado cuadro montado, travieso e irreverente, agudo y locuaz aunque..., lo único que sigo percibiendo es una apremiada escenificación, de postizo resultado, que no provoca tanta risa, ni alegría, ni deslumbra con su diversión
vendida, únicamente desproporción y mesura que te llevan a esa postura adversa de escuchar el chiste, en boca de su atrevido locutor, y no provocar carcajada, sólo esporádicas alusiones a posibles sonrisas, no siempre confirmadas.
La pelea nunca es justa entre mutantes y mortales, aquí el humano se queda con ganas de efectiva genialidad, ingenio y coña, y no una extrema mutación que sobre-actúa, sobre-expone y sobre-explota; demasiada excedencia para tan desencantado plato.
Cuando cada frase pretende ser un chiste, de risa demoledora y espontánea, se produce un colapso que atosiga la recepción, complica su digestión y anula la sonrisa.
Pretende más de lo que es y no resulta, su comicidad y diversión ¡no es para tanto!

Lo mejor; el acierto indiscutible de su protagonista.
Lo peor; su pretendida vis cómica y chistosa es música que se percibe pero, no invita a bailar ni mover los pies.
Nota 6,5


jueves, 10 de marzo de 2016

El nuevo nuevo testamento

¿Qué pasaría si Dios existiese y viviese en Bruselas? Dios en la Tierra es un cobarde, tiene patéticos códigos morales y su conducta con su familia es odiosa. Su hija Ea, que se aburre mortalmente en la anodina Bruselas, decide rebelarse contra su padre, entra en su ordenador y desvela a todo el mundo el día d su fallecimiento, con lo que hace que de repente todas las personas reflexionen sobre qué hacer con los días, meses, o años que les quedan por vivir.


Quijotesca quimera, de nutrición dispar.

La he cogido con mucha ilusión y ganas, ánimo y confianza de pasar un rato espléndido pero, poco a poco estas aventuradas esperanzas se han ido desvaneciendo; ¿por qué?, buena pregunta que no deja de revelar del todo su incógnita escondida pues, era interesante y sugestiva la muestra de un Dios capullo, mezquino y desgraciado que se odia a si mismo y que vuelca su frustración, pésimo humor, decadencia y mala leche en su creado mundo, que tiene vicios, mujer amedrantada e hija que le aborrece, y cuyo único hobby y consuelo es acudir al ordenador de la existencia humana para divertirse jodiendo la vida de sus habitantes, más una cid campeadora que se revelará contra la influencia paterna, se liberará de su yugo y entrará a formar parte de uno de los nuestros.
Sólo que es ahí, en esa llegada accidentada y desconocida a sólida tierra donde empieza a ceder parte de su encanto y seducción primera, donde la ironía original y mordacidad provocadora, de apetitosa presentación, continúa su rumbo pero perdiendo lastre y efecto, capacidad de entusiasmo y de acidez en su aliciente pues, el encuentro, narración y contacto con los seis apóstoles y sus pretendidas nuevas escrituras adormecen, en lugar de mantener vivo el interés y su acompasado arrebato.
Desfallece todo el acelerado frenesí y socarrón fervor de inicio por una languidez y menopausia que, ocasionalmente muestra todavía síntomas aislados de su gracia, ocurrencia y sabiduría, por plasmar tanta brillantez de ideas en fresca y punzante letra pero,
en términos generales, ha cedido su osadía, ingenio y desvergonzada voz por un ralentí apagado, de personajes poco atrayentes, cuyo sabor no está a la altura del plato prometido, al sentarse a la mesa de tan vigoroso y desmadrado comensal.
Sátira envuelta en magia para desvirgar una realidad que se ofrece como alternativa, cuento bíblico convertido en show de marionetas de una humanidad al capricho de su egoísta y malcriado mandatario, la inocencia y beatitud como opción lela y altruista que pueden contra el desdén y la amargura, todo un cómico manuscrito que posee valiosas y afiladas perlas que azotan, impactan y deslumbran, un apartado chistoso y divertido que se entremezcla con otros roces menos gustosos y nutritivos; Jaco Van Dormael sigue la estela de la dulce fantasía como fábula reveladora de un presente amargo, con ese exquisito toque de excelentes sentencias de colisión escénica, aunque las susodichas no mantengan su alto poder de dialéctica e imagen conforme avanza el relato.
Estamos ante un nuevo caso de teoría apetecible y gustosa, de escritura inteligente, imaginativa, aguda
y dispuesta con armas eficaces, para la aparición de la sonrisa y su posterior carcajada, pero que en la práctica de su consumo se devora y analiza, reflexiona con esa misma aptitud de concordancia que no logra pasar de la mueca puntual y de una risa esporádica, una vez se llega a suelo terrícola y tangible, siendo el cochambroso apartamento celestial digno titular confirmado de ese humor y sagacidad latente, recibida, aceptada y sentida.
“Soy Ea, la hija de Dios, y me he escapado de casa”, tuve la ayuda de mi travieso y desaparecido hermano y de colegas perdidos y al uso que me acompañaron, esta es la historia de mi cambio de residencia y
adaptación al nuevo destino elegido, la picante y astuta diversión de mi antiguo hogar se irá diluyendo y pausando, sin intención pero de fruto apreciable; la vis comediante, de apertura explosiva y pertinente, pasará a un cuenta gotas de menor emoción y absorción en su caricatura.
Se estima y valora el descaro de su planteamiento, la perspicacia de su estilo, la revolución de su alternancia aunque, la verdad, esperaba reír y divertirme más.
“La vida es como una pista de patinaje..., si no hay aire, los pájaros caen”: éstos no llegan a caer pero si descienden el vuelo, al perder destreza e intrepidez su aire.
El nuevo, nuevo testamento se localiza en Bruselas, pero su confección no alcanza para la sesión completa.

