jueves, 29 de mayo de 2014

Madre e hijo (La postura del hijo)

El sacrificio de una madre por su hijo, dar la vida por su progenitor, humillarse, arrastrarse, mentir, sobornar, llorar..., la protección del núcleo familiar como centro de unos personajes austeros, fríos y distantes dada la profundidad e importancia de los sentimientos vividos; un cambio a tiempo nublado, espeluznante tormenta de viento y granizo que exhibe sus tentáculos cual rapiña-presa devoradora que lo arrasa todo. Los diálogos son escuetos y cortantes, tabla rasurada que apenas deja entrever la sensibilidad de las emociones vertidas, tensión observada que no se siente, nerviosismo que no se devora, tirantez y rigidez corporal que te aleja de una afinidad vital y necesaria, una demandada aflicción por dos familias destrozadas que deben seguir adelante confrontando las consecuencias de unos actos inesperados. Caída de una viciada rutina, implantación del inconexo caos, una dirección estática y fija, mecanismo cargante con tendencia a un aislamiento perceptivo que cae en pesadez sensitiva, comunicación seca de reprimida intensidad emocional -asumida absorción interna- de la que el espectador no se nutre en su justa medida; silencioso aislamiento cuyo palpitar resuena tan alejado en el espacio que el tiempo se ralentiza con aspera negatividad. Firma con certificado rumano, muy característico de esta tierra, para un trabajo que esconde mucho más que muestra, apagada ocultación de una soberbia riqueza -los ascendentes y falseados nuevos poderosos- no bien adherida a la piel de una madre obsesiva y neurótica -magníficamente interpretada por Luminita Gheorghiu- y un torpe hijo a quien devora la culpa; exquisito cine de los Balcanes de mucha dureza e incertidumbre asfixiante que resulta toda una incógnita pues desearías sentir con más pasión, con más vehemencia e ímpetu un argumento de tanta potencia afectiva, con mayor implicación y más excitación unos extremos y marcados personajes que conforman un dispar entorno azotado con notable diferencia; no quedarte tan pasiva y neutra, tan tenue e impasible, indolente ante un filme social que tiene mucho que decir y firmado por un director, Calin Peter Netzer, que sabe perfectamente por dónde camina y hacia dónde va.




1 comentario:

Bea Mendes dijo...

Tiene pinta de ser una gran película. Ya he leído alguna que otra crítica positiva. A ver que sensaciones me transmite a mí.