martes, 3 de febrero de 2015

Leviatán

"Resígnate a tu suerte", consejo de Job quien vivió feliz y conforme hasta los 140 años de edad después de aceptar los designios de Dios, nuestro Señor.
Leviatán, fabuloso monstruo marino descrito en el libro de Job, la Biblia, inhumano y destructivo, creado por Dios como representación del mal y el demonio.
La he visto, entendido, razonado y digerido y sigo sin emocionarme; observo su fantástica fotografía, sus cautivantes tonos grises azulados, su lento y pausado caminar, la profundidad de lo descrito pero, no la fuerza y carácter que se derivan de todo ello; canalizo la rabia de la impotencia, la desesperación de poseer la razón y dar igual, la frustración de no importarle a la justica, el martirio de la deslealtad, la tortura y pesadumbre de la felonía, la incógnita del por qué, la duda de la inocencia, la ironía de la culpa pero, aunque la mirada sigue atenta y el cerebro aspira su información, la piel sigue cómodamente relajada y no hay forma de encontrar la pasión ni su fascinación.
Película rusa de intriga paralizante, thriller de bochorno inquietante, de sinceridad aplastante y desvergüenza no hallada ante una ley que no tiene los ojos vendados y que no es igual para todos, sociedad sucia y apestada donde se práctica la excelente isegoría e isonomía sólo como panfleto institucional ya que, las cartas, muy por adelantado, ya fueron repartidas y la partida hace tiempo jugada, donde todos tienen precio y la verdad hace tiempo fue vendida al mejor postor, mafia que compra jueces, policías al servicio de la mejor oferta, alcade sheriff/amo de su ciudad, políticos recauda dinero al uso del mejor licitador y un hombre, orgulloso de su linaje, amante de su tierra, constructor de su casa, 
artesano de su hogar, marido frío, padre poco comunicativo, trabajador incansable expuesto a la vorágine de una (in)justicia que sirve al capricho personal del mandatario de turno, con matones a su disposición las 24 horas para cumplir todas sus esperpénticas y provechosas ordenes, y la puñalada inesperada de quien más ama y en quien más confía, herida de dolor mortífero para un desquiciado David que tiene demasiados Goliats contra los que luchar, que le atacan por todos los frentes sin espera ni descanso y, un tercer componente común en uno y en el otro, el ferviente, abusivo e incansable consumo de vodka, bebida etiqueta de identidad de inocentes/culpables, falsos/verdaderos, mentirosos/honestos y de quienes se mueven a ambos lados de la línea según convenga, se tercie y sea oportuno.
La localización es fascinante, cada escena en exterior es bella postal hipnótica que deslumbra los ojos, paraliza el sonido y asombra al alma pero, tal encanto soberbio no se ve reflejado ni en el sentimiento ni en la tensión ni en la inquietud que despierta, reflexión espléndida de toda la magnificencia vertida y declarada que ni acelera el pulso ni inmuta al corazón, interpretaciones gélidas y profundas, de perspicacia escalofriante por todo lo que dicen sin hablar, sin necesidad de un excesivo diálogo aquí rechazado por ineficiente, innecesario y estar de más que, sutilmente, entra por los oídos, se inhala en su relajada respiración pero resulta bocanada escasa y limitada para mantener el ritmo sensible de la circulación.
Tu intelecto absorbe pero tu espíritu no siente, tu mente lee pero la esencia de su traducción se evapora por el camino que va de la pantalla al espectador, distancia que entorpece su exquisita 
degustación y resta puntos a su espléndido recuerdo merecido, el cual, se queda en aplauso cognitivo de ausencia emocional, si tu cuerpo no se cautiva ante el esplendor subliminal de un cuadro de Van Gogh, de poco o nada sirve que conozcas o te informes de la grandeza de dicho autor, se convence y persuade a la razón/la piel va por otro camino y, ese, es el pero de tan loable y matizado argumento, su guión ofrece una retórica magnífica que deja gran ausencia en su práctica.
Quien no recuerda los versos de ese fabuloso Jesucristo Superstar de Getsemani "...,yo tenía fe cuando comencé, ahora estoy triste y cansado...,¿y que más puede un hombre hacer?..., mi camino de tres años...,ya son miles ¿por qué entonces tengo miedo de que ya todo termine?..., Dios, yo no empecé, fue tu voluntad, dame el cáliz de amargura, clava, azota, rompe, mata pero hazlo pronto o yo, me voy a arrepentir...,; tres cruces, de navaja como las de Mecano pero no sólo por una mujer, soporta este nunca santificado mártir, una en la frente contra la que luchó y no ganó, otra en el pecho la que le hirió a traición sin ser vista ni anticipada, otra en la glorificación de la mentira que se convierte en sentencia firme de verdad dicha y bendecida por vida, ¡ni la cruz de Jesucristo pesaba tanto al subir al calvario!
"Dios no mora en fuerza sino en verdad..., la verdad es el legado de Dios", devastación humillante de agónica sentencia en la que Dios, esta vez, tomó partido y se olvidó del libre albedrío.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!
No se muy bien como llegue a tu blog, me agrada lo que escribes, con un toque poético y único pues no he leído otro estilo de reseñas de películas así.

Yo la vi, y me pareció a nivel técnico y narrativo estupenda, lo único que como toda obra cinematográfica o audiovisual que trata de generar una impresión de la realidad o de plasmarla en su producto final, pues no me creo que la sociedad rusa este tan pero tan jodida como lo pinta la película, además de tener su toque anticomunista.

Este comentario lo hago porque como te dije casualidad llegue a su blog, sin ánimos de ofender.

Lourdes Lulu Lou dijo...

Encantada de que escribas lo que te apetezca. Saludos