domingo, 13 de marzo de 2016

Mustang

En un pequeño pueblo, al norte de Turquía, cinco hermanas huérfanas de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años pasan el verano en un jardín paradisíaco de risas y juegos inocentes sobre las olas del Mar Negro con los chicos de la escuela. Sin embargo, la condición de la mujer en el país no tardará en provocar rumores de inmoralidad y escándalo de las jóvenes, así que sus familiares, a través de la abuela y el tío, deciden hacerse cargo del asunto.


Pequeña y modesta, decidida y valiente.

Escapar de una cárcel, misión imposible; esa prisión familiar hecha con cariño mal entendido que apabulla, aprisiona y manda, un precepto público a la mujer pura y casta, casamentera que no humille ni avergüence a la familia y cumpla con los cánones establecidos.
¡Cómo para a la adolescencia curiosa con su ímpetu, soltura y ganas de saber, ese imparable experimentar cada segundo con la vivencia plena de sus desbordantes emociones!, ¡cómo domesticar esa propia rebeldía de quien está creciendo y lo tiene todo por delante!
Prohibido tanta libertad y disfrute, diversión y alegría pues éstas no nos acercan al Señor, la felicidad no forma parte del contrato matrimonial, sólo garantiza una ficticia dicha impuesta por aceptar como amor lo que es obligación irrespirable, que el tiempo convierte en acostumbrado tormento.
Las risas no son buenas, son escandalosas y alocadas, una terrible tentación para el diablo que trata de pervertir a las doncellas vírgenes en edad de casarse; poco a poco se cierra el círculo, tus hermanas ya han caído, llega tu turno para aceptar lo que un orquestado destino tiene para ofrecerte, toda una vida de servidumbre, sumisión y decoro donde servirás fielmente a tu esposo y le darás muchos hijos, para repetir ese duelo con tu descendencia, si para entonces has sobrevivido.
Cinco hermanas, huérfanas de padres pero amadas entre ellas como sólido clan, imperturbable y unido, apoyo mutuo de querencia infinita tambaleado por el mandato tutorial de quienes tienen potestad sobre sus vidas; tortura de existencia al ser privadas del poder de elección propia y convertirse en títeres de sorteo en manos del mejor postor, como excelente ganado paseado y vendido al que compre con más valor.
Lentamente se cierran las puertas y enrejan las
ventanas, indiscriminados barrotes para impedir la escapada de la prisionera, al tiempo que el espectador mira estupefacto ese proceso aniquilador del vital espíritu y del alma cándida; una minuciosa técnica de transformación que se observa ensimismado, horrorizado y sin palabras que añadir a una vista que contempla la construcción de esos muros, que impiden el acceso a una vida digna y deseosa, propia y elegida.
Deniz Gamze Ergüven, a través de los ojos incomprensibles de una crédula niña, narra ese devenir del júbilo y gozo a las tristeza y miseria, a ese conformismo y acatamiento de las órdenes, una asfixiante enseñanza para borrar todo entusiasmo, fervor o impulso y convertir a una inocente criatura en mujer dócil, mansa y obediente, todo ello sin optar por la exageración, la lágrima o el luto.
Jovialidad y arrebato como cartas de una baraja que va tejiendo su mano sin tener claro su victoria pues, la insurrección y su fuerza no pueden destruirse a la primera, como mínimo habrá una intensa guerra por imponer cada cual su tozuda voluntad, mientras tanto la audiencia atrapada de lleno en ese combate y aventura.
Sencilla pero firme en lo que cuenta, inofensiva pero
intensa en las formas, suave pero categórica en el contenido, suicida pero esperanzadora en su objetivo, seduce su presentación, motiva su recorrido, esa tensa e inquietante eliminación de las fichas solteras hasta que no queda ninguna para ser una carga.
Mustang, que no el coche, sino esa belleza salvaje que no permite se la dome y encierre, escudriñada mirada que planea con minuciosidad su estrategia para escapar de un forzado encierro que asfixia, carcome y destruye sin piedad; inflexible en su determinación opta por pasar desapercibida, hasta la toma de la bastilla por sorpresa.
Sobrecogedora y valiente, tierna y emotiva, revolución juvenil que esconde en su interior esa osadía de decir no a la tradición; del juego infantil y caprichoso inicial se evoluciona a la seriedad y angustia de un encarcelamiento de por vida; cultura y familia dentro de ese costumbrismo implacable que cae como losa cargante para aplacar la sonrisa, el ánimo y sus emociones.
Hábil realismo para una narración que logra estremecer, interesar y perturbar al moverse entre la
intrepidez, la ingenuidad y el miedo, una combinación ofertada con la entereza, dulzura y fortaleza que encierra la juventud en su esencia, sin apenas saberlo.

Lo mejor; la facilidad de un diestro guión para pasar de la ilusión y alegría al horror y pesimismo.
Lo peor; no verla en versión original le quita potencia e importancia.
Nota 6,2


2 comentarios:

Claudie Dufour dijo...

Me pareció muy valiente la directora turca. Por ejemplo exponiendo el tema de la sodomización, como método para burlar las espantosas y posibles futuras pruebas de virginidad. Ni me lo imagino en el guion de una pelicula occidental.

Lourdes Lulu Lou dijo...

Gracias por tu aportación.