Lo mejor; la picardía y originalidad de su propuesta.
Lo peor: su prometedor despertar se devalúa.
Nota 6,2



miércoles, 9 de marzo de 2016

Rock the Kasbah

Un manager musical viaja junto a su último cliente hasta Afganistán para una serie de conciertos. Pero una vez allí se quedará tirado, solo, y sin dinero, pasaporte o transporte para volver a casa. No obstante, y cuando peor se le estaban poniendo las cosas, conoce a una joven con una voz portentosa.


Insulto a la inteligencia cultural.

¿Quién ha caído más bajo de los dos?, ¿cuál de ellos necesita antes la jubilación anticipada?, ambos fueron grandes en su tiempo, época dorada de grato recuerdo, ahora perdidos en una patética cinta de manuscrito ridículo que pretende ofrecer, entre tanta banalidad y tontería, algo sólido y decente que sacar a la luz.
Hablo de Bruce Willis, como relleno breve, de Bill Murray, como caza talentos musical que acapara todas las escenas y de la hermosa Kate Hudson, que únicamente luce cara y cuerpo, de acompañamiento ocasional para endulzar la imagen, dado el derrotismo hablado que se percibe en cada intercambio de frases.
Porque no se que es peor, el guión en sí o verlos a todos ellos, recitar cada estafa y nulidad de palabra, en este montaje absurdo del cuento soñado de cenicienta de dejar sus trapos y cantarle al mundo con pasión y entusiasmo.
Sin refuerzos, con enormes vacíos, sin pilar de base, con grietas por todas partes, sin gracia ni tragedia, con mucho dolor por la ofensiva parodia o lo que quiera que se pretenda en este artístico show, donde cojea la estrella en la atractiva arena del bello desierto, donde el resto le van a la zaga en esa superficialidad, sin talento ni ingenio, que pretende un drama válido de valentía, superación y encuentro de la honestidad y decencia de cada uno arropado con comedia ligera y amena, pero únicamente resulta una bufonada sin gancho, falible y equivoca, que engaña y agravia a cada paso que avanza en esa
consecución del premio que se esconde tras el álamo Afganistan.
Humanidad y colaboración, buena voluntad y unión, superación de las diferencias y posibilidad de aceptación del cambio, cordialidad bonachona adornada con humor jocoso, de hilaridad y gusto puesto en duda, que no es divertido, ni tenso, ni lloroso, y que con una fotografía comarcal fantástica y una música deliciosa no emite más que frivolidad chistosa, de resultado vano, en su intento de hermandad y negociación de las nuevas reglas y condiciones.
“¿Qué pasó con la sonrisa que tenías? Sonrisa de ganador, la llamabas”, que como cuando Olé Olé fue a animar a las tropas, se trató de mucho ruido y pocas, escasas nueces, únicamente meneos de circense trivial para amenizar cansadamente haciendo gansadas. Otra cosa fue Marylin en sus tiempos, ya sea por glamour, espectáculo o visión de conjunto; aquí, la categoría de tributo a la primera mujer cantante en televisión cae en saco hecho polvo, sin rédito, compromiso ni atención, únicamente pasar el rato con memeces e idioteces y, esporádicamente aportar algo decente por error.
“El tren de la paz” pasea, coge velocidad, toma el país, sigue adelante pero, es un cuenta-mañanas sin
agudeza, interés o inteligencia, sólo beatitud final por quien se rinde homenaje pero, para entonces, ya te has tragado toda la payasada.
Rock the Kasbah, si al menos hubiese sido alegre, bailable y ¡entretenido! Insustancial en su valoración final.

Lo mejor; el motivo homenaje en el que se honra a la mencionada.
