jueves, 10 de noviembre de 2016

La lección

En un pequeño pueblo de Bulgaria, Nadezhda, una joven profesora, trata de descubrir al alumno que roba en su clase, de manera que pueda enseñarle una lección acerca de lo que está bien y lo que está mal. Pero cuando se endeuda con prestamistas, ¿puede ella saber cuál es el camino correcto? ¿Qué hace que una persona decente se convierta en delincuente?


El bien, el mal y su difusa línea.

“Gracias al ladrón, toda la clase tendrá que pagar”, lección moral de una profesora a sus alumnos que, por circunstancias inesperadas, dará un vuelco, para ser la maestra quien aprenda la dura lección de que mejor no hablar, ni juzgar ni ejemplarizar cuando nunca se sabe de lo que es capaz una, cuando se encuentra atascada entre una hiriente pared y una amenazante espada, ninguna de las cuales tendrá misericordia, ni dará tregua, ante una imprevista deuda monetaria, que va de mal en peor.
No eres culpable pero sobre ti recae la pena, quieres arreglarlo pero los inconvenientes se multiplican, solicitas ayuda y sólo usureros de mala calaña tienden una mano; “el proceso está abierto y no se puede detener”, la hipoteca vence, la subasta se abre y la desesperada protagonista intentando dar un castigo ejemplar al alumno ladronzuelo, cuando ella se meterá en aguas movedizas de fondo devorador, que amenazan con paralizar la respiración de los suyos ante la idea de lo que se les viene encima.
Directa, natural, sin rodeos, precisa y contundente, con una férrea protagonista que tendrá que enfrentarse a sus dilemas morales, para salvar a su familia; el honor y respeto por una misma, frente a la
necesidad y urgencia de quedarse sin techo, todo está en venta, todos tenemos un precio, más cuando reina la incertidumbre, el desasosiego y el miedo y se está sola ante el peligro de quedarse sin nada y no tener con que alimentar a tu hija.
Un sólido drama búlgaro, donde se funden las dos caras de una misma moneda, calvario social ante un frío capitalismo, cuya absurda burocracia parece burlarse de sus civiles esclavos; de la estabilidad segura, a la extrema fatalidad, sin socorro al alcance, heroica madre coraje sin tiempo para la pena o la lágrima, cuyo temerario riesgo la lleva de cabeza a la cueva del oportunista lobo.
Realismo social, de tragedia humana, que se centra en la impasibilidad de un rostro comunicativo, que arde y se consume sin perder la compostura ni permitirse dar lástima; constantes primeros planos,
que realzan la fuerza y valentía de la mujer, su robusto carácter y firme temperamento.
Cine reivindicativo, ilustrativo y denunciante, del estilo de Kean Loach, que deja de lado la ambientación ficticia y se centra en una estética fotográfica agria, veraz y doliente, para una exasperación contagiosa que anula a la equilibrada persona, para convertirla en cazador superviviente, al precio que sea.
No es una cinta comercial, no busca simplemente entretener, cámara en mano pretende levantar conciencias, reflexionar y reflejar la propia imagen, con su invertido homólogo que, lo queramos o no, vive con nosotros y según circunstancias, hechos, penuria o exigencia adquiere forma y se hace presente.
Interesante película, cuya intensidad remueve al involucrado espectador; ella no llora, resuelve.

Lo mejor; su protagonista y la vigencia de su guión.
Lo peor; la escasa divulgación que se le otorga.
Nota 6,1
interpretación 6,5 guión 6,5 fotografía 6 música 5 realización 6,5 montaje 6


miércoles, 9 de noviembre de 2016

El hogar de miss Peregrine para niños peculiares

Una horrible tragedia familiar lleva a Jacob, de 16 años, a viajar por la costa de Gales, donde descubre las ruinas del hogar para niños especiales de Miss Peregrine. Mientras explora los destartalados cuartos y pasillos, se da cuenta que los niños que vivieron allí (uno de los cuales fue su abuelo) eran excepcionales.


“El mundo por descubrir” y Tim Burton estancado.

Estoy un poco decepcionada, la verdad bastante frustrada -y me dejo de cortesía ficticia-, esperaba más entusiasmo, más devoción por ella y no únicamente una magnífica recreación visual, que deja pobre a unos oídos, que no oyen una excepcional historia, y a una mente que no se ve nutrida, con una peculiar narración hipnótica.
La invención imaginativa, como base para superar el horror y dolor que siempre le acompañan pero, este cuento fantástico es satisfactorio en lo artístico, no en lo narrativo; no hay emoción, intriga ni suspense, ni magia que te succione con alegría y fervor hacia ella, ninguna sensación es alimentada, únicamente el sentido de una vista, que ve como se queda sola ante tan infructuosa encantada fábula.
Monstruos malignos contra inocentes niños, en un perpetuo bucle que les mantiene a salvo del paso del tiempo y el cambio del espacio, reiterativa repetición, de exactitud relójica, que se ve alterada e interrumpida por la llegada de un triste nieto, que echa en falta a su abuelo; ni la llegada al refugio, ni la explicación señalada, ni el contacto con los chicos, ni el descubrimiento de la historia, ni la llegada del enfrentamiento, ni la lucha de valientes contra esperpentos, ni el hogar en sí despiertan pasión o frenesí por lo contado.
Existe cierto desencanto por lo recibido, cierta desilusión por lo consumido, no hay ensoñación en la
narración, tu corazón no palpita con aceleración ni se inquieta, no sufre ni sueña, no se enamora ni impresiona, sólo escucha, que no es lo mismo que respirar con vehemencia su alma...
..., y en este tipo de películas, en este peculiar género literario, fantástico, debes volar, estremecerte, vibrar y ser voluntario miembro del equipo, por la encandilada hechicería sentida; no es una gran golosina, ni siquiera un suculento caramelo, la tarta prometía mucho y era deseosa la fiesta de cumpleaños, pero resulta que te aburres y desganas, por no saber estimular con gracia y atino la esencia de la audiencia.
Tim Burton, ya son algunos los desengaños acumulados tras conocer, hace tiempo, tu excelsa obra y ser fanática de ella; Miss Peregrine y sus niños
no son gran cosa, cierto es que el escrito no es cosa tuya y que el ingenio visto procede todo de tu talento directivo pero ¡es que firmas la película!, y cuando el espectador anuncia “voy a ver una de Burton”, ya hay, incluida en la sentencia, cierta elevada perspectiva con ansia de confirmarse, y aquí no hay lírica hablada, ni inspiración danzarina, los personajes no cautivan, no simpatizas con el hogar, no te mimetizas con su mundo, el hechizo poético de tus mundos no fluye, más bien se ahoga.
La construcción narrativa no es potente, ni sólida, pereza de remate en ciertos personajes se deja observar, esa puntilla deliciosa, que redondeaba a cada participante, en esta ocasión se obvia por inapetencia de grupo revuelto, sin estabilidad conjuntada, su estilo gótico se pierde, ante una
inocua absorción del relatado cuento, etc, etc, etc...
...,¡te has vuelto rutinario, Tim Burton!, ya es hora de que recuerdes el hogar del que procedes y ¡la peculiaridad con la que contabas!
Apunte reflexivo, de quien se distrae tontamente durante la película: ¿de qué sirve tener abejas en el interior?, ¿qué clase de peculiar poder es ese?

