sábado, 14 de junio de 2014

Sólo los amantes sobreviven

Sólo los amantes sobreviven y puedo decir con orgullo y satisfacción que yo también he sobrevivido a pesar del esfuerzo y la penuria que ha supuesto acabar esta película, maldita y horrenda paciencia ante un filme que según su hermoso y poético argumento prometía una velada impactante y exquisita de eterno recuerdo para corazones solitarios y almas perdidas que saben apreciar la sabiduría y belleza de lo diferente y novedoso; cosa, por otro lado, cierta pues será difícil superar el desasosiego y cabreo de dos horas de viernes por la noche desperdiciadas y echadas a perder en un relato memo y superficial, nimio y de honda  y burla parsimonia, desesperante calvario de larga duración y lánguida frustración en su melancólica recepción. Porque, la idea de un vampiro con tendencias suicidas, aburrido de unos zombies -nosotros los humanos- que han destrozado y mancillado el mundo, deprimido ante una sociedad que contamina y vapulea todo lo que toca y que utiliza su supuesta inteligencia y sabiduría para destrozar lo que sabios de un pasado más glorioso crearon y cuidaron con sumo cariño y devoción es una propuesta atractiva e interesante, de enorme fascinación y hermosa locura en su teoría; en cambio, en su práctica ha resultado ser una aniquilación tormentosa, un ejercicio de incombustible pesadez y largo hastío, aburrimiento de una visión que agota tus esperanzas y elimina tus más ínfimos deseos, tu invencible aguante, que va apagando lentamente ante unas iniciales ilusiones que se desvanecen cual agua de mayo creando un mustio vacío de ignorado interés, motivación cero y desapego completo ante el que es imposible reaccionar, nula corriente de simpatía que oscurece toda posibilidad de gracia y apoyo de un espectador desconectado ante tal memez fantasmal. Nunca fue tan deseado la muerte oportuna de un final cansino cuyo recorrido ha sido de profunda tortura y eterna pesadilla cuyo aprecio por su acertada música, meticulosa puesta en escena y desolada fotografía se pierden ante un lastre de sólido anclaje con afinidad anulada -si alguna vez la hubo- y una abandonada emotividad, superflua emoción que ni siquiera toma la salida de una carrera infranqueable por su falta de reacción y empeño, de ilusión y ensueño ante lo ofrecido. Podría seguir fragelando un relato ante el que ha sido difícil sucumbir la tentación de levantarse y dejar a estos personajes en babia y con la palabra en la boca pues tanto vocablo desperdiciado no merecen mi estimado tiempo empleado y..., para aquellos que vean una obra magnífica de estilo rompedor y gran sutileza en sus poética formas y majestuoso lento proceder..., todo mi respeto pero que me digan la fórmula para digerir este bodrio sin quedarme dormida y que no se me atragante su digestión!!!




1 comentario:

Bea Mendes dijo...

Ya me olía a mí mal la cosa.