Lo peor; todo lo demás empezando por la base de un manuscrito banal, roto y de gran desatino.
Nota 4,4


martes, 8 de marzo de 2016

Copenhagen

Tras semanas viajando por Europa, el inmaduro William se encuentra en una encrucijada en Copenhague, el lugar de nacimiento de su padre. Cuando una joven danesa se hace amiga de William, ambos se lanzarán a la aventura de encontrar al abuelo de William.


Una bicicleta para hallar la serenidad de tus intempestivas fuerzas.

“¿Fue un buen padre?” “No, pero supongo que nunca supo cómo serlo”; pero su hijo lo intenta, por lo menos mejora y progresa adecuadamente, como en las notas del colegio, desde su primer día de clase a su confirmación como excelente alumno, con esa inesperada práctica con una tierna y amigable adolescente, que resulta ser la primera vez que se comporta como debe ante su sorprendente enamoramiento, que a él mismo asusta y sorprende.
Porque es una historia de amor, puro e inocente, el más hermoso y casto que existe pues se antepone la necesidad y valor de la persona amada a la propia, un relato de madurez y sensatez, de encontrar ese juicio y centro donde convergen ambas corrientes, de oeste a este, para compartir ese núcleo donde impera la estabilidad, la serenidad y la necesitada calma.
Evoluciona desde esa soltura, desfachatez, tontería y egoísmo de quien piensa, únicamente en si mismo, hacia esa generosidad y apertura de quien da sin esperar nada a cambio; ofrecer con gratitud, ante unos reconocidos sentimientos, que tumban al cobarde individualista para ser el valiente héroe que por siempre permanecerá en la memoria de esa bella joven que le mostró una dirección, que recorrió Suecia con él y le enseñó que amar, muchas veces es dar un lindo y cariñoso beso y dejar marchar, liberar para ser un perpetuo y bonito recuerdo de orgullo, bienestar y calidez inmensa.
Producción canadiense, en la que Mark Raso escribe
y dirige la sencillez de madurar a los 30, de adquirir la mayoría de edad a los 14, de coincidir en carencias para rebosar en aptitud, al eliminar esa escasez de arranque y principio; es juvenil, natural y cordial, sencilla y modesta, de camino ascendente hacia la integridad de quien experimenta y es más sabio gracias a ello; pequeña muestra, de intensidad leve en aumento, que no cuenta con un gran guión y profundos diálogos de escenas meritorias, pero donde su festiva andadura es dulce, cotidiana y absorbente por su semejanza y afinidad con la común vivencia.
No es gran cosa, se visiona con facilidad, se consume con armonía y, sin apenas darte cuenta expone su mensaje, para terminar aceptando con gusto lo ofrecido y pasar un rato distraído.
Copenhagen, centro de encuentro, punto de fusión, partida de intento que acaba en destreza de resultado obtenido; bonita, agradable, sentimental y afectuosa, sin caer en la pomposidad o dulcería, lo justo para pasar de la rabia e impotencia a la placidez y entereza de saberse y gustarse a si mismo.
Duración acorde, de urbana fotografía, humana, finaliza con una personalidad digna y grata de
emocionante aventura de veranillo que no se cuenta a los amigos, se guarda para uno mismo, para esa inmortal pareja que compartió unos días de felicidad y meditará por siempre, con cariño, sobre ello.
No es un regalo de lujo, pero tiene firme base de buenas intenciones, un verano azul de vivencia plena y reflexión floreciente, para dejar de odiar al mundo y empezar a valorarse.