Lo mejor; su estética y Eva Green.
Lo peor; la desgana recibida.
Nota 5,7
interpretación 6 guión 5 fotografía 6,5 música 5,5 realización 6 montaje 5,5


martes, 8 de noviembre de 2016

Goodnight mommy

Es pleno verano, y dos hermanos gemelos esperan pacientemente a que su madre regrese a casa tras una operación de cirugía plástica. Cuando llega con la cara completamente vendada se muestra fría, distante y obsesiva. El cambio en su personalidad hará que los niños se pregunten si la mujer es realmente su madre o se trata de una impostora.


“Mañana despertarás de tus sueños”..., no de tu pesadilla.


Tres personajes y una casa rodeada por un bosque, lejos de cualquier contacto humano, son las cartas de presentación de este sobrecogedor drama; sin información de entrada se presenta con un rostro oculto por venas, de operación previa, y con el miedo de dos niños, Elias y Lukas, hermanos gemelos que están viviendo una pesadilla, pues su supuesta madre, de nuevo rostro aún no descubierto, se comporta de manera extraña, autoritaria y temerosa, para dos desamparados retoños que se sienten intimidados y asustados.
Inquietante y siniestra, y aún me quedo corta, juega con la sorpresa final, con el cambio de roles conforme vas descubriendo los hechos; minimalismo de espeluznantes silencios donde el mal y la inocencia se confunden, aprisionamiento sin escape, de torturado vuelto depredador, que no duda en aplicar mayor baremo de crueldad, asfixia y desorden a un carcelario, que ya no tiene las llaves de la trastornada cordura, y se ha convertido en preso de sus propios reos.
Con lentitud y sabiduría crea expectación y angustia,

incomprensión de un comportamiento materno que va elaborando, cual araña tejedora, una catarsis explicativa que colapsa con remate lo ya visto anteriormente; sencilla pero rotunda, vacía pero cargada de dolorosos sentimientos, que únicamente en ese enfrentado desenlace, de amarga y agitada resolución, salen a la luz de esa oscuridad perturbada en la que se mantiene constante el vidente.
Modesta, efectiva, lúgubre, terror psicológico del estilo de “Los otros”, de similar carácter y temperamento, que con su dilación de pausa y ausencia de diálogo abre una hondonada de interrogantes, sobre la anómala relación familiar que se observa.
“¡Tú no eres nuestra madre!”, o sí, o puede que esa no sea la cuestión principal, todo un interesante enigma que estupefacta, hiela y atrapa; las
actuaciones de los niños son mejorables, pero se compensa con la intensidad aislada, solitaria y escondida de lo desconocido, que tortura y desasosiega hasta sobresaltar emotivamente en su encaje lógico, donde la alteración se vuelve asombro, del tortuoso daño de fondo.
Adorable falta de empatía y desconexión con los personajes, como clave del disfrute incomprensible de lo impenetrable a primera vista, paciencia y atención para una diestra dirección que juega con los claros y oscuros, con el suspense estático, con la rebeldía escapatoria, con el sentimiento anti natura, con el miedo indefenso, con el abuso desquiciado,
con el infierno inocente... para dar las buenas noches justo en el momento oportuno y desvelar un misterio que acaba contigo, pues tras tanta angustia de encierro senil, es el espectador quien se colapsa, ante una mirada y reflexión que olvida la sensatez de la razón y se deja llevar por la conmoción de las emociones.
Buen trabajo de Severin Fiala y Veronika Franz, producción austriaca cortante, severa, gélida y determinante; imposible quedar indiferente y al margen, aunque no sea tu género favorito, si tienes calma y aguante de inicio, la espera merece la pena.
Psicología de sexto sentido, cuya perversidad presente es adulta y lobezna por partes iguales; tú serás la mayor víctima de tanta aflicción macabra.


Lo mejor; el inaccesible suspense que genera.
Lo peor; la interpretación infantil.
Nota 6,2
interpretación 5,5 guión 6,5 fotografía 6,5 música 5,5 realización 6,5 montaje 6,5


domingo, 6 de noviembre de 2016

El ayudante de cámara (tv)

Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de teatro shakesperiano intenta levantar una representación de El Rey Lear. El principal problema es el director, un brillante y tiránico actor, insufrible para todo el equipo. El ayudante de escenario, el devoto Norman, intenta salvar cada crisis mientras a su alrededor comienza el bombardeo del Blitz...


Entretenimiento señorial, de inteligente oratoria.

