viernes, 15 de agosto de 2014

Una cita para el verano

"Sabía que serías bueno..., lo soy para ti".
El nacimiento de una nueva pareja/la destrucción de otra, la inocencia, cariño y ternura de los incómodos inicios/la amargura, rencor y dolor de un final abrupto y destructivo, el patético sentir, el miedo incontrolable y el temor introvertido de una puerta abierta a la esperanza/la puñalada atroz, el existir agobiante y el recelo corrosivo de convivir sin ilusión y con la muerte angustiosa rondando el ambiente, felicidad/infierno.
Unas espléndidas, íntegras y cálidas interpretaciones mantienen el guión de esta obra teatral hecha película donde la correcta e invisible dirección de este magnífico actor -el por siempre respetado, nunca olvidado Philip Seymour Hoffman- deja paso a su brillantez como lector, intérprete y embalaje de su personaje, una habilidad exquisita que siempre ha demostrado en sus actuaciones y que aquí queda nuevamente de manifiesto y que junto a sus maravillosos compañeros de reparto forman un cuarteto que son el alma de toda la película.
Una preciosa y delicada música, una concisa fotografía urbana y una sutil precisión en los detalles importantes de cada fotograma para envolver un delicado y suave regalo de movimientos compasivos, lentos y apagados que por momentos se vuelven neuróticos y compulsivos y que conforman un ambiente perplejo, carismático y enrarecido que no acaba de seducir ni fascinar pero del cual tampoco quieres huir ni partir, un abrazo tierno, denso y enorme que no ofrece grandes emociones ni alienta profundos suspiros ni produce afectos inmensos pero el cual no deseas interrumpir ni evitar.
No es un gran relato, no es una historia inolvidable, no caldea el ambiente, no levanta pasiones ni emborracha de fervor ni promete entretenimiento sin pausa, simplemente ofrece reflexión, sutileza, hermosura y candor, un existir caótico, un evolucionar dulce y necesario, un resistir tenso y agónico y un imparable terminar/comienzo inevitable que da paso a la vida, al confort y a la grata comodidad de saberse en casa y, sin meritorio esfuerzo, comprendido.
Acabas enamorado de esta pareja estrambótica e indefensa que inicia su andadura con miedo pero sin vacilación, sufres la lástima y crueldad de quien ya no se ama ni respeta, dos caras que vives y sientes sentado desde tu personal anfiteatro pues nunca llega a perder su toque de lectura escénica que se observa y palpa desde la butaca.
Ni destaca ni se olvida, ni se recuerda ni pasa desapercibida, es compasiva pero no bobalicona, complaciente pero no suculenta, navegación feliz no completa en su diversión, una cita para el verano de agradable viaje que queda lejos de unas inolvidables vacaciones pero que es recordada con tierna sonrisa y alegre bienestar.
¡Ay, cómo se te echa de menos, neoyorquino perspicaz de gran talento, en la pantalla que nunca jamás volverá a ser testigo de tu gran arte!



3 comentarios:

Teresa Márquez dijo...


Hola, acabo de ver esta película y he leído tu crítica navegando por Internet. Me ha gustado mucho leerla no sólo porque coincido en gran medida con tu opinión sobre ella sino también porque me encanta tu forma de escribir, tienes talento para ello.
Me he llevado una grata sorpresa con tu blog, lo visitaré a menudo.

Saludos.
Teresa

P.D. No sé como consigues mantener el ritmo de publicar una crítica al día. Buen trabajo!

Lourdes Lulu Lou dijo...

Gracias por los piropos; pero, si alguna vez tienes un comentario en contra, y constructivo, por favor, házmelo saber; me alegra que te gustara la película, es el objetivo!

Teresa Márquez dijo...

Sí, te seguiré leyendo y dando mi opinión sea cual sea.

Saludos