Lo mejor; sus joviales emociones, de humilde respiración.
Lo peor; puede resultar anodina y chica.
Nota 5,6



lunes, 7 de marzo de 2016

La habitación

Para Jack, un niño de cinco años, la habitación es el mundo entero, la habitación es el hogar de Jack, mientras que para su madre es el cubículo donde lleva siete años encerrada, secuestrada desde los diecinueve años. La joven ha creado en ese reducido espacio una vida para su hijo, y su amor por él es lo único que le permite soportar lo insoportable. Sin embargo, la curiosidad de Jack va en aumento, a la par que la desesperación de su madre, que sabe que la habitación no podrá contener ambas cosas por mucho más tiempo.


Sin escape, aún estando fuera.

La historia sencilla y cómoda no es, la cojas por donde puedas te va a impactar, sobresaltar y enmudecer, y eso es el mínimo sentimiento que se puede esperar nazca de ti pues abruma, conmueve, rompe y estremece entre un montón de impresiones más imposibles de evitar o apartar; demoledor relato, de agónico planteamiento, que no pierde su miedo y claustrofobia aunque el espacio se amplíe pues, si la primera parte es espeluznante y diabólica por la situación desesperada que ofrece y esa increíble supervivencia sobrellevada, no deja dicho resquemor, inquietud ni congoja en esa apertura al mundo real, donde las habitaciones se multiplican y llenan de gente desconocida y cosas inabarcables.
Es una aplastante evolución de quien perdió su vida y volvió a encontrar esperanza al secuestrar la de su retoño nacido, una amarga liberación que traerá un complicado proceso donde las sensaciones se confunden y las emociones se disparan, todo desde los ojos de un inocente crío de cinco años que cambia su pequeño habitáculo, seguro y cotidiano, por la inmensidad impenetrable de todo a su alcance, gracias a la apertura de una simple puerta.
Ya no hay más magia, ni más cuentos, ni más invenciones ni engaños, la realidad asalta y hay que amoldarse, como se pueda, a ella; inesperada situación de tensión, estrés, incertidumbre y angustia ante esa nueva lucha por la adaptación y por
descubrir su sitio en ese abrupto presente, sin carcelero ni cerrojos, excepto el de ellos mismos.
Y mientras tanto tú les acompañas en su sufrimiento, desconsuelo, pequeñas alegrías, temores, invenciones y combate masivo con lo que traiga el día, sin perder un ápice de nada, absorbiendo cada paso con reflexión doliente, sin casi respirar para no perder detalle, sin emitir sonido, para que sean sus limitadas voces las protagonistas, y sin parpadear para no dejar de mirar, escuchar, apreciar y valorar esa incógnita compulsiva que es la vida de este chico desde que ha nacido.
Porque “mamá, ya tengo 5” años de fantasía inventada como escape a una horrenda y aprisionada situación, que se evapora ante el heroísmo y pavor de un pequeño que, sencillamente hace caso a su madre, pues “tú me salvaste” y creaste esa salida a paraíso, nunca más ficticio, donde todo está por saber y conocer, por vivir y experimentar, donde el asombro, desasosiego, alarma y confusión darán paso a un natural manejo de quien ya está conforme y ha podido adaptar sus ojos y tacto, reforzar sus