Un magnífico recital interpretativo de Ian McKellen, Anthony Hopkins y Emily Watson para tres absorbentes personajes, Bonzo, Pussy y, por supuesto, Norman, the dresser, el auxiliador y atento ayudante de cámara, cuya desbordante y carismática presencia te guían por toda la obra, esa magistral pieza de teatro que tiene lugar entre bambalinas, a la espera del socorrido alzamiento de telón que los lleve directo a su adicta platea escénica.
Un camerino, muchos nervios, preocupación y prisas, deliciosa e ininterrumpida magistral dialéctica y el divino espíritu de quien vive para y por su trabajo artístico, pero cuya mente fatiga y se halla ida y confundida en una exhausto y agotado cuerpo, que le sabe incapaz para su labor intérprete; pero “no puedo, no debo y no lo haré”, son palabras soberbias de quien, momentáneamente recupera la cordura del espacio y la lógica temporal, y que está a segundos de entregarse a un devoto público, que nada sabe del
desbarajuste y caos martirizante que ocurre tras las cortinas del anfiteatro.
Cancelar o no la sesión, esa es la cuestión, para una representación shakesperiana que pasa de “Hamlet” para centrase en “El rey Lear”; fuerza, concentración, poderío, garra, desvaríos respetuosos de quien, enfermo, sanea y se crece al actuar dentro de su adulado personaje; una delicia de incesante retórica que permite desplegar todo su arte, y es mucho, a sus tres distinguidos actores protagonistas.
Un nuevo éxito de la televisión británica que certifica, una vez más, que no por ser un producto de consumo hogareño tenga nada que envidiar a los estrenos de la gran pantalla; es más, demasiados
hermanos fílmicos deberían aprender de la sencillez y magnificencia de este pequeña joya.
Escuchar y observar, ambos sentidos, oído y vista, se verán gratamente recompensados con la demostración dramaturga de una sonora voz expuesta; la tiranía excéntrica del actor frente a la cordialidad homosexual de su inseparable ayudante, un amor platónico, bajo la segunda guerra mundial, rodeada de la grandeza del estrés, de la necesidad, del amparo, del esmero, de la dedicación de quien se entrega, en fervorosa alma de equipaje maltrecho, a su profesión amada.
Se alaba al actor, se tributa al teatro, se ensalza el género literario, el guión impacta de manera estimulante e hipnótica, un remake de “La sombra del actor” de 1983, cuyo mayor empeño es dejar claro su esmerada deferencia por su formato
dramático, dejando al margen cualquier naturalidad o llaneza que le acercara con comodidad a la audiencia, y optando, con acierto, por mantener la poderosa exageración trágica.
Son artistas, dramaturgos, líricos, están más allá de lo terrenal y mundano, el escenario es su pasión, su vida el aplauso del público y Richard Eyre, rueda, con sobriedad y autoridad, el manejo sobrante de quienes recitan el texto, con la autosuficiencia de ser excelentes en ello.
Para público específico, de exquisito sabor elegido, que disfrutará de una maravillosa cinta teatral, cuya placentera respiración es de apreciada entrega.

Lo mejor; el guión y sus actores.
Lo peor; larga para quien no ame la obra Shakesperiana.
Nota 6,6
interpretación 7 guión 7 música 6,5 fotografía 6,5 realización 6,5 montaje 6,5


sábado, 5 de noviembre de 2016

Tras la pared

Él es un inventor de juegos y rompecabezas, muy celoso de su trabajo, que sólo se puede concentrar en absoluto silencio. Ella es una pianista consumada que no puede vivir sin música y que se prepara para un concurso de alto nivel. Una comedia romántica sobre dos personas aparentemente diferentes que se enamoran mientras viven separadas por una pared.


Alma desnuda, en conversación grata.

En los tiempos en que se rinde culto al cuerpo, donde el otro entra irremediablemente por la vista antes que nada, esta comedia romántica parte de la base contraria, del romance que se establece entre dos personas, en peculiar cita a ciegas, que nunca se ven, separadas por un frágil muro de vivienda de edificios no contiguos a través del cual se comunican incesantemente, siendo el habla e intercambio de personalidad lo que atrae y enamora.
Una pianista introvertida, harte de que los hombres la manden, que llega a piso alquilado/un creativo huraño, harto de la gente y sus estupideces, encerrado voluntariamente en casa, mengana y fulano como se hacen llamar -pues ni siquiera el dato etiquetado del nombre es necesario para conocer el interior de una persona-, que empiezan a malas, de riña vecinal constante -como toda buena pareja con futuro-, pero que pronto tienen ese momento de tregua exhausta y sinceridad repentina que les lleva a descubrirse, interesarse y querer saber más del ingrato, ahora seductor vecino, donde se mantiene el pacto de negada identidad física, pues su relación es perfecta para ambos tal y como está.
Y a partir de ahí trata de vender simpatía, cariño, dulzura y diversión ocasional de entretenimiento medio, y aunque no lo logra con efecto pleno, es verdad que sus dos protagonista encantan lo suficiente para seguir viéndola, a pesar de ser
consciente de su calidad estándar neutra que poco logra, aparte de amenizar un tiempo moderado con escaso material, de bondadosas intenciones.
Es buena la idea, amor de verbo y dicción, donde el individuo se crece y hace valer al no depender de su esmoquin corporal y ser el interior de su esencia la que adquiere forma, en la mente y corazón del receptor ávido de oírle; pero como tantas otras veces, del querer al lograr puede haber un inmenso abismo, y aunque aquí no es de tan vasta anchura, si es de obvia distancia entre lo pretendido y realizado.
El guión posee las armas justas para ser agradable, complaciente y bondadoso -con leve toque de lela simpleza-, espíritu candoroso y pueril que no hiere, ni hierve, ni levanta expectativas, todo ligero, fugaz, libre de ninguna carga y olvidable al instante de su
consumo; cierto es que ejecuta con cierto sabor y gracia, lo suficiente para que surja la sonrisa y esa actitud condescendiente de quien mira distraído, aunque sin gran atención ni mérito por ello.
Ojos que no miran, pero con profundidad sienten, a través de esa relajación y confianza de mostrarse como se es en alma, relegando lo tangible a desdeñable secundario; pero la carne tienta, excita, se impacienta y solicita desahogo, el contacto carnal llama insistente y rompe la beatitud de armonía establecida.
Las palabras son hermosas/el abrazo necesario, las manos del ser amado acariciando la piel y el beso de sus labios requisito de urgencia que se puede postergar un tiempo, pero nunca indefinidamente sin fecha prevista de encuentro y mezcolanza.
“Encontré una compañera que me brinda lo buscado, el amor que yo siempre he añorado, sólo para mi”; bonita ¡poco más!

Lo mejor; la escena final y la gracia de sus protagonistas.
Lo peor; el común hastío de no consolidar una óptima argumental idea.
Nota 5,1
interpretación 6 guión 5,5 música 5,5 fotografía 5 realización 4,5 montaje 4,5


viernes, 4 de noviembre de 2016

Cuando tienes 17 años

Damien, hijo de un soldado, vive en un cuartel del sudoeste francés con su madre, que es médico, mientras que su padre está en misión militar en África Central. En el instituto sufre el maltrato de uno de sus compañeros, Tom, cuya madre adoptiva está enferma. La repulsión y la violencia que muestran el uno hacia el otro se está volviendo problemática; pese a ello, la madre de Damien decide acoger a Tom bajo su techo.


..., una tortura silenciosa, de confundida mirada.

Nadie dijo que enamorarse fuera fácil, ni que vivir el amor diera seguridad de continuación de éste; miedo, desconcierto, incertidumbre, la vida se nutre de ellos, pero también de cariño, alegría y esperanza, pues mientras se está vivo la oportunidad existe, sólo hay que darle espacio y tiempo para que llegue, crezca y madure.
Pero la paciencia no es la mayor virtud de la adolescencia, con sus hormonas en ebullición, sus arrebatos tempestivos y sus incontrolados deseos, de efecto inmediato pero reflexión lenta y atolondrada; el cuerpo manda, para errar en forma y precipitarse en valentía, y así dar paso a una reposada razón que confirma los sentimientos y mueve, de nuevo, a ese efusivo traje corporal, ahora sí, con más acierto.
Dos jóvenes, de distinta crianza y experiencia desigual, cuyas confundidas emociones marcan su pauta de andadura, en una tensa relación de atracción/desprecio, que irá progresando según las circunstancias les unan y den lugar a bajar la guardia, intimar y descubrirse.
La mirada/el recelo, las dificultades/las comodidades, la gratitud/el vilipendio, lo dicho con la mirada/lo silenciado con las palabras, los puños ante la ausencia de abrazos, el golpe de las manos, como anhelo de caricias lejanas; los 17, una edad complicada, ardiente, temerosa, vibrante y llena de opciones, aún se está por conocerse, por reforzarse con la sólida confianza de los años, pero por ello mismo todos es nuevo, inocente, torpe y aturdido, hermoso e inhóspito, ferviente y doloroso.
André Téchiné ofrece el relato juvenil de un amor, que madura y se afianza mientras la vida pasa y sus
emociones, ilusiones y pormenores marcan la existencia y la personalidad de sus allegados; naturalidad y cercanía, viveza y compartida empatía son sus triunfos, te mantiene con entusiasmo, con dedicación, con expectativa atenta a sus trimestres, una sentido año escolar, de inolvidables sucesos y recuerdos de por vida.
La comparativa situacional atrae, interesa su equívoco juicio, seduce su actitud mutua, caldea su fogosidad invernal y su florecer primaveral, todo es Tom y Daniel, dos jóvenes situados en los pirineos franceses, que están por entrar en la edad adulta con todo lo que ello conlleva; pero su historia no acaba de definirse con concreción, toca muchos puntos sin explotar ninguno con plenitud, para conformarse con ser agradable y simpática.
Sin duda gusta, les coges cariño y sigues su rumbo con entretenimiento grato, sus interpretaciones están abiertas a formar parte de su narrativa, avanza con exactitud consciente del control de los tiempos y, aunque cercioro que falta más incursión aflictiva e
intensidad afectiva de curiosidad no resuelta, también confirmo que no se echa de menos durante su concentrada visión; una entrega satisfactoria, absorbente y digerible, gracias a la apertura cariñosa de sus tres intérpretes en sus respectivos personajes.
¿Cómo se combina ambas sensaciones?, nada más acabar estás contenta y complacida con la narrado, a medida que digieres su consumo echas de menos una exploración más profunda, más redondez en su remarque, mayor absorción en su sensibilidad expuesta.
“...te falta confianza en ti, en los demás, en la vida misma”, son los diecisiete, sus portavoces por igual se apasionan, retraen que se vuelven locos de
impotencia, todo por saber se creen que ya se sabe, con energía sobrante ésta domina mayormente las acciones aunque, ya la cavilación y su pensamiento empiezan a surgir con fuerza, todo se vive con potencia y entusiasmo para, por siempre, ser recordado.

Lo mejor; la comodidad transmitida de sus actores.
Lo peor; el guión, en el fondo, simplemente busca agradar, no perforar.
Nota 6,1


jueves, 3 de noviembre de 2016

The daughter

Un joven regresa a su ciudad natal y descubre un oscuro secreto de la familia que podría destrozar las vidas de aquellos que dejó atrás.


Sobrevalorada oculta verdad.

“Con el tiempo es mejor una verdad dolorosa, que una mentira útil”, por tanto, y en boca de un alcohólico en plena borrachera, “no necesitas sentir miedo de la verdad”, se supone que ésta une y hace libres, pero te equivocas, algunas verdades son innecesarias, no aportan nada bueno ni ayudan lo más mínimo, únicamente destrozan y causan profundo dolor ajeno, irremediable, y no todo el mundo está preparado para una imprevista sinceridad, que romperá corazones y fustigará la inocencia dichosa de estimadas y bochantes almas.
“Es tan antiguo como las montañas”, historia tan vieja como el mundo y, aunque es fácil adivinar el secreto de su drama escondido, no importa, su punto álgido mira hacia los sentimientos de quien, devastado, quiere hacer partícipe a los demás de su mísera ruina y destrucción, pues el mal compartido se lleva mejor y no hay peor sufrimiento que padecer roto y hundido, mientras los de alrededor viven su felicidad con jodida alegría, sin miramientos hacia tu invasora desgracia.
La familia, su pasado, presente y tapados vaivenes, las relaciones paterno-filiales y el amor, recibido u obviado, como centro de la polémica; son los actores los que sostienen la película, su sólida y marcada interpretación, de involucrada generosidad, absorbida plenamente por el vidente, puesto que el relato, en sí, no llama poderosamente la atención, es una clásica tragedia de familia pudiente, en el mundo rural de un pequeño pueblo, donde los secretos
revelados tensan las relaciones entre ellos.
La dirección presenta, como lanza seductora y diferencial de un suceso cotidiano, según épocas y niveles, el letargo escénico, la paciencia observadora, los paisajes comunicadores, la fotografía atestiguada, una visión y habla desconectados por aflicción y hallazgo, con esa gestualidad de incendiado contraste..., como parte reclamante de su hábil escogida manera de relatar una sensible crónica, que va directa al matadero explosivo de la inoportuna honestidad, a través de un hijo dolido, enfadado y colérico, con su afortunado padre odiado.
“¿Podría ser tu hija?”, y el deshojo de la margarita lleva a un sí de respuesta confirmada por el propio argumento, para introducir al espectador en esa inquietud, de participar de la verdad y temer si ésta será revelada o silenciada por su involuntario receptor, angustia no demoledora, pero si preocupante de seguir los pasos y actos de este
anulado retoño, ya crecido, que tiene excesivas cuentas pendientes sin aclarar ni resolver.
Padre que decepciona, más hijo resentido, igual a esa tercera opción que aún está libre de carga y tiene a su disposición el no heredar la costosa y amarga herencia familiar; adaptación de la obra de teatro “El pato salvaje”, es emotiva, frágil y lacerante, se viven sus sentimientos con la serenidad y temple de una introducción calmada, sin prisa pero con paso firme, que como los buenos cuentos introduce despacio a cada personaje, su lugar y situación, para más tarde, y con la misma tranquilidad y sosiego, romper la
beatitud y clamar al infierno por lo hecho.
“The daughter”, la hija de todos y de nadie, toda luz, sonrisa y alegría, inteligente y curiosa por edad y conocimiento, de personalidad única, su ignorancia será un regalo arrebatado por sorpresa, de inevitable desgracia.
“Después de la verdad, no hay nada tan bello como la ficción”, y en ella preferirían estar.

Lo mejor; sus actores y fotografía.
Lo peor; en su tardanza por arrancar puede perder adeptos.
Nota 5,9


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Rumbos

Una gran ciudad. Una calurosa noche de verano. Varias historias personales que se entrecruzan a través de personajes que transportan su pesado equipaje vital: dos adolescentes en un descapotable buscando aventuras fuertes, un taxista herido por una traición, un camionero enamorado por primera vez de una mujer con un triste pasado, un amante curtido en mil batallas, un enfermero que no sabe olvidar, una mujer abandonada sin explicaciones y una esposa cansada de esperar.


Me quieres, pero no me amas.

Historias dentro de una historia, éstas tienen poco tiempo y espacio para desarrollarse, así que deben aprovechar con inteligencia los minutos concebidos, para ofrecer un desarrollo digno y consistente que atraiga e interese, no un simple desfile de reconocidos actores, en situaciones simpáticas o amargas, que apenas transmiten ni aportan nada.
Diferentes cortos dentro de un largo, mismo tema de fondo con variación en las circunstancias y desenlace y el amor, en sus alternativas versiones, es la estrella en estos casos; enamoramiento fugaz, inicial o terminal, según se tercie, y todas las sensaciones de esperanza o desilusión que genera.
Se requiere habilidad para narrar con brevedad, hay cierta tendencia a posible insatisfacción, ante la vacuidad o falta de remate de las narraciones; debe haber gancho, corazón y empatía con los relatos y sus vidas, gracia y encanto suelen ser sus señas, entretener ligeramente su finalidad generalizada.
4:30 de la mañana, la voz de Julia Otero anuncia náufragos nadando en un océano de asfalto, etiqueta de estas seis historias entrecruzadas y, aunque empieza con saludables ganas de interior apetecible, pronto va perdiendo fuerza y fuelle hacia una tibieza
de desinterés, que no aportan apetito consistente o nutritivo de complacencia o agrado.
Un programa de radio y la carretera conectan a un grupo de personas que se mueven entre un taxi, un deportivo, un camión, una ambulancia y un autobús, buenas actuaciones, de cercanía dialogante, para alternos grados de soledad de resolución necesitada, todo envuelto en una fotografía urbana que juega al encaje matemático con excesiva comodidad y desgana en su apuesta de rodaje, pues tienta a no prestarle toda la atención debida y obviar parte de su rumbo.
“¡Tú nunca preguntas nada!” y se cuestiona si es indiferencia o confianza dicha aptitud; para el aburrido vidente es la primera, y va creciendo al ritmo insustancial que los duetos provocan, pues ni captan, ni emocionan, ni van más allá de un oír por
ver, pues es tan sólo hora y media de cinta y programa.
“El que espera desespera” y no andas lejos del tal sentimiento, a la simple dirección de Manuela Burló Moreno se le añade un alma sin compromiso ni atractivo, sin sabor ni jugo que no involucra al espectador, el cual se queda oyendo y mirando pero con hambre de historias más suculentas, con entidad más gustosa y más carácter en su personalidad.
“Rumbos”, una película nocturna, afligida, de añoradas ausencias, en personajes cotidianos con necesidades al acecho que reclaman sustento; sus diálogos son poco sutiles, sus escenas demasiado indolentes, el accidente y el azar su cosido de anexo, todo con buena predisposición, de absorción pobre y anémica, pues carece de solidez en su esencia..., se confirma la tendencia a la insatisfacción indeseada.

Lo mejor; sus actores.
Lo peor; diálogos que no inspiran una acentuada atención.
Nota 5,7


lunes, 31 de octubre de 2016

Que Dios nos perdone

Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores de policía Alfaro y Velarde deben encontrar al que parece ser un asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido.


Y arrepentido ¡le pilló Dios!..., pero ya no valía.

“¿Qué harías si lo tuvieras enfrente?”, disfrutar de este rotundo, vibrante y elaborado guión, un magnífico thriller policíaco, de negro dramatismo, de intensa tensión, de ironía macabra..., redondeado espléndidamente por unas sobrias y estupendas interpretaciones, de naturalidad y realismo absorbente.
Dos soberbios actores, avaladados firmemente por su grupo acompañante, en un argumento intrigante, perspicaz y eficiente en su labor de atrape y suspense, de desasosiego e incertidumbre, de investigación, rivalidad e intimidad que se vive con interés, pasión y determinación gracias a una sólida estructura, que se desarrolla con precisión de solvencia, para crear ese ambiente puro, tormentoso y descifrador de un asesino en serie, que comparte demasiado con los investigadores que le buscan a la contrarreloj caza.
Uno bravucón, violento, insolente y auto destructivo, de la vieja escuela/el otro tartamudo, introvertido, observador y conciso, ambos con problemas en su vida personal; las relaciones en cercanía no son lo suyo, se les da mejor con muertos y culpables aún desaparecidos; la brutalidad una forma de expresión/la serenidad fingida, calma que inquieta, se entienden y soportan por tramos, les une la voluntad de resolución del caso; con oscuros y claros, más de lo primero que de lo segundo, de esforzada alma y corazón tempestuoso captan la atención del espectador y su vigilia, sus ganas de conocimiento y

comprensión con una veraz atmósfera, que se respira y goza con sencillez de pleno acierto.
Lo que se esconde y manifiesta, en un verano de calor asfixiante y confusas ideas, que potencian un temperamento que se intenta controlar; orden y pulcritud frente a estallido caótico, presión, estrés, frustración, todo envuelto en un insano cóctel sentimental, de sensaciones punzantes y emociones tirantes, que Rodrigo Sorogoyen maneja con destreza de adecuada dosis, para lograr esa enfermedad afectiva hacia una historia con carácter, de temperatura creciente, cuyo diagnóstico es hipnosis sistemática, de eclipsada razón, y su receta sentarse, sentir, escuchar y dejarse llevar.
“...., contaría hasta diez antes de actuar”, y como en toda anestesia, quedas ensimismada y traspuesta mucho antes de llegar a tan mágica cifra por su vivacidad, energía y discurrido tullimiento; a estas
alturas no voy a descubrir el demostrado talento de Antonio de la Torre, obviedad artística, una vez más latente en esta nueva aguda actuación, reforzada con maestría por un potente Roberto Álamo, como amargado de desgraciadas aventuras; un convincente trama de resultado gratificante, digno representante del mejor cine español.
Sórdida y opresiva gusta a amantes del género, a la audiencia genérica y a críticos con la filmografía de la tierra; trabaja sin descanso, en su angustia respirable/en su antítesis irrespirable, ambivalencia
represiva, de interior sugerente, que explosiona por
inesperadas descargas, de absorción suculenta y satisfactoria.
“Que Dios nos perdone” y ¡que nos coja confesados!, ante un mal inminente, de ejecución inevitable y consecuencias desastrosas..., buena ¡sin más!


Lo mejor; guión, interpretación, ambientación y dirección.
Lo peor; que no hayan más, de mismo estilo y calidad.
Nota 6,9


sábado, 29 de octubre de 2016

Maggie's plan

Maggie, profesora y mujer decidida, está preparada para ser madre soltera. Sus amantes no le duran más de seis meses, pero tiene un donante ideal. Con la muestra en la mano, se le declara John, un compañero casado...


Interesante paso del tiempo y los anhelos.

Es confuso escribir sobre esta película, dar una opinión concreta, aún no definida del todo, tras verla, pues sigue reinando el revuelto de pasos observados, en un encadenado término sensato.
Porque la protagonista es un desastre intelectual de buenas intenciones, que no aciertan en su propósito ni en su destino; simplemente se deja llevar por un azar, al que trata de evitar a toda costa, con sólidas y meditadas decisiones propias, para descubrir que ha sido víctima del oleaje y la agitación de ésta, con guasa de punzante y calamitosa broma.
Como representante medio del ser humano inteligente, resolutivo, y al tiempo perdido y desconcertado, quiere decidir por si misma su rumbo, ser ella quien dirija el navío de su aturdida existencia, por lo cual se embarca en un objetivo de madre soltera inseminada, para terminar lamentando acabar en extremo opuesto y conjurar por salir indemne del enredo, con una amañada jugada que sirve una coercitiva mesa de tentativa telaraña, para que los elegidos comensales, víctimas inocentes de su propio ego, disfruten de la comida trampa que liberará a la asfixiada princesa, aprisionada en castillo indeseado, que en su día estropeó dirección y obvió su deseado camino.
Y soy tan enigmática en mis palabras porque lo contrario sería revelar la gracia, sorpresa e ironía de un argumento fresco, torpe e intrincado, que tiene su gran baza en ese envolvente aroma a lo mejor del excéntrico ridículo de Woody Allen, más el ardiente frenesí de Baumbach.
Sólo que la combinación de ambos no llega a puntos estrambóticos rojos, ni a profundidad mordaz en su pretendida incisión; es aguda, locuaz, libre y
simpática, posee esa dulzura del amor imprevisto que todo lo puede y todo lo arruina, para volver a una calma de finalizado inicio, donde se disfruta de haber llegado sana y entera tras tanto vaivén y estropicio.
“Sólo enfrento mi realidad” y con ese loable propósito una ingenua, ágil, mareante y expresa mujer soltera, abre las puertas de un periplo de sentimientos equívocos y emociones chispeantes, que la desorientan y trastocan hacia erróneo sentido, bien rodeada de secundarios de lujo que la ayudan en su imperfección de andadura desordenada y divertida; Greta Gerwig, Ethan Hawke y Julianne Moore, un trío magnífico para un jardín de caótica relación a tres bandas, que posee su personal jardinero y su ocasional rosa, más aquella otra flor madura, concisa y firme que siempre espera su vuelta de interés y atractivo.
Una pequeña historia, catalogada como comedia romántica indie; no me gusta dicha etiqueta pues su
comicidad y romanticismo fluyen frágiles, esquivos e incoherentes como la vida misma, con inoportunos desaciertos que llevan a acertadas decisiones, tratando de no herir a nadie entre medias y, a poder ser, resolviendo de una vez por todas que se quiere e ir a por ello, sin torcer timón ni soltar amarras.
“Lástima que no se pueda devolver a un marido a su ex mujer”, y con la posibilidad de ello este incesante dialéctico guión, de sabia dirección invisible en su captación, juega a juntar, romper, liar y volver a unir, en un recorrido ameno de sentimientos dulces que entonan, entretienen y agradan, por su revoltijo de diestro apaño.
“Maggie’s plan”, unos planes que la propia Maggie olvida temporalmente para actuar de alcahueta y tener, de nuevo, la conquista de los mismos a su alcance, todo ello rodeada de buenos amigos consejeros que de nada le sirven.
Una cosa es lo que se quiere, otra lo que se puede,
otra lo que se consigue, otra lo que se añora, tras tanto rompecabezas de destartalado viaje..., y aún así, hay esperanza de felicidad plena.
Sin ser explosiva es ocurrente, a nivel de anécdota curiosa sobre el devenir de la vida y sus inesperados deslices y contratiempos.

Lo mejor; las intenciones liantes de su guión y su trío protagonista.
Lo peor; en la práctica, tan prometedora teoría no remata con avidez ácida.
Nota 5,9



viernes, 28 de octubre de 2016

Bad hurt

Narra la batalla de una familia de permanecer juntos a pesar de los demonios personales y secretos destructivos que amenazan con despedazar su unión.

Nadie quiere estar en su lugar.

“Bad hurt”, malheridos, ¡y vaya si lo están!..., en esta familia desecha y golpeada, con una hija retrasada -como prefiere decir la madre- enamorada e intratable, con un hijo ex-combatiente de Irak, seriamente dañado con estrés post traumático de su experiencia militar, con otro desesperado por impresionar a su devastado padre, ex-alcohólico a punto de recaer, pues está al límite del aguante y no supone ninguna ayuda para una esposa resignada/madre luchadora que no se queja, que no abandona y que cuida de todos menos de si misma, todo ello en un pequeño pueblo olvidado de la mano de Dios, de costumbres y relaciones cercanas, donde todos se conocen para bien o para mal.
Pesa, asfixia, aflige, su argumento duele y se sufre con angustia, puesto que parece que ninguna alegría es merecedora de llegar a un hogar de buenas personas, en las cuales el destino se ha cebado masivamente.
Su objetivo es plasmar cada uno de los personajes, situación y trayectoria con recóndita sensibilidad y pesadumbre, así como la unión sólida entre ellos, o distanciamiento de verdades confesas según momento y espacio; la dificultad del día a día, la apatía generalizada, la decepción de los rotos sueños, la extenuante lucha, el quebradizo ánimo, el
ocasional enfrentamiento, el agotamiento de la resignación..., todo sin perder de vista que son una familia y lo que ello significa.
Aceptar la realidad y dejarse de historias distorsionadas, que manipulan el presente para hacerlo más soportable, pero también exasperadamente fraudulento; el amor, el rencor, la ira, la desidia..., un conglomerado de sentimientos hondos, frustrantes y dolientes, para un drama sencillo en su planteamiento/arduo en su recogida mochila, de peso profundo y espeso.
“Shock es cuando estás tan herido que no sientes nada”, exhaustivo análisis sensitivo de un clan y sus perniciosos secretos, cuyo cuerpo y mente son golpeados sin tregua y con inmerecida amargura; sincera y concienzuda en su denuncia, según papel y situación escogida del personaje -trato discriminatorio a discapacitados, atracción sexual entre ellos, abandono del cuidado del soldado herido
por el ejército, matrimonio distanciado e indignado por el destrozo situacional derivado, idolatrado hermano hundido, las drogas y su abuso, la inocencia y sus gestos...-, con intensas interpretaciones a la cabeza, que ayudan a esa atenta mirada ofrecida gracias a la guía de un conductor de autobuses para gente deficiente, que aspira a ser policía y válido ante los ojos del padre.
Dura y agria de observar, es la honestidad interpretativa del rostro de los actores lo que cautiva y alienta; es implacable, es consistente, es perseverante, intimidad relegada al olvido por una
calamidad de sentimientos encontrados que abruman, atacan y comprometen.
Vivieron tiempos mejores de felicidad y esperanza plena, ahora adormecidos, agotados y exhaustos por un presente malogrado y ruinoso, sobre cuál futuro nadie se plantea hablar o imaginar, pues ya tienen bastante.
“Bad hurt”, malheridos, ¡y vaya si lo están!..., pero en unida y orgullosa familia.

Lo mejor; la cautividad facial de sus actores.
Lo peor; la dirección de Mark Kemble, novato en la materia, no da mucho juego.
Nota 6,1


jueves, 27 de octubre de 2016

Complete unknown

Es el cumpleaños de Tom, y ha invitado a gente a su confortable apartamento en Nueva York. Su colega Clyde viene acompañado de una chica que conoce desde hace poco llamada Alice. Ella es muy atractiva y pronto deslumbra a todos con su humor y brillantez. Sin embargo, Tom la observa silenciosamente, intentando recordar algo de ella...


Y a renglón seguido, ¿a quién toca interpretar?

“Podía ser quien yo quisiera”, renacer e inventarse cuantas veces gustara, necesitara o permitiera, libre para soltar amarras “y decidir qué es lo siguiente”, sin cargas, sin remordimientos, la reina del disfraz audaz y competente, que de repente siente la urgencia consoladora de ver y contactar con quien la conoció íntimamente, antes de embarcarse en todo su alocado periplo de fondo vacuo.
Enfermiza mentirosa cuya patología no cesa, incluso extiende el curioseo de su querencia a quienes la rodean, recreación de personalidades como entretenimiento u alivio, como algo pasajero o como estilo de vida tomado muy en serio, parte y requisito de carencia imperiosa no revelada.
Ritual especial y acaparador, que trae recuerdos del pasado a un presente confundido temporalmente, ante la aparición de un real fantasma que no se sabe de dónde viene ni a dónde va, lamentos y recriminaciones en una puesta al día que no se sabe qué pretende; abandonarlo todo, incluso quién eres, para resurgir en nueva vida escogida pero ¿cuándo se detiene?, ¿cuándo tiene bastante?, ¿cuándo está feliz y satisfecha en dónde se halla?, aunque entonces, ¿para ser quién de todos los escogidos?
Compulsiva demanda de cambio de identidad, que tiene en su bella protagonista su máximo acierto y valor, una Rachel Weisz siempre cumplidora, inteligente y cautivadora en sus actuaciones, tanto
en presencia física como en absorción plena del personaje.
No pretende ir a ningún lado, ni cambiar nada, sin destino concreto su única pretensión es narrar una inesperada visita, más interesante y seductora en su primera parte enigmática que en su revelado posterior, de quién se fue y de quién se ha sido en todo este tiempo, para proseguir en quién se será próximamente.
Es relajada y anecdótica, un sencillo escuchar peripecias de una mujer inquieta, que huye y cambia con constancia paranoica de si misma aunque, por una vez, siente melancolía y añoranza y solicita querido añejo compañero de viaje y aventuras; un escuchar sereno, de nulas emociones invertidas, salvando el esfuerzo de la veterana actriz y su compañero de reparto Michael Shannon que, con todo, no alzan cuestionable apetitoso interrogatorio, ni ético ni oportunista, a través del guión que manejan entre manos; únicamente presenciar el
relato, fantasioso o veraz, de una extraña familiar invitada a una cena de cumpleaños, en un peculiar desfile de existencias, como pasatiempo fugaz y ligero de una colapsada velada de amigos, alterada por los imprevistos acontecimientos.
“Complete unknown”, una completa desconocida, que vuelve temporalmente a la cercanía de las sensaciones y sentimientos vividos; el poder de dejarlo todo atrás, con sus buscados beneficios, también con ese mínimo reparo en contra que duele, se lamenta pero asume como parte del equipaje, para esos elegidos infinitos rumbos de variable maleta.
Historietas dentro de una historia, contada como chascarrillo del vacío existencial de una mujer frágil,
que utiliza el anonimato de la ciudad para desaparecer y realizarse de nuevo; solo que no logra despertar gran entusiasmo, devoción o atención por ella, la pasividad acaba reinando en su narración, presuntamente vitalista.

Lo mejor; Rachel Weisz.
Lo peor; continuo diálogo, de emotividad ausente.
Nota 5,2


miércoles, 26 de octubre de 2016

Lamb

Tras dos recientes y dramáticos acontecimientos en su vida familiar, David parece abocado a la desesperación y la soledad. Pero entonces se topa con una niña de once años, Tommie, en la que fija su atención.


¿Un lobo vestido de cordero, o simplemente cordero?

..., y no se decide a actuar -tampoco sabes si lo pretende-, y no se sabe decir de qué va, únicamente desconcierta y aturde; prepara el terreno con detalle y esmero, es simpático, amable y divertido, cariñoso, honesto y abierto, incómoda y desconcertada le observas avanzar, ganar espacio y confianza..., y todo es expectante, extraño y disconforme.
La inocencia de una niña/la perversidad de un adulto -¿también inocente?-, una pareja inquieta de unión desigual, pues uno tiene un deseado plan elaborado/la otra está confusa y ensimismada al mismo tiempo; es lenta y relajada en su proceso de ir al matadero, si es que va, lo esperas pero lo dudas, y en esa indefinición y despiste te preguntas si es un demonio, o un desequilibrado, o un buen hombre desorientado.
Un amor malentendido, de quien emocionalmente es inestable, y de quien afectivamente está necesitada y necesitado; el argumento mantiene una tensión uniforme, de incertidumbre perpleja, hacia un perturbado que no muestra sus garras directamente, que juega al embiste y al engaño, a la indeterminación con un espectador que no le entiende, ni acepta, ni sabe realmente qué hace.
Es sosegada en sus tiempos, acuciante en sus sentimientos, tranquila en su padecimiento, inverosímil según actos, sabia según otros, de
situación anómala; un incomprensible adulto, difícil de definir, que es David en sociedad/Gary en sus fantasías personales, esas necesidades que le llaman hacia un prohibido enamoramiento, insano y enfermo, del cual se permite gozar una semana, escondido del mundo.
Abre sus puertas con escaso crédito de inicial contacto, una vez embarcado se recompone y adquiere interés de rumbo, motivo y desenlace, hacia el final pierde enteros, por ser una partida que opta por apostar sin rasgarse las vestiduras; su guión no quiere mancharse las manos, sólo insinuar los peligros de unas sensaciones nacidas de la desconexión y desencaje con el mundo y sus aceptadas normas.
“Lamb”, un tierno cordero, que despierta preguntas
sin responder ninguna, ávida en expectación, con algo de torpeza entre medias; un acierto la pareja protagonista -especialmente la joven y expresiva Oona Laurence- en ese deseo de huir del vacío, el dolor y la apatía y hallar la belleza paisajística del mundo, en conexión mutua; 36 años de diferencia para una lectura doble, la que se confiere desde el punto de vista externo/la que crece al paso de su compartir tiempo y espacio.
El disentimiento es presente en el juicio, de forma constante y aturdida; no hay maldad, pero está mal/es una equivocación cuyas emociones se viven con acierto, produce rechazo, desasosiego y enigma de suceso.
Inclasificable relación de dos almas vagabundas y perdidas, donde crece la polémica sobre lo vivido...,
¿amistad, amor platónico, deseo sexual no manifestado?, todo cabe según ojos del que mira y juzga pero, lo cierto es que nada vuelve a ser lo mismo, para ninguno de los dos, tras su viaje.
¿Lobo o cordero?, ambas posibilidades dan miedo.

Lo mejor; la viveza de Oona Laurence, una fantástica incipiente lolita.
Lo peor; un guión comedido en su ambigüedad inconveniente.
Nota 5,8


domingo, 23 de octubre de 2016

Un monstruo viene a verme

Tras la separación de sus padres, Connor, un chico de 12 años, tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa, pues su madre está enferma de cáncer. Así las cosas, el niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo, pero sus fantasías tendrán que enfrentarse no sólo con la realidad, sino con su fría y calculadora abuela.


Ayuda creativa, para soportar la vida.

No me gusta cuando me venden tanto, publicitariamente, una película, me insta a una actitud negativa respecto la misma, una involuntaria actitud defensiva ante el torpedeo continuo de información sobre ella, y Telecinco lleva más de un año agobiando sobre la grandeza y espectacularidad de la susodicha, multiplicado aun más tras su estreno y récord de taquilla.
Y con esas, y sin haber oído un comentario negativo sobre ella, acudo a su encuentro, para cerciorar su emocionante despliegue de sentimientos, o descubrir que la mayoría opta por una pasapalabra que nadie se atreve a interrumpir, o negar con una voz distinta.
Cuando tanta gente te habla maravillosamente de una cinta te pregunta ¿son exagerados?, ¿será para tanto?, no hay neutralidad receptiva de origen y, por tanto, por inercia esperas y deseas algo grande, no te conformarás con menos.
Y, aunque al principio crees que no es para tanto, resulta que sí lo es, que poco a poco, con seguridad y firmeza, sobriedad y arte, se va metiendo en tu corazón hasta hacerte emocionar con cerciorada lágrima incluida; “la vida siempre está en los ojos”, y la mirada de Lewis McDougall es pura expresividad magnífica, a la cual se enfoca la cámara con obsesión y devoción de dedicación plena, un gran acierto de
elección para ese papel tan importante y decisivo, tan complicado de interpretar y transmitir en su conjunto.
Detener el tiempo, cambiar la realidad, la fuerza y coraje para llevarlo a cabo, a las 12:07 surge el tejo, ese fantástico árbol medicinal de la vida que le enfrenta a una verdad dolorosa aún no revelada, gracias a unas mentiras piadosas que cubren temporalmente el dolor y la angustia amenazante, pues para evitar éste, para demorar su llegada, se cree en la dulcificada falsedad, amoldada a unas necesidades que estallarán, más pronto que tarde.
J. A. Bayona acierta de lleno, en todos los sentidos, con esa delicada y afectiva historia de miedo y valentía, de desasosiego y pena, y su mayor logro es escoger con inteligencia, de aportado beneficio para el placer del vidente, a cada uno de los elementos integrantes del proyecto...
..., desde la emotividad de un guión sabiamente desarrollado, a unos diestros efectos especiales, cuya equilibrada y concisa sincronización y aportación es
perfecta en cada fotograma, a la concienzuda fotografía, el detallismo escénico, la sensibilidad envolvente, la humanidad respirable..., y por supuesto, a su excelsa dirección, de ideas claras en el supremo objetivo a plasmar en esta maravillosa pesadilla, que va más allá de los sueños, para convertirse en una historia cuya criatura salvaje, danza libremente en el interior de la expectante audiencia, sin saber ni controlar qué desastre pueda causar en sus emociones.
“La mayoría no comen perdices”, y no va a ser diferente para este chaval “demasiado mayor para ser un niño, demasiado joven para ser un hombre”, que ha de enfrentarse a una anticipada madurez
invisible, pero muy presente en su realidad, que golpea y castiga decidiendo condiciones y ruta de andadura, siendo el enfado, la culpa, la rabia y el sufrimiento piezas de viaje incorporados.
Es buena, obviedad sencilla ratificada por todo el que acuda a verla; te cautiva, te abraza y te emociona lentamente, de menos a más, con certeza de diana en las sensaciones evocadas.
Impresiona el monstruo/hechiza el niño/conmociona el relato, te devuelven el favor de ir a verles con la complacencia de lo visionado, el gusto de lo recibido, el sabor del recuerdo dejado..., sin duda alguna, la agresiva campaña publicitaria estaba justificada.

Lo mejor; el artístico talento de Bayona.
Lo peor; no verla en gran pantalla.
Nota 7,1