domingo, 27 de noviembre de 2016

Mi hija, mi hermana

En una inmensa pradera, al este de Francia, se reúne un grupo de amantes del estilo de vida country, procedentes del Lejano Oeste americano. Alain baila con su hija Kelly, de 16 años, mientras su esposa y Kid, su hijo pequeño los miran. Ese mismo día Kelly desaparece, y Alain la busca desesperadamente.


Saltos temporales, para una búsqueda que no se detiene.

¿Cómo la oculta decisión de un miembro de la familia, determina el comportamiento del resto?, ¿cuándo una querida ausencia sacrifica el presente y marca el futuro, ante esa obsesión, de obligado cumplimiento auto impuesto?; el desgaste de no saber, el desconsuelo de no entender, la esperanza de hallar, el sufrimiento del paso del tiempo, agónico martirio que no cesa, que día a noche se incrementa, hasta devorar y matar lentamente.
No es vida, pero tampoco hay alternativa, tu corazón demanda, tu mente exige, tu intranquilidad y desasosiego componen un carácter, que nunca más volverá a ser como antes; los actos tienen consecuencias, aunque éstos no sean los tuyos, pues el amor y cariño por quienes te acompañan no te deja indiferente, te arrastra hasta el fin de su incógnito mundo.
¿Cuándo dejar de buscar, a quien voluntariamente se ha ido?, ¿cómo afecta a quienes la rodean?, ¿hasta qué punto se debe respetar el camino elegido por ella, aunque sea dañino, peligroso, desconocido e inaceptable?
Una envolvente banda sonora para reflejar a quien se está quemando, a quien se destruye por rescatar una sombra, cuya imagen sigue perenne, aunque ésta ya no sea la misma; ha desaparecido una hija/hermana conocida, una extraña figura se alza en su lugar, anónima, cuya supuesta felicidad ha pertrechado amargura, para el resto de la familia.
“No es más una niña, pero no es adulta”, aunque todos los que la quieren crecen a marcha forzada, con esos deleznables silencios, rotos aisladamente por pequeños mensajes; hay un objetivo que no cesa
de incordiar, pequeñas alegrías de gran desgracia que va haciendo camino, al tiempo que uno se hace hombre y construye su propia vida.
Una década con tres marcados atentados entre medias, para rasgar ese radical islamismo en occidente que, en este caso, es un motivo secundario y accesorio, para esa intimista propuesta de encontrar a una hija, a una hermana.
Gelidez opresora que parte de una historia personal a otra más social y política, tensa significación, que deambula por tramos indagadores según momentos; se acelera/se pausa, condensa/explota, toda una explícita evolución, que no sube de temperatura pero te ha cazado, en esa involuntaria investigación que no se prepara, pero tampoco para.
Indicios nada claros que llevan a delito, una trama poco complicada, cuya sencillez de planteamiento, adquiere tintes de varias desesperadas existencias
malgastadas en ese continuar sin ser, en ese recordar sin estar; guerra apaciguada que se libra en el interior de uno, no es apasionada, pero abre acceso a tu curiosidad e interés, sentimental atmósfera irrespirable que no se absorbe con intensidad marcada, a pesar de ser trágica su esencia.
“Les cowboys”, nunca se deja de buscar a una hija, a una hermana.

Lo mejor; sus cambios de registro y banda sonora.
Lo peor; no se absorbe con implicación entregada.
Nota 6,2
interpretación 6 guión 6 música 6,5 fotografía 6,5 realización 6 montaje 6


2 comentarios:

Claudie Dufour dijo...

Cuando Lulu dice "¿hasta qué punto se debe respetar el camino elegido por ella, aunque sea dañino, peligroso, desconocido e inaceptable?"

Para mi es otro aspecto muy interesante de la historia. Porque el hermano llega al respeto ( por inaceptable que sea) cuando el padre es incapaz de alcanzar este punto de amor.

Lourdes Lulu Lou dijo...

Buen comentario; la idea es puntos encontrados en los que meditar. Gracias por el comentario