defensas y ampliar su mente a un territorio mayor.
Y el espectador, como magistral oyente y encantado vidente, de la mano se deja llevar por un guión de estupefacto inicio, de turbadora transición y de seguida intranquilizadora ya que, parece nunca vayan a soltar el yugo y las cadenas que arrastran durante tantos años, con conocimiento de saberlo o sin ello.
Porque hay dos personajes -maravillosa, sensible, emotiva y deliciosa la interpretación dual de Brie Larson y Jacob Tremblay, a cual mejor- para dos planteamientos distintos según la procedencia e información poseída; por un lado, a quien le fue arrebatada su vida y futuro plausible, por otro, quien nace y es todo su mundo esa pequeña habitación que parece enorme a ojos de quien no ha vivido otra situación; dependencia superviviente que también encadena y ahoga, impidiendo el avance y progreso de quien ya no necesita esconderse en el armario, pues tiene a su disposición el mundo entero.
Progresos diferentes para un manuscrito meticuloso,
potente e inspirador que sabe manejar los tempos y sucesos sin recurrir a la desfalleciente lágrima; te tiene atrapada, pendiente, estupefacta y atenta a cada palabra, para no permitirte caer en ningún momento y perder la conexión de este fascinante relato de vida, amor, constancia, despedidas y nacimiento.
Lenny Abrahamson ofrece un soberbio compendio de aflicciones a cual más profunda y sentida que devoran, aniquilan, paralizan e irrumpen sin permiso en toda tu alma, en ningún momento pierden la brillantez de la luz de sus gestos y voces, a pesar del sobrecogedor estremecimiento que ocultan en su oscuridad no manifiesta.
Vas a sentirla, vas a vivirla, vas a gritarles cuando no tengan fuerzas, vas a darles ánimo y coraje, simplemente vas a caer rendida; interpretación-guión-dirección en un espléndido trío de resultado magnífico, magnética colisión, de huella y conmoción inevitable, donde silencias tu espíritu y vacías tus pensamientos para prender y acaparar completamente las de ellos; déjate llevar y disfruta padeciendo.
“No soy una buena mamá”. “Pero, ¡eres mamá!”. Una habitación como mundo; un mundo como inacabable habitación.

Lo mejor; difícil elegir una parte de un conjunto tan completo.
Lo peor; que el trailer y la sinopsis te adelanten el descubrir, lenta y personalmente, ese primer encierro.
Nota 7


domingo, 6 de marzo de 2016

Nunca es tarde

Inspirada en una historia real, Al Pacino interpreta al envejecido rockero de los 70 Danny Collins, que a pesar de su edad no puede renunciar a su vida llena de excesos. Pero cuando su manager le descubre una carta sin entregar que le escribió John Lennon 40 años atrás, decide cambiar de rumbo y embarcarse en un inspirador viaje para redescubrir a su familia, encontrar el amor verdadero y comenzar un segundo acto.


Vejez y mala conciencia por lo visto, van irremediablemente unidos.

A partir de un hecho real, ocurrido en tiempo pasado, del que no se tiene conocimiento ni control de acto, se crea una historia fantasiosa de redención y expiación de las culpas por una vida llena de excesos, egoísmo e insensibilidad plena, la de una estrella del rock que cumple con el estereotipo de vicios, desorden y mala vida; una carta nunca recibida cuestiona el comportamiento de los últimos cuarenta años y abre la posibilidad de ese suculento juego, donde el condicional y sí..., deja espacio al descanso de una mente que se agarra desesperadamente a esa frase no resuelta, de ejecución por siempre imposible, pero cuyo pensamiento calma, sosiega y hace que uno no se vea tan miserable, mezquino ni horrible persona.
El veterano Al Pacino, que se divierte como nadie ejerciendo su perfeccionada profesión, al comando de esa iluminación que deshace maletas, interrumpe giras y deja volver a estar decente y a gusto con uno mismo; fuera alcohol, jovencitas y lo siguiente en el escalafón de la perdición, pasos de conocido recorrido llevados con la sencillez, amabilidad y dulzura de gustar, enternecer y no complicar mucho el asunto a una audiencia cómoda y encantada, que reconoce el relato ha sido confeccionado para agrado y estima de la misma.
Es bonachona, sentimental y de poco lío, no vayamos a editar un drama profundo, seco y austero que rompa esquemas y costumbristas moldes; todo en su punto, ligero y ameno, servicial y amable, se
presente el menú estipulado y no obvia ni un detalle en su resurrección, encuentro, rechazo, traspiés, insistencia, necesidad y arreglo familiar pues, es lo que vende, es lo que importa, es lo que el público espera.
“Nunca es tarde”..., si la dicha es buena, y aquí la fortuna de su válido consumo es el placer y deleite de ver a una gloria de la actuación seguir acaparando plano, aunque no cambie ni varíe en exceso su registro en sus últimos trabajos, pues Al sigue siendo un pilar fuerte y robusto que convierte, una sencilla y modosa historia de televisión o dvd, en algo digno de estrenarse en la gran pantalla.
¡No hay más!, beatitud y generosidad por parte de un espectador que perdona la candidez e ingenuidad de todo el tinglado por ver a un padrino que da igual el texto, la dirección o las instrucciones recibidas, simplemente se sitúa delante de la cámara, espera oír el pistoletazo de salida y se deja llevar por la acción para regocijo personal de quien no tiene nada
que demostrar, únicamente actúa y tú, como fiel admiradora, le sigues allá donde se mueva.
No es el texto, es quien lo expresa; no es la letra, es quien pone su voz en ella; no es lo narrado, es quien desfila por las tablas del celuloide teatro; admirado actor que da igual las candorosas y garrulas frases que le proporcionen, las dice como nadie.
No emociona, no crea lágrima, no surge la risa, no medita ni suspira por un abrazo, sólo es Al Pacino, de centro de diana, para regodearse todo lo que le venga en gana, rodeado de necesarios secundarios pues, incluso él, necesita de ayudantes que le den replica, aunque estén de decorado y paso para el gran invitado.
No es Danny Collins quien interesa y apetece, o cuya carisma motiva; es Al Pacino, así de sencillo.

Lo mejor; ver a Al Pacino mofarse de si mismo.
Lo peor; la inocencia y virginidad de un texto dócil y manso.
Nota 5,5


sábado, 5 de marzo de 2016

Spotlight

En 2002, un equipo de reporteros de investigación del Boston Globe destapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudió a la Iglesia Católica como institución.


“Realmente me gustaba ir de pequeño a la iglesia”

Sin duda alguna sigues la historia con detenimiento, con esa precisa atención que te lleva a no perderte ni una palabra, ni un comentario, ni una conversación e intercambio de datos y obtención de pruebas sobre verídicos hechos cuyo conciso interés, por parte tuya, es plena y absoluta; escuchas y asimilas todo el proceso como un encandilado mancebo que observa los detallados pasos y el arduo trabajo que se esconde detrás de esa demoledora noticia, que pondrá a prueba los cimientos de la poderosa iglesia.
Rigurosidad, pulcritud, claridad y evidencia de un proceso retratado con magistral técnica, seria formalidad y un gran respeto por la profesión referida, ese entregado y devoto periodista que vive con pasión y creencia su minuciosa y larga labor de día a día, de altas e inacabables horas tempestivas y que lo pone todo en juego según avanza el reportaje y las piezas van cayendo casilla a debacle; apuesta, sin remedio ni control, su sentido corazón, su maltrecho cuerpo, su agotada mente y su furiosa alma, ante todo aquello que está descubriendo.
Y tú le acompañas fielmente, a todo el grupo, a cada uno de sus miembros en su inagotable constancia por contar lo que se saben, por unir lo disperso, por confeccionar esa arma masiva que destruya el sistema; porque éste huele mal, cuanto más avanzas más apesta, y da igual si eres católico o judío, si creyente o al margen, no entiende de religión ni de abstemios ni de ideas propulsoras o arcaicas, simplemente asquea y, aunque la cabal exactitud y precisión de la narrativa ayudan a verlo como redactor jefe que lee desde cierta distancia objetiva, ello no quita seas consciente de la basura destapada
y del tiempo grotesco que hace que ésta se escondía.
Gran selección de actores, rectitud interpretativa por ser el humilde mensajero y dejar que la noticia destaque y acapare titulares, carteros de lujo para un detallado guión informativo que comunica y deja a tu elección la opinión desprendida y los sentimientos encontrados; vas consumiendo minutos, procesando la investigación, resumiendo lo encontrado, asimilando lo hallado como un jugador más de esta partida de a cuatro contra toda la institución del clero pues, ya no se trata de unos sacerdotes locales, estamos ante un patrón de conducta que no castiga a sus propios pecadores, sino que los perdona por su pequeños e inofensivos percances, los comulga por su predilección infantil y los transfiere a otra parroquia como premio por obedecer, acatar y arrepentirse de su inocente fechoría que seguirán cometiendo ya que, el Señor ama a todas las ovejas de su rebaño, con mayor lealtad y gratitud a sus representantes de sotana negra y alzacuellos blanco.
Es un laborioso reportaje, minucioso y concreto hecho veraz película; atrae, capta y mantiene el aliciente por lo que cuenta; cabeza/cuerpo/pie como estructura, énfasis fundamental en el medio donde
con armonía, vitalidad, prontitud y ritmo acompasado permite la entrada a ese minúsculo habitáculo donde vive y late Spotlight, la independiente sección investigadora del Boston Globe.
La referencia comparativa a la magistral “Todos los hombres del presidente” es clara, sencilla y latente, lo cual viene a confirmar la fuerza, carisma, sabiduría y destreza de su manuscrito y de la dirección llevada a cabo por un competente Thomas McCarthy, que en ningún momento permite que nada empañe o haga sombra a lo realmente importante, la noticia, su comienzo, andadura, elaboración y publicación definitiva.
Promesas de fe para abusos físicos que destrozan el espíritu, práctico conocimiento que no altera ni rompe la concorde estructura piramidal durante
siglos construida y mantenida; Dios en la cúspide del cielo, el único que se salva, mientras todos los demás terrenales que hablan en su nombre pringados por consentir y ocultar, o por ser los mismos autores de tal atropello, mientras la mancilladas y vapuleadas víctimas a consolarse a otra parte, que en la iglesia ya molestan con su insistente pesadez de compensación y justicia que no cesa.
Reporta para que pienses en ello, documenta para dejar constancia, comunica como homenaje a los verdaderos artífices de tan dura crónica, noticia para cubrir dos horas de entregado, esmerado y grato tiempo dedicado a la audiencia, reseña por necesidad suprema; debía ser contada y ha sido filmada con gran precisión y excelencia. ¡Bravo!

Lo mejor; la noticia misma que va tomando forma, más quienes la acompañan en interpretación, dirección y escritura.
Lo peor; el rigor y disciplina de las formas mantiene al corazón a salvo de la implicación, aceleración o la lágrima.
Nota 7

Nota: escrito antes de la entrega del